05. El estándar uniforme del pacto respecto

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EL MODELO UNIFORME DEL PACTO

RESPECTO AL BIEN Y EL MAL

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"No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de

mis labios" (Salmos 89:34).

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Si algo era pecaminoso durante el período del Antiguo Testamento, es igualmente pecaminoso en la era del Nuevo Testamento.

Los principios morales, a diferencia del precio de la gasolina o las cambiantes preferencias artísticas de la cultura, no fluctúan.

En los Estados Unidos, hubo un tiempo cuando se podía manejar legalmente un automóvil a 65 millas por hora; en la actualidad cualquier velocidad mayor de 55 m.p.h. es ilegal. Pero las leyes de Dios no son así: justas hoy e injustas mañana. Cuando el Señor hace un juicio moral, no vacila, ni es tentativo, ni caprichoso. A diferencia de los legisladores humanos, Dios no cambia de parecer ni altera Sus principios de justicia: "No olvidare mi pacto, ni mudare lo que ha salido de mis labios" (Salmos 89:34) Cuando el Señor habla, Su palabra queda firme para siempre. Sus principios del bien y del mal no cambian de edad a edad: "Fieles son todos sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre,hechos en verdad y en rectitud" (Salmos 111:7- 8).

De la misma manera Jesús habló con una claridad inconfundible cuando dije, "Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley" (Lucas 15:17), La venida del Hijo justo de Dios seguramente no podía hacer nada para cambiar el carácter justo de las Leyes de Dios, ni siquiera de las mas pequeñas de ellas, porque entonces estas estarían expuestas como injustas y menos que eternas en su rectitud. Así que, Cristo da esta advertencia severa: "Cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos" (Mateo 5:19). La llegada del Salvador y la inauguración de la Nueva Era no tienen el efecto de abrogar ni los mas pequeños detalles de los mandamientos justos de Dios. Dios no ha cambiado de parecer acerca del bien y del mal.

Podemos alegramos que Dios se atenga a Su Palabra de esta manera. La autoridad de Su Palabra para la vida humana es tan permanente como esa Palabra por la cual Él creó y gobierna al mundo (véase Salmos 19:1-14; 33:4-11). Si la Palabra de Dios para nosotros no fuese estable de tal manera y si Dios estuviese expuesto a los cambios de humor y cambiase de parecer de vez en cuando, no podríamos contar con nada que El nos dijese. Si la Ley de Dios tiene una validez fluctuante, ¡por que no Sus promesas! Si decimos que un mandamiento dado por Dios en el Antiguo Testamento ya no es un principio de justicia para hoy, entonces podemos anticipar igualmente que una promesa de salvación dada por Dios en el Nuevo Testamento no sería en el futuro un garantía de su favor permanente hacia nosotros. !Pero alabado sea el Señor; Su Palabra es estable! Él nunca nos falla como lo hacen nuestros padres y gobernantes humanos con mandamientos y promesas que no se cumplen.

Todo lo que dice Dios permanece y no puede ser invalidado (véase Juan 10:35). La salvación por la grada de Dios y la justicia de Su Ley no serán abolidas sino que permanecerán para siempre:

"Estad atentos a mi, pueblo mío, y Oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos. Cercana esta mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza. Alzad a los cielos vuestros ojos, y mitad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera parecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá. Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes. Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por los siglos de los siglos

(Isaías — 51:4-8).

La Ley justa de Dios que condena nuestro pecado es tanpermanente como las buenas nuevas de Dios que promete la salvación del juicio de todo pecado.

El Pacto: La Unidad y la Diversidad

Es importante que nos acordemos de esto, especialmente cuando algunos nos digan que la venida del Nuevo Testamento elimina nuestra obligación hacia los mandamientos del Antiguo Testamento (o muchos de ellos por lo menos). La división de la Biblia en dos "Testamentos" se comprende mejor en el sentido biblico como dos "Pactos." Antes de la venida de Cristo los hombres vivían bajo el Viejo Pacto que anticipaba al Mesías y a Su obra de salvación; después de la venida de Cristo y Su obra salvadora vivimos bajo el Nuevo Pacto (véase Lucas 22:20; 1a a los Corintios 11:25).

