CAPÍTULO 07 - ESCLAVITUD POR DEUDAS

II. Jerarquía/Autoridad

 

­CAPÍTULO 7

 

ESCLAVITUD POR DEUDAS

 

­El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta Proverbios 22:7). ­Un tema continuo tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento es el peligro de la deuda. La Biblia es clara: el deudor es siervo del acreedor. Este criterio de vivir libre de deudas es un aspecto del segundo principio de todo pacto bíblico.

 

­El segundo principio de todo pacto basado en la Biblia es el principio de la autoridad-jerarquía. No se puede escapar de la autoridad y las jerarquías: el dominio de algunos hombres sobre otro según su capacidad. La jerarquía es un concepto ineludible. Nunca se trata de que si jerarquía a no jerarquía. Es solo cosa de cuál jerarquía. Es cuestión de quién dirige a quién en qué esferas de la vida.

 

­En el campo de la economía aplicada, el principio de la autoridad se aplica en varios áreas: patrón empleado, amo-siervo, maestro-aprendiz, y etc. La ­­respuesta bíblica a Dios en el campo de la economía personal es el diezmo: se debe honrar a Dios por medio del pago del diez por ciento de nuestros ingresos netos. (Dios no espera que le paguemos por un ingreso que se han comido las langostas o el equivalente moderno de las langostas, los recaudadores de impuestos.) Confirmamos nuestra obediencia a El pagándole su diezmo.

 

­El diezmo dice a Dios y a los hombres precisamente quién es nuestro Amo. Les dice que estamos bajo la autoridad de Dios, no solo en el mundo futuro, sino hoy, en la tierra. Le debemos a Dios un ­diezmo, pero solo después que El nos ha dado un aumento. El "gana" cuando nosotros "ganamos." No le debemos nada si en el futuro no ganamos nada. Si solo vivimos de nuestro capital existente, no le debemos formalmente pago alguno.

 

­La Deuda y la Subordinación

 

­No es así con la persona endeudada. Puede que no haya ganancia futura, pero habrá pago futuro. El deudor se ha puesto bajo un amo. Ha vendido una porción de su aumento futuro. Ha afirmado en principio que recibirá este aumento. Ha tomado el riesgo de convertirse en un siervo porque ha jactado en un contrato de su futuro económico.

 

­La Biblia enseña claramente que el hombre no puede servir a dos amos. O sirve a Dios o sirve a Mamón, el dios de la codicia. El significado es patente: Dios es el gobernante y propietario absoluto de toda la creación, y la única persona a la cual el hombre ­debería endeudarse. Cuando el hombre toma prestado dinero de otro individuo, promete devolver ese capital, y por lo general promete devolver capital adicional (interés). Por lo tanto, ha hecho un voto al otro individuo. Ha hecho una promesa. Si la promesa es una transacción legal, como suele ser en las relaciones de deuda, él no solo ha prometido su nombre y honor sagrado al otro individuo, sino también ha prometido su futuro.

 

­El Antiguo Testamento toma muy en serio la deuda. El Antiguo Testamento permitía que un individuo y su familia fuesen vendido temporalmente como siervos a fin de pagar una deuda (Levítico 25:39-43). Así se convertía en el equivalente social de un forastero, un creyente extranjero que vivía en Israel (Levítico 25:40) — una situación humillante para el Hebreo. En Israel, un individuo tomaba en préstamo dinero o bienes de otro individuo, el individuo al que no se le había pagado la deuda podía obligar a las autoridades a poner el deudor a venta. Un tercero podía pagar al acreedor lo que se le debía, ­y llevar como esclavo al deudor.

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­El Año de Remisión

 

­Habían límites en cuanto al tiempo que se podía obligar a servir. En Deuteronomio 15 se nos da información acerca de este período de tiempo limitado en que se podía esclavizar a un hebreo: "Cada siete años ­harás remisión. Esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; ­no lo demandará mas a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová" (Deuteronomio 15:1-2). Se ha llamado a este año especial el año sabático. Se repetía cada siete años.

