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CAPITULO 01 - DIOS ES DUEÑO DEL MUNDO

­I. Trascendencia/Presencia

 

­CAPITULO 1

 

DIOS ES DUEÑO DEL MUNDO

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De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos (Salmos 24:1-2).

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Soy padre de cuatro hijos. Hace mucho que me di cuenta de que hay ciertos conceptos que los niños aprenden con mucha facilidad. Creo que la segunda palabra que aprendieron fue "¡no!" Esto es comprensible: mi esposa y yo les habíamos enseñado esa palabra repetidas veces — con la ayuda de las herramientas necesarias.

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Otra palabra que ellos aprendieron con asombrosa precocidad fue "¡mío!" Creo que fue su tercera palabra, salvo para mi hijo Scott. Para él fue su primera palabra, si mi memoria me sirve bien. ­"¡Mío!" Brota tan fácilmente, como si la idea estuviese ya plantada en sus pequeñas mentes, presta a germinar tan pronto que aprenden a hablar. Yo creo de hecho viene sembrada en los portadores de la ­imagen de Dios.

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Lo que no es tan fácil de enseñar a los niños es el concepto de "tuyo." Tal vez, este sea uno de los conceptos más difíciles de enseñar al ser humano. Se hace la guerra por su causa. Los políticos ganan (o pierden) elecciones por su causa. A veces la gente actúa como si no hubiesen fronteras para lo "mío," con la consecuencia que no hay garantías ciertas para

lo "tuyo."

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¿Qué quiero decir, cuando digo "mío"? ¿Qué quieres decir tú, cuando dices "tuyo"? ¿Hay algo en la Biblia que nos ayude a aclarar estas dos palabras opuestas?

 

­"Suyo"

 

­Comencemos por el principio, el primer capítulo del Libro de Génesis. El primer versículo mismo anuncia, "En el principio creó Dios los cielos y la tierra." Helo ahí, claramente dicho: Dios es el Creador.

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Esto nos lleva a la doctrina mas importante de la Biblia: la distinción entre el Creador y la criatura. Hay una diferencia fundamental entre el Creador y su creación. Esta doctrina establece que Dios y ningún otro es gobernador absoluto sobre toda la creación. Las leyes por las cuales se rige la creación las estableció Dios, y El juzga continuamente toda la creación según su ley y sus requisitos. Esta es la doctrina de la creación ­original.

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Dios creó al mundo; por lo tanto, a El le pertenece. ­El es el dueño absoluto de todas las cosas. Como ­veremos mas adelante, El ha delegado la propiedad ­de la tierra a la humanidad. El niño está hecho en la imagen de Dios (Génesis 1:26), y por eso le es tan fácil aprender el concepto de "mío."

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Pero Dios no ha delegado todas las cosas a una persona en particular, o a una sola institución. El impío puede argüir que Dios ha delegado todas las cosas al Estado (nosotros le llamamos a esta doctrina económica "el socialismo"). O pueden actuar como si Dios diera todas las cosas a su grupo de interés especial favorito. Por eso es tan difícil de aprender y enseñar la idea de "tuyo." "Tuyo" significa que lo "mío" es limitado. Los impíos resienten tal limitación.

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Pero lo "mío" siempre es limitado. Lo "mío" implica necesariamente lo "tuyo." Sólo Dios es dueño ­absoluto; sólo El posee todas las cosas. Lo que El ­hace, fundamentalmente, es arrendar lo que El posee a los hombres. Todo cuanto poseemos, inclusive la vida misma, se lo debemos a Dios. Cada persona será finalmente juzgada según su administración de los bienes de Dios.

 

­¿Somos buenos mayordomos de los bienes de Dios? ¿Cómo podemos determinarlo? ¿No debemos hacer juicios tocantes a nuestra honradez, nuestra frugalidad, la sabiduría de nuestras decisiones, y sí o no hemos invertido sabiamente lo que Dios nos ha encomendado? Es claro que la administración de los bienes de Dios implica cútenos para el uso de la propiedad. ¿Dónde descubrimos estos requisitos? Se descubren en la Biblia.