Dentro de las escrituras del "Viejo Pacto" encontramos algunos pactos particulares, tales como los que se hicieron con Abraham y con Moisés. El pacto abrahámico se caracteriza con frecuencia en términos de una promesa; y el pacto mosáico se recuerda por su fuerte; la Ley. Ahora bien, algunas personas dirán que los creyentes del Nuevo Pacto están en la actualidad bajo el pacto, abrahámico de la promesa, pero no bajo el pacto mosaico con sus leyes. Sin embargo, eso está lejos de la perspectiva de los escritores de la Biblia. En Gálatas 3:2l Pablo dirige la palabra sobre este asunto a los que afirman estar bajo uno u otro pacto: "¿Es la ley contrario a las promesas de Dios?" Y su repuesta inspirada es que nunca sea así!" La realidad es que todos los pactos comprendidos en el Viejo Pacto (Es decir, todos los pactos del Antiguo Testamento) son unificados como partes de un pacto general de gracia establecido por Dios. Pablo habló de los gentiles quienes  no eran parte de la economía del Viejo Pacto que incluía los pactos  de Abraham, Moisés, y David como "ajenos a los pactos de la promesa" (Ef 2:l2).

Habían muchos aspectos revelados progresivamente de la promesa única de Dios en el Antiguo Testamento: muchas administraciones de un sólo pacto general de gracia. Los varios pactos  del Viejo Pacto eran todos parte de un sólo programa y un sólo plan. No sólo eran compatibles unos con otros, sino que ahora están unificados con el Nuevo Pacto que fue prometido en Jeremías 3l y hoy en dia es disfrutado por los cristianos (véase Hebreos 8:6―l3). Hay un solo pacto básico de gracia, caracterizado por la expectación en el Antiguo Testamento y por la realización en el Nuevo Testamento (consúltese Juan l:l7). Dada la unidad del pacto de Dios a través de la historia y la Biblia, ¿es cierto que los cristianos que viven bajo el Nuevo Pacto no están obligados a guardar la Ley del Antiguo Testamento (los mandamientos del Antiguo Testamento, especialmente los que Moisés recibió)? Cada pacto proclamado por Dios—hasta lo de Abraham (Génesis l7:1) — no sólo declara Su obra de gracia en favor de Su pueblo, sino que hace estipulaciones que Su pueblo ha de observar como una muestra de su fidelidad y amor hacia Él. Por ejemplo, la entrega de la Ley en el Sinaí (Éxodo 20―23) fue precedido por la liberación de Israel de la esclavitud por la gracia de Dios (vease Éxodo l9:4; 20:2). Dios se identificó como Señor del pacto y recordó Sus obras de gracia a Su pueblo (Deuteronomio 1-4), y luego con esa fundación y trasfondo entregó Su Ley (Deuteronomio 5 y siguientes), El fracaso de la generación mosaica se puede llamar una falla de obediencia (Hebreos 6:4), lo que es lo mismo que el fracaso de la fe (Hebreos 3:9). La justicia de la Ley mosaica siempre se había de buscar por medio de la fe, no por las obras (Romanos 9:31-32).

Podemos ver aquí que hasta el pacto mosaico caracterizado por la Ley es un pacto de gracia. La Ley que leemos en el Antiguo Testamento es una provisión de la gracia de Dios a nosotros (Salmos 19:7-9, 62-64). Como hemos visto, todos los pactos llevan estipulaciones que guardar. Pero antes de eso vimos que todos los pactos de Dios están unificados a un Pacto de Gracia general, plenamente realizado con la venida de Cristo en el Nuevo Pacto.

