08. EL LIBRO ABIERTO

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El Libro Abierto

Por fin, el Señor Jesucristo abre el séptimo Sello del Nuevo Pacto (

Apocalipsis 8:1-2), para revelar las siete Trompetas que anuncian la destrucción de Jerusalén, la Ciudad previamente santa que se había hecho pagana y que, como su precursor Jericó, caerá con el sonido de las Siete Trompetas (Josué 6:4-5).

Pero primero, en esta gran liturgia que comprende el libro de Apocalipsis, hay un "

silencio en el cielo como por media hora.” La base para esto esta probablemente en la liturgia del Antiguo Testamento, cuando los cantores y las trompetas cesaban y todos se postraban en adoración reverente (2 Crónicas 29:28-29); y el período particular de media hora este probablemente relacionada a una duración de tiempo que el sacerdote requería para entrar en el Temple, poner el incienso, y volver (Apocalipsis 8:3-4; Levítico 16:13-14; Lucas 1:10, 21). (Los detalles técnicos aquí son algunas indicaciones entre muchos otros que San Juan fue un sacerdote de Israel, y es posible que haya provenido de la familia del sumo sacerdote; su conocimiento de los menores detalles de la adoración es asombroso.)

La descripción de Alfred Edersheim de esta ceremonia del Templo nos ayuda comprender el trasfondo reflejado aquí: “Lentamente el sacerdote que se encargaba del incienso y sus asistentes ascendían los escalones al Lugar Santo, precedidos por dos sacerdotes que anteriormente habían adornado el altar y el candelero, ahora sacaban los recipientes que habían dejado atrás, y, adorando, se retiraban. Después, uno de los asistentes ponía reverentemente las brazas sobre el altar de oro; el otro arreglaba el incienso; luego, el sacerdote encargado se quedaba solo dentro del Lugar Santo, y buscaba la señal del principal sacerdote que presidía antes de quemar el incienso. Es probable que mientras esperaba ahí, el ángel Gabriel le haya aparecido a Zacarías [Lucas 1:8-11]. En el memento que el sacerdote que presidía daba la palabra de mando, la cual indicaba que “ había llegado el tiempo del incienso,” “toda la multitud del pueblo afuera” se retiraba de la corte interior, y se postraba ante el Señor, extendiendo sus manes en oración silenciosa.

“Es este periodo mas solemne, cuando a través de los grandes edificios del Templo se hacia un profundo silencio entre la multitud que adoraba, dentro del santuario el sacerdote ponía el incienso sobre el altar de oro, y la nube de “

olores” [Apocalipsis 5:8] ascendía ante el Señor, que sirve como imagen de las cosas celestiales.”l

1. Alfred Edersheim, The

Temple: Its Ministry and Services as they were at the Time of Christ, (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1980), pag. 167.

Siguiendo este silencio de profunda reverencia, los ángeles que estaban delante de Dios recibieron siete Trompetas (

la liturgia del Templo también utilizaba siete trompetas: 1 Crónicas 15:24; Nehemias 12:41). San Juan parece presuponer que sus lectores reconocerán a estos siete ángeles. ¿Por que? Porque ya se habían presentado siete “ángeles,” o Pastores, en Apocalipsis 2-3. Son ellos los representados aquí, aunque opinamos que los dos grupos de ‘siete ángeles” no son necesariamente idénticos. Es claro que tienen una relación estrecha, como podemos ver si nos alejamos un poco del texto (y nuestras ideas preconcebidas) y dejamos que todo el cuadro nos presente su significación.

