11. ¡CONSUMADO ES!

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¡CONSUMADO ES!

Las victimas simbólicas de las primeras cuatro copas eran los elementos de la creación física: Tierra, mar, aguas, y el sol. Con las tres últimas Copas, las consecuencias del ataque angélico son inherentemente “políticas”: la ruina del reino de la Bestia; la Guerra del gran Día de Dios; y la Caída de “Babilonia.”

 

La Quinta Copa

Aunque la mayor parte de los juicios se dirigen al apostata Israel, los paganos que se unen a Israel contra la Iglesia también reciben condenación. Ciertamente, la Gran Tribulación resultaba ser “

la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra(3:10). En consecuencia, el quinto ángel (Apocalipsis 16:10- 11) derrama su Copa ”sobre el trono de la bestia”; y, mientras el calor del sol quema a los que adoran a la bestia, las luces se apagan en su reino, y se obscurece — lo que significa, como hemos visto en nuestro estudio de Mateo 24, un símbolo bíblico estándar para describir el desorden y caída de los gobernantes (Isaías 13:9-10; Amos 8:9; Ezequiel 32:7-8).

El significado principal de esta plaga sigue siendo el juicio sobre Israel, porque (en términos del mensaje de Apocalipsis) fue Israel el trono’; y el “reino” de la Bestia. Además, como veremos, las personas que sufren las consecuencias de la Quinta Copa son identificadas también como sufrientes todavía de la Primera Copa, que fue derramada sobre la Tierra, sobre los adoradores Israelitas de la Bestia (Apocalipsis 16:2).

Sin embargo, también es probable que este juicio corresponde parcialmente a las guerras, revoluciones, alborotos, y ‘Convulsiones mundiales” que azotaron al Impero después que Nerón se suicido en junio del 68. El gran erudito del siglo XIX F. W. Farrar escribió: “de los horrores que afligían a Roma y a los romanos en las guerras civiles entre los gobernantes provincialas – simbolizados anteriormente como los cuernos de la Bestia salvaje, y aquí caracterizados como reyes pero sin reinos.

Así ocurrió con Galba, Oton, Vitelio, y Vespasiano. Vespasiano y Luciano deliberadamente planeaban matar de hambre a la población romana.
 
En la feroz lucha de Vitelio contra Sabino y Domiciano, y la matanza a que dio lugar, ocurrió el suceso que asusto a todos los romanos — el incendio que arraso el Templo del Capitolio de Júpiter, el 19 de diciembre del año 69 d. de C. No fue el menor de los acontecimientos de ese año, en que los dos santuarios mas sagrados del mundo antiguo fueron incendiados – el Templo de Jerusalén y el Templo del gran dios latino.”1

1. F. W. Farrar,
Days of Vengenece (Chicago: Belford, Clarke and Co., Publishers, 1982), page 555.
 

Un pasaje de Tacito, el historiador romano, da una idea de las condiciones caóticas de la ciudad capital:

“La gente de Roma observaba de cerca las luchas como si fueran espectáculos en el circo,. –gritando y aplaudiendo a un bando y después al otro. Cuando uno de los bandos perdía, los soldados derrotados se escondían en las tiendas o en las casas. Luego, por la exhortación de la turba, aquéllos fueron arrastrados afuera y asesinados, porque los soldados se dedicaban a la matanza sangrienta y el botín quedaba para las masas.”

“Toda la ciudad representaba una caricature espantosa de su condición normal: luchas y heridos en un lugar, baños y restaurantes en otro, por aquí el derramamiento de sangre y el desorden de cadáveres y por allá cerca las prostitutes y mala gente – todos los vicios que se asocian con la viola de haraganería y el placer, todos los hechos asociados con un terrible saqueo. Todos estos hechos estaban tan internamente ligados que el observador común hubiera creído a Roma envuelta en una orgía simultánea de violencia y libertinaje. Es cierto que en el pasado había ocasiones en que los ejércitos lucharon en la ciudad, dos veces cuando Lucio Sullo se apoderaba de ella, y una vez bajo Cina.

