07. La justicia ejemplar del Hijo

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LA JUSTICIA EJEMPLAR DEL HIJO

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"Cristo obedeció la Ley de Dios perfectamente, y este tiene repercusiones ineludibles sobre la ética cristiana - el de imitar al Cristo revelado en la Biblia.

 

La Biblia fue escrita a través de muchos años, por muchas personas, y acercad de muchas cosas. Sin embargo, la persona de Jesucristo es céntrica en la Biblia. El es de sumo importancia en todo. Sabemos que como Palabra (Verbo) de Dios, El participo en la creación del mundo (Juan 1:1 - 3) y que El mantiene todas las cosas providencialmente por la palabra de Su poder (Hebreos 1:3). Después de la caída de Adán en el pecado por medio de la desobediencia al mandamiento de Dios, el escape de la ira y maldición de Dios fue prometido en términos de uno que, como simiente de la mujer, aplastaría a Satanás (Génesis 3:15). Todo el Antiguo Testamento prepara para la venida del Mesías prometido - el profeta (Deuteronomio 18:15 - 19), sacerdote (Salmos 110:4), y rey (Isaías 9:6-7), escogido según la propia elección de Dios.  Los evangelios del Nuevo Testamento nos cuenta de Su vida y ministerio salvador, y el libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta de la obra que Él continuó haciendo a través de Su Iglesia. Las epístolas son cartas escritas por Él por medio de Sus siervos escogidos (por ejemplo, Gálatas 1:1) a Su pueblo elegido, que constituye Su reino. El libro profético final de la Biblia es "El Apocalipsis (o la Revelación) de Jesucristo ." Su Iglesia trabaja  ahora para hacer que todas los pueblos sean Sus discípulos (Mateo 28:18-20), y en la consumación de la historia Cristo volverá otravez para juzgar a toda la humanidad (Hechos 17:31). Desde el principio al fin, la Biblia habla de Jesucristo quien es el Alfa y Omega (Apocalipsis 22:13). El es la clave de la revelación especial de Dios y el que debe tener preeminencia en nuestras vidas (Colosenses 1:18).
 
Es facil comprender el por qué de Su preeminencia. Por causa de nuestra desobediencia pecaminosa a los mandamientos de Dios, Cristo vino a expiar nuestras ofensas y llegar a ser nuestro Salvador eterno. Como tal, merece nuestra devoción y gratitud impercecdera. Como el Hijo de Dios resucitado y ascendido, Cristo es Señor de todos y merece nuestra obediencia y servicio, Así que, el estilo de vida y la ética de los que han sido redimidos por Cristo como Salvador y Señor se centrará o se enfocará naturalmente en Él.
 
En muchas épocas de la historia de la Iglesia, la vida cristiana se ha comprendido comúnmente como "la imitación de Cristo." De la misma manera, ya que Cristo es el personaje central de la Biblia, hay un sentido en el cual la ética bíblica puede ser resumida como la imitación de Cristo ― luchando para ser como El, aceptando Su conducta como el modelo de la ćtica cristiana, De cierto, tomar sobre sí mismo el nombre dc "cristiano" es convertirse en un discípulo de Cristo (véase Hechos 11:26). Los creyentes toman su dirección del ejemplo y de la enseñanza dc Cristo. De la misma manera, la ética bíblica es la misma que la ética Cristiana.
 
Jesús y la Ley de Dios
 
¿Qué se puede decir específicamente acerca de una ética de moralidad como la de Cristo? Si deseamos imitar la perfección moral de Cristo, ¿qué entrañara esto? Un resumen breve de la enseñanza bíblica revela que Dios no salva a Su pueblo elegido reduciendo Sus principios morales; la razón misma por la cual esa gente necesita Su misericordia salvadora es que han violado Sus principios morales. Si tales principios fuesen desechables o arbitrarios, Dios podría pasar por alto su trasgresión y salvar a la gente por un mero fiat o decreto de perdón. Sin embargo, la Ley de Dios no se puede ignorar así. Para salvar a Su pueblo, Dios envió a Su Hijo unigénito para morir como sacrificio en su lugar. Cristo vivió una vida de obediencia perfecta a los mandamientos de Dios para poder ser el Salvador. Cristo murió separado del Padre para expiar los pecados y satisfacer la demanda del castigo de la Ley. Por consiguiente, en Su vida y muerte Cristo obedeció perfectamente la Ley de Dios, lo que tiene consecuencias ineludibles para la ética cristiana―la imitación de Cristo demostrada en la Biblia.