 

­Obviamente, en la medida que se aproximaba el año de remisión, el deudor se acercaba mas al tiempo que, por ley, el acreedor tendría que cancelar lo que le debía. En cuanto a los préstamos de caridad, esto significó que el acreedor podía sufrir una pérdida cuantiosa. Por eso Dios advirtió a su pueblo: "Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas" (Deuteronomio 15:9-10).

 

­Compréndase, se trata aquí del hermano en el Señor pobre. Se trata de un préstamo caritativo. Sólo porque ese préstamo era cada vez mas arriesgado a medida que el año de remisión se aproximaba, Dios advirtió que el acreedor potencial no debería cerrar la mano de su generosidad al hermano menesteroso. Si así lo hacía, el hermano menesteroso podía clamar a Jehová legítimamente, y el Señor lo consideraría pecado de parte del acreedor. Por otro lado, si el acreedor extendía el préstamo al pobre, el acreedor podía esperar la bendición de Dios en el futuro.

 

­La Usura

 

­Hay que considerar otro aspecto de los préstamos a los pobres. Era ilegal en Israel cobrar cualquier forma de interés al hermano hebreo que necesitaba un préstamo caritativo. El cobrar interés por tal préstamo se llamaba "usura" (Levítico 25:35-38).

 

Era legal cobrar la suma principal que se le había prestado, pero no era legal que se le extrajese cualquier pago de interés adicional. "La usura" en la Biblia significa cualquier aumento en la cantidad de reembolso mas allá del valor actual, pero solo en el caso de préstamos caritativos.

 

­Históricamente, muchas iglesias han malinterpretado esto, especialmente en la época medieval.

 

Las autoridades eclesiásticas asumieron que esta prohibición sobre el interés se aplicaba tanto a los préstamos comerciales como a los préstamos caritativos. Pero no es así. Se aplica sólo a los préstamos caritativos. De una forma parecida, algunas iglesias interpretaban el interés alto como usura. Esto es también incorrecto. No se define la usura como el alto interés, sino como todo pago de interés por préstamos caritativos.

 

­De este modo el acreedor da una subvención al deudor. El acreedor podía haber guardado el dinero, o haberlo invertido en otro negocio, con la esperanza de sacar una ganancia. No podía hacer esto cuando prestaba a un hermano hebreo pobre. Dios servía como la fuente del pago de interés. Dios prometió recompensar al individuo que demostraba caridad a su hermano en el Señor. En otras palabras, Dios ­prometió intervenir y proporcionar el aumento como respuesta a la mano generosa y al corazón abierto. Esto mostraba la misericordia como una de las características de Dios. También ello mostraba la necesidad de los hombres de que Dios intervenga y cancele su deuda, ya que todos los hombres son deudores a Dios.

 

­Una vez mas vemos que las relaciones económicas están vinculadas estrechamente a los asuntos teológicos y éticos. Somos deudores a Dios, y necesitamos que alguien nos ayude — no solo para hacer el próximo pago de interés sino para intervenir y proveer el mismo pago de la deuda a Dios el Padre. Esto es lo que hizo Jesucristo en el Calvario. "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (la a los Corintios 6:20).

 

­El no tener misericordia de un individuo que tiene necesidad cuando uno tiene los bienes disponibles para ayudar esa persona, es, en realidad, negar que uno es también deudor a Dios, y que necesita des esperadamente que Dios intervenga y cancele su propia deuda. En otras palabras, es una afirmación de autonomía, de vivir sin pecado, y finalmente, de que no hay Juez que interviene en el nombre del justo y que trae destrucción a los injustos.

