88. LA ORACIÓN

Capitulo 88 LA ORACIÓN

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

 

88 LA ORACIÓN

 

Podemos hablar con Dios. Él nos habla verbalmente en su Palabra y de manera no verbal a través de su providencia. Nos comunicamos con él por medio de la oración. Charles Hodge declaró que "la oración es la conversación del alma con Dios". En la oración y por medio de la oración expresamos nuestra reverencia y adoración a Dios; desnudamos nuestras almas en confesión contrita ante Él; derramamos nuestro agradecimiento de corazón; y le ofrecemos nuestras peticiones y nuestras súplicas.

 

En la oración experimentamos a Dios como un ser personal y poderoso. Él nos escucha y actúa en respuesta a nuestra oración. La Escritura nos enseña la previa disposición soberana de Dios y la eficacia de la oración. Estas dos cosas no son inconsistentes entre sí, porque Dios ordena los medios así como los fines de sus propósitos divinos. La oración es el medio que Dios utiliza para hacer que su soberana voluntad se cumpla.

 

La oración debe ser dirigida a Dios, y únicamente a Dios, ya sea a Dios como la Trinidad o a las personas que conforman la Divinidad. Orar a cualquier criatura es idolatría.

 

La oración para ser apropiada tiene varios requisitos. El primer requisito es que debemos acercarnos a Dios con sinceridad. Las frases huecas y falsas son una burla. Dichas oraciones, en lugar de ser un ejercicio de religión piadosa, son una ofensa delante de Dios.

 

El segundo requisito es que debemos acércanos a Dios con reverencia. Al orar debemos tener siempre presente a quién le estamos hablando. Hablar con Dios de manera desenvuelta, casual, o petulante, como podríamos hablar con nuestros amigos terrenales, es tratarlo con la impertinencia de lo familiar. De la misma manera que las personas rinden homenaje a un rey entrando en su presencia con el debido respeto y deferencia, así también debemos presentarnos delante de Dios, reconociendo plenamente su suprema majestad.

 

El tercer requisito, un corolario de los anteriores, es que debemos acercarnos a Dios en humildad. No alcanza con recordar quién es Él, sino que también debemos recordar quiénes y qué somos nosotros. Somos sus hijos adoptivos.

 

Somos también criaturas pecaminosas. Él nos invita a venir a su presencia sin temor, pero también sin arrogancia.

 

Dios nos instruye a ser diligentes y fervientes en nuestras peticiones. Al mismo tiempo, debemos venir en sumisión voluntaria. Decir "Hágase tu voluntad" no es una indicación de falta de fe. La fe que traemos cuando oramos debe incluir nuestra confianza en que Dios nos puede escuchar y que Él está dispuesto a respondernos. Sin embargo, cuando Dios se niega a cumplir nuestra peticiones, esta fe también debe confiar en su sabiduría. Quienes se acercan a Él con alguna petición deben dar por sentado la sabiduría y la benevolencia de Dios, siempre y en todo lugar.

 

Oramos en el nombre de Jesús porque así estamos reconociendo su oficio como Mediador. Al ser nuestro Sumo Sacerdote, Cristo es nuestro intercesor, así como el Espíritu Santo es nuestro ayudador en la oración.

 

Una herramienta muy útil para aprender a orar es el acróstico C-A-S-A. Cada una de las letras indica un elemento vital de la oración.

 

C=Confesión

A=Adoración

S=Súplica

A=Agradecimiento

 

Si seguimos este acróstico bien sencillo estaremos seguros de haber incluido todos los elementos apropiados a la oración.

 

Resumen

l. La oración es estar en comunión con Dios.

2. La oración debe estar dirigida únicamente a Dios.

3. La oración debe ser sincera, con reverencia y en humildad.

4. Se nos manda a ser fervientes y perseverantes en la oración.

5. La oración con fe es una oración que confía en la sabiduría y la bondad de Dios.

6. El acróstico C-A-S-A es una ayuda para la oración.

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 5:1-3

Jn. 14:13-14

Rom. 8:26-27

Phil. 4:6-7

1 Jn. 5:14-15

 

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