05. LA VENIDA DEL NUEVO PACTO

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LA VENIDA DEL NUEVO PACTO

Hemos visto en los capítulos anteriores como el mensaje de la desolación próxima de Jerusalén tenia una importancia central para el Nuevo Testamento. El libro de Apocalipsis no difiere de lo que venimos diciendo. Declara específicamente, en el primer versículo que no se enfoca en el futuro lejano ni en el fin del mundo, sino en 

las cosas que deben suceder pronto.” En el tercer versículo los lectores reciben la advertencia que “el tiempo esta cerca” para que las profecías se cumplan. Ambas declaraciones son repetidas al final del libro también (véase Apocalipsis 22:6, 10). Sus profecías se dirigen claramente – aunque aparecen en forma simbo1ica — contra “la grande ciudad. . . donde nuestro Señor fue crucificado(Apocalipsis 11:8; 14:8; 16:19; 17:18).

C o m o el resto del Nuevo Testamentoo, el libro de Apocalipsis sigue el ejemplo de Cristo al predecir la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. de C. Según he explicado extensamente en el comentario,

The Days of Vengence (Los Días de Retribución), San Juan escribió el Apocalipsis en la forma bíblica estándar de un “enjuiciamiento basado en el Pacto” dado por los profetas hebreos (siendo ellos la parte acusadora que representa a Dios) contra la desobediente nación de Israel. Por medio de una miríada de símbolos adaptados de las profecías del Antiguo Testamento, San Juan establecía dos puntos principales: primero, Israel había roto irrevocablemente su Pacto con el Señor; segundo, en virtual de Su encarnación, viola, muerte, resurrección, y ascensión, Jesucristo inicio un nuevo y ultimo Pacto, garantizado infaliblemente por Su victoria sobre el pecado y la muerte.

La imagen fundamental de esto en el libro de Apocalipsis esta presentada en la primera visión de la Corte del cielo (Capítulos 4 y 5).San Juan vio al Señor sentado sobre el Trono teniendo un Libro “sellado con siete sellos (indicando a sus lectores que era un tipo de Testamento) y escrito por dentro y por fuera.” Cualquier lector cristiano del primer siglo hubiese comprendido inmediatamente el significado de esto, porque se basa en la descripción de los Diez Mandamientos. Las dos tablas del Testimonio (que eran copias duplicadas de la Ley) fueron escritas adelante y atrás (Éxodo 32:15). Algo similar a esto se encuentra en los tratados de protectorado del Antiguo Medio Oriente: el rey victorioso impondría un tratado/pacto al rey conquistado (el vasallo) y a todos los demás bajo la autoridad del vasallo. Se redactaban dos copias del tratado (como en los contratos modernos), y cada parte colocaría su copia en casa de su dios, como un documento legal que testificaba la transacción. En el caso de ‘Israel, desde luego, el Señor era tanto Protector como Dios; así que, las dos copias del pacto se guardaban en el Tabernáculo (Éxodo 25:16, 21; 40:20; Deuteronomio 10:2).

Entonces, la idea del Pacto es central en el mensaje de Apocalipsis. La profecía de San Juan es presentada desde el principio como parte del Canon de la Santa Escritura, escrita primariamente para ser leída en la liturgia (1:3). Se usa el simbolismo del tabernáculo en la Doxología de apertura (1:4-5), y se declara que la Iglesia esta constituida como el nuevo Reino de sacerdotes, tal como Israel lo había sido en Sinai (1:6). El tema del libro, afirmado en 1:7, es la venida de Cristo en la Nube de Gloria; Luego, casi inmediatamente, San Juan usa tres palabras que se encuentran casi siempre a través de la Biblia en relación con la actividad de hacer pactos: Espíritu, Día, y VOZ (1:10). La siguiente visión de Cristo como el glorioso Sumo sacerdote (1:12-20) combina muchas imágenes del Antiguo Testamento — la Nube, el Día del Señor,.el Ángel del Señor, el Creador y Soberano universal, el Hijo de Hombre/Postrer Adán, el Vencedor de las naciones, el Sostenedor de la Iglesia – todos están relacionadas con las profecías de la venida del Nuevo Pacto. La visión continúa con el mensaje de Cristo a las iglesias, en el estilo de narración de la historia del Pacto (capítulos 2-3). En el capitulo 4, San Juan ve el Trono, apoyado por los querubines y rodeado por el sacerdocio real, todos cantando alabanzas a Dios, acompañados con relámpagos, voces y trueno semejantes a lo ocurrido en Sinai. No nos debe sorprender que este despliegue magnifico de imágenes pertenecientes a la formación de pactos culmine con la visión de un documento de Testamento/tratado, escrito por dentro y por fuera, en manes del que se sienta en el Trono. El Libro. Es nada menos que el Testamento del Cristo resucitado y ascendido: el Nuevo Pacto.

