28. AUTONOMIA Y ANTINOMIANISMO

SECCIÓN TERCERA: ANTAGONISMO

A LA LEY DE DIOS

28

AUTONOMIA Y ANTINOMIANISMO

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"Es posible que el razonamiento autónomo rechace nuestro apoyo n la Ley de Dios para la ética, pero la ética autónoma finalmente no tiene nada que ofrecer en su lugar."

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La perspectiva teológica que ha sido presentada en estos capítulos no es ha formulado o determinado por encuestas de la opinión popular, ni por el deseo de sintetizar la sabia variedad de actitudes humanas, o ni buscando una posición aceptable a la mayoría de los maestros bíblicos y los pastores evangélicos.

 

 

Nuestro propósito ha sido ser fiel a la plena amplitud de la revelación bíblica con respecto a la validez de la Ley de Dios en la ética de hoy; hemos intentado ser veraces con la Palabra de Dios y no con las tradiciones de los hombres. Si este esfuerzo ha alcanzado algún éxito— es decir, si en verdad hemos enseñado lo que las Escrituras enseñan acerca de los principios morales de Dios - entonces no nos asombraría que existiesen muchas otras posiciones en cuanto a la Ley de Dios o respecto a las normas éticas que se oponen a lo que aquí se ha proclamado. Abundan en la actualidad las teorías erróneas de la ética (en realidad siempre han abundado). Algunos son mas peligrosas que otras, desde luego, pero hasta cierto punto todas se apartan de lo que Dios dice acerca de Su Ley.

La Autonomía del Incrédulo
 
El antagonismo mas marcado a la Ley de Dios que encontramos será expresado naturalmente por los que no tienen fe en Cristo y que se rehúsan a someter su razonamiento y conducta a la Ley revelada de Dios. Los incrédulos en principio no intentan obedecer los mandamientos de Dios, y no tienen en principio la convicción de que ellos están bajo la obligación de la Ley de Dios. Sin embargo, los incrédulos nunca están sin presuposiciones, creencias, y actitudes éticas. Por lo tanto, el incrédulo razonable procurara formular una filosofía de la ética para sí mismo (si no para los demás), y su razonamiento ético se caracteriza como autónomo.

 

En palabra "autonomía" se deriva de dos palabras griegas: autos  (que significa "propio") y nomos (quien: decir "ley"). El funcionar autónomamente es llegar a ser una ley para si mismo. El filósofo autónomo presume que el puede definir el bien y el mal por Si mismo sin ayuda, según sus propios autosuficientes poderes de razonamiento. El no esta sujeto a la autoridad de otro (especialamente la de Dios) sino que cree que puede ejercer adecuadamente su propia autoridad en los asuntos morales. El incrédulo busca dejar a un lado la Ley de Dios para poder proclamar una ley propia en su lugar.
 

 

Romanos 1:18-32 y 2:l2-26 enseña que nadie que huya vivido alguna vez en la creación de Dios ha sido inconscientes de los principios de conducta del Creador. Todos los hombres, aun los que nunca han oído de la Biblia, impiden la verdad por medio de sus vidas injustas. Pero aunque es posible que ellos no hayan tenido el privilegio de recibir una revelación escrito de la ley de Dios (por ejemplo los "oráculos de Dios" dados a los judíos: véase 2:17, 27; 3:1-2), "cuando los gentiles que un tienen ley. . "muestran" . . . la obra de la Ley escrita en sus corazones" (2:14-15).

 

En su ser mas interior todos conocen los requisitos de la Ley, pero procuran escaparse de ese conocimiento condenador y construir para sÍ teorías sustitutivas de la ética. "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios" (1a a los Corintios2:l4), y a la verdad la mente controlada por la naturaleza pecaminosa "no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede" hacerle (Romanos 8:7), Por naturaleza el incrédulo debe oponerse al concepto de la Ley de Dios que este libro fomenta. Como su padre Adán, los incrédulos procuran "ser como Dios," determinando para sí mismos lo que será el bien y el mal - dejando a un lado la revelación auto-atestiguadora en la naturaleza y la Escritura, y emprendiendo el camino de la rebelión pecaminosa hacia la destrucción de la ética.