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La Creación y la Propiedad Original

 

­El primer principio de todo pacto bíblico es el principio de la transcendencia: la supremacía absoluta de Dios. Dios es supremo soberano sobre todas las cosas. Esto significa que El es muy superior a la creación, y totalmente diferente de ella. Se trata de un Dios soberano. En pocas palabras, Dios manda.

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Este principio de la transcendencia impacta la economía política porque la propiedad es al fin de cuentas teocéntrica (centrada en Dios). El creó todo lo ­que existe, y como su dueño El está en el centro del universo. Esto significa que la propiedad es Jundamentalmente un concepto religioso. No la puede comprender correctamente aparte de Dios, dueño absoluto de la creación. De igual manera, es imposible hablar correctamente de los deberes de la propiedad (el tema de este libro) sin hablar también de lo que Dios específicamente requiere de los hombres en su condición de propietarios.

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La Providencia

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La doctrina de la creación nos lleva a una segunda doctrina — la doctrina de la providencia — es decir, el constante mantenimiento y sostenimiento de la creación por Dios. Dios guarda y cuida del universo de una manera personal. No sólo lo creó, sino que también lo sostiene. El asegura su continuación a través del tiempo; solamente por el poder de Dios es que la tierra y el universo se mantienen.

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Leemos en el Nuevo Testamento, Colosenses: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las ­hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Colosenses 1:16-17). El propósito está bien claro: Dios no solamente creó la tierra sino también la sostiene. Es por medio de su hijo Jesucristo que la historia existe, que el mundo continua funcionando. En resumen: sin Dios — no hay universo.

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Dios creó y sostiene todas las cosas. Por eso el salmista David anunció que Dios es el dueño de toda la tierra. Los millares de animales en los collados son ­de El, así como los millares de collados también lo son (Salmos 50:10). No hay nada en toda la tierra

que no pertenezca total y completamente a Dios. Por eso, podemos estar seguros que al usar la Biblia, como punto de referencia encontraremos la respuesta a la pregunta: ¿Quién es dueño y de qué cosa?

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Uno de los grandes debates que ha dividido a las sociedades en el Siglo XX es el debate sobre la propiedad socialista y la propiedad privada. Los socialistas proponan que el Estado (el gobierno civil) debiera ser propietario de las herramientas de producción. En los años 1930, los Socialistas Nacionales (el Partido Nazi de Alemania) y los fascistas de Italia sostuvieron que el Estado debiera controlar los instrumentos de producción, aunque la propiedad era aún oficialmente "privada." En contraste, el mercado libre es un sistema basado tanto en la propiedad privada como el control particular de los medios y herramientas de producción.

 

­La Propiedad Trinitaria

 

­¿Cuál sistema de propiedad enseña la Biblia? Encontramos el principio de nuestra respuesta en la doctrina de Dios, particularmente en la doctrina neotestamentaria de la Trinidad, la unión de Dios Padre, Cristo el Hijo, y el Espíritu Santo. Cuando aceptamos la doctrina de la Trinidad, que es la doctrina teológica nueva mas fundamental del cristianismo del Nuevo Testamento, tenemos que reconocer que Dios es a la vez uno y diverso. Hay tres personas en la ­Trinidad, pero El es asimismo un solo Dios.

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El sistema de propiedad que El requiere refleja su ser Trinitario. Dios establece reglas de propiedad que son a la vez colectivas e individualistas. Algunos bienes son propiedad de individuos; otros de familias; otros de asociaciones y corporaciones; algunos son propiedad de iglesias y al fin otros son del gobierno civil, es decir el Estado.

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También encontramos en la Biblia un sistema de superposición de la propiedad. Ciertas propiedades pertenecen principalmente a individuos y solo secundariamente al Estado. En otros casos, los individuos poseen bienes, a los que las familias tienen también derechos legítimos. En otras palabras, la propiedad no pertenece exclusiva y absolutamente a ningún individuo o institución. La afirmación hecha al comienzo de este capítulo implica precisamente esa conclusión: que sólo Dios es dueño absoluto de toda ­la creación. El, y solo El, tiene el derecho absoluto ­de propiedad. Todos los otros títulos de propiedad son subordinados.