Había tanta crueldad en aquel entonces, pero esta vez había además una indiferencia alocada, ni siquiera hubo una interrupción momentánea en la búsqueda del placer. Como si esto fiera un entretenimiento mas de las fiestas, se deleitaban en los horrores sacando provecho de ellos, sin interés en cual bando ganaba, y se gloriaban en las calamidades del estado.”2

2. Cornelio Tacitus,  Histotia, iii, 83.

San Juan otra vez dirige nuestra atención a la impenitencia de los apostatas. Su respuesta al juicio de Dios es mayor rebelión – sin embargo, su rebelión llega a ser cada vez mas ineficaz: “Y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus ulceras, y no se arrepintieron de sus obras. ” Una característica que distingue las plagas de esas Copas es que llegan todas al mismo tiempo, sin “tregua” entre una y otra. Una sola plaga era suficientemente mala, como en los juicios de Egipto. Pero estas personas todavía mordían sus lenguas y blasfemaban a Dios a causa de sus ulceraslas ulceras que les brotaron cuando la Primara Copa fue derramada sobre ellos . Los juicios se derramaban con tanta rapidez que la siguiente plaga encontraba a la gente sufriendo todavía los efectos de la anterior. Y, a causa de que su carácter no ha sido transformado, no se arrepintieron.

La noción de que un gran sufrimiento produce piedad es un mito. Solo la gracia de Dios puede apartar a los impíos de su rebelión; pero Israel se resistió al Espíritu y esto resulto en su propia destrucción.

 
 

La Sexta Copa

Esta corresponda ala Sexta Trompeta (

Apocalipsis 9: 13-21), la Sexta Copa es derramada sobre “el gran do Eufrates; y el agua de Este se seco, para que estuviese preparado el camino para los reyes del oriente” (Apocalipsis 16:12). Según vimos previamente, el ‘Eufrates era la frontera norte de Israel, de donde los ejércitos invasores venían para saquear y oprimir el pueblo del pacto. La imagen de sequedad del Eufrates para el paso de un ejército conquistador es sacada, en parte, de la estratagema de Ciro el persa, quien conquisto Babilonia al desviar el Eufrates momentáneamente de su curse, posibilitando que su ejercito atacara la ciudad subiendo por el lecho, y así derrotarla por sorpresa.

Este claro, la idea mas básica de la Sexta Copa es la sequedad del Mar Rojo (

Éxodo 14:21-22) y el rió Jordán (Josué 3:9-17; 4:22-24) para los victoriosos de Dios. Otra vez este el elemento sutil de la ironía trágica: Israel se ha convertido en la nueva Babilonia, un enemigo de Dios que esta vez debe ser conquistador por un nuevo Ciro, mientras que el verdadero pueblo del pacto es milagrosamente librado y llevado hacia su herencia. La llegada de los ejércitos del Eufrates, por supuesto, representa el sitio final de Jerusalén por las fuerzas de Tito; y no es por mera casualidad que millares de soldados de estas tropas realmente provinieran del Eufrates.

En los versículos 13-14 de Apocalipsis 16, San Juan narra la aparición de tres espíritus inmundos que procedían de las bocas del Dragón, la Bestia, y el Falso Profeta (la “Bestia de la Tierra,” o el liderazgo de Israel, mencionado en Apocalipsis 13: 11; 19:20). San Juan ha combinado las siguientes imágenes en estos versículos: primero, una invasión del rió (v. 12). Aquí se ve una relación con la segunda plaga egipcia, porque la multitud de ranas que plagaba a Egipto venían del rió (Éxodo 8:1-7).Levítico 11:9- 12, 41-47); tercero, estas ‘ranas’’son realmente espíritus de demonios, “haciendo señales” con el fin de engañar a la humanidad. Es un énfasis mtiltiple sobre el Dragón quien es imitado por sus seguidores que echa cosas de su boca (Apocalipsis 12: 15-16; 13:5-6; vea el contraste con 1:16; 11:5; 19: 15, 21); la repetición por tres veces de la palabra boca aquí sirve también como otro punto de contacto con la Sexta Trompeta (9:17-19).

Estos espíritus inmundos del diablo, del gobierno romano, y de los líderes de Israel se van a los reyes de todo el mundo 

(Salmo 2) con el fin de reunirlos para la Guerra del gran Día de Dios. Por medio de sus falsas profecías y obras milagrosas incitan a los ejércitos del mundo a aliarse en guerra contra Dios. De lo que no se dan cuenta es que la batalla es del Señor, y que los ejércitos se juntan para cumplir los propósitos de Dios, y no los de ellos. El es quien les prepara el camino, incluso secar el Eufrates para que lo pasen bien.

