70. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

Capitulo 70 LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

 

70 LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

 

La mayoría de nosotros conocemos a personas que han hecho una profesión de fe en Cristo y que hasta posiblemente han realizado un potente despliegue de fe, involucrándose activamente en la vida y el ministerio de la iglesia, para luego repudiar esa fe y abandonarla. Este tipo de experiencia siempre hace que surja la pregunta: ¿Acaso puede una persona que experimentó la salvación perderla? ¿Constituye la apostasía un peligro claro y actual para el creyente?

 

La Iglesia Romana Católica nos enseña que las personas pueden y de hecho pierden la salvación. Si una persona comete un pecado mortal, dicho pecado mata la gracia de la justificación que habita en su alma. Si muere antes de ser restaurada a un estado de gracia por medio del sacramento de la penitencia, irá al infierno.

 

Existen muchos protestantes que también creen que es posible perder la salvación. Las advertencias del capítulo 6 de Hebreos y la preocupación de Pablo con respecto a ser "eliminados" (1 Cor. 9:27), así como los ejemplos del Rey Saúl y de otros, han conducido a muchas personas a concluir que las personas pueden caer completa e irreparablemente de la gracia. Por otro lado, la teología de la Reforma enseña la doctrina de la perseverancia de los santos. Esta doctrina también es conocida como "la de la seguridad eterna". En esencia esta doctrina enseña que si uno tiene la fe salvífica nunca la podrá perder, y si se pierde es que nunca se tuvo. Como escribe Juan: "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros (1 Jn. 2: 19).

 

Sabemos que es posible para algunas personas enamorarse de determinados elementos del cristianismo sin aceptar a Cristo mismo. Es posible que un joven se sienta atraído por la diversión y el estímulo de un grupo juvenil que tiene un programa interesante. La persona puede "convertirse" al programa sin convertirse a Cristo. Dicha persona puede ser como la ilustrada en la parábola del sembrador:

 

El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno (Lk. 8:5-8).

 

Esta parábola puede ser que se refiera a quienes en un principio creyeron, pero luego se apartaron, o puede significar que quienes "creyeron" tenían una fe falsa o espuria, como sostiene la teología de la Reforma. Solamente la semilla que cae en la buena tierra puede dar el fruto de la obediencia. Jesús nos dice que estas personas que escuchan su palabra "son las de corazón bueno y recto" (Lk. 8: 15). Su fe procede de un corazón verdaderamente regenerado.

 

La doctrina de la perseverancia no se basa en nuestra capacidad para perseverar, ni siquiera si somos regenerados, sino que se apoya en la promesa que Dios ha hecho de preservarnos. Pablo, escribiendo a los Filipenses, dice: "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Phil. 1:6). Es por gracia y únicamente por gracia que los cristianos perseveran. Dios acabará la obra que comenzó. Se asegurará que sllS propósitos en la elección no se vean frustrados.

 

La cadena de oro de Romanos 8 nos da un testimonio adicional sobre esta esperanza: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó" (Rom. 8:30). Y luego continúa para declarar que "ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom. 8:39).

 

Tenemos esta seguridad porque la salvación es del Señor y somos hechura suya. Él le da el Espíritu Santo a todos los creyentes como una promesa que ha de completar lo que comenzó. También ha sellado a cada creyente con el Espíritu Santo. Nos ha marcado con una marca indeleble y nos ha dado su persona como primer depósito, lo que garantiza que cumplirá con la transacción.

 

La base principal de esta confianza la encontramos en la obra de Cristo como Sumo Sacerdote, que intercede por nosotros. De La perseverancia de los santos la misma manera que Jesús oró por la restauración de Pedro (pero no por la de Judas), así ora por nuestra restauración cuando tropezamos y caemos. Podemos caer durante un período, pero nunca caeremos del todo e irreparablemente. Jesús oró en el aposento alto: "Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese" (Jn. 17:12). Solo Judas se perdió, porque era el hijo de perdición desde el principio, y su profesión de fe había sido espuria. Aquellos que verdaderamente son creyentes no pueden ser arrebatados de la mano de Dios (Jn. 10:27-30).

 

Resumen

 

1. Muchas personas realizan una profesión de fe en Cristo y luego lo repudian.

2. La perseverancia de los santos se basa en las promesas de Dios para preservar a los santos.

3. Dios completará la salvación de los escogidos.

4. La teología de la Reforma enseña que las personas que se apartan de la fe nunca fueron realmente creyentes.

5. Tenemos confianza en nuestra salvación porgue hemos sido sellados con el Espíritu Santo. Dios nos ha dado su palabra en el Espíritu Santo para que nuestra salvación se complete.

6. La intercesión de Cristo es para nuestra preservación.

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

 

Jn. 6:35-40

Rom. 8:31-39

Phil. 1:6

2 Tim. 2:14-19

Heb. 9:11-15

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