­Cuando tratamos de la propiedad del hombre se trata de una propiedad otorgada por Dios. Dios es el gobernador absoluto y final sobre toda la creación ­y por lo tanto El es su absoluto propietario. Sin embargo Dios ha delegado al hombre la responsabilidad de cuidar de la creación (Génesis 1:28). Por lo tanto, el hombre es un mayordomo bajo la supervisión general de Dios. Esto significa que el hombre debe rendir cuentas a Dios por todo lo que es, y es responsable ante Dios por la correcta administración de todo lo que se le ha encomendado.

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La Propiedad Privada

 

­Es indiscutible que la Biblia incluso el Nuevo Testamento afirma la propiedad privada. Jesús ofreció la parábola siguiente como una descripción del reino de Dios. Una mañana un terrateniente manda a su siervo a buscar jornaleros. Varios son contrata dos por la mañana. El siervo regresa al mercado varias veces durante el día. Cada vez, hay quienes acuerdan trabajar en los campos. Al final del día, el dueño paga a cada uno el mismo salario. Los que trabajaron todo el día se quejaron: ¿Por qué no debieran ellos recibir mas dinero que los que llegaron tarde?

 

­¿Qué quería enseñarnos Jesús? Que Dios salva a algunos hombres temprano en su vida, algunos a la mitad de su vida, y a otros un poco antes que se mueran. ¿Por qué debieran quejarse los primeros ­beneficiarios? Ellos buscaban trabajo, y lo encontraron. ¿Es que no comprendieron los términos del contrato? El propietario les increpa: "¿No me es lícito

hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? (Mateo 20:15). Jesús comparó la soberanía de Dios en otorgar salvación a los hombres con la soberanía del dueño sobre sus bienes.

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La iglesia primitiva en Jerusalén practicó voluntariamente la propiedad común de los bienes. Jesús les había advertido que Jerusalén sería destruida por los Romanos (Lucas 21), así que vendieron todos sus bienes mientras podían, y compartieron su propiedad.

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Un matrimonio, Ananias y Safira, vendió una propiedad. Ellos apartaron una porción del dinero, y dieron el resto a la iglesia. Pero ellos les dijeron a los líderes que habían donado todo el precio de la venta a la iglesia poco antes que Dios les juzgase por su pecado de engaño, Pedro recordó a Ananias: "Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no

estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios" (Hechos 5:4).

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El mensaje de Pedro era claro: No hay sistema requerido de propiedad socialista o comunista en la administración de Dios. La propiedad común es voluntaria. El compartir la propiedad era un donativo, no un deber moral, mucho menos un requisito legal.

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Así que, uno de los argumentos mas populares de los socialistas "cristianos," de que la iglesia primitiva poseía los bienes en común, es en realidad un argumento en contra del socialismo en que el Estado ­lo requiere y ejecuta. Sólo en Jerusalén adoptó la iglesia esta política de compartir los bienes, porque sólo Jerusalén estaba amenazada con la profetizada destrucción divina. Aun así, una costumbre que fue temporaria y voluntaria ha sido usada por hombres perversos para defender un sistema permanente e involuntario de hurto por las urnas electorales, el socialismo moderno y el Estado asistencial de beneficencia.

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La Propiedad como Función Social

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La propiedad es una función social. La mayoría de la gente no comprende esto. Los adversarios del capitalismo ciertamente no lo comprenden. Cuando los críticos piensan en la propiedad privada, ellos piensan de un propietario quien es codicioso, anhelante, rabioso por la ganancia, y tacaño y que usa sus bienes exclusivamente para su propio avance personal. Ellos ven en el capitalista al Ebenezer Scrooge de Charles Dickens.

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Tal ha sido la caricatura tradicional del capitalista entre los partidos socialistas. Se ve al capitalista como un explotador. Se le ve como alguien cuyos planes deben ser impedidos por el pueblo, actuando políticamente por medio del Estado, a fin de defender los intereses de la comunidad.

