CAPITULO 09 - GANANCIA Y PERDIDO

IV.  Enjuiciamiento/Sanciones

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CAPITULO 9

 

GANANCIA Y PERDIDO

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Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo (la a los Corintios 12:4-6).

 

­El cuarto principio de todo pacto bíblico es el principio del juicio-castigo, también llamado el principio de sanciones. Dios es el juez final. En el campo de la economía política, esto ilustra mejor el principio por el principio de la soberanía del consumidor es decir la autoridad del comprador para hacer una oferta.

 

En la economía de un mercado libre, los consumidores compiten como postores en una gran subasta, seleccionando a los ganadores y perdedores económicos de entre los vendedores que compiten. Con sus gastos, ellos premian a algunos productores y penan a otros. Excluyen a algunos productores del negocio llevándolos a la quiebra. En resumen, los consumi­dores juzgan, según lo que quieren, no según lo que los productores quieren que ellos quieran: juzgan los productos, los precios, las condiciones de pago, etc.

 

­En una economía socialista, impera la soberanía burocrática, es decir la autoridad gubernamental. Los burócratas y políticos del Estado determinan quienes ganan y quienes pierden económicamente. Pero no hay escape de los juicios económicos. El juicio es un concepto ineludible. Jamás es cosa de que si juicio o no juicio. Es siempre cosa de "qué clase de juicio," y por "qué jueces."

 

­La Palabra de Dios nos enseña a respetar el principio de la división del trabajo. Hemos de trabajar juntos como humanidad a fin de glorificar a Dios, cada persona ofreciendo sus mejores talentos primero en el servicio a Dios y luego al prójimo.

 

Juntos, podemos producir de que si trabajáramos como individuos aislados. Los ermitaños no edifican civilizaciones.

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La División del Trabajo en la Iglesia

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Pablo escribe en Primera a los Corintios 12 acerca de la iglesia. Sostiene que la iglesia se compone de gente con talentos de toda clase y sin embargo la iglesia es una organización sola unida. "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo" (1a a los Corintios 12:11-12). La iglesia se compone de mucha ­y ­gente, y Cristo los dirige. Pero recuerde: El no las dirige en persona. El las dirige por medio de representantes (los oficiales de la iglesia), por medio de su conocimiento personal de la Biblia y de sus propias circunstancias personales.

 

­Pablo señala que el cuerpo necesita muchas clases de miembros, y ningún miembro de un cuerpo puede por sí solo existir y funcionar a plena eficacia sin todos los demás miembros. ­Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijera el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

 

Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros (1a a los Corintios 12:14-21). ­Pablo sigue así por todo el capítulo. (Escribe sobre el mismo tema en Romanos 12:4-8.) El está intentando explicar la idea que la iglesia es una totalidad, a pesar de estar compuesta de partes diferentes que tienen junciones y dones muy diferentes. El promueve la unidad, pero no a costa de la diversidad. Por lo tanto la iglesia está unida, porque tiene una cabeza, Jesucristo, y también diversificada, es decir que se compone de muchos individuos que son muy diferentes unos de otros y poseen talentos muy diferentes.

 

­Ahora regresamos otra vez al tema teológico anterior, a saber, el concepto de la unidad y la diversidad. La Trinidad es diverso y a la vez un solo Dios.

 

Por lo tanto, la iglesia refleja esta misma diversidad y unidad. Puede mantenerse como una unidad por tener un Dios que ha dado una revelación al hombre, y los miembros de la iglesia están vinculados a este Dios, y son responsables a El. ­(Es interesante que los propugnadores de la movimiento del Nueva Era también hablan mucho acerca de la unidad y la diversidad. Pero no tienen un Dios todopoderoso en el cielo quien dirige la historia humana, ni tampoco tienen una Palabra de Dios, pública, abierta, y fiablemente revelada a la que consultar. Están imitando el programa de Dios, pero lo están distorsionando. Esto es lo que Satanás ha hecho desde el principio.)