 

­Esclavizando a los Deudores Injustos

 

­¿Significa esto que hemos de prestar a cualquiera que nos pide un préstamo? No. Debemos juzgar las verdaderas condiciones de necesidad del individuo ­que nos pide un préstamo. Debemos decidir si la persona ha despilfarrado su capital a sabiendas y en desobediencia. Por ejemplo, si sabemos que la persona que pide el préstamo irá directamente albar para comprar un trago, ignorando a su familia, no debemos darle nada. Podemos buscar a su familia para ayudarles, pero no le debemos nada a ese individuo. No subvencionamos la maldad.

 

­En el Antiguo Testamento, cuando un extranjero llegaba a un hebreo para pedir un préstamo, no solo podía el prestamista exigirle un pago de interés, sino también podía requerir el pago mas allá del séptimo año de remisión. ¿Era esto injusto? No. Lo que esto mostraba es que el individuo que rehusaba seguir las leyes de Dios en realidad afirmaba su independencia de Dios, su propia condición libre de pecado, y su fe en que no hay Juez final como el que la Biblia describe. Tal persona se rehusaba a servir a Dios. Por lo tanto, se podía tratar a tal persona como un verdad ero esclavo, porque solo hay una alternativa al servicio a Dios: el servicio al diablo. A fin de traer bajo el dominio a los discípulos del diablo, era legal que un hebreo hiciese préstamos a largo plazo a los extranjeros, y quitarles todo el dinero o bienes que le debía al hebreo. Por lo menos de esta manera Dios recibiría el diezmo sobre el aumento.

 

­Una vez mas, vemos que los temas teológicos y éticos rigen las relaciones económicas. El extranjero era un infiel. El extranjero no se comprometía a una relación personal con Dios. Por lo tanto, se lo consideraba como un enemigo de Dios, y no tenía derecho ­a la misma misericordia económica que Dios había señalado en las relaciones entre los creyentes. Ya que el extranjero, si permanecía fuera del pacto de Dios, se encaminaba hacia el juicio final, Dios permitía que el hebreo le cobrase interés y pagos mas allá del séptimo año de remisión. Esta falta de misericordia apuntaba precisamente al futuro eterno del extranjero. Servía para recordarle que por no acogerse a la misericordia terrenal de Dios, no tendría derecho a acogerse a la misericordia eterna de Dios. De este modo, su papel de deudor se convertía en una amenaza, gracias al principio de que el deudor es siervo del acreedor.

 

­Considere la promesa de bendiciones en Deuteronomio 28. "Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado" (Deuteronomio 28:12).

 

­Israel se convertiría en la nación dominante del mundo, pero solo mientras el pueblo de Israel permaneciera fiel a las condiciones del pacto de Dios. Esto significaba que Israel prestaría dinero a otros países, y llegaría a ejercer dominio en el extranjero.

 

Esto no significa que el estado de Israel, es decir el gobierno civil de Israel, se debía convertir en una agencia de préstamos. Es probable que se refiere a los comerciantes que salían al extranjero para llevar bienes y servicios a otras tierras, y prestarían dinero a fin de que los extranjeros les comprasen los bienes y servicios, convirtiéndose en la influencia dominante ­en el extranjero.

 

­Considere dos de las maldiciones que se encuentra en Deuteronomio 28: "El extranjero que estará en medio de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú descenderás muy abajo. El te prestará a ti, y tú no le prestarás a él; él será por cabeza, y tú serás por cola" (Deuteronomio 28:43-44). He ahí otra vez la deuda como instrumento de conquista, y en este caso, es el extranjero que vive entre ellos quien es la persona superior en el convenio. Es él quien tiene el capital para prestar al hebreo. Es él quien establece las condiciones del préstamo, y por lo tanto, es él quien domina la relación.

 

­Esclavizando a los Acreedores ­Nosotros miramos al mundo actual, y encontramos que la relación deudor-siervo no parece aplicar.