 

Las Escrituras consideran la obra de Cristo como una obra de obediencia. Al definir el propósito de Su venida mesiánica, Cristo dijo "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (Juan 6:38). El evento fundamental en el cumplimiento de Su misión de redención fue el entregar Su vida y el volver a tomarla — Su muerte y resurrección; así Cristo obedeció el mandamiento de Su Padre (Juan 10:17-18). Su obra de expiación fue efectuada en la capacidad de un siervo sufriente (véase Isaías 52:13 —53:12). Como tal Él fue sometido a la Ley (Gálatas 4:5) y nos justifico por Su obediencia (Romanos 5:19). La obediencia a la voluntad y mandamiento de Dios fue, por lo tanto, crucial en la vida y ministerio de nuestro Salvador. Como nuestro gran sumo sacerdote El fue sacrificado para descargar la maldición de la Ley contra nuestro pecado (Gálatas 3:13; Hebreos 2:17-3:1; 4·:14―5:10). Como el profeta de la Ley, Cristo dio la correcta interpretación y removió las tradiciones falseadas de los hombres (Mateo 5:17-48;15:1―20). Como È1 obedecía la Ley perfectamente y odió todo quebrantamiento de la Ley, Cristo fue exaltado como Rey ungido (Hebreos 1:8,9), Por lo tanto, vemos que la obra salvadora de Cristo y Sus tres oficios son determinados por Su relación positiva con la Ley de Dios, la expresión permanente de Su santa voluntad, Como uno podría anticipar, ya que Cristo es la exacta representación de la naturaleza de Dios (Hebreos 1:3) y puesto que la Ley es una trascripción de la santidad de Dios, Cristo encarnó la Ley perfectamente en Su propia persona y conducta. Cristo retó a Sus antagonistas con la casi retórica, chocante pregunta: "¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?" (Juan 8:4-6). Desde luego, nadie pudo, porque sólo Cristo estuvo en la posición de declarar, "Yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezca en su amor" (Juan 15:10). Aunque Jesucristo fue tentado en todo con respecto a la obediencia a los mandamientos de Dios, aun así, permaneció siempre sin pecado (Hebreos 4:15). Él no tuvo ninguna necesidad de ofrecer sacrificio por Sus propios pecados porque guardó la Ley perfectamente (Hebreos 7:26-28). Mas bien, se ofreció a Si Mismo sin mancha a Dios, un cordero sin mancha como lo requiere la Ley, a fin de limpiarnos de nuestros pecados (Hebreos 9:14).
 
Como el Antiguo Testamento lo había señalado de antemano, "Y será la justicia cinto de sus lomos" (Isaías 11:5), el Mesías podía declarar, "'Tu ley está en medio de mi corazón" (Salmos 40:7-8; Hebreos 10:4-10). Leemos en Gálatas 4:4; "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley." Cristo ni quebranto la Ley ni estuvo por encima de la Ley; Él se sometió a cada uno de sus requisitos, y dijo ‛‘conviene que cumplamos toda justicia" (Mateo 3:15). Él mandó que un hombre recién sanado ofreciese la ofrenda que ordenó Moisés (Mateo 8:4), mantuvo los bordes de Sus vestimentas (9:20; 14:36), pago el impuesto del templo (21:12-17), cuidó de la pureza del templo (21:12-17), etc. Jesús exigió que Sus seguidores se ajustasen a las demandas de la Ley (Mateo 7:12), le digo al joven rico que guardase los mandamientos (19:17), reforzó la Ley del Antiguo Testamento al resumirla en dos mandamientos de amor (22:40), acusó a los fariseos por haber invalidado los mandamientos de Dios por medio de las tradiciones de los hombres (Marcos 7:6-13), e insistió que aun los asuntos mas pequeños o insignificantes, de la Ley no se ignoraran (Lucas 11:12).

 

Hablando de la enseñanza moral de Cristo, Herman Rídderbos dice,  Es la "ética" de la obediencia en el pleno sentido de la palabra ....Por lo tanto, si se pregunta qué regula los mandamientos de Jesús, la respuesta final es una sola: la voluntad de Dios como esta revelada en su Ley .... La prédica ética de Jesús no tiene otra base mas profunda que la Ley como la revelación de la voluntad de Dios a Israel, el pueblo del pacto. Una y otra vez es la Ley, y sólo la Ley, cuyo significado y propósito es también el significado y propósito de los mandamientos de Jesús.1

 

