31. LA AUTORIDAD DE LA LEY DE DIOS PARA HOY

 

31

 

LA AUTORIDAD DE LA LEY

 

DE DIOS PARA HOY

 

 

"La pregunta es esta: ¿Cuál debe ser el estándar por el que se debe hacer juicios de moralidad? ¿Como determinamos en cualquier caso particular lo que la piedad requiere de mí o ml sociedad ?"
 
Hay mucho mas que tratar en el estudio de la ética Cristiana de lo que se ha discutido en este Libro. Existen asuntos básicos acerca de la percepción y la producción de la piedad en nosotras mismos y en nuestra sociedad que no hemos tocado. Casi todas las cuestiones morales específicas que nos rodean no han recibido una respuesta aplicada. Mucho se ha dejado sin explicación, y se requiere mucho mas estudia. Sin embargo, la cuestión emprendida por este libro es sistemáticamente fundamental al razonamiento ético cristiano. Nos hace una pregunta que es imposible eludir y que tiene influencia sobre cada aspecto de nuestra teoría ética. Puede que la gente no reflexione explícitamente sobre la pregunta, y puede que no la conteste bien. Pero todos preceden en base a una u otra respuesta a esa pregunta ineludible en la ética Cristiana.
 
La pregunta es esta: ¿cual debe ser el estándar por el que se debe hacer juicios de moralidad? ¿Cómo determinamos en cualquier caso particular lo que la piedad requiere de mí o mi sociedad? Es posible que otras preguntas sean interesantes o hasta importantes. Pero la ética cristiana - que es un reflejo de la fe cristiana - no puede ser formulada persuasivamente y puesta en práctica sin una respuesta a la pregunta de criterios. ¿Cómo debiéramos vivir? ¿Qué debemos hacer? ¿Que clase de personas deberíamos ser? Todo depende del estándar que usemos. Mejor: todo depende del estándar que Dios Mismo usa para juzgar el bien y el mal. Si hemos de conocer las normas divinas de justicia, entonces, la ćtica cristiana dependerá naturalmente de la auto―revelación de Dios y nuestra comprensión correcta de Su Palabra. ¿Han interpretado correctamente Su Palabra los que "convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios" y sostienen que podemos "perseverar en el pecado para que la gracia abunde"? De ninguna manera (Judas 4; Romanos 6:1-2). No debería haber duda alguna acerca de la premisa que los creyentes del Nuevo Testamento, los que han experimentado la gracia de Dios, deben "vivir en este siglo sobria, justa y piadosamente," siendo "celosos de buenas obras" (Tito 2:11, 14). La gracia de Dios nos ha creado en Cristo Jesús "para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Efesios 2:8-10). El Nuevo Testamento no elimina el llamado a la santidad (1a de Pedro 1:15). La fe salvadora debe ser viva, activa, y una fe que produce obras (Santiago 2:14-26). Por lo tanto, podemos afirmar con toda seguridad que los que aman al Salvador deben demostrar vidas caracterizadas por la obediencia (Hebreos 5:9; Juan 14:15).

 

