61. LA EXPIACIÓN

Capitulo 61 LA EXPIACIÓN

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

 

61 LA EXPIACIÓN

 

El Pablo declaró que él se había propuesto no saber nada excepto a Cristo y a Cristo crucificado. Esta era la forma que el apóstol tenía para resaltar la importancia extrema que tiene la Cruz en el cristianismo. La doctrina de la expiación es central para cualquier doctrina cristiana. Lutero dijo que el cristianismo era una teología de la Cruz. La figura de la cruz es el universal del cristianismo. El concepto de expiación se remonta  al Antiguo Testamento cuando Dios construyó un sistema por el cual el pueblo de Israel podía expiar sus pecados. Expiar reparar, corregir lo que está mal.

 

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento bien en claro que todos los seres humanos son pecadores. Como nuestros pecados han sido contra un Dios santo e infinito que ni siquiera puede contemplar el pecado, la expiación es necesaria para poder restablecer la comunión con Dios. Como el pecado alcanza hasta nuestras mejores obras, somos incapaces de realizar un sacrificio suficientemente bueno. Incluso nuestros sacrificios estarían manchados y requerirían otro sacrificio adicional para cubrir dicha mancha, ad infinitum. No tenernos ningún don que sea lo suficientemente valioso, obra que sea lo suficientemente justa, para poder expiar nuestros propios pecados. Somos deudores que no podemos pagar nuestras deudas.

 

Al recibir la ira del Padre sobre la cruz, Cristo fue capaz de realizar la expiación por su pueblo. Cristo llevó, o cargó, el causo por el pecado de los seres humanos. Él los expió al aceptar el castigo justo que dichos pecados merecían. El pacto del Antiguo Testamento pronunciaba una maldición sobre cualquier persona que quebrantara la ley de Dios. Sobre la cruz, Jesús no solo tomó esa maldición sobre sí mismo, sino que fue "hecho por nosotros maldición" (Gal. 3:13). Fue desamparado por el Padre y experimentó toda la fuerza del infierno sobre la cruz.

 

El cristianismo ortodoxo ha insistido en que la expiación conlleva la sustitución y la satisfacción. Al llevar la maldición de Dios sobre sí mismo, Jesús satisfizo las demandas de la santa justicia de Dios. Recibió la ira de Dios por nosotros, salvándonos así de la ira venidera (1 Thes. 1:10).

 

Hay una frase en la Biblia que resulta clave con relación a la expiación: "en nuestro lugar". Jesús no murió por sí mismo, sino que murió por nosotros. Fue un sufrimiento vicario; Él fue nuestro sustituto. Tomó nuestro lugar al desempeñar el papel del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

Conviene notar que aunque la ira de Dios es real, la expiación que Cristo hizo no significa que el Hijo estuviese obrando en contra de la voluntad del Padre. No implica que Cristo estuviese arrebatando a su pueblo de las manos del Padre. El Hijo no convenció al Padre para que salvara a las personas que el Padre no deseaba salvar. Por el contrario, la salvación de los escogidos era la voluntad del Padre y del Hijo, y juntos trabajaron para que se cumpliese. Como escribió el apóstol Pablo: "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" (2 Cor. 5:19).

 

Resumen

 

l. La expiación implica un pago para reparar una deuda.

2. Los seres humanos no son capaces de expiar sus propios pecados.

3. La perfección de Jesús lo calificó para realizar la expiación.

4. Cristo llevó la maldición del Antiguo Pacto.

5. La expiación de Cristo fue una obra de sustitución y una obra de satisfacción.

6. El Padre y el Hijo trabajaron en armonía para lograr nuestra reconciliación.

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

 

Rom. 3:21-28

Rom. 3:17-19

Eph.1:7

Phil. 3:8-9

Titus 3:1-7

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