 

Hoy día, el occidente ha prestado cientos y cientos de billones de dólares a países atrasados y en quiebra que no pueden devolver el dinero. Específicamente, los bancos y los gobiernos occidentales han prestado dinero para financiar las fantasías de los políticos en las naciones sub-desarrolladas. Estas naciones subdesarrolladas en la actualidad amenazan el mismo sistema bancario mismo del Mundo Occidental. Si todos ellos dejaran de pagar sus préstamos de golpe, el sistema bancario internacional se desmoronaría. ­Esto parece contradecir lo que la Biblia enseña. Nos parece que el acreedor es siervo del deudor. Al presente es desventajoso ser el acreedor y ventajoso ser el deudor. ¿Por qué será que el mundo moderno ­es aparentemente una refutación del principio bíblico de deuda y servidumbre?

 

­La Inflación Moderna en Gran Escala

 

­La diferencia principal es que en el mundo moderno, el Estado tiene el poder de crear dinero. No era así en el Israel antiguo. Debido a que el Estado tiene este monopolio sobre la creación de dinero, los deudores buscan capturar el poder del gobierno, y luego producen grandes cantidades de dinero inflado, a fin de repagar a los acreedores con activos de mucho menos valor. Como el dinero es un monopolio del Estado, el control del dinero llega a ser un objetivo político. Por lo tanto, el control del dinero por medio de la política ha invertido esta relación de poder y autoridad entre el deudor y acreedor: en una economía basada sobre el dinero controlado políticamente el acreedor puede convertirse en el prisionero político del deudor.

 

­En el mundo moderno, el acreedor a largo plazo finalmente es casi siempre destruido por la inflación. El deudor a largo plazo puede pagar sus obligaciones con dinero que no tiene valor. El ejemplo clásico de esto es Alemania en 1923. La inflación de 1921-23 fue tan rápida que al fin de Noviembre de 1923, hubiese sido posible pagar toda la deuda hipotecaria de Alemania antes de la guerra (alrededor de 40 mil millones de marcos alemanes) con los marcos que se podía comprar en el mercado negro con algo como un tercio de centavo americano (un dólar = 100 centavos). Si uno se hubiese limitado a transacciones de ­los mercados de cambio legales, habría podido pagarla con un centavo. Esto fue un robo del dinero que pertenecía legítimamente a los acreedores en una escala que nunca se había visto jamás en la historia.

 

En el Antiguo Testamento, el Estado no controlaba el dinero. El Estado protegía el dinero, porque hacía cumplir la ley bíblica referente a las pesas y medidas honestas, pero el Estado no creaba el dinero. El dinero consistía en barras de oro y plata de un peso, molde, y primor particular. (He explicado este sistema monetario bíblico en mayor detalle en mi libro de la Serie de Esquemas Bíblicos, Honest Money (El Dinero Honesto). De este modo cuando el deudor debía pagar la deuda con una moneda privadamente acuñada pero definida por el Estado, la que no se podía inflar, el deudor era en realidad el siervo del acreedor. Si el deudor alguna vez quería otro préstamo, si el deudor quería evadir la humillación de la servidumbre por deudas, tenía que repagar el préstamo. Cuando el Estado honra el principio de pesas y medidas honestos, y permite la servidumbre temporaria del deudor como pago al acreedor, entonces sí que el deudor es siervo del acreedor.

 

­La Huida de Dios

 

­Lo que vemos en el mundo moderno es el intento del hombre humanista moderno de escaparse de la ley de Dios. Lo que vemos es un intento de parte de los hombres sin ley de invertir la relación entre el acreedor y el deudor. El hombre moderno desea convertir su debilidad como deudor en una posición ­de poder sobre el acreedor. En otras palabras, es el intento del hombre que tiene menos activos y mayores créditos por dominar al hombre con mas activos y poco, o hasta cero, deuda. ­Una vez mas, vemos reflejado en la economía política del hombre la afirmación de una perspectiva teológica particular. El hombre moderno no quiere admitir que él es deudor de Dios. Desea pagarle a Dios con "moneda depreciada." Lo que esto significa es que espera ganarse la entrada al cielo. Espera que sus trapos de inmundicia, como la Biblia llama a los intentos del hombre para vivir independiente de Dios (Isaías 64:6), sean pago suficiente para remunerar a Dios por la rebelión de Adán en el huerto, y la rebelión de todos los hombres desde el momento de su nacimiento hasta el día de su muerte. El deudor humanista que desprecia a Dios está afirmando su soberanía y su poder sobre al acreedor. De este modo, una rebelión teológica ha conducido a una rebelión económica de parte del hombre.