¿Debería esta obediencia extenderse al Antiguo Testamento? ¿Deberían aquellos que han sido salvos por la fe abrazar la Ley de Dios? Y si elles deben, ¿pueden los mandamientos del Antiguo Testamento ser todavía el estándar de obligación moral para la sociedad y el Estado? Si la ética cristiana no puede eludir una respuesta a la pregunta normativa, como lo afirmamos aquí, entonces la ética cristiana se verá obligado también a contestar estas preguntas de interpretación bíblica. Lo que nos preocupa es que tantos maestros y escritores cristianos las contestan sin suficiente pruebas bíblicas ni preocupación por su consistencia. Es como si el sentimiento personal los llevara a una conclusión desde un principio a la que añaden algún tipo de "razonamiento." Muchos cristianos Solamente darán por sentada la palabra de estos respetados maestros sobre tales asuntos- aunque mas tarde encontrarán, al reflexionar y examinarla, que sus maestros no habían pensado con franqueza acerca de los problemas implicados. La multitud de opiniones negativas sobre la Ley de Dios como estándar para la obediencia cristiana en nuestro día representa un retroceso en discernimiento teológico de la erudición cristiana de las generaciones pasadas, especialmente de la tradición de los puritanos y de los principios de Westminster. Lo que se acepta hoy en día como la respuesta común y "obvia" a si debiéramos obedecer al Antiguo Testamento en los asuntos civiles modernos, por ejemplo, no siempre fue aceptado por los cristianos de antes. Los vientos de la opinión general han cambiado. ¿Por qué? ¿Ha intervenido alguna vuelta radical o algún descubrimiento nuevo en la erudición cristiana, alguna exégesis brillante o persuasivo razonamiento, entre la época puritana y la nuestra para justificar este cambio extenso de parecer acerca del uso de la Ley de Dios en la vida cristiana? Si es así, es difícil señalar exactamente lo que pueda haber sido. Son mas bien las nuevas circunstancias sociales y opiniones, no los avances en la erudición, que han producido la diferencia. "Mas la palabra del Señor permanece para siempre" (1a de Pedro 1:25; Isaías 40:8). Si nuestros antepasados reformados y puńtanos estaban básicamente correctos en su enfoque a la Ley del Antiguo Testamento de Dios, como yo lo creo, entonces la verdad de esa posición es todavía discernible en la revelación objetiva de la Palabra de Dios, aunque es una verdad impopular en una edad secularizada. Ya sea simpática para la opinión popular o no, la conclusión a la cual nuestro estudio de la Palabra inalterable de Dios nos ha conducido indica que el estándar por el cual los cristianos deberían vivir no se limita al Nuevo Testamento, sino que incluye la Ley de Dios revelada en el Antiguo Testamento. "La Escritura no puede ser quebrantada" (Juan 10:35),
 
Con Dios "no hay mudanza, ni sombra de variación" (Santiago 1:17). Nuestros estudios nos han llevado a la conclusión que los creyentes del Nuevo Testamento deben mantener una actitud pro-nomiana, en vez de anti-nomiana. Ellos han de procurar purgarse del razonamiento ético "autónomo" para abordar de una forma "teonómica" los problemas morales. Deberían suponer que los mandamientos revelados por Dios en el Antiguo Testamento definen el justo vivir tanto para ellos mismos como para su socicdad, teniendo cuidado de no "murmurar de la ley y juzgar a la ley" (Santiago 4:11). Los que enseñan que podemos quebrantar aun el más pequeño mandamiento de la Ley y los profetas será más pequeño en el Reino de Dios (Mateo 5:l9).
 
El enfoque teonómico y pro-nomiano que hemos aceptado en este libro para abordar las cuestiones normativas acerca de la vida Cristiana y la Ley del Antiguo Testamento Se pueden resumir convenientemente en las diez tesis siguientes:

1

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Desde la Caída, ha sido siempre ilícito utilizar la Ley de Dios con la esperanza de establecer el mérito propio y nuestra justificación personal, como substituto o como complementario a la salvación por medio de la promesa y la fe; el compromiso a la obediencia es sólo el estilo de vida de la fe, una muestra de gratitud por la gracia redentora de Dios.

2.

La Palabra del Señor es el único estándar, supremo, e  irritable para las acciones y actitudes de todos los hombres en todas las áreas de la vida; esta Palabra incluye naturalmente los directivos (la Ley) morales de Dios.

3.

Nuestra obligación de guardar la Ley de Dios no puede  ser juzgada por ningún principio exta-bíblico, tal como si sus requisitos específicos (correctamente interpretados) son congéniales a las tradiciones pasada; o a los sentimientos y prácticas modernas.

4.

Debemos suponer que las leyes permanente 1 del Antiguo Testamento siguen siendo moralmente válidas en el Nuevo Testamento, a no ser que sean rescindidas o modificadas por otra revelación.