 

­El pacto implica la jerarquía o autoridad (principio dos), y también implica las reglas morales (principio tres). Toda estructura de pacto bíblico está unificada porque tiene una cabeza viviente personal, y está diversificada porque tiene muchos individuos que responden a esa única cabeza. Tiene un programa de acción, porque tiene la Palabra de Dios revelada: la Biblia. Tiene un juicio final según su actuación como colectividad, porque Dios es el Juez de las colectividades. Vemos esto en el tercer capítulo de Apocalipsis, en el que Juan escribe a un grupo de iglesias que no han actuado según los principios de Dios, y les advierte que Dios tratará con ellas como congregaciones, no solo como miembros individuales.

 

­La División del Trabajo en la Economía

 

­Probablemente el ejemplo mas famoso de la división del trabajo en la economía política se encuentra en el primer capítulo de La Riqueza de las Naciones (1776) de Adam Smith. Allí se describe una fábrica de alfileres. Cada hombre trabaja con máquinas especializadas, y cada máquina hace sólo una simple función. Juntos, diez hombres podían hacer en aquella época 48,000 alfileres por día; si se hubiese requerido que un solo hombre hiciese todo el trabajo, es probable que no hubiese podido producir ni un alfiler por día. El comprador de alfileres se beneficia del enorme aumento de productividad. Sin la división de trabajo, ninguno de nosotros podríamos pagar por un artículo tan sencillo como el alfiler. Ni se hubiese ofrecido al comercio el producto.

 

­Nadie obligó a estos diez trabajadores que fueran a trabajar. Nadie forzó a los compradores que hiciesen compras. Sin embargo, con libertad se fabricaron los alfileres, y los consumidores se beneficiaron. El intercambio económico voluntario destaca al principio de la división de trabajo en la economía del mercado libre. La división del trabajo aumenta la riqueza per capita (de cada uno) de la sociedad.

 

­Otro ejemplo: considere al agricultor con un terreno de cincuenta hectáreas. Le será bastante difícil cultivar esas cincuenta hectáreas a no ser que tenga equipo bien avanzado. Considere al agricultor de hace cien años atrás que no tenía equipo mecánico modernizado. ¿Cómo trabajaría su terreno con efica­cia por sí solo? No podía. Le convenía que emplease a un asistente para rodar un tronco o una roca o hacer cualquier labor agobiante que sería virtualmente imposible para un solo individuo.

 

­Los hombres trabajan juntos en paz, no primeramente por que se aman los unos a los otros, o por respetarse las ideas mutuas, o por compartir metas a largo alcance, o por querer hacerse favores mutuos, sino porque les conviene a ambos cooperar durante ciertos períodos de tiempo a fin de lograr ciertas clases de metas. En otras palabras, ellos subordinan su codicia a la búsqueda de seguridad económica, o riqueza, o cualquier cosa que estén buscando. Por lo tanto, la maldición de la tierra llega a ser un beneficio para la humanidad en general porque obliga a la gente a cooperar cuando de otra manera no lo harían.

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Ganancias o Pérdidas

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El modelo división-del-trabajo que Dios estableció para la iglesia es parecido al modelo que estableció para la economía. No es idéntico, pero es semejante. En el caso de la iglesia, no hay cabeza visible, y no hay ningún individuo que habla las palabras perfectas de Cristo. Hay prédica de la Palabra, pero la prédica es siempre una predicación interpretada, y es siempre escuchada interpretativamente. No hay escape de la plena responsabilidad ante Dios, ni de parte de los predicadores ni de parte de los oyentes.

 

Al mismo tiempo, ningún individuo es perfecto, y por lo tanto, siempre habrá imperfección tanto en la prédica como en el oyente. ­La misma cosa es cierto en las reglas de rendimiento del mercado. Los hombres deben ejercitar sus llamamientos delante de Dios como individuos fiables y serios. Cristo no se aparece en persona para decirnos día tras día o momento tras momento que estamos trabajando bien o mal. Sin embargo, somos responsables ante El, según lo que El nos ha revelado en la Biblia, y también de acuerdo a los talentos y habilidades que poseemos. Nosotros debemos ofrecernos como un sacrificio vivo a Dios (Romanos 12:1), pero no estamos totalmente seguros que este sacrificio es agradable a Dios o no, en ningún momento particular.