Pero la venida del Nuevo Pacto implica que el Viejo ha pasado, y el comienzo del juicio del Israel apostata. Como hemos visto brevemente, los profetas bíblicos hablaban en términos de la estructura del tratado basado en el pacto, actuando como abogados de la parte acusadora de parte del Protector y Soberano devine, presentando litigios basados en el pacto contra Israel:

Y luego que me hablo, entro el Espíritu en mi y me afirmo sobre mis pies, y oí al que me hablaba. Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mi; ellos y sus padres se han rebelado contra mi hasta este mismo día. . . . Y mire, y he aquí una mano extendida hacia mi, y en ella había un rollo de libro. Y lo extendió delante de mi, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en 61 endechas y lamentaciones y ayes

(Ezequiel 2:3-10).

Al observar Juan, la apertura del Nuevo Pacto, vio también las maldiciones del Viejo Pacto cumplidas sobre el pueblo del pacto apostata. Esta conclusión llega a ser cada vez mas clara al mirar el 

movimiento general de la profecía. Los Siete Sellos del Libro son abiertos a fin de revelar los contenidos del Libro; pero al abrirse el Séptimo Sello se inicia la entrada de las Siete Trompetas (8:1-2). La visión final de la sección de las trompetas termina con un cuadro horroroso de la gran Vendimia, en la cual las “uvas de ira” humanas son pisadas y la Tierra entera se inunda con un torrente de sangre (14:19-20). Esto conduce directamente a la sección final de Apocalipsis, donde Juan ve que la sangre del Lagar es derramada de las Siete Copas de ira (16: 1-21) por lo tanto, da la impresión que debiéramos comprender las Siete Copas de ira como el contenido de la Séptima Trompeta, “el ultimo ay” que cae sobre la Tierra (véase 8:13; 9:12; 11:14-15; 12:12). Todo esto – los Sellos, las Trompetas, y las Copas – es el contenido del Libro de los siete sellos, el Nuevo Pacto.

Pero existe una crisis: San Juan descubre que no hay nadie en toda la creación —en el cielo, o en la tierra, o bajo la tierra” – capaz o digno de abrir el Libro, ni siquiera de mirarlo. Nadie pudo satisfacer las condiciones requeridas para ser Mediador del Nuevo Pacto. Todos los mediadores previos – Adán, Moisés, David, y los demás – fracasaron en la tarea. Nadie pudo quitar el pecado y la muerte porque todos pecaron, y están destituidos continuamente de la gloria de Dios ( Romanos 3:23). El sacrificio de los animales no podía quitar los pecados realmente, porque tal cosa es imposible (Hebreos  10:4); y el sumo sacerdote que ofrecía los sacrificios era también un pecador, rodeadode debilidad”  (Hebreos 5:1-3; 7:27) por lo que se debía buscar un sustituto después de su muerte (Hebreos 7:23). No se encontró a nadie para garantizar un mejor pacto. Con el anhelo y tristeza profética de la Iglesia del Viejo Pacto, San Juan se puso a llorar amargamente. El que esta sentado en el Trono había ofrecido un Nuevo Pacto, pero nadie era digno de actuar en favor de Dios y el hombre a fin de aprobar el Pacto. El Libro de los siete sellos quedaría cerrado para siempre. Repentinamente, San Juan recibe la consolación de un Anciano, que dice (literalmente ): “No llores; ¡He‘aquí, El ha vencido!” De este modo la Iglesia predica el Evangelio a San Juan y aparentemente el Anciano esta tan emocionado sobre este mensaje que divulga la culminación antes de explicar quien ha vencido. Luego describe a Cristo el Vencedor como el León de la tribu de Juda, el cumplimiento fuerte y poderoso de la antigua profecía de Jacob a su cuarto hijo:

Cachorro de león, Juda; De la presa subiste, hijo mió. Se encorvo, se echo como león, Así como le6n viejo: ?quién lo despertará? No será quitado el cetro de Juda, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Ya El se congregarán los pueblos. (Génesis 49:9-10).