Así que, si hay un solo pacto disfrutado por el pueblo de Dios a través de las edades, entonces hay un solo código moral o serie de estipulaciones que gobiernan a los que guardan el pacto. Por lo tanto, debemos responder que desde luego los creyentes del Nuevo Testamento están comprometidos con la Ley del Antiguo Testamento de Dios. Sus principios, tal como su pacto, no cambian.

La Novedad del Pacto de Dios

Esta perspectiva se confirma por la Palabra de Dios. Cuando inquirimos en cuanto a que es nuevo acerca del Nuevo Pacto bajo el cual los creyentes viven actualmente, debemos dejar que el Señor defina la respuesta correcta. No podemos incluir en la idea de un "Nuevo Pacto" lo que querremos o podamos imaginar. Los términos revelados del Nuevo Pacto son dados a nosotros tanto en Jeremías 31:33―34 como en Hebreos 8:8-12, y cuando los examinames encontramos que el Nuevo Pacto ni suprime ni cambia la Ley o el estándar moral por el cual el pueblo de Dios ha de vivir.

Es precisamente lo contrario. En contraste con los que piensan que la Ley mosaica no es aplicable al creyente del Nuevo Testamento, la Escritura enseña: "Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor; Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré" (Hebreos 8:l0).

¡La proclamación del Nuevo Pacto no implica la abrogación de la Ley mosaica ni su desprecio de ninguna manera! La idea de que sea una nueva Ley se descarta totalmente, porque es la Ley bien conocida de Dios la que Él dice que escribirá sobre los corazones de los creyentes del Nuevo Pacto. A diferencia del Viejo Pacto donde Dios se separaba del pueblo por haber roto Sus mandamientos (Hebreos 8:8-9), el Nuevo Pacto dará fuerza interna para guardar esos mismos mandamientos. Escribirá la Ley sobre los corazones de los creyentes, porque del corazón mana la vida (Proverbios 4:23). El Espíritu Santo morará en el corazón de los creyentes, escribiendo la Ley de Dios allí adentro, trayendo como resultado el que ellos vivan conforme a dichos mandamientos. "Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andeis en mis estatutos" (Ezequiel 36:27). Como Pablo escribió en Romanos 8:4, los que andan según el Espíritu tienen el requisito de la ley cumplido dentro de ellos. El líder americano protestante ortodoxo del Siglo XX J. Gresham Maehen dijo, "El evangelio no anula la Ley de Dios, sino hace que los hombres le amen de todo corazón." 1

Salmo 89:34 fue citado al principio: "No olvidare mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios." La Ley de Dios basada en el pacto es un código moral inmutable a través del Antiguo y Nuevo Testamentos. Una vez que Dios ha promulgado Su Ley y expresado Sus principios justos Él no los altera. En verdad Él pronuncia una advertencia y maldición sobre quien se atreva a modificar Sus estipulaciones en lo mas mínimo. Es posible que los tiempos cambien, que las leyes humanas sean alteradas, pero la Ley de Dios es un estándar eternalmente justo y válido del bien y del mal.

Uno de los requisitos de Su Ley, lo cual refleja Su carácter santo, es la prohibición de usar un estándar doble (Deuteronomio 25: 13—16; Levítico 19:35-37). Es deshonroso ante Dios que se use una medida o regla con algunas personas, para luego usar otra medida con otros. "Pesa falsa y medida falsa, ambos cosas son abominación a Jehová" (Proverbios 20:10). De la misma manera Dios requiere que tengamos un solo estandar o juicio moral, ya sea para el extranjero o para el ciudadano (Levítico 24:22; Deuteronomio 1:16-17; véase Números 15:16). Dios aborrece un doble estándar del bien y del mal; podemos estar seguro que Él no juzga así. Algo que era pecaminoso en el Antiguo Testamento es de la misma manera pecaminoso para nosotros los del Nuevo Testamento, porque los requisitos de Dios no están expuestos a fluctuaciones de edad en edad. Él tiene una medida uniforme del bien y del mal.

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1.

J. Gresham Machen, What is Faith? (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1925). pág. 192.

 

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