 

­El Jugador de Apuestas

 

­El jugador cree en la suerte, que dura sólo una noche o al máximo unas semanas. Sabe que la suerte no dura para siempre y por eso está dispuesto a arriesgar todo en una mano de naipe o en el rodar de un par de dados. Si piensa que su momento de suerte ha llegado, sacrificará todo a fin de continuar a expandir su capital en base a un juego de muy corto plazo.

 

­Considere también la psicología de la persona ­que usa la deuda a fin de lograr sus metas. Ve su porción de vida como relativamente limitada. No cree en la posibilidad de edificar una base de capital familiar sobre varías generaciones. A lo sumo, piensa que tiene una sola vida para tener éxito, a fin de establecer su nombre ante los ojos del mundo. Por lo tanto, se cargará con muchísimas deudas para aprovechar las oportunidades especiales, "oportunidades de toda una vida," con lo que realmente quiere decir que son oportunidades de la vida de una sola persona. Tanto, el jugador como el especulador cargado de deudas están dispuestos a "jugárselo todo." Y solo logran perderlo todo. Arriesgan todo en una gran jugada. Intentan ganarse la vida en una sola apuesta, y por lo general, lo que pasa económicamente es que pierden su vida.

 

­La Autonomía y el Juicio

 

­Hay muchas razones por la cual se prohíbe la deuda a largo plazo en la Biblia. La principal es lo que ya hemos discutido: el deudor es siervo del acreedor. Los hombres deben ser siervos de Dios, no siervos de otros hombres.

 

­Hay un segundo motivo. Los hombres no son Dios. Los hombres no lo saben todo. No pueden ver el futuro con gran claridad. Ciertamente no pueden ver al futuro lejano con ninguna claridad. Una de las mejores maneras de reírse a carcajadas de los expertos es revisar lo que los expertos predijeron hace veinte o veinticinco años. Tales predicciones son un ejercicio fútil. Casi nadie gana sino pasar por tonto ­si intenta predecir el futuro.

 

­Esto significa que un individuo que endeuda su futuro personal mas allá de siete años, y aún el futuro de sus hijos, a fin de asegurar un bien presente, está afirmando tener una habilidad que Dios dice que no tiene. Está diciendo que puede ver tan claramente el futuro que sabe lo que ganará en el futuro, cuanto dinero le sobrará después de pagar todos los gastos, que no será despedido, y que no habrá una depresión. Por lo tanto, podrá pagar esa deuda a tiempo sin que alguien llegue y le quite la garantía del préstamo. Por lo tanto, está afirmando implícitamente que tiene casi la perfecta habilidad de pronosticar el futuro. La Biblia dice que no tiene tal habilidad.

 

­La Sublevación de los Deudores

 

­A fin de defenderse contra los altibajos de la economía, especialmente los bajos de la economía política, la deudor se unirá a otros deudores para lograr el control político sobre el dinero. Los deudores tienen un motivo para juntarse y mantener la ilusión de que realmente lograron satisfacer las obligaciones de sus préstamos. Hacen esto presionando al gobierno civil para que fabrique dinero por "fíat," sin respaldo e inflado. El dinero por fíat es el dinero "creado por proclama del Estado" que por ley no se puede devolver al gobierno a cambio de una tasa legalmente especificada de oro o plata u otro artículo de comercio especificado. El Estado puede imprimir todo el dinero de este tipo que quiera. No está limitado por el temor de una fuga del oro de la Tesorería.

 

­Cuando el Estado pone en la circulación enormes cantidades de dinero sin respaldo, los deudores pueden deshacerse de este dinero recién creado a manos de los acreedores. Esto es un pago falso, pero satisface las demandas legales del contrato de deuda.