Fue al Rey David, el León vencedor de Juda del Viejo Pacto, a quien Dios revelo tanto el plan del Templo (1 Crónicas 28:11-19) como el plan del pacto eterno, la “Carta de la Humanidad ” por lo cual el Sacerdote-Rey que venia traería la bendición de Abraham a todas las naciones (2 Samuel 7:18-29; 23:2-5; 1 Crónicas 17:16-27; Salmos 16; 110; Hechos 2:25-36).

Finalmente, el Gran Hijo de David vino y conquisto, estableciendo el dominio para siempre, abriendo el Pacto, incorporando y cumpliendo todas sus promesas, a El le pertenece el Pacto.”

Cristo la Raiz de Daviduna expresión extravía, para nuestra manera de pensar. Podemos comprender con mas facilidad el termino de Isaías: “una vara del tronco de Isai” (Isaías 11:1).

Como descendiente de Isai y David, 

se podía llamar a Jesús el “Renuevo” (Jeremías 23:5; Zacarías 3:8); ¿pero cómo se le puede llamar Raíz? Nuestra perplejidad tiene origen en nuestras perspectivas no bíblicas de como actúa la historia. Solemos entender la historia como si fuese una máquina de Rube Goldberg cósmica: se arranca la palanca por un lado, y una scène de acontecimientos chocan los unos con los otros como las fichas del juego de domino, que al final producen un resultado al otro lado de la máquina. Solo por pura causa y efecto, cada evento causa los otros eventos, en sucesión cronológica directa.

Ahora bien, esto es verdad – pero no es toda la verdad. En realidad, aceptado solo y autónomamente, no es-verdad ni siquiera un poco, porque tal teoría es evolucionaría en su presuposición, en vez de bíblica. En la historia no solo el pasado causa el futuro; ¡sino que también es cierto que el futuro causa el pasado!

Es posible que una ilustración sencilla nos ayude comprender esto. Supongamos que alguien le encuentra a ud. preparando el almuerzo en una mañana calurosa de sábado, y le pregunta el por que. Responde, “

Porque hoy voy a tener un picnic en el parque.” ¿Que ha ocurrido? En un sentido, el futuro – el picnic planeado – ha determinado  el pasado

.
A causa que quería tener un picnic en el parque, entonces planeaba un almuerzo. Lógicamente, el picnic precedía, y causaba, la preparación del almuerzo, aunque le seguía cronológicamente. De la misma manera, Dios deseaba glorificarse en Jesucristo; por lo tanto, creo a Isai y a David, y todos los demás de los antepasados de la naturaleza humana de Cristo, a fin de presentar a Su Hijo en el mundo. La Raíz de la existencia misma de David era el Hijo de David, Jesucristo. iEl “efecto” determinaba la “causa”!

Así que, el Señor Jesucristo es presentado en la forma más radical posible como el Centro de toda la historia, tanto la Raíz divina como el Renuevo, el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega. Y así, como León conquistador y Raíz soberano El ha prevalecido para poder abrir el Libro – el Nuevo Pacto – y sus siete sellos. Es interesante, sin embargo, que cuando Juan se da vuelta para mirar a Quien es descrito de esta forma, ve un

Cordero delante del Trono. El propósito no es decir que Jesús sea “ igual que un cordero” en el sentido de ser manso, dulce, o suave.