 

­De forma similar, cuando servimos a otros individuos en nuestras vocaciones, nunca podemos estar totalmente seguros que estamos actuando exactamente como el público comprador quiere que actuemos. Necesitamos alguna regla, alguna clase de principio ("guía"), por el cual podemos evaluar si estamos sirviendo generalmente las necesidades de nuestro prójimo en nuestra capacidad como productores o no. No tenemos la Palabra de Dios con la cual podemos comparar resultados, como pueden los cristianos en la iglesia, los padres de familia, o los oficia les del gobierno civil. Pero sí tenemos una regla.

 

­¿Cuál es esta regla? La regla es la ganancia o la pérdida. El balance de ganancias y/o pérdidas le dice a cada productor de mercadería o de servicios que el público ha determinado o que les ha servido bien, o que él les ha servido tan mal que están por cerrarle el negocio. Las ganancias o pérdidas le sirven como un indicador de éxito.

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­El Indicador de Éxito

 

­Sin un indicador de éxito, no podría haber producción a largo plazo. Solo habrá un desperdicio de recursos. Cada productor necesita un indicador continuo de éxito, a fin de guiar su producción para satisfacer las necesidades de los futuros consumidores. Esto es lo que la hoja de balance de ganancias y pérdidas le proveen.

 

­No existe un directivo individual, que diga al productor personalmente, "Sí, has hecho un buen trabajo." Nadie se mete, en representación de los consumidores, para decirle al productor que ha trabajado bien o mal. Sin embargo, el productor tiene una guía. Es por medio de una unidad numérica, es decir la cantidad de ganancia registrada según una unidad monetaria (el dólar, el peso, la libra, el marco, el yen, etc.), que gobierna su negocio.

 

Sus ganancias le dicen claramente si está sirviendo a los consumidores con eficacia. El productor puede mirar sus libros de contabilidad y saber si está desperdiciando sus recursos. ­Al fin de mes (o en cualquier otro momento), el negociante suma la cuenta de sus gastos, y luego los compara con sus ingresos. De esta manera, descubre si sus esfuerzos han sido provechosos. Toma decisiones acerca de que si continuará ofreciendo sus bienes en venta a los precios actuales, al mismo estilo, etc. Sus ganancias y pérdidas le revelan el éxito o fracaso del negocio, y esto le ayuda a pronosticar y ­decidir acerca del futuro.

 

­La contabilidad de costos hace posible la amplia división de trabajo. Esto significa que la gente que, hablando bíblicamente, es el equivalente del ojo, puede cooperar en una manera productiva con la gente que es el equivalente del oído. Los pies pueden cooperar con las manos. En otras palabras, a causa de la posibilidad de juntar los proyectos de todos por me dio de la competencia del mercado y lo que los economistas llaman "la sustitución de recursos" (cambiar una cosa por otra), el mercado de libre competencia provee lo necesario para que la gente combine los diferentes talentos que cada uno posee, y lo haga de tal manera que no desperdicia recursos. El mercado también permite que los consumidores tengan influencia en lo que se producirá y a qué precio.

 

­Los Ojos y Oídos Juntos

 

­Cuando los ojos pueden concentrarse en ser ojos, y los pies pueden concentrarse en ser pies, la economía en general marcha con una visión mas nítida y a pasos mas seguros. Esto significa que cada uno de nosotros puede concentrarse en cultivar sus propias habilidades especiales, y obtener ganancias ofreciendo esos talentos especiales altamente cultivados a los consumidores del mercado. Esto nos capacita a todos a servirnos como consumidores, de la capacidad de todos los productores especializados a través de la economía. Nos beneficiamos de las habilidades de producción altamente especializadas de miles, y aun cientos de miles, de productores.

