CAPITULO NO. 5 LA ECONOMIA Y LA ESCATOLOGIA

CAPITULO NO. 5

LA ECONOMIA Y LA ESCATOLOGIA

Este escritor, muy temprano en sus días de estudiante con celo misional empezó a darle libros a diversas personas, si ellos prometían leerlos. Esta práctica llegó a ser considerable en años posteriores, cuando los fondos permitían mayor generosidad, y sólo ha finalizado hace poco. Los libros donados han cubierto una variedad de temas: Religión y teología, filosofía, ciencia, historia, poseía, sociología y mucho más. Una variedad de libro que ha sido muy difícil de regalar: Economía. Los receptores de estos libros han sido estudiantes, clérigos, amas de casa, profesores y hombres de diversas ocupaciones. Cualquier que sea su puesto u ocupación en la vida, un libro sobre economía ha sido de poco o ningún interés para ellos. Esto no es porque los libros de economía sean más difíciles que otros. Algunos de los escritores que yo he sugerido han sido modelos de claridad y sencillez. Más de unas cuantas agencias se han dedicado a fomentar el conocimiento económico. La Fundación de Educación Económica ha realizado un excelente trabajo, y la Fundación de Libertad Cristiana (Christian Freedom Foundation) también. En particular, el fondo William Volker por años subsidió la publicidad y distribución de obras notables de economía. La labor de estas y otras fundaciones aún siendo altamente competentes no ha producido los resultados que los mismos gastos pudieran haber logrado, y han logrado, en otras áreas. ¿Porqué hay desinterés en o resistencia a la economía? ¿Y por qué por generaciones se ha llamado “La ciencia lúgubre”? ¿