El profeta Miqueas dio un mensaje semejante al malvado rey Acab de Israel,explicando por qué Acab setia muerto en batalla contra los arameos:

Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a el, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quien inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salio un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo

: Yo le inducirá. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? El dijo: Yo saldrá, y será espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y el dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así’ (1 Reyes 22:19-22).

Esto se repite en la carta de Pablo a los Tesalonicenses: Porque ya esta en acción el misterio de la iniquidad; sélo que hay quien al presente lo detiene, hasta que el a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron la verdad, sino que se complacieron en la injusticia (

2 Tesalonicenses 2:7-12).

 
El “poder engañoso” que ejerce éstos espíritus mentirosos es enviado por Dios a fin de llevar a cabo la destrucción de Sus enemigos en la “batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso,” (Apocalipsis 16: 14b) un termino bíblico para el Día del Juicio; un día de calamidad para los males (Isaías 13:6, 9; Joel 2:1-2, 11, 31; Amos 5:18-20;Sofonias 1:14-18). Específicamente, seria el Día de la condenación y ejecución de Israel; el Día cuando, como Jesús menciono de antemano en Su parábola, el Rey enviaría Sus ejércitos para destruir a los asesinos e incendiar la Ciudad con fuego (Mateo 22:7).
 
San Juan acentúa este punto otra vez al referirse al Señor como Dios Todopoderoso, la traducción griega de la expresión hebrea Jehová Dios de los ejércitos, el Dios de los ejército del cielo y la tierra (1:8), Los ejércitos que venían para llevar a cabo la destrucción de Israel – sin consideración de su motivación – son los ejércitos de Dios, enviados por El (aun por medio de “espíritus mentirosos,” si es necesario) para llevar a cabo Sus propósitos, para Su gloria. Las malas ranas-demonios efectúan sus falsos prodigios y obras con poder engañoso porque el Ángel de Dios ha derramado su Copa de ira.

De repente la narración es interrumpida por la declaración de Cristo en el versículo 15:¡He aquí, y vengo como ladrón! Este es el tema central del libro de Apocalipsis, que resume las advertencias de Cristo a las iglesias en las Siete Cartas (Apocalipsis 2:5, 16, 25; 3:3, 11). La venida de los ejércitos romanos venia a ser, en realidad, la Venida de Cristo con terrible ira contra Sus enemigos, los que Le habían abandonado y que habían asesinado a Sus testigos. Parece que la terminóloga y simbología especifica se basa en la Carta ala iglesia de Sardis: “Vendrá sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendrá sobre ti” (Apocalipsis 3:3; Mateo 24:42-44; Lucas 12:35-W; 1 Tesalonicenses 5:1-11).

 

La misma carta a Sardis también dice: “Se vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. . . .Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas. . . “ (Apocalipsis 3:2, 4-5).

 

De modo similar, el texto de la sexta Copa continua: Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza” (Apocalipsis 3:18, en la Carta a Laodicea: “yo te aconsejo que de mi compres. . . . vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez ”).

El simbolismo de esto esta basado en el castigo de los guardas del Templo que se adormecían mientras estaban de guardia: sus ropas eran confiscadas y quemadas. Cristo esta reprendiendo a los guardas de Israel por su pereza espiritual, advirtiéndoles que están al punto de ser despedidos de su oficio cuando El viene en juicio. Pero dormían y ya era demasiado tarde – el Templo seria saqueado y destruido. El juicio y la destrucción se avecinaban rápidamente; no había tiempo que perder, las iglesias necesitaban estar despiertas y alertas. San Juan continúa el relato en el versículo
16: los demonios juntan a los reyes de la tierra “en el lugar que en hebreo se llama Armagedon.” Al pie de la letra, este se escribe Har-Magedon, que significa Monte Meguiddo. Aquí surge un problema para los literalitas,” ¡Meguiddo era una ciudad ubicada en una llanura – no sobre un monte!
 
Nunca hubo ni habría literal “Batalla de Armagedon,” porque no existe tal lugar .