 

­Una sociedad no podría funcionar si todos quisieran ser profesores de economía. Una sociedad no podría funcionar si cada miembro de esa sociedad quisiera hacer exactamente la misma tarea en la vida. La iglesia también se arruinaría si todos quisieran ejercer el mismo servicio dentro de la iglesia. Este fue el mensaje de Pablo en la a los Corintios 12.

El reclamaba a cada miembro de la iglesia que ejerciera su propio servicio como un individuo temeroso a Dios bajo la autoridad de Cristo, para que cada miembro de la iglesia se beneficiara de las habilidades particulares de todos los demás miembros.

 

Este mismo principio funciona en toda organización, y especialmente en el mercado libre. ­Por lo tanto, el mercado de la libre competen da proporciona un medio de combinar los diferentes talentos especializados de todos los productores en la economía. Lo hace ofreciendo a los consumidores el poder soberano de entrar al mercado e inducir que los productores sir van a los consumidores. A este sistema le llamamos soberanía del consumidor. El consumidor paga, y por lo tanto determina lo que se producirá la próxima

vez. La vieja consigna, "El dinero habla," describe muy bien el sistema de soberanía del consumidor del mercado libre.

 

­La innovación de la contabilidad de partida doble en la Italia del siglo catorce fue uno de los descubrimientos mas importantes en la historia del mundo. Es por medio de la contabilidad de partida doble que los hombres de negocio pueden calcular el éxito o fracaso de sus empeños. Pueden determinar si ciertos ­­aspectos de sus negocio son provechosos, o si deberían ser cambiados radicalmente o aun eliminados.

 

Sin el indicador de éxito de la contabilidad moderna, sería imposible manejar la economía capitalista moderna. ­Los lectores debieran reconocer por qué el sistema de ganancias y pérdidas funcionan para el negocio en casi la misma manera que las cortes eclesiásticas funcionan para la iglesia. No se dirige el negocio por medio de una jerarquía de cortes de apelaciones, como en la iglesia. Sin embargo, el comercio tiene reglas, tal como la iglesia tiene las reglas reveladas de la Biblia. El negocio funciona según una unidad, aunque envuelva mucha gente.

 

­La Soberanía del Consumidor

­¿Por qué gobiernan los consumidores en una economía de mercado libre? Porque tienen el dinero. Lo ganan como productores al servir a los consumidores; como consumidores, ellos premian o castigan a los productores. La regla de éxito es clara: servir a los consumidores. De no hacerlo, le darán el negocio (y su dinero) a otro.

 

­El medio de control que poseen los consumidores es el sistema de ganancias y pérdidas. Quítales esto, y se les quita el poder a los consumidores de ofrecer incentivos a los productores que sirvan sus propios intereses. Por eso las sociedades socialistas burocráticas son centralizadas. Sustituyen el poder de los oficiales gubernamentales por el de los consumidores. Le dan a unos pocos oficiales escogidos el derecho legal de ­ofrecer premios y castigos. Así, los productores comienzan a servir las demandas de estos pocos planifica-

dores centrales.

 

­Desde luego, los consumidores pierden su autoridad en la economía. Son casi impotentes para reemplazar a los burócratas. Ya no pueden "votar" con sus carteras para premiar a un productor en vez de otro. Por abolir la ganancia y pérdida del mercado de libre competencia, los socialistas centralizan el poder económico en sus propias manos. Es inicialmente el triunfo de la política sobre la economía; luego pasa a ser el triunfo de la burocracia sobre la política.

 

­¿Quiénes pierden? Todos, menos (1) los productores favorecidos que los burócratas escogen para recibir la ayuda financiera gubernamental y (2) los oficiales que prestan la ayuda. ¿Quiénes financian este sistema? Los contribuyentes, como consumidores.

 

Se les obliga a financiar la destrucción de su papel como consumidores soberanos. Cuando la gente votan a favor de programas socialistas de redistribución de la riqueza, se condenan a la esclavitud. Dios no puede ser burlado.