A la luz de estas cosas, nos acordamos como Jesús advirtió severamente a Sus seguidores que ni comenzasen a pensar que Su venida tenía el efecto de abrogar aun la letra mas insignificante de la Ley; enseñando que aun la anulación del menor mandarniento resultaría en una democión en el reino de Dios (Mateo 5:17-19). A través de Su vida y enseñanza, como hemos visto, Jesús sostuvo las demandas de la Ley en el grado mas exigente. Además, Cristo se sometió a la Ley de Dios hasta el punto mismo de sufrir la pena prescrita para el pecado. Murió la muerte de un criminal (Filipenses 2:8), tomando sobre Si Mismo la maldición de la Ley (Gálatas 3:13) y anulando el acta de los decretos que había en nuestra contra a causa de la Ley (Colosenses 2:14). "Mas el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados .. mas Jehová cargo en el pecado de todos nosotros" (Isaías 53:4-6). El pecado no puede evitar el juicio terrible de Dios (Nahum 1:2-3; Habacuc 1:13), y por lo tanto, Dios no salva o los pecadores sin que la justicia y la paz se besen la una a la otra (Salmos 85:9-10); Él permanece justo, mientras viene a ser el Justificador de Su pueblo (Ro. 3:26). De la misma manera, las demandas de la Ley no se podían obviar. Cristo tuvo que venir y experimentar la maldición de la Ley en lugar de Su pueblo elegido; tuvo que satisfacer la justicia de Dios. Por eso se puede decir que la muerte de Cristo es la evidencia sobresaliente de que la Ley de Dios no puede ser prescindida ni abrogada. Según la Ley no hay remisión de pecado aparte del derramamiento de sangre. Fue pues necesario que Cristo se ofreciese en sacrifico por el pecado (Hechos 9:23-26). La necesidad de Iay validez continua de la Ley es verificada por la muerte salvadora de Cristo por nosotros.

1. The Coming of the Kingdom (Philadelphia: Presbyterian andl Reformed, 1962), págs 290-291.

 
Imitando a Cristo
 
Por lo tanto, los cristianos debieran ser los últimos en pensar o mantener que están libres de los requisitos de los justos mandamientos de Dios. Los que se han salvado tuvieron necesidad de esa salvación precisamente porque la Ley de Dios no pudo ser pasada por alto al transgredirla. Para que se salvasen, fue necesario que Cristo viviese y muriese conforme a todas las estipulaciones de la Ley. Como nuestra propia obediencia a la Ley es defectuosa y no puede servir como una justificación ante Dios, somos salvos por la obediencia imputada del Salvador (la a los Corintíos 1:30; Filipenses 3:9). Nuestra justificación está arraigada en Su obediencia (Romanos 5:17-19). Por medio de la justicia que es ajena a nosotros mismos — la justicia perfecta de Cristo basada en la Ley - somos justificados ante los ojos de Dios. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2a a los Corintíos 5:21). .
 
Resulta, entonces, que la llegada y obra expiatoria de Cristo no reduce la validez de la Ley de Dios y Su demanda de justicia; mas bien la acentúa. La salvación no cancela las demandas de la Ley sino simplemente la maldición de la Ley: "Cristo nos redimio de la maldición dc la Ley, hecho por nosotros maIdicíon" (Ga. 3:13). Él quitó nuestra culpa y el aspecto condenatorio de la Ley hacia nosotros, pero Cristo no revocó la demanda y obligación de justicia original de la Ley. La salvación en el sentido bíblico presupone la validez permanente de la Ley.
 
 
Además, el Espíritu Santo que mora en todos los creyentes verdaderos en Cristo Jesús les hace crecer en la semejanza de Cristo ― “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13,15; véase Gálatas 4-:19).

 

La ética cristiana es una cuestión de imitar a Cristo, y por eso no nos llama a huir de la Ley sino a honrar sus requisitos
 
Hemos de tener en nosotros mismos la actitud que estuvo en Cristo Jesús, quien se humilló y se hizo obediente (Filipenses 2:5, 8). Hemos de seguir en Sus pasos de conducta justa (1a de Pedro 2:21), manifestando justicia porque el Espíritu Santo nos une a Él (1a a los Corintios 6:15-20). Por lo tanto, la ética bíblica es la ética cristiana de seguir el ejemplo de la obediencia de Cristo a la Ley de Dios. Juan expresa este punto claramente: "Por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debo andar como él anduvo" (1a de Juan 2:5-6). Y como hemos visto abundantemente, Cristo anduvo conforme a los mandamientus de Dios. Nosotros no podemos escaparnos de la conclusión de que la ética Cristiana es una de obediencia a la Ley de Dios, porque la justicia perfecta de Cristo conforme a esa Ley es nuestro modelo de vida cristiana.
 
De principio a fin la Biblia se centra en Jesucristo. De principio a fin Él vivió Su vida en obediencia a la Ley de Dios. Y de principio a fin la ética bíblica de imitar a Cristo nos obliga de igual manera a obedecer cada mandamiento de la Palabra de Dios.
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