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Esto es un malentendido total de la propiedad privada. Los individuos poseen su propiedad como una doble mayordomía: primero ante Dios, y segundo ante la comunidad. Compréndase: no dije que la gente posea la propiedad para beneficio del Estado. ­El Estado no es lo mismo que la comunidad (aunque los partidarios del Gran Gobierno raras veces lo mencionan). El pueblo no posee sus bienes principalmente para beneficiar al gobierno civil, o sea la institución política y burocrática que Dios ha establecido para castigar a los malhechores. La propiedad tanto en la Biblia como en un mercado libre no es una función principalmente estatal. Sostengo mas bien que la pro piedad es una función social, y que los hombres deben distribuir los bienes según las necesidades y las de mandas de la comunidad en general, si los dueños desean ser inversionistas sabios y derivar las mayores ganancias y beneficios de sus bienes.

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En resumen, el Estado no es lo mismo que la comunidad. La comunidad es mucho mas amplia que el Estado: se compone de familias, iglesias, escuelas, negocios, y asociaciones voluntarias de toda índole. Los oficiales del Estado representan legalmente la comunidad de manera bíblicamente limitada: ellos ­brindan protección a la vida y a los bienes (Éxodo

22), hacen juicios por medio de jurados (Éxodo 18; Romanos 13:1-7), se encargan de la defensa nacional (Jueces), la cuarentena médica (Levítico 13-14), y de la seguridad pública (Éxodo 21:28-36).

 

­Un Lote de Terreno

 

­Vamos a ver como la función social de la propiedad funciona en práctica. Supongamos que un individuo tiene un lote de terreno. Se puede usar este terreno para muchos propósitos: para la agricultura, para levantar una fábrica, una escuela, una casa, un ­apartamento, etc. En otras palabras, el terreno tiene mas de un solo uso, y por lo tanto el dueño tiene que

decidir cual es la mejor manera de usarlo.

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Si es un dueño que busca sacar ganancia, ha de preguntarse lo siguiente: "¿Qué es lo que la gente de mi comunidad quiere que yo haga con mi propiedad?" Para contestar a esta pregunta, necesita determinar la posible tasa de ganancia, sea por vender la pro piedad o por arrendarla. Para recibir la mayor ganancia del terreno, tiene que usarlo para producir lo

que la gente valerá mas, según su disposición a pagar. La regla que normalmente usa un vendedor para determinar lo que la comunidad (los participantes en el mercado) realmente desea es ésta: la mayor oferta gana. La economía es esencialmente una subasta gigante.

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Supongámonos que un individuo decide que su propiedad debiera ser usada o para edificar un complejo de apartamentos o para cultivar alimentos. La gente desea viviendas, y un complejo de apartamentos es una manera de obtener viviendas baratas. Al usar el terreno para construir un complejo de apartamentos, al dueño rinde imposible el uso del terreno para cultivar alimentos. Impide el acceso al terreno a los demás consumidores. Esta es la esencia de toda la propiedad: la negación del acceso a un bien. Es el poder legal de decir, "Sí" a una forma y "No" a otra de uso. Tal decisión siempre se debe hacer teniendo en cuenta este principio: "Yo soy el encargado."

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¿Qué tal si un agricultor también quiere este terreno? ¿Qué incentivos económicos puede ofrecer ­el agricultor al dueño del terreno para persuadirle que le permita tomar control sobre el terreno? Es obvio que la mejor manera de lograrlo sería que le ofreciese al dueño un contrato de arrendamiento, o un pago de arriendo o una compra en efectivo a fin de lograr el uso exclusivo del terreno.

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En este ejemplo, un grupo de consumidores se benefician, y el otro grupo pierde. Algunos consumidores tienen mas interés en que aumente la provisión de apartamentos, y con eso abaratando el precio de las viviendas, mientras otros están mas interesados con el aumento en el abasto de alimento, abaratando así la comida.