El monte mis cerca del llano de Meguiddo es el Monte Carmelo, y esto era lo que presumiblemente San Juan tenia presente. ¡Por que no decía simplemente “

Monte Carmelo”? Probablemente porque quería correlacionar las dos ideas – Carmelo por su asociación con la derrota de los falsos profetas de Baal y Asera (1 Reyes 18) de Jezabel, y Meguiddo por haber sido el campo de batalla de varias batallas importantes en la historia bíblica. Meguiddo es mencionado entre las conquistas de Josué (Josué 12.21), y es especialmente importante por ser el lugar donde Débora derroto a los reyes de Canaon (Jueces 5:19).

El Rey Ocozias de Juda, el malvado nieto del Rey Acab de Israel, murió en Meguiddo (2 Reyes 9:27). Tal vez el evento más significativo que ocurro allí, respecto a la símbologia de San Juan, fue la confrontación entre el Rey Josias de Juda y el faraon egipcio Necao. En desobediencia deliberada a la Palabra de Dios, Josias enfrento a Necao en Meguiddo y fue mortalmente herido (2 Crónicas 35:20-25). Después de la muerte de Josias, la caída de Juda en la apostasía, la destrucci6n, y la esclavitud fue rápida e irrevocable (2 Crónicas 36).

Los judíos hacían lamentaciones por la muerte de Josias, hasta el tiempo de Esdras
(2 Crónicas 35:25), y el profeta Zacarías lo usa como imagen de la lamentación de Israel por el Mesías. Después de prometer “ destruir a todas las naciones que vienen contra Jerusalén” (Zacarías 12:9)
 

Dios dice: Y derramare sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y miraran a mi, a quien traspasaron, y lloraran como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por el como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-ramón en el vane de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte.
(Zacarías 12:10-11), Zacarías 13), y que traería ejércitos hostiles para sitiar Jerusalén (Zacarías 14).
 
Así que, para San Juan “Meguillo” era un símbolo de derrota y desolación, una derrota decisiva que significa la derrota de los que se oponen a Dios, que obedecen falsos profetas en lugar de a los verdaderos.

 

La Séptima Copa

Por fin, el séptimo Ángel derrama su Copa por 

el aire,con la intención de producir relámpagos, truenos (v. 18) y granizo (v. 21). Otra vez, una Voz salio “del templo del cielo, del trono,” que significa el control y aprobación de Dios. San Juan ya ha anunciado que estas siete plagas de las Copas debían ser las “postreras, porque en ellas se consumaba la ira de Dios” (Apocalipsis 15:1); con la Séptima Copa, por lo tanto, la Voz proclama: Hecho Esta! Juan 19:30; Apocalipsis 21:6).

 
Otra vez, San Juan relata el fenómeno asociado con el Día de Jehová y la actividad propia del establecimiento de pactos en la Nube de Gloria: relámpagos, truenos, voces,
y “un gran temblor” (Apocalipsis 16:18). Siete veces en Apocalipsis San Juan menciona un temblor (6:12; 8:5; 11:13 [dos veces]; 11:19; 16:18 [dos veces]),  acentuando sus características del pacto.

Cristo vino para traer el temblor definitivo, el gran temblor cósmico del Nuevo Pacto: ‘cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” Apocalipsis 16: 18b (Mateo 24:21; Éxodo 9:18, 24; Daniel 12:1; Joel 2:1-2).

Este también era el mensaje del escritor a los Hebreos. Comparando el pacto hecho en Sinai con la venida del Nuevo Pacto (que seria establecido con la destrucción del Templo y la expiración completa del Viejo Pacto), anuncio que
los “ cielos y tierra” de la economía mosaica estaban terminando, habiendo sido reemplazado por el eterno Reino de Cristo: Mirad que no desecháis al que habla.
 
Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo [Hageo 2:6]. Y esta frase: Aun una vez, indica la remocion de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con, temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:25-29).

San Juan ha aclarado que "la Gran Ciudad es la Vieja Jerusalén, donde el Señor fue crucificado(Apocalipsis 11:8; 14:8); originalmente tenia el propósito de ser “la luz del mundo, una Ciudad asentada sobre un monte ,” actualmente es un asesina apostata, condenada a perecer. Bajo el juicio de la séptima Copa, ella había de ser “dividida en tres partes” (Apocalipsis 16:19).
 
Esta simbología es sacada del quinto capitulo de Ezequiel, donde Dios instruye el profeta a montar un drama que representa la destrucción venidera de Jerusalén.  Ezequiel había de rapar su cabeza con cuchillo agudo y luego cuidadosamente dividir el cabello en tres partes: Una tercera parte quemará a fuego en medio de la ciudad. . . . y tomarás una tercera parte y la cortarais con espada alrededor de la ciudad; y una tercera parte esparcirás al viento, y yo desenvainará espada en pos de ellos. Tomaras también de allí unos pocos en número, y los atarais en la falda de tu manto. Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en medio del fuego, y en el fuego los quemaras; de allí saldrá el fuego a toda la casa de Israel.
 
Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es Jerusalén; la puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella. Y ella cambio mis decretos y mis ordenanzas en impiedad más que las, naciones, y más que las tierras que están alrededor de ella; porque’ desecharon mis decretos y mis mandamientos, y no anduvieron en ellos.

Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos multiplicado más que las naciones que están alrededor de vosotros, no habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis Leyes? Ni aun según las leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis andado. Así, pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti; si, yo, y haré juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones. Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones.

Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparcirá a todos los vientos todo lo que quedare de ti. Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantare yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendrá yo misericordia. Una tercera parte de ti morirá de pestilencia y será consumida de hambre en medio de ti; y una tercera parte caerá a espada alrededor de ti; y una tercera parte esparcirá a todos los vientos, y tras ellos desenvainará espada (Ezequiel 5:1-12).

Puesto que la imagen de San Juan de la división de la Ciudad en tres partes ha sido con seguridad sacada de Ezequiel, es probable que la referencia específica trate de la división de Jerusalén en tres bandos, cada uno peleando feroz y violentamente por dominar a los otros. Las autoridades en la materia dicen que esta división resulto en la caída de la ciudad; esta fue traicionada y destruida a causa de sus divisiones, Una indicación importante de que la Gran Ciudad es Jerusalén es el hecho de que ella es distinguida por San Juan de “
las ciudades de las naciones (gentiles),” que también caían con ella (16:19).
 
Jerusalén, debemos recordar, era la ciudad capital del Reino de sacerdotes, el lugar del Temple; dentro de sus muros se ofrecían sacrificios y oraciones por todas las naciones, El sistema del Viejo Pacto era un Orden mundial, la fundación sobre la cual el mundo entero fue organizado y mantenido en estabilidad. Ella representaba por medio del pacto a todas las naciones del mundo, y en su caída todos caían. (La nueva organización del mundo se basaría en la Nueva Jerusalén, edificada sobre la Roca” pero “multi - centralizada” por todo el mundo.)

Así que, “la Gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz con vino del ardor de su ira. (16:19b, 14:8)” En este juicio cada falso refugio desaparece: las montanas y las rocas ya no pueden esconder a los males del rostro de aquel que esta sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero” (Apocalipsis 6:16). “Y toda isla huyo, y los montes no fueron hallados” (Apocalipsis 16:20).

 

Ya hemos observado que Apocalipsis y la profecía de Ezequiel comparten temas comunes. Aquí otra vez hay una similitud: Ezequiel declaro que los falsos profetas de Jerusalén causarían su destrucción por una violenta tormenta de granizo (Ezequiel 13:1- 16).

 
San Juan predice la misma terminación: “Y cayo del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento [40 kilos]; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande(Apocalipsis 16:21). Igual a las otras plagas, la simbología es reproducida de las plagas que Moisés trajo sobre Egipto (en este case, la séptima plaga: Éxodo 9:18- 26). La plaga del granizo también puede ser asociada con las “grandes piedras” que desde el cielo Dios arrojo sobre los cananeos cuando Josué conquisto la Tierra (Josué 10:11); tal como canto Débora, las mismas estrellas de los cielos pelearon contra los enemigos de Dios (Jueces 5:20).

Es posible que Josefo se haya referido a esta “plaga de granizo,” en su extraña narración de los enormes proyectiles de piedra arrojados sobre la ciudad por catapultas romanas: “Cada piedra pesaba un talento con facilidad, y las tiraban a una distancia mayor que un estadio de camino, y el golpe que estas ingeniosas maquinas daban, era insufrible, no solo a los que primero golpeaban, sino también a los de mas atrás.

 

Guardaban se los judíos de las piedras, porque eran claras y blancas; y no solo los reconocía por el ruido o sonido que hacían, sino también por el color que tenían. Los que estaban, pues, de guardia como centinelas en las torres, avisaban cuando las maquinas daban sus golpes; y cuando movían o echaban el hierro, gritaban en lengua de la patria ciertas palabras, diciendo: El hijo viene”; y de esta manera sabían antes contra cuales aquellas armas viniesen, y así se guardaban de ellos; y de esto sucedía que, guardándose ellos, caían las piedras sin provecho y sin hacer algo. Por esta razón, pensaron los romanos hacer las piedras con tinta negra; y así al ser catapultadas, daban en el blanco, como antes, y derribaban a muchos de una vez” (Las Guerras de los Judíos, vi, VII. pags. 156-157).

 
Después de considerar varias teorías respecto al significado de la frase “el hijo viene,” el comentarista J, Stuart Russell dijo: “Era bien sabido por los judíos que la gran esperanza y fe de los cristianos era la pronta venida del Hijo. Aconteció durante este mismo tiempo, según Hegesipo, que San Santiago, el hermano de nuestro Señor, testificaba públicamente en el templo de que ‘el Hijo de Hombre estaba por venir en las nubes del cielo,’ y luego sello su testimonio con su sangre. Parece bien probable que los judíos, en su blasfemia desafiadora y desesperada, cuando veían la piedra que volaba por el aire, daban voces obscenas diciendo, “El Hijo viene,” para burlarse de la esperanza cristiana de la Parousia, viendo una semejanza ridícula en la apariencia extraña del proyectil” (The Parousia, pag. 482).

 

Otra vez “los hombres blasfemaron contra Dios” — su reacción constante durante el derramamiento de las Copas, que revela no solo su maldad sino su absoluta estupidez: ¡cuando piedras de cuarenta kilos están cayendo de los cielos, es ciertamente el memento mas inoportuno para blasfemar! Pero Dios ha abandonado a estos hombres a su propia destrucción; su rebelión viciosa y maligna les consumía tanto que no les importaba partir a la eternidad con maldiciones saliendo de su boca. Las Copas que contienen las postreras plagas” han sido derramadas; pero aun no es el fin, El resto de la profecía de San Juan en Apocalipsis se enfoca en la destrucción de la gran Ciudad-Ramera de Jerusalén y sus aliados, y concluye con la revelación de la gloriosa Esposa de Cristo: la verdadera Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén. (Por lo tanto, es posible considerar los capítulos 17-22 de Apocalipsis como continuación de la séptima Copa, o una exposición de su significado; de todos modos, los eventos son gobernados por los ángeles de las Copas; véase 17:1; 21:9.)

 

En su estudio fascínate de la Iglesia primitiva F. W. Farrar saca esta conclusión acerca del libro de Apocalipsis: “Todo el libro de principio a fin enseria estas grandes verdades ¡Cristo triunfara! ¡Los enemigos de Cristo serán derrotados! Los que le odian serán destruidos; los que le aman serán sobremanera bendecidos. La ruina tanto de los judíos como de los gentiles ya es inminente.

 
El juicio vendrá sobre Judea y Jerusalén, sobre Roma y su Imperio, sobre Nerón y sus adoradores. Espada y fuego, hambre y pestilencia, tormento y temblor, agonía social y terror político son nada menos que los ayees que están iniciando el reino mesiánico, Las cosas viejas estén pasando rápidamente.
 
La luz sobre la faz de la vieja dispensación se esta desvaneciendo y opacando, pero la faz de Aquel que es como el sol ya esta amaneciendo en el Oriente.
 
El pacto nuevo y final será establecido inmediatamente en medio de terribles juicios; y seré es tablecido de tal manera que no permitiré la continuación del Viejo. ¡Maranata!  ¡El Señor esta cerca! ¡Si, ven, Señor Jesús!”3

3. F. W. Farrar, The Early Days of Christiany, obra citada, Pág. 557.
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