100. LA VISIÓN BEATÍFICA

Capitulo 100 LA VISIÓN BEATÍFICA

 

LAS GRANDE DOCTRINAS DE LA BIBLIA

por R. C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

100 LA VISIÓN BEATÍFICA

 

Hay un cuento sobre un pequeño niño que luchaba con la idea de Dios que estaba aprendiendo de sus padres. Lo que le molestaba más era que se le decía que Dios era invisible. ¿Cómo podía adorar y servir a un Dios que no podía ver? Ya era conciente de la máxima "Ojo que no ve, corazón que no siente". Frustrado por la teología de un Dios invisible, exclamó: "¡Quiero un Dios que tenga piel!"

 

Es probable que el deseo de un Dios que tenga piel sea uno de los factores que impulsa a la humanidad a adorar a los ídolos. Los ídolos de piedra o de madera, aunque son sordos y mudos y sin ningún poder para ayudarnos, al menos son visibles. Son un sustituto diseñado para satisfacer el anhelo de nuestros ojos por la majestad de Dios.

 

Pablo escribió que la humanidad es culpable de cambiar "la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible" (Rom. 1:23), y de cambiar "la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén" (Rom. 1:25).

 

Hasta los discípulos expresaron un deseo de ver el rostro de Dios directamente. También ellos estaban sufriendo por la invisibilidad elusiva de Dios. Cuando Jesús se encontró con sus discípulos para la Última Cena en el aposento alto, Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y nos basta" (Jn. 14:8). Felipe habló por cada creyente. Podríamos lograr nuestra satisfacción con un atisbo del rostro descubierto de Dios. Verlo en su esplendor santo ya sería suficiente. Satisfacerla nuestra alma y calmaría nuestro espíritu atribulado.

 

Si Jesús alguna vez expresó fastidio o ansiedad con las preguntas de sus discípulos, fue con respecto a este pedido. Contestó: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?" (Jn. 14:9).

 

Al comienzo de su ministerio sobre esta tierra, Jesús había predicado el Sermón del Monte, comenzando por las Bienaventuranzas. Allí había pronunciado su bendición sobre los puros de corazón, y les había prometido que ellos verían a Dios. Sin duda que para aquellos que ansían ver a aquel que es el objeto supremo de nuestra adoración y amor, representa una carga que Dios no pueda ser visto hoy en su gloria y que permanezca invisible a los ojos. Desde el momento en que Dios cerró el acceso al Paraíso con un ángel blandiendo una espada de fuego, ha sido el mandato de Dios que ningún ser humano podría verlo al descubierto. Dios le respondió incluso a Moisés, que le pidió ver la gloria descubierta de Dios: "Mas no se verá mi rostro" (Ex. 33:23).

 

Sin embargo, los redimidos esperan ansiosos el momento cuando podrán ver a través del velo y contemplar directamente la pureza del esplendor de Dios. El motivo por el cual ahora no la podemos ver no se debe a ninguna deficiencia de nuestros ojos, sino a la falta de pureza de nuestros corazones. Cuando seamos glorificados en el cielo y nuestros corazones hayan sido purificados podremos disfrutar el gozo inefable de contemplarlo como Él es gloria.

 

La visión beatífica lleva este nombre porque es la promesa de la visión de Dios, promesa que constituye la máxima bendición al alma humana. La bendición más importante de Israel era: "Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz" (Num. 6:24-26).

 

Juan nos promete que si bien el misterio rodea mucho de lo que nos espera en el cielo, de esto podemos estar seguros: que "seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es puro" (l Jn. 3:2).

 

Esta promesa nos está asegurando que en el cielo Dios se nos manifestará de una forma que es más que una teofanía (una manifestación externa de la gloria de Dios, como en el caso de la zarza ardiendo). La visión trascenderá la visión de la zarza ardiendo o la columna de nube conduciendo al pueblo. Veremos más que una representación externa o una imagen reflejada. Lo veremos "como él es". Podremos, de algún modo, ojear su misma esencia. No habrá ninguna necesidad de piel.

 

Resumen

1. La invisibilidad de Dios es con frecuencia causa para los actos humanos de idolatría.

2. Cristo manifestó la imagen perfecta de Dios; verlo a Él es verlo al Padre.

3. La visión de Dios ha sido prometida para los puros de corazón.

4. Ningún mortal puede ver el rostro de Dios hasta que seamos purificados en el cielo.

5. La visión futura de Dios es llamada "beatífica" porque inundará nuestras almas con bendición.

 

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 32: 1-33:23

Num 6:24-26

Mat. 5:8

Jn. 14: 1-11

Rev. 22: 1-5

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