26. LA SUBORDINACIÓN DE CRISTO

Capitulo 26 LA SUBORDINACIÓN DE CRISTO

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

 

26 LA SUBORDINACIÓN DE CRISTO

 

¿Qué es un subordinado? En nuestro idioma resulta claro que ser un subordinado de alguien es estar "bajo" la autoridad de esa persona. Un subordinado no es un igual; un subordinado no goza de la misma jerarquía que su superior o superiora. El prefijo sub - significa "bajo" y super - significa "sobre" o "encima".

 

Cuando hablamos de la subordinación de Cristo debemos hacerlo con mucho cuidado. Nuestra cultura equipara la subordinación con la desigualdad. Pero en la Trinidad todos los miembros son iguales en naturaleza, en honor yen gloria. Los tres miembros son eternos, preexistentes; participan de todos los aspectos y los atributos de la Deidad.

 

En el plan de Dios para la redención, sin embargo, el voluntariamente asume un papel subordinado al Padre. Es el Padre quien envía al Hijo al mundo. El Hijo en obediencia viene a este mundo para hacer la voluntad del Padre. Debemos tener mucho cuidado y tomar nota, sin embargo, que no se trata de una obediencia forzada. Como son iguales en gloria, el Padre el son de una misma voluntad. El Padre desea la redención tan te como la desea el Hijo. El Hijo está ansioso por cumplir la obra de la salvación, tanto como el Padre está ansioso de que Élla cumpla. Jesús declaró que lo consumía el celo por la casa de su Padre ( Mat. 2:17) y que su comida y bebida era hacer la voluntad del Padre.

 

Por último, debemos señalar que la subordinación y la obediencia de Cristo no fue únicamente en el sufrimiento. El incluyó todos los aspectos de la obra de Cristo por nosotros y la glorificación final de Cristo. La Confesión de Westminster recoge la interrelación entre el propósito del Padre y la obra de Cristo:

 

Le complació a Dios, en su eterno propósito, el elegir y ordenar al Señor Jesús, su Unigénito Hijo, para ser el Mediador entre Dios y el hombre, el Profeta, el Sacerdote y el Rey, la Cabeza y el Salvador de Su Iglesia, el heredero de todas las cosas, y el Juez del mundo; a quien le dio desde la eternidad un pueblo, para que fuera su semilla, y para que en el tiempo Él lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara.

 

Al someterse a sí mismo a la perfecta voluntad de su Padre, Jesús hizo lo que nosotros no estábamos dispuestos a hacer, ni éramos capaces de hacer, por nosotros mismos. Obedeció la ley de Dios de manera perfecta. En su bautismo Cristo le dijo a Juan: "Porque así conviene que cumplamos toda justicia" (Mat. 3:15). Toda la vida y el ministerio de Jesús demuestran esta perfecta obediencia.

 

Al obedecer la ley de manera perfecta, Jesús logró dos cosas importantes. Por un lado, cumplió con los requisitos para ser nuestro Redentor, el Cordero sin mancha. Si Jesús hubiese pecado, no podría haber expiado sus propios pecados, mucho menos los nuestros. Por otro lado, su perfecta obediencia le mereció la recompensa prometida por Dios a todos quienes guardan su pacto. Mereció las recompensas del cielo que ahora las ha entregado a nosotros. Como el Subordinado, salvó a un pueblo que se había insubordinado.

 

 

EL PADRE = EL HIJO

Iguales en el ser y en los atributos eternos

 

EL PADRE

 

El Hijo subordinado en la economía de la redención

 

EL HIJO

 

 

 

Resumen

 

1. Aunque Cristo es igual al Padre en términos de su naturaleza divina, está subordinado al padre en su papel en la redención.

2. La subordinación no implica ser "inferior".

3. La subordinación de Cristo es voluntaria.

4. La perfecta obediencia de Cristo hizo que cumpliera los requisitos para llevar el pecado de su pueblo y ganarse las recompensas del cielo prometidas a los redimidos.

 

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

 

Jn. 4:34

Jn. 5:30

Phil. 2:5-8

Heb. 5:8-10

Heb. 10:5-10

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