Cuando hacernos esto, vemos que Apocalipsis esta estructurado en grupos de siete, y en repetidas secuencias de siete. Una de esas secuencias ‘es la de los siete ángeles

(capítulos 1-3, 8-11, 14; 1-16 ). Tal como la adoración terrenal copia a la adoración celestial (Hebreos 8:5; 9,, 23-24), así también el gobierno de la Iglesia (Mateo 16:19; 18:18; Juan 20:23); además, según la Escritura, hay muchísimas similitudes entre las actividades humanas y angelicales (Apocalipsis 21:17). Los ángeles están presentes en los servicios de adoración de la Iglesia (1 Corintios 11:10; Efesios 3: 10) – o, mas exactamente, en el Día del Señor estamos reunidos en adoración alrededor del trono de Dios, en la corte celestial. Así, nos muestra el Libro de Apocalipsis que el gobierno de la Iglesia terrenal corresponde al gobierno celestial, y angelical, tal como nuestra adoración oficial corresponde a lo que los Ángeles hacen alrededor del trono celestial. Además, los oficiales que destruyen la Tierra ocurren corno consecuencias de las acciones de los siete ángeles (otra vez, no podemos separar los Ángeles humanos de sus contrapartes celestiales). Los oficiales de la Iglesia son comisionados y capacitados para dar las bendiciones y maldiciones de Dios en la tierra. Los oficiales eclesiástico son los encargados divinamente designados para dirigir la historia humana . Las repercusiones de esta realidad, como veremos, sacuden la tierra. En Apocalipsis 8:3-5, San Juan ve otro Ángel parado en el altar celestial del incienso, teniendo un incensario de oro. Una gran cantidad de incienso, que simboliza las oraciones de todos los santos (Apocalipsis 5:8), es entregado al Ángel para que la agregue a las otras oraciones del pueblo de Dios, asegurando que las oraciones son recibidas como ofenda de olor grato al Señor. Entonces el humo del incienso, con las oraciones de los santos, asciende ante Dios de la mano del Ángel, mientras que el ministro ofrece las suplicas de su congregación. Lo que sucede después es asombroso: el ángel llena el incensario con las brazas del fuego del altar del incienso y arroja el fuego sobre la tierra en juicio; y lo que sigue son truenos, y voces, y re1ampagos, y un terremoto. ” Estos fenómenos, desde luego, debieran ser conocidos por todos los lectores bíblicos como el acompañamiento normal de la Nube de Gloria: “

Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte. . . . Todo el monte Sinai humeaba, porque Jehová había descendido sobre el en fuego; y el humo subía como el humo de un homo, y todo el monte se estremecia en gran manera

(

Éxodo 19:16, 18).

La ironía de este pasaje se hace patente cuando recordamos que esta es una profecía contra el apostata Israel. En la adoración del Antiguo Testamento, el fuego sobre el altar del holocausto se originaba en el cielo, cayendo sobre el altar cuando el Tabernáculo y el Templo estaban preparados (

Levítico 9:24; 2 Cr6nicas 7:1). Este fuego, encendido por Dios, era sostenido por los sacerdotes, y llevado de un lugar a otro para utilizarlo en otros fuegos santos (Levítico 16:12-13; Números 16:46-50; Génesis 22:6). Ahora bien, cuando el pueblo de Dios recibía la orden de destruir una ciudad ap6stata, Moisés prescribía también: “

Y juntaras todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios” (Deuteronomio 13:16; Jueces 20:40; Génesis 19:28).

La única manera aceptable de quemar una ciudad en holocausto era con el fuego de Dios –

el fuego del altar. Así que, cuando se debía destruir una ciudad, el sacerdote tomaba fuego del altar de Dios para encender el botín que se había de quemar, de este modo se ofrecía toda la ciudad como sacrificio. Esta era la practica de destruir una ciudadanatema,” para que nada sobreviviese a la conflagración (Deuteronomio 13:12-18) que el libro de Apocalipsis usa para describir el juicio de Dios contra Jerusalén.

Dios deja caer Sus enjuiciamientos sobre la tierra como respuesta ala adoración litúrgica de Su pueblo. Como parte del servicio de adoración solemne y oficial del cielo, el Ángel del altar ofrece las oraciones de todo el pueblo de Dios; y Este responde a las peticiones, actuando en la historia a favor de los santos. La asociación estrecha entre la liturgia y la historia es un hecho ineludible, algo que no tenemos derecho a pasar por alto.

