28. LA NO PECAMINOSIDAD DE CRISTO

Capitulo 28 LA NO PECAMINOSIDAD DE CRISTO

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

 

28 LA NO PECAMINOSIDAD DE CRISTO

 

Cuando nos referimos a la no pecaminosidad de Cristo por lo general estamos haciendo referencia a su humanidad. Sería del todo innecesario afirmar la no pecaminosidad de la deidad de Cristo, ya que la deidad, por definición, no puede pecar ni peca. La doctrina sobre la no pecaminosidad de Cristo nunca ha sido campo de controversia fundamental. Ni siquiera los herejes más recalcitrantes de la historia la han negado.

 

La no pecaminosidad de Cristo no nos sirve solamente de ejemplo. Es fundamental y necesaria para nuestra salvación. Si Cristo no hubiese sido el "cordero sin mancha" no podría haber asegurado la salvación de nadie, y además tendría que haber necesitado un salvador para Él mismo. Los múltiples pecados que Cristo cargó en la cruz requerían un sacrificio perfecto. Ese sacrificio debería ser hecho por uno que no tenía pecado.

 

La no pecaminosidad de Cristo puede considerarse desde un punto de vista positivo y otro negativo. Negativamente, Cristo estaba completamente libre de cualquier trasgresión. No quebrantó nada de lo establecido en la santa ley de Dios. Obedeció escrupulosamente todo lo que Dios ordenó. A pesar de su no pecaminosidad, Cristo igualmente obedeció la ley judía, sometiéndose a la circuncisión, al bautismo, y posiblemente hasta al sistema de sacrificios. Positivamente, Cristo estaba ansioso por obedecer la ley; estaba comprometido en cumplir la voluntad de su Padre. De Cristo se nos dice que lo consumía el celo por la casa de su Padre (Jn. 2:17) y que su comida era hacer la voluntad de su Padre (Jn. 4:34).

 

Una dificultad relacionada con la no pecaminosidad de Cristo está relacionada con el versículo de Heb. 4: 15: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado". Si Cristo fue tentado según nuestra semejanza, ¿cómo podría ser sin pecado? El problema se torna mayor aún cuando leemos James 1:14-15, "sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte".

 

 

Santiago nos describe un tipo de tentación que surge de los deseos pecaminosos que existen dentro nuestro. Estos deseos ya son pecaminosos por naturaleza. Si Jesús fue tentado del mismo modo que somos tentados nosotros, esto parece estar sugiriendo que tenía deseos pecaminosos. Sin embargo, es precisamente hacia este asunto donde apunta el calificativo "pero sin pecado" del libro de Hebreos. Jesús tenía deseos. Pero no tenía ningún deseo pecaminoso. Cuando fue tentado por Satanás el asalto vino del exterior. Fue una tentación externa. Satanás trató de seducir a Jesús para que comiera durante su ayuno. Sin duda que Jesús tenía hambre físicamente, que deseaba comer. Pero no hay ningún pecado en tener hambre. Jesús deseaba comer; pero Jesús estaba comprometido a obedecer la voluntad de su Padre. No tenía ningún deseo de pecar.

 

Fue la no pecaminosidad de Jesús lo que lo habilitó para ser el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Sin embargo, nuestra salvación requiere dos aspectos para la redención. No solo fue necesario que Jesús fuese nuestro sustituto y que recibiera el castigo que merecían nuestros pecados; también tuvo que cumplir con toda la ley de Dios de manera perfecta para asegurar el mérito que nos era necesario para recibir las bendiciones del pacto de Dios. Jesús no solo murió como lo perfecto por lo imperfecto, lo que era sin pecado por lo que era pecaminoso, sino que vivió la vida de perfecta obediencia exigida para nuestra salvación.

 

Resumen

 

1. La no pecaminosidad de Cristo es necesaria para nuestra salvación.

2. Jesús hizo la expiación como el Cordero sin mancha.

3. Cristo no fue tentado por sus deseos pecaminosos.

4. Jesús, por su perfecta obediencia, cumplió con la justicia (el mérito) que requeríamos para ser salvos.

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

 

Mat. 3:15

Rom. 5:18-21

2 Cor. 5:21

Heb. 7:26

1 Pet. 3:18

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