 

1.
"Leyes permanentes" aquí se refiere a las directrices de una política aplicables en todo tiempo a clases de individuos (por ejemplo, no mataras; hijos, obedeced vuestros padres; comerciantes, tened medidas justas; magistrados, ajusticien a los violadores), a diferencia de las directrices particulares para un individuo (por ejemplo, la orden para que Samuel ungiese a David en un tiempo y lugar particular) o los mandamientos positivas para distintos incidente; (por ejemplo, In orden de Dios a Israel de exterminar ciertas tribus exterminar en un cierto momento en la historia).

5. Referente a la Ley del Antiguo Testamento, el Nuevo Pacto supera al Viejo Pacto en gloria, poder, y finalidad (reforzando así los deberes previos). El Nuevo Pacto también re-emplaza las sombras del Viejo Pacto, y así cambia la aplicación de los principios sacrifícales, de pureza, y "separación," redefiniendo al pueblo de Dios, y alterando el significado de la tierra prometida.

6.

Las leyes permanentes reveladas de Dios son un reflejo de Su carácter moral inmutable, y como tal, son absolutas en el sentido de que son no-arbitrarias, objetivas, universales, y establecidas con anterioridad a las circunstancias particulares (y por lo tanto aplicables a tipos generales de situaciones morales).

7.

La participación cristiano en la política demanda la aceptacion de la Ley trascendente, absoluta, revelada de Dios como un estándar con el cual juzgar todos los códigos sociales.

8.

Los magistrados civiles de todos las edades y lugares están obligados a comportarse en sus oficios como servidores de Dios, vengando la ira divina contra los criminales y dando cuenta de su servicio en el Día Final ante el Rey de reyes, su Creador y Juez.

9.

La continuidad general que asumimos con respeto a los  principios morales del Antiguo Testamento se aplica tan legítimamente a los asuntos de la ética socio-política como a la ética personal, familiar, o eclesiástica.

10.

Los preceptos civiles del Antiguo Testamento (las leyes  "judiciales" permanentes) son un estándar de justicia social perfecta para todas las culturas, aun en el castigo de los criminales.

 

Estas proposiciones destacan los elementos esenciales y las características distintivas de la posición elaborado en este libro. La verdad preciosa de la salvación sólo por la gracia (#1) es el contexto que permite obtener y comprender toda otra tesis. La ética "teonómica" se compromete a formular una Cosmovisión cristiana general (#2) según el principio regulador de sola Scriptura (#3 ) y la hermenéutica de la teología basada en el pacto (#4).   En contraste. la teología dispensacionalista sostiene que los mandamientos del  El nuevo y mejor pacto establecido por Cristo sí ofrece autorización bíblica para aceptar cambios en la administración de ese pacto (#5), pero ningún cambio en los principios morales, a no ser que la ética revelada divinamente sea reducida a un situacionalismo o relativismo - meramente una perspectiva tribal entre muchas otras en la historia evolucionaría de la ética (#6). La rectitud y la justicia, según la enseñanza bíblica, tiene un carácter universal, que impide un estándar múltiple de moralidad, Igualmente, la etica "teonómica" rechaza al positivismo legal y mantiene que hay también una "Ley por encima de la ley (civil)" a la cual se puede apelar tanto contra la tiranía de los gobernantes como contra la anarquía de los reformadores fanáticos (#7). En vista de que Jesucristo es Señor sobre todo (véase #2), los magistrados civiles son Sus siervos y deben obediencia a Sus estándares revelados para ellos (#8). No hay justificación bíblicamente basada (#4) para eximir a las autoridades civiles de su responsabilidad para con los principios universales de justicia (véase #6) hallados en la revelación del Antiguo Testamento (#3). Por lo tanto, en ausencia de una argumentación bíblicamente fundamentada que exima al magistrado civil de las normas sociales del Antiguo Testamento (véase #4, #5), concluimos de nuestras premisas previas que los gobernantes son moralmente responsables de obedecer los principios revelados de la justicia social en la Ley del Antiguo Testamento en el ejercicio de sus oficios (#10).