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El constructor de apartamentos actúa como el intermediario en beneficio de la gente que desea alquilar viviendas. De igual manera, el agricultor actúa en beneficio de la gente que desea comprar alimento a un precio mas barato. Cada grupo de consumidores es representado, económicamente, por un agente. No es un agente legal, sino un agente económico. No tiene un documento firmado por todos los miembros del grupo que dice: "Este hombre es nuestro representante legal." Sencillamente es un hombre que ha arriesgado su propio dinero (o dinero prestado por el que se ha hecho responsable) con la esperanza de vender el rendimiento económico de la propiedad al grupo de interés especial que él piensa le pagará el precio mas alto. Tanto el constructor como el agricultor quieren vender o alquilar el uso del terreno a su grupo de consumidores, no porque los conoce, sino porque cree que ellos están dispuestos a dar la mayor oferta por ­el terreno en la subasta competitiva que llamamos el mercado libre.

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La pregunta económica número uno es esto: ¿quién ofrecerá mas? ¿Serán los consumidores de alimento, o serán los consumidores de las viviendas? Se premia al dueño del terreno por actuar como mayordomo (administrador del terreno) en beneficio de la gente en la comunidad que está dispuesta a pagar mas por el terreno. Si él rehúsa seguir la regla, no podrá obtener la máxima retribución económica de esa propiedad. Lo importante es que la ganancia futura que él espera obtener de la venta del terreno es la señal económica de los consumidores futuros que ellos quieren que él lo venda al comprador que le ofrece mas.

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Supongamos que el agricultor ("agente" de los futuros compradores de alimento) no está dispuesto a ofrecer tanto por la propiedad como el "agente" de los futuros ocupantes de apartamentos. Sin embargo el actual propietario del terreno permite que el agricultor alquile o compre al terreno a un precio mas bajo. Obtiene ganancia de la venta del terreno al agricultor, pero para hacer esto, tiene que renunciar el dinero que el constructor de apartamentos hubiese pagado por el terreno. Sufre una pérdida económica: pierde el dinero que hubiese podido ganar por venderlo al constructor, menos el dinero que obtuvo por

vender al agricultor.

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No hay nada asombroso en este análisis del funcionamiento del mercado libre. Es una subasta gigantesca. Cualquiera comprende este proceso, casi sin pensarlo. Este análisis dice: "No se puede adquirir ­algo a cambio de nada." Vivimos en un mundo de escasez. La escasez significa que si se vendiese cada artículo a cero precio, habría mas demanda que oferta. Por eso ponemos precios a las cosas para limitar la demanda. Decidimos quienes obtienen qué por un sistema de licitación, como en una subasta. Para conseguir una cosa, uno tiene que renunciar a otra. Y casi siempre tomamos nuestras decisiones según la regla: mayor oferta., gana. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Pero ¿qué es lo mejor"? Lo descubrimos al preguntarnos: "¿Cuál es el mejor precio que puedo obtener a cambio de este artículo o servicio?"

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La Propiedad No es Gratuita

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El dueño tiene el derecho legal para hacer lo que quiera con sus bienes, pero no puede escapar las consecuencias económicas de su decisión. En otras palabras, el derecho de propiedad es libre, pero no gratis. Toda propiedad cuesta. La posesión es cara. Si ud. se equivoca vendiendo algo a un precio demasiado bajo, sufrirá las consecuencias económicas. Para obtener la mayor ganancia como vendedor, ud. necesita atender al agente cuyos consumidores cree él que pagarán el mejor precio. Este es el agente que le pagará el mejor precio para obtener el control de la propiedad. En este caso, ud. necesita atender a los futuros inquilinos y no a los futuros consumidores.

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¿Qué criterio debiera utilizar el individuo para decidir cómo usar sus bienes? Las respuestas varían según el beneficiario, sea éste un grupo de interés ­especial, una organización, o un grupo particular de consumidores de la comunidad, o las autoridades políticas, o muchos otros posibles compradores y usuarios. Pero un factor muy importante para el individuo que toma la decisión con respecto al uso que dará a su propiedad es la cuestión de ganancia o pérdida.