Se llama a Cristo Cordero, no a causa de que sea

‘Amable,” sino a causa de Su obra. Era el Cordero inmolado, “que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Así que, el centro de la historia es la obra terminada, sacrificial de Cristo. La base de Su majestad mediadora (Cristo c o m o León), es Su expiación mediadora (Cristo como Cordero). A causa de Su sacrificio El ha sido exaltado al Lugar de supremo dominio y autoridad. Cristo ha logrado la victoria por medio de Su sufrimiento y muerte redentora a nuestro favor.

Esto significa que el entendimiento de Cristo con respecto a la creación y la historia se origina no de la historia misma, sino de la realidad de que El es Creador y Redentor del mundo. Así que, en base de Su Persona, Su obra, y Su posición exaltada como Salvador y Gobernador del Mundo, Jesucristo ascendió al cielo, se acerco al Trono de Su Padre, y tomo el Nuevo Pacto de la Diestra del que esta sentado sobre el Trono

(Apocalipsis 5:7). Ya hemos visto como el profeta Daniel lo describe:

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venia uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de alias, y le hicieron acercarse delante de El. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y Lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido

(Daniel 7:13-14).

El mensaje central de la Biblia es la salvación por medio de Jesucristo, el Mediador de un Nuevo Pacto. Aparte de Su obra, por medio de la cual consiguió y posee eternamente el Pacto, no hay esperanza para la humanidad.

El ha vencido abrumadoramente a fin de abrir el Tratado del Gran Rey; y por medio de El nosotros también somos mas que vencedores. ”

En los últimos versículos de Apocalipsis 5, San Juan muestra la respuesta de la Iglesia a todo esto en la adoración, alabando a Dios por el resultado de la obra de Cristo. Su ”Nuevo Cántico” se regocija en el hecho de que Cristo ha comprado a Su pueblo de todas las naciones, no solo para redimir los del pecado, sino también capacitarlos para cumplir el Mandato de Dominio original de Dios para los hombres (Génesis 1:26-28;  Mateo 28:18-20 ). Como el Postrer Adán, Cristo encarga a Su Nueva Creación (nosotros los cristianos) la tarea que Adán perdió por incumplimiento – esta vez, sin embargo, sobre la fundación inamovible de Su muerte, resurrección, y ascensión. La salvación tiene un propósito, es tanto una salvación para como una salvación de Cristo ha convertido Su pueblo en reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y les ha asegurado su destine: “ y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). Esto nos muestra la dirección de la historia: los redimidos del Señor, ya una nación de sacerdotes reales, avanzan hacia el dominio completo que Dio ha planeado en Su programa original para el hombre. En Adán ese programa original se había perdido; Jesucristo, el Postrer Adán, nos ha redimido y restaurado a nuestro sacerdocio real, para que gobernemos en la tierra. Por medio de la obra de Cristo se ha ganado la victoria definitiva sobre Satán. Tenemos la promesa de mayores victorias, cada vez mas autoridad y dominio, en la medida que cumplamos el Evangelio y la Ley del gran Rey a través del mundo. La Iglesia en los tiempos de San Juan estaba por experimental un periodo de severas pruebas y persecuciones. Ya estaba viendo lo que, en una era normal, apenas se podrí imaginar: unión entre Israel y la perversa Bestia del Imperio Romano. Estos cristianos necesitaban comprender que la historia no era algo gobernado por la casualidad ni por los hombres males ni siquiera por el diablo, sino gobernado desde le Trono de Dios por Jesucristo. Necesitaban ver que Cristo estaba reinando ya, que había quitado el mundo de las manes de Satanás, y que precisamente en ese momento todas las cosas en el cielo y la tierra estaban predestinadas a reconocerle como Rey. Necesitaban verse a si mismos en su condición verdadera: no como tropas olvidadas en una fortaleza solitaria peleando una batalla destinada a fracasar, sino como reyes y sacerdotes, haciendo la guerra y ganándola, predestinados ala Victoria, con la segundad absoluta de conquista y dominio con el Gran Rey sobre la tierra.

Necesitaban la concepción bíblica de la historia: que todo la historia, creada y controlada por el gobierno personal y total de Dios, esta avanzando inexorablemente hacia el dominio de Señor Jesucristo. La nueva y final era de la historia ha llegado; el Nuevo Pacto ha venido. ¡He aquí, El ha vencido !

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