37. LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO

Capitulo 37 LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

 

Parte V  El Espíritu Santo

 

37 LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO

 

En la liturgia de la iglesia solemos escuchar la palabras "En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". Esta expresión es una fórmula trinitaria que le asigna la deidad a las tres personas de la Divinidad.

 

De manera similar entonamos el Gloria:

 

Gloria sea al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como fue en el principio, y es ahora, y siempre será, por siempre. Amén.

 

Esta himno le asigna la gloria eterna a las tres personas de la Trinidad. Se le asigna la gloria eterna al Espíritu Santo, junto con el Padre y el Hijo.

 

Mientras que la deidad de Cristo ha sido tema de debate por siglos, y este debate todavía continúa en la actualidad, la deidad del Espíritu Santo es generalmente aceptada en la iglesia. Posiblemente la razón por la cual la deidad del Espíritu Santo no ha sido tan controvertida es porque el Espíritu nunca tomó forma humana.

 

La Biblia claramente representa al Espíritu Santo como poseyendo los atributos divinos y ejerciendo la autoridad divina. Desde el siglo cuarto, casi todos los que concuerdan con el hecho de que el Espíritu es una persona también concuerdan con que es divino.

 

En el Antiguo Testamento lo que se nos dice de Dios también es dicho sobre el Espíritu de Dios. Las expresiones "Dios dijo" y "el Espíritu dijo" son utilizadas indistintamente repetidas veces. En el Nuevo Testamento este esquema continúa, y posiblemente el pasaje con más fuerza en este sentido sea el que encontramos en Hechos - Acts 5:3-4, donde Pedro dice: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeseis del precio de la heredad? .. No has mentido a los hombres, sino a Dios". Para decirlo lisa y llanamente, mentir al Espíritu Santo es mentirle a Dios mismo.

 

La Escritura también le asigna atributos divinos al Espíritu Santo. Pablo escribe sobre la omnisciencia del Espíritu en 1 Cor. 2:10-11, "El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios". El salmista atestigua sobre la omnipresencia del Espíritu en el Ps. 139:7-8: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Ya dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás". El Espíritu también trabaja en la creación, moviéndose sobre la faz de las aguas (Gen. 1:1-2).

 

Como conclusión final sobre la deidad del Espíritu Santo tenemos la bendición de Pablo en su segunda carta a los Corintios, "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén" (2 Cor. 13:14).

 

Resumen

1. La liturgia de la iglesia le atribuye la deidad al Espíritu Santo.

2. El Antiguo Testamento le asigna los atributos y la autoridad divina al Espíritu Santo.

3. El Nuevo Testamento le asigna los atributos divinos al Espíritu Santo.

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

Gen 1:1-2

Acts 5:3-4

Rom. 8:9-17

1 Cor. 6:19-20

Eph. 2:19-22

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