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El dueño de la propiedad tiene el derecho legal de subvencionar (ayudar económicamente) a un grupo particular vendiéndoles su propiedad por debajo del precio corriente, pero no puede hacer esto gratuitamente. Al vender la propiedad a un precio mas bajo que otro comprador normalmente ofrecería, el vendedor sufre personalmente una pérdida. ¿Qué pérdida sufre? Es el dinero que él pierde al vender por debajo del precio corriente. En realidad, él obsequia al comprador la diferencia entre el precio normal y el precio de la venta. No hay nada moralmente malo con hacer un obsequio así, pero el obsequio no se puede hacer gratuitamente. No hay obsequios gratuitos. (Incluso el regalo gratuito de la gracia de Dios a la humanidad en Jesucristo tuvo que pagarse: en la cruz.)

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¿Quién mas sufre pérdida? Todos los consumidores que querían que su "agente" comprase la propiedad a un precio mas alto, pero no pudieron lograr la cooperación del vendedor. Pero estos consumidores tienen la satisfacción de saber que el vendedor sufrió una pérdida económica a causa de su decisión. Si pierden, por lo menos también pierde él.

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La Subasta

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¿Cómo es que la sociedad convence a los individuos que satisfagan las necesidades de los segmentos mas grandes y mas productivos de la sociedad? Lo hace por medio de las ofertas competitivas. La propiedad, por lo tanto, es muy parecida a una subasta gigante: normalmente la oferta mayor gana. Incluso cuando la mayor oferta no gana, tiene efecto en la decisión final del vendedor.

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El vendedor tiene que decidir si quiere mas dinero, o mas satisfacción por haber dado todo o una porción de la propiedad a un individuo o a un grupo en particular. Pero no se puede escapar de la función social de la propiedad. En cada hora, y en cada minuto, el individuo que posee bienes renuncia todo ingreso que pudiera haber recibido si acabara de vender o de reinvertir su propiedad.

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No hay forma de eludir este proceso. El mercado se hace sentir en cada momento del día a causa de los ingresos que se pierden por causa de los diversos usos que se pueden hacer de los bienes. A juicio del propietario, los beneficios recibidos de un uso particular de la propiedad, cancelan las pérdidas.

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La Posesión Teocéntrica

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He dicho ya que Dios da y Dios guía toda propiedad. Por lo tanto, toda propiedad es providencial. De modo que, la posesión es teo-céntrica. Que Dios está en el centro de toda propiedad, lo tiene importantes repercusiones económicas.

 

El Conocimiento Limitado del Hombre

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Una de las características de Dios es que El ­conoce todo lo que se puede conocer. El es omnisciente­ (lo sabe todo). Antes de la fundación del mundo,

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­Dios sabía todo lo que está ocurriendo hoy, y El sabe todas las cosas que ocurrirán en el futuro (Efesios 1). Nada ocurre en el universo de lo que Dios no está plenamente consciente. El saberlo todo es una habilidad exclusiva de Dios. No se puede transferir esta habilidad a ninguna otra criatura. Hay secretos que solo Dios sabe (Deuteronomio 29:29).

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Por esta razón, los hombres no pueden honestamente pretender saberlo todo, ni como individuos ni como parte de un comité. No pueden afirmar verdaderamente que conocen todos los usos posibles de una propiedad. No pueden afirmar que conocen el mejor uso posible de tal propiedad. Ellos hacen estimaciones, adivinan. Hacen todo lo posible para determinar donde pueden conseguir la mejor tasa de rendimiento por su capital. Al fin de cuentas nunca pueden saber con certeza si están utilizando sus bienes de la manera mas lucrativa, o mayor beneficio social, o de mayor beneficio moral. Por eso la posesión de bienes es siempre una obligación moral Es tanto una responsabilidad como un beneficio.

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La Ley Bíblica

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¿Dónde encontramos instrucciones respecto a los tipos de propiedad que debieran pertenecer a las asociaciones y a las agencias gubernamentales? ¿Dónde encontramos los mejores reglamentos ("esquemas")?

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La respuesta: tenemos que atenernos a la ley bíblica. Cuando examinamos lo que Dios nos ha revelado acerca de sí mismo y su creación, encontramos reglamentos ("esquemas") acerca de la distribución correcta de los bienes. Encontramos reglamentos para la posesión privada de los bienes, para la herencia, para el sostén de los pobres, para el sostén del gobierno civil, etc. Si no nos dirigimos a la Biblia y a la ley bíblica a fin de descubrir estas respuestas, entonces nos enredamos en debates inútiles que des honran a Dios entre teorías humanistas políticas y económicas.