Esto no significa que haya peligro de que el mundo “

deje de existir” cuando la adoración de la Iglesia es defectuosa. En realidad, Dios utilizado las fuerzas históricas (hasta los paganos) para castigar a la Iglesia cuando deje de cumplir su alto llamado como reino de sacerdotes.

Lo importante aquí es que la adoración oficial de la comunidad del pacto es cósmicamente significativa.

La historia eclesiástico es la clave de la historia mundial:

Cuando la asamblea que adora invoca el nombre del Señor del Pacto, el mundo experimenta Sus enjuiciamientos. La historia es conducida y dirigida desde el altar del incienso, que ha recibido las oraciones de la Iglesia.

En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamo a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo. Y mi clamor llego delante de el, a sus oídos. La Tierra fue conmovida y tembló; Se conmovieron los cimientos de los montes, Y se estremecieron, porque se indignó el. Humo subió de su nariz, Y de su boca fuego consumidor; Carbones fueron por los encendidos. Inclino los cielos, y descendió; Y había densas tinieblas debajo de sus pies. Cabalgo sobre un querubín, y voló, Voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de si; Oscuridad de aguas, nubes de los cielos. Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; Granizo y carbones ardientes. Trono en los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz; Granizo y carbones de fuego. Envió sus saetas, y los dispersos; Lanzo relámpagos, y los destruyo. Entonces aparecieron los abismos de las aguas, Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo, A tu reprehensión, oh Jehová, Por el soplo del aliento de tu nariz

. (Salmo 18:6-15).

El Trasfondo de los Enjuiciamientos de las Trompetas

Vemos en este pasaje de las trompetas varias áreas de significación simbólica.

Primero,

las trompetas se usaban en la liturgia veteroTestamentoaria para las procesiones ceremoniales, particularmente como escolta para el Arco del Pacto (Apocalipsis 11:19); el principal y obvio ejemplo de esto son las vueltas alrededor de Jericó antes de su caída (Josué 6;. 1 Crónicas 15:24; Nehemias 12:41; Apocalipsis 11:13).

Segundo

, las trompetas se tocaban para proclamar el inicio del gobierno del nuevo rey (1 Reyes 1:34, 39; Salmo 47:5; Apocalipsis 11: 15).

Tercero

, la trompeta daba aviso de peligro, advirtiendo a Israel del juicio que se acercaba e instando al arrepentimiento nacional (Isaías 58:l; Jeremías 4:5-8; 6:1, 17;, Ezequiel 33:1-6; Joel 2:1, 15).

Cuarto,

Moisés recibid instrucciones de usar dos trompetas de plata “para convocar la congregación” para adorar y para “cuando saliereis a la guerra” contra el enemigo (Números 10:1-9). Es significativo que estos dos propósitos, la guerra santa y  la adoración, son mencionadas en el mismo contexto. Esta vez la ironía de Apocalipsis, desde luego, es que Dios esta ordenando que las trompetas de la guerra santa sean tocadas contra el mismo Israel.

Quinto,

también se tocaba las trompetas en las fiestas y en el primer día de cada mes (Números 10:10), destacando especialmente el Tishri 1, el Año ” Nuevo civil (En el año eclesiástico, el primer día del séptimo mes); Este Día de Trompetas era el reconocimiento litúrgico especial del Día del Señor (Levítico 23:24-25; Números 29:1-6). Desde luego, el trasfondo básico para todo esto es la Nube de Gloria, que esta acompañada por el sonido de las trompetas que anuncian la soberanía y el juicio del Señor (Éxodo 19:16); la liturgia terrenal del pueblo de Dios era una recapitulación de la liturgia celestial, otra indicación que el pueblo redimido de Dios había sido restaurado a Su imagen. (Esto explica el método que el ejército de Gedeon uso para desbaratar a los madianitas, en Jueces 7:15-22: el rodear al enemigo con luces, gritos, y sonido de trompetas, los Israelitas eran un reflejo terrenal del ejército celestial de Dios en la Nube, trayendo venganza sobre Sus enemigos.)