 

Platón y Sartre Platón enseñaba que la ética es independiente de la religión, porque la forma (o idea esencial) de lo bueno y la piedad existe aparte del pensamiento de los dioses, que aprueban las acciones escudriñando los principios absolutos, inmutables del bien y la piedad que están por encima de ellos mismos. Tal perspectiva rescató la teoría ética, pensaba Platón, tanto del relativismo escéptico (en vista de que la forma del bien era inmutable y absoluta, no dependiente de la fluctuante experiencia u opinión humana) como de la religión dogmática (ya que el bien o la piedad no recibían su carácter de lo que los dioses decían acerca de ellos). Pero al asegurar la autoridad absoluta de la ética de esta manera, Platón simultáneamente perdió la relevancia ética, porque ¿cómo puede saber el hombre que vive en medio de la inconstancia de la historia cuál es el estándar absoluto del bien requerido para la experiencia cotidiana? Nunca encontramos la forma inmutable del bien en nuestra experiencia normal y siendo así no podemos conocerlo por medio de la observación (especialmente su aplicación concreta a los problemas morales particulares). Platón tenía un bien celestial que carecía valor terrenal.

 

Él decía que los hombres podían conocer "el bien" por la intuición racional; pero eso sólo sumerge la ética en el relativismo caótico una vez que nos damos cuenta que los hombres difieren radicalmente en lo que ellos "intuyen" como el bien o el mal.

 

La filosofía existencial de Jean-Pablo Sartre es bastante incompatible en muchas maneras con el platonismo antiguo. Sin embargo, tanto Sartre como Platón procuraron libertar la ética de los dictámenes de la religión dogmática. El punto de partida de Sartre era la no-existenciade Dios, de la cual él infería que no hay principio fijo alguno. El hombre es totalmente libre para determinar por sí mismo lo que constituye el bien y el mal. No hay ninguna idea esencial del bien que preceda sus decisiones y las enjuicie. Cualesquiera que sean los principios que nos formemos en la vida, los debemos elegir y definir libremente por nosotros mismos. A diferencia del platonismo, el existencialismo fase que la ética sea muy relevante, lejos de ser inalcanzable, el estándar del bien y el mal es inmediatamente accesible al individuo; ¡esta completamente bajo su control! Él puede saber fácilmente que hacer en situaciones éticas particulares, porque el decide por sí sólo lo que es bueno y lo que es malo en cada caso. Desde luego esta relevancia se compra a un precio altísimo, el de perder una autoridad absoluta en la ética. Para Sartre cada elección hecha por el hombre es absurda, pero cada elección (suponiendo que era genuinamente una elección libre) es justificable. No hay elecciones buenas y malas, sólo elecciones. Lo que un individuo elige como bueno en una situación específica no gobierna lo que otro individuo debe ver como bueno en una situación similar.

 

Todos "hacen lo que es bueno ante sus propios ojos," y consecuen temente no hay un estándar de conducta universal, obligatoria que pueda guiar y corregir nuestra vida.
 
Platón tenía absolutos éticos sin aplicaciones relevantes. Sartre tiene aplicaciones relevantes sin un absoluto ético. Los dos problemas - que destruyen la ética cada cual a su manera ― brotan de un rechazo de la revelación divina de la Ley de Dios para la conducta humana. En comparación. la ética cristiana tiene autoridad absoluta, estando basada en la revelación de la voluntad del Señor, También tiene relevancia, porque lo que dice el Dios omnisciente y todopoderoso es específicamente relevante para nuestras vidas y problemas diarios; Dios ha revelado claramente los estándares inmutables para los aspectos aun mas específicos de la vida. Es posible que el razonamiento autónomo rechace nuestro apoyo ala Ley de Dios para la ćtica, pero la ética autónoma finalmente no tiene nada que ofrecer en su lugar. La autonomía produce la muerte de todo estándar ético pertinente.
 