 

­Cuando la mayor parte de la sociedad contraen grandes deudas de toda clase, viene la presión política casi irresistible de parte de los deudores de inflar la moneda corriente. Esto conduce a la destrucción de los valores, la destrucción de la cooperación en la economía, la destrucción de crédito extranjero, etc. En otras palabras, resulta en pésimas consecuencias a largo plazo. Para decirlo con franqueza, es una forma de robo.

 

­De este modo, si las sociedades proponen reducir la amenaza política de la inflación a gran escala, deben imponer límites sobre la habilidad legal de los hombres de endeudarse a largo plazo. Por eso se requería que Israel rescindiese todas las deudas en el séptimo año. Un bono de treinta años, sea ofrecido por el gobierno o por una corporación, se opone a la ley bíblica. Así también las hipotecas de treinta años, aunque la mayor parte de los norteamericanos usan hipotecas a largo plazo para financiar sus casas. El surgimiento de la inflación en tiempos de paz ha acompañado el aumento de la deuda a largo plazo.

 

­Conclusión

 

­Lo que la Biblia establece es un sistema de deuda limitada, y una advertencia contra la deuda en general.

 

­La mayor parte de la gente tiene la impresión que el Antiguo Testamento tenía leyes muy estrictas, pero que el Nuevo Testamento es misericordioso y tiene requisitos mucho mas relajados. En realidad, esto es casi lo contrario de la verdad. El Antiguo Testamento fue mucho mas suelto que el Nuevo Testamento, porque los creyentes del Nuevo Testamento tenemos mucho mas conocimiento. Cuanto mas conocimiento tenemos, mas grande nuestra responsabilidad. A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará (Lucas 12:48). Los creyentes del Antiguo Testamento no tuvieron la misma clase de conocimiento y las oportunidades que tenemos los creyentes del Nuevo Testamento.

 

­En Romanos 13:8, encontramos el principio de la deuda neotestamentaria: "No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros.  El Antiguo Testamento permitía la deuda a corto plazo, pero el Nuevo Testamento nos advierte que no tengamos ninguna deuda sea lo que fuere.

 

­Dios nos dice que no sirvamos a dos amos. Por lo tanto, nos dice que no nos permitamos en relaciones de deuda, para que podamos mantener nuestra posición de hombres libres.

 

­El mundo moderno ha pasado por alto esta regla, y el mundo moderno enfrenta un desastre económico a causa de su rebelión con respecto a la deuda. ­Necesitamos comprender la advertencia de Dios contra la esclavitud a las deudas si hemos de preservar nuestra libertad personal:

 

­1. No se puede escapar la servidumbre: o ser vimos a Dios o a Mamón.

 

­2. El Deudor es siervo del acreedor.

 

­3. Los cristianos deben servir a Dios.

 

­4. Este servicio a Dios se manifiesta por medio de nuestros diezmos a Dios por medio de su iglesia.

 

­5. El deudor ha hipotecado su futuro.

 

­6. Con eso ha anunciado que puede predecir el futuro.

 

­7. El Antiguo Testamento limitó la deuda a siete años máximo (Deuteronomio 15).

 

­8. El Nuevo Testamento dice que no debemos endeudarnos en nada.

 

­9. Esto se aplica a todas las instituciones.

 

­10. La usura es definida bíblicamente como cualquier pago de interés sobre un préstamo caritativo.

 

­11. No se define la usura como el "alto interés."

 

­12. Prestando a los "extranjeros59 es un medio de ponerlos bajo el yugo de Dios.

 

­13. El dinero controlado políticamente brinda a los deudores un medio de defraudar a los acreedores y ponerlos bajo el yugo de Satanás.

 

­14. El endeudamiento universal a largo plazo conduce a las presiones políticas en favor de la inflación monetaria.

 

­15. La inflación monetaria es una forma de robo.

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