Los enjuiciamientos producidos por el sonido de las trompetas no solo nos recuerdan la caída de Jericó, en Apocalipsis recuerdan también las plagas que caían sobre Egipto antes del Éxodo. Juntos, representan la destrucci6n de un tercio de la Tierra. Obviamente, ya que el juicio no era total ni final, no podía significar el fin del mundo físico. Sin embargo, la devastación es tremenda y casi termina con la nación judía. Israel se ha convertido en nación de egipcios y cananitas, y mucho peer, en una tierra de apostatas del pacto. Todas las maldiciones de la Ley están a punto de ser derramadas sobre aquellos que habían sido anteriormente el pueblo de Dios (

Mateo 23:35-36 ). Aparentemente, las cuatro primeras Trompetas se refieren a la serie de desastres que devastación a Israel en los Postreros Días, y primariamente a los eventos que conducen al estallido de la guerra.

La Primera Trompeta

Así como los enjuiciamientos de los Sellos se median en grupos de cuatro, los enjuiciamientos de las Trompetas se miden en tercios. Se toca la primera Trompeta

(Apocalipsis 8:6-7 ) y una triple maldición (granizo, fuego, sangre) es arrojada abajo, afectando un tercio de la Tierra. Se destacan tres objetos en particular, vistos por San Juan: ‘granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra?’ La sangre de los testigos asesinados es mezclada con el fuego del altar, que hace caer ira sobre los perseguidores. El resultado de esta maldición, que tiene algunas similitudes ala séptima plaga Egipcia (Éxodo 9:22-26), es el incendio de un tercio de la  Tierra, un tercio de los árboles, y todo el césped verde (es decir, toda 1a césped sobre una tercera parte de la Tierra; Apocalipsis 9:4). Si los árboles y el césped representan el remanente electo (según parecen en 7:3 y 9:4), esto indica que no están exentos del sufrimiento y muerte física cuando la ira de Dios cae sobre los impíos. Sin embargo, ( 1 )la Iglesia no puede ser completamente destruida en un enjuiciamiento (Mateo 16:18), y (2) a diferencia de los impíos, el destino final de los cristianos no es la ira sino la viola y la salvación (Romanos 2:7-9; 1 Tesalonicenses 5:9). Los impíos, por otra parte, solo pueden esperar ira, angustia, tribulación y desesperanza en adelante (Romanos 2:8-9). Literalmente, la vegetación de Judea, y especialmente la de Jerusalén, he destruida por la política romana de arrasar todo en una región de guerra, según relata Josefo:

“Lo que se mostraba de la tierra movía a gran compasión, porque lo que antes solía estar lleno de árboles y tan adamado que parecía un paraíso, entonces se mostraba desierto, cortados todos los Árboles que constituyan un gran deleite; no había extranjero que hubiese visto antes la ciudad y los lindos arrabales, que viendo en este tiempo la soledad y destrucción, pudiese dejar de llorar o gemir, al ver cuanto daño habían hecho las revueltas y trasteemos al estado que los antiguos allí solían tener. La guerra había destruido todas las cosas hermosas que tenían, de tal manera, que si alguno que hubiese visto antes esta ciudad, cuando estaba en su integridad floreciente y viniese de nuevo, no la conocida ciertamente. 2 Sin embargo, mucho mas había por delante; muchos pesares mas – y aun mas dolorosos – les esperaban (Apocalipsis 16:21).

2. Josefo,

Las guerras de los judíos, vii. I. pag. 200,

La Segunda Trompeta

Al otear la trompeta el segundo Ángel (

Apocalipsis 8:8-9), observamos un paralelo con la primera plaga sobre Egipto, en la cual el Nilo se convirtió en sangre y los pescados murieron (Éxodo 7:17-21). La causa de esta calamidad era que una gran montaña encendida en llamas fue arrojada al mar.