Las Variedades del Anti-nomianismo Los antagonistas de la Ley de Dios en la ética cristiana no se limitan al mundo del pensamiento incrédulo, y por eso debemos continuar nuestra reexaminación del antagonismo a la perspectiva propuesta en estés estudios.
 
Muchos creyentes rechazan de la  misma manera la idea de que la Ley de Dios es actualmente normativa para la ética. Repudian de una manera u otra, en un grado u otro, y por una razón u otra, la autoridad obligatoria de los mandamientos revelados de Dios. Los que hacen esto son conocidos generalmente como los "antinonmianos" porque ellos están en contr ("anti-") la ley ("nomos"), aunque debemos reconocer cuidadosamente que hay una variedad de actitudes diferentes (no todos comparten los mismos problemas) que caben bajo este rótulo. Necesitamos hacer distinciones.

 

El antinomianismo disoluto - la forma mas seria del aminomianismo — mantiene que en vista de que hemos sido salvados por la gracia, aparte de las obras de la Ley, nos hemos libertado de la necesidad de observar todo código moral de cualquier clase.

 

Las leyes o reglas no tienen ningún lugar en la vida del cristiano, y en ese grado, en principio, la puerta está abierta a una licencia completa respecto a como vive el creyente. Tal pensamiento no armoniza con la enseñanza del Nuevo Testamento. Pablo no sólo insistía que la salvación no era por obras, el también continuó diciendo que la salvación es con el objeto de hacer buenas obras (Efesios 2:8-l0). Él reconoció que la gracia de Dios nos instruye a vivir justamente en este mundo (Tito 2:11—12). Juan directamente dijo, "el pecado es infracción de la ley" (1a de Juan 3:4).

 

El antinomianismo espiritual
admite que el cristiano necesita  dirección para vivir santamente como Dios lo quiere, pero niega que tal dirección venga de un código escrito (o verbalmente definido). Mas bien la dirección ética se encuentra en los impulsos interiores del Espíritu Santo. Por eso, esta posición está en contra de la insistencia en la normatividad de la Ley revelada de Dios, y considera que tal insistencia sofoca la obra espontánea del Espíritu dentro de nosotros. Sin sorpresa, tal pensamiento lleva rápidamente al subjetivismo en la ética cristiana, en el que cada  hombre hace lo que piensa que "el Espíritu" le ha impulsado a hacer — a pesar de la realidad que tal cosa este en conflicto um lu g que el Espíritu ha impulsado a otros hacer y (peor aún) con lo que el Espíritu ha revelado una vez para siempre en las Escrituras.

 

La Biblia nos enseña que el Espíritu obra por medio de la palabra, no hablando o dirigiendo de Sí Mismo (Juan 16:13-15). El Espíritu trabaja cumpliendo la Ley en nosotros (Romanos 8:4-9). La habitación del Espíritu en los creyentes trae obediencia a los mandamientos de Dios (1a de Juan 3:24).

 

El antinomionismo dispensacional 
otorga fácilmente que Dios  ha revelado principios para la vida (contrario al antinomianismo disoluto), y los ha revelado en forma escrita para ser guardados (contraria al antinomianismo espiritual ). Sin embargo, se opone a la Ley de Dios del Antiguo Testamento como la norma de conducta cristiana para hoy. Esta forma de antinomianismo se llama "dispensacional" porque se opone a la Ley de la dispensación previa (la Ley del Viejo Pacto de Moisés); enseña que los cristianos en la actualidad debieran gobernar sus vidas por los mandamientos de la nueva dispensacion (el Nuevo Pacto).