Viejo Pacto debería considerase abrogado a menos que se los repitan en el Nuevo Testamento. Vease Charles Ryrie, "The End of the Law," Bibliotheca Sacra, vol. 124 (1967) págs. 239-

 

 

A la luz de las tesis precedentes, la conclusión aquí propuesta no parece después de todo tan controversial. Es perfectamente razonable desde el punto de vista cristiano. Además, esa conclusión tiene muchísimo valor práctico en nuestra época. No es una coincidencia que los grandes problemas socio-políticos y criminales a fines del Siglo XX tengan que ver con asuntos sobre los que nuestra sociedad ha rechazado los preceptos específicos de la Ley de Dios. Se ha enseñado el humanismo en nuestras escuelas  y en los medios de comunicación; se lo ha puesto en práctica en la economía, la medicina, la política, y en nuestras cortes. Los resultados han sido un desastre social. Se trata la vida humana como si fuese insignificante. La pureza sexual es un concepto anticuado. La verdad y la honestidad no tienen casi lugar en el "mundillo verdadero" del comercio o la política. Los ofensores y los crímenes asiduos que se dejan sin castigar desmerecen el sistemade justicia penal. Se necesita desesperadamente una reforma penal.  En breve, el humanismo ha probado su ineficacia caso trascaso. ¿A dónde podemos recurrir en busca de la sabiduría sociopolítica que pueda contrarrestar eficazmente la degeneración y la desintegración de nuestra cultura? La única respuesta aceptable será recurrir a los preceptos de Dios para la justicia social, y estos se encuentran (en su mayoría) en los mandamientos al Israel del Antiguo Testamento como nación, una nación que enfrentaba los mismos problemas morales acera de la vida, el sexo, la propiedad, y la verdad que enfrentan todas las naciones, incluso la nuestra.

 

Los cristianos que afirman que nuestros principios éticos se limitan al Nuevo Testamento no pueden hacer frente con consistencia a la totalidad de los problemas morales de nuestros días. Preguntémosle si es inmoral en la actualidad tener relaciones sexuales con animales. Se horrorizarán al considerarlo, pero no encontrarán nada que lo prohíba en las Escrituras del Nuevo Testamento. A lo unas, podrán decir que la "fornición" es condenada, lo cual solamente apoya lo que negaban originalmente ― es decir, que la moralidad del Nuevo Testamento es idéntica con los principios del Antiguo Testamento (en tal caso la "fornicafición" se aplica a los mismos actos prohibidos en las dos dispensaciones).  3 Preguntémosle si es inmoral en la actualidad que una mujer se case con su padre. Es posible que digan sí, pero no encontrarán ese caso específico de incesto tratado en las Escrituras del Nuevo Testamento. Preguntémosle si la violación es un crimen castigable. Una vez mas, ninguna directriz neotestamentario la cubre. Preguntémosle lo que debiera ser el castigo justo para la violación. No hay respuesta neotestamentaria. Preguntémosle si pueden mostrar que el homicidio debiera ser un crimen capital hoy en día. Una vez mas ellos no encontrarán una respuesta neotestamentańa específica a la pregunta, a pesar de la realidad de que muchos creyentes conservadores asumen que la hay.
 
3. Véase el tratamiento de esta problema en "El Debate Bahnsen-Feingerg," un casette disponible de Covenant Tape Ministry (4155 San Marcos Lane, Reno, NV, USA 89507 [inglés]. El debate fue auspiciado por la Evangelical Theological Society en su reunión anual de 1981 en Toronto.
 
Es evidente que es fatal decir que uno apoya sólo la "ética del Nuevo Testamento," pero casi imposible mantener esa posición sistemática y consistentemente. En realidad, los cristianos descubren que no es una política factible, y se apartan de esa posición cuando les resulta conveniente o necesario hacerlo. Pero eso abre solamente la puerta a la arbitrariedad.
 
Este libro ha intentado suplir una solución sistemática, consistente y honesta para resolver la cuestión de si la Ley del Antiguo Testamento constituye un estándar para tomar decisiones morales en nuestra época y cómo lo hace.
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