El significado de esto es claro si recordamos que la nación de Israel era el “

Monte Santo,” el “monte de tu heredad” (Éxodo 15:17). Como los redimidos de Dios, ellos habían regresado simbólicamente a Edén (situado sobre una montaña), y el frecuente uso de la simbología del monte a través de su historia (incluso la realidad de que el Monte Sion era el símbolo aceptado de la nación) demuestra esto dramáticamente, Pero esta vez, como apostata, Israel se había convertido en “ monte destructor,” y la ira de Dios se encendido contra el. Esta vez Dios se refiere a Jerusalén con el mismo lenguaje utilizado para referirse a Babilonia, una realidad que llegara a ser central en la simbología de este libro:

He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra y extenderá mi mano contra ti, y te hará rodar de las peñas, y te, reducirá a monte quemado. . . . Subió el mar sobre Babilonia; de la multitud de sus olas fue cubierta (

Jeremías 51:25, 42).

Esto combina con el hecho de que Jesús, en

medio de una larga serie de mensajes y parábolas acerca de la destrucción de Jerusalén (Mateo 20-25), maldijo la higuera estéril, como símbolo del enjuiciamiento sobre Israel. Luego dijo a Sus discípulos, “De Cierto los digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no se lo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21:21-22). ¿Estaba hablando Jesús sin seriedad? Realmente ¿anticipaba el hecho de que Sus discípulos recorrerían lugares orando para quitar montanas reales? Claro que no. Es importante reconocer que Jesús no cambiaba de tema. Aun les enseñaba acerca de la caída de Israel. ¿Que enseñanza les daba? Jesús ordenaba a Sus discípulos que oraran salmos imprecatorios, pidiendo a Dios que destruyera Israel, para secar la higuera, y arrojar la montaña apostata en el mar, Y eso es exactamente lo que ocurrió. La Iglesia perseguida, bajo la opresión de los judíos apostatas, comenzaba a orar por la venganza de Dios sobre Israel (Apocalipsis 6:9-11), pidiendo que el monte de Israel fuera quitado y echado al mar. Las ofrendas eran recibidas sobre el altar celestial de Dios, y como respuesta Dios mandaba a que Sus Ángeles arrojaran Sus juicios sobre la Tierra (Apocalipsis 8:3-5).

 
Israel fue destruido. Debemos fijarnos que San Juan esta escribiendo antes de la destrucción, para la instrucción y aliento de los santos, para que sigan orando en fe. Así como les había dicho en el principio, “ Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo este cerca” (Apocalipsis 1:3).

La Tercera Trompeta

Como el símbolo Antenor, la visión de la tercera Trompeta (

Apocalipsis8: 10-11) combínala simbología bíblica de las caídas de Egipto y Babilonia. El efecto de esta plaga – las aguas se amargan – es semejante a la primera plaga en Egipto, en donde el agua se amargaba a causa de la multitud de peces muertos y hediondos (Éxodo 7:21). La amargura de las aguas es causada por una gran estrella que cayó del cielo, ardiente como antorcha. Esto es semejante a la profecía de Isaías sobre la caída de Babilonia, expresada en términos de la Caída original del Paraíso:

¡

Como caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tu que debilitabas a las naciones. Tu que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantara mi trono, y en el monte del testimonio me sentará, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y será semejante” al Altísimo. Mas tu derribado eres hasta el Seol, a los hades del abismo (Isaías 14:12-15).

El nombre de esta estrella caída es Ajenjo, un termino usado en la Ley y los Profetas para advertir a Israel de su destrucción como castigo para la apostasía 

(Deuteronomio 29:18; Jeremías 9:15; 23:15; Lamentaciones 3:15, 19; Amos 5:7).