 

Tal perspectiva sugiere algunas consecuencias teológicas totalmente inaceptables; por ejemplo, que el carácter santo de Dios no se refleja en la Ley, o que Su carácter ha cambiado (conque la Ley ha cambiado). Además, esta perspectiva no concuerda en absoluto con la práctica general de los escritores del Nuevo Testamento que cuentan sin pedir excusas con la autoridad presumida de los mandamientos del Antiguo Testamento. Una vez mas, tenemos el respaldo explícito de la Ley del Antiguo Testamento en las declaraciones como Mateo 5:19, "cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos," o en 2a a Timoteo 3:16-17. Santiago 2:10, etc.

 

Uno se pregunta también acerca de las normas éticas del Antiguo Testamento las cuales el Nuevo Testamento no tuvo ninguna ocasión de repetir; ¿ya no son definitivas para el bien y el mal (por ejemplo, la prohibición de la bestialidad)? Sin embargo, la dificultad mas obvia con el antinomianismo díspensacional es que no hace justicia a los términos mismos del Nuevo Pacto que busca exaltar. Según la Palabra de Dios, el Nuevo Pacto sígnificaría, no la sustitución de la Ley de Dios o su abrogación, sino su fortalecimiento espiritual dentro de nosotros. Este es el Nuevo Pacto: "Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón" (Jeremías 31:33) — un una Ley nueva, sino "mi Ley," la bien conocida Ley revelada y conocido por Moisés y los otros escritores del Antiguo Testamento.

 

Finalmente, podemos mencionar el antinomionismo latente como una marca incipiente de oposición a la Ley de Dios. Los anti nomianos latentes no son explícitamente antagonistas a la Ley; mas bien ellos apoyarían ampliamente los mandamientos del Antiguo Testamento. Pero tratarían de seleccionar arbitrariamente de la colección de leyes que se encuentran en el Antiguo Testamento, aceptando algunas y rechazando otras como vigentes hoy en dia no en base de la enseñanza reveladas. El antinomiano latente se opone a algunas leyes en el Antiguo Testamento, pero no tiene ninguna autorización bíblica para ofrecer explicación por su rechazo a ellas. Esto no es un rechazo directo de la categoría de la Ley, ni de la Ley escrita, ni de la Ley del Antiguo Testamento. Sólo es incipientemente antinomíano porque en su corazón se opone a la autoridad vigente de ciertos mandamientos del Antiguo Testamento sobre fundamentos no-bíblicos; si el principio de esta práctica se llevase a cabo consistente y autoconscientement, resultará en un antinomianismo genuino.

 

Los antinomianos latentes
usualmente quieren tener la Ley  del Antiguo Testamento, pero un ciertas categorías de ella (por ej., civil) o no sus detalles plenos (por ejemplo, las leyes de juicio o las sanciones penales). Si los que piensan de esta manera pudiesen ofrecer alguna justificación bíblica con el intento de dejar estas porciones de la Ley a un lado, entonces podrían estar equivocados teológicamente, pero no serían latentemente antinomianos. Es la falta de dejar que la Palabra de Dios sea la que gobierne cuáles leyes aceptamos como obligatorias y cuáles debemos ver como puestas a un lado lo que hace esta posición latentemente antinomiana. Jesús dijo que el hombre vivirá de todo palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). No podemos sustraer de la Ley de Dios sin Su autorización (Deuteronomio 4:2).

 

A diferencia de la actitud incrédula de autonomía, estos estudios han promovido la teonomia (La Ley de Dios). En vez de ser antinomiano (ya sea disolutas, espiritual, dispensacionalista, o latente), este; trabajo ha tomado una postura pronomiana. En la ética presumimos que la Ley de Dios del Antiguo Testamento permanece normativa para la conducta hasta que el Dador de la Ley lo revele de otra manera. La auto—ley y oposición a la Ley de Dios son incompatibles con la teoría y la práctica de una ética genuina.

 

 
 
 
                                      
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