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A través de la historia, ha habido debates sin fin sobre "la propiedad privada comparada con la propiedad colectiva." No se han resuelto estos debates, sencillamente por que los hombres no están de acuerdo en sus creencias mas básicas. Ellos no comparten una misma perspectiva moral. Hay desacuerdo sobre el origen y el control del universo. Por lo tanto, tampoco hay acuerdo en cuanto al origen y los reglamentos de la propiedad. Hay desacuerdo en cuanto a la mayordomía. No se ha logrado acuerdo cuanto a quién posee o quién debiera poseer qué cosa.

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Este librito representa un intento a aclarar algunos de estos temas fundamentales. No es posible que tan breve libro trate todos los temas de importancia, pero, por lo menos puede servir como una introducción general. No cabe duda de que las enseñanzas bíblicas acerca de la propiedad se oponen a las teorías económicas socialistas modernas como también se oponen a las teorías de la propiedad absolutamente ­privada. Pero en general, encontramos que a las asociaciones privadas, especialmente la familia, Dios ha delegado mas obligaciones que al gobierno civil y a sus agencias burocráticas.

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Conclusión

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El concepto bíblico de la propiedad se centra en Dios. "Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados" (Salmos 50:10). ­Dios es el dueño absoluto de toda la creación, y El la sostiene por medio de su supremo poder gobernador.

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El establece al hombre como un administrador sobre sus bienes, y ha establecido leyes para la administración y la transferencia de la propiedad que deben ser obedecidas para que la obra dé ganancias. Los hombres han de ser mayordomos fieles a Dios. Ni la propiedad privada ni la estatal son reglas absolutas. Pero como veremos, ni el gobierno civil ni la  iglesia poseen la mayoría de los bienes en la Biblia. La mayoría de los bienes son poseídos por las familias o los agentes económicos de las familias.

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Toda la propiedad es social. Los compradores y los vendedores compiten — los compradores con los demás compradores, y los vendedores con los otros vendedores — por los recursos escasos de la creación. Este proceso de competencia, al que algunos economistas llaman proceso de descubrimiento, da incentivos económicos a los dueños para que administren sus bienes para el beneficio de los consumidores.

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Legalmente, la Biblia permite una gran libertad ­en la administración de la propiedad privada, pero desde una perspectiva económica, cada decisión (o indecisión) por parte del dueño conlleva su propio costo. Todo propietario que se rehúsa a satisfacer las demandas de los consumidores, pierde las ganancias, o pierde el aumento de valor de sus bienes, o las dos cosas. El paga un precio por hacer caso omiso a la demanda del consumidor. Por lo general, está legalmente libre para hacer lo que él quiere con sus bienes, siempre que no perjudique (física o moralmente) a otra persona; él no puede usar su propiedad exenta de gastos.

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Tenemos que comenzar nuestro estudio de los principios económicos bíblicos asumiendo las siguientes creencias:

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1. Dios es el Creador supremo.

 

­2. Dios es el dueño absoluto de todos los bienes.

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3. Dios declaró que el hombre debería gobernar (tener dominio sobre) a las demás creaturas de la tierra.

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4. Dios da al hombre la responsabilidad de administrar la propiedad (la mayordomía delante de Dios).

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5. La propiedad es una función social (la mayordomía delante de los hombres).

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6. Dios ha fundado criterios para la propiedad legal.

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7. Dios ha establecido leyes para la administración de sus bienes por el hombre.

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8. La ley bíblica revela estos criterios.

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9. El hombre, a diferencia a Dios, tiene un ­conocimiento limitado.

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10. Las ganancias y las pérdidas ayudan a los hombres a descubrir el mejor uso de los bienes que Dios les ha encomendado.

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11. La economía política del mercado libre es una subasta gigante.

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12. El principio normal de esta subasta gigante es "la mayor oferta gana."

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13. El intermediario es el agente económico de los consumidores.

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14. La ley bíblica establece los principios correctos de la posesión y la administración de los bienes.

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