La Cuarta Trompeta

Como la novena plaga egipcia de “tinieblas (Éxodo 10:21-23), la maldición traída por la cuarta Trompeta (Apocalipsis 8: 12-13) afecta a los portadores de luz: el sol, la luna, las estrellas, de modo que un tercio de ellos se oscurece. La simbologías aquí fue usada durante mucho tiempo, por los profetas para representar la caída de las naciones y los gobernadores nacionales (Isaías 13:9-11, 19; 24:19 -104, 23; 34:4-5; Ezequie132:7-8, 11-12; Joe12:10, 28-32; Hechos 2:16-21 ). En cumplimiento de esto, F. W. Farrar escribe, a gobernante tras-gobernante, dirigente tras ingente del Imperio Romano y de la nación judía fueron asesinados y arruinados. Gayo, Claudio, Neron, Galba, Oton, Vitelio, todos murieron por homicidio o suicidio; Herodes el Grande, Herodes Antipas, Herodes Agripa, y la mayor parte de los Príncipes herodianos, juntamente con muchos de los principales Sumo sacerdotes de Jerusalén, perecían en la desgracia, o en el exilio o por la violencia. Todos ellos eran soles apagados y estrellas obscuros. ”3

3.

F. W. Farrar, The Early Days of Christianity (Chicago: Belford, Clarke and Co., Publishers,1882), Pag. 519.

 
 
Ahora San Juan ve un Águila (Apocalipsis 4:7) volando en medio cielo, dando aviso de la ira que venia. El Águila, como muchos otros símbolos del pacto, tiene una naturaleza doble. Por una parte, significa la salvación que Dios provee para Israel:

Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad, que le toco. Le hallo en tierra de desierto, Y en yermo de horrible soledad; Lo trajo alrededor, lo instruyo, Lo guardo como a la niña de su ojo. Como el águila que excita su nidada, Revolotea sobre sus pollos, Extiende sus alas, los toma, Los lleva sobre sus plumas,

(Deuteronomio 32:9-11; Éxodo 19:4).

Pero el Águila es también rapiña Y asociada con la sangre, podrida: una temibleave de la muerte y carroña podrida:

Sus polluelos chupan la sangre;Y donde hubiere cadáveres, allí esta ella(Job 39:30).

Las advertencias proféticas de la destrucción de Israel suelen ser expresadas comoÁguilas que descienden sobre la carroña 

(Deuteronomio 28:49; Jeremías 4:13; Lamentaciones 4:19; Óseas 8:1; Habacuc 1:8; Mateo 24:28). Por supuesto, un aspecto básico de la maldición del pacto es ser comido por las aves (Génesis 15:9-12; Deuteronomio 28:26, 49; Proverbios 30: 17; Jeremías 7:33-34; 16:3-4; 19:7; 34:18-20 ; Ezequiel 39:17-20; Apocalipsis 19:17-18). El Águila- querubín reaparecía en Apocalipsis como imagen de Salvación (12:14), finalmente seré sustituido por un (o visto de nuevo como) Ángel que vuela en medio del cielo proclamando el Evangelio a los que moran en la Tierra (14:6), porque su misión es principalmente redentora en su extensión. Pero la salvación del mundo ocurrirá por medio de la caída de Israel (Romanos 11:11-15, 25). Así que el Águila comienza su mensaje con ira, proclamando tres Ayees que vendrán sobre los que moran en la Tierra. Como las plagas originales en Egipto, las maldiciones se vuelven cada vez mas intensas, y precisas en su aplicación. San Juan este guiando los eventos hacia un creciendo, usando los tres ayees del Águila (que corresponden al quinto, sexto y séptimo sonido de la Trompeta; Apocalipsis 9:12; 11:14-15) para dramatizar los desastres crecientes que venían sobre la Tierra de Israel. Después de tantas demoras y tanta paciencia, el celoso y santo Señor de los Huestes por fin lanza las terribles sanciones de la Ley contra quienes desacatan el pacto, a fin de que Jesucristo herede los reinos del mundo y los retina en Su Templo (Apocalipsis 11:15-19; 21:22-27).

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