 

Cuando abandonan voluntariamente su papel de jueces, soberanos de la economía, son juzgados por los planificadores burocráticos que prometen siempre "actuar a favor del Pueblo." Mas bien, los burócratas actúan a favor de su propio interés, pero con dinero confiscado de los votantes. Los votantes por lo tanto han votado la eliminación de su libertad como consumidores.

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Conclusión

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Es la división del trabajo que hace posible la producción en gran escala en el mundo moderno. El sistema del mercado de libre competencia es lo que integra los planes de todos los individuos, para que se realice la máxima productividad, y se puedan satisfacer las demandas de los consumidores con mayor eficacia.

 

­Los individuos son responsables ante Dios por la administración de cualquier valor que se les han delegado, y por lo tanto tienen que tomar la decisión inicial acerca de lo que se debe hacer con estos valores. Deben utilizar su propio conocimiento, talentos, habilidades y su propia percepción de lo que el mercado requiere y deben hacer todo lo posible para satisfacer la demanda del mercado. No es un sistema sin ley aunque no tenga una agencia de planificación central.

 

­Entonces, ¿quién sirve de juez? Los consumidores. En nuestra capacidad de consumidores, nos comunicamos exactamente lo que queremos comprar unos de otros como productores. Y puesto que casi todos somos productores y dueños, tenemos la autoridad por un lado, para determinar lo que se debe hacer, y la obligación por el otro lado de asegurar que se haga lo mejor posible. O se sirve los deseos de los consumidores o se va en quiebra.

 

­Por lo tanto, lo que la doctrina del dominio enseña es una doctrina de gobierno representativo. Esto no se aplica solo al gobierno civil sino a todas las formas de gobierno, ya sea la familia, la iglesia, el Estado, el ­comercio, la caridad, la salud, la enseñanza, o lo que fuere. No hay una sola autoridad, ni una sola vía jerárquica. Hay autoridades múltiples, y la gente tiene que ser agente responsable delante de Dios y delante  de los hombres por todo lo que se les ha encomendado.

 

­Cuando el Estado reclama la clase de autoridad que sólo Dios puede ejercer legítimamente, encontramos al mismo tiempo la emergencia de la tiranía arriba y de la resistencia y la interrupción abajo, a medida que la gente busca impedir al Estado y evadir los planificadores.   Por lo tanto el socialismo es un sistema de caos planificado. Es la sociedad de Satanás, el desordenado.

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Los principios que apoyan al principio bíblico de la división de trabajo en la economía de un mercado libre son los siguientes:

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1. Ninguna sociedad puede funcionar sin jueces.

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2. En los asuntos económicos, o los consumidores o los oficiales gubernamentales son los jueces.

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3. La Trinidad es al mismo tiempo uno y varios, unidad y diversidad.

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4. La iglesia es un cuerpo unificado que tiene muchos miembros que poseen dones singulares.

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5. La iglesia puede realizar como unidad lo que sus miembros individuales nunca podrían realizar como individuos.

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6. El mercado libre es un arreglo institucional que se agrupa a muchos participantes.

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7. Ellos pueden realizar juntos lo que nunca podrían realizar como individuos.

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8. Los pecadores cooperan en el mercado ­porque les conviene, aunque se odien los unos a los otros. Esto aumenta la paz.

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9. La división del trabajo vence la escasez, incluso la escasez del conocimiento preciso.

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10. La contabilidad de costos es el instrumento por el cual los productores hacen juicios económicos,

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11. Los consumidores "votan al gastar" en un mercado libre.

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12. Los consumidores son soberanos en un mercado libre; sirven de jueces.

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13. Un mercado abierto a nuevos competidores, una moneda estable, y las ganancias y pérdidas son el trío que garantiza el control soberano de los consumidores.

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14. Cuando los consumidores eligen voluntaria mente políticos que prometen robar a otros, se condenan a la esclavitud.

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15. Bajo el socialismo, los burócratas de interés propio heredarían la tierra, si Dios permitiese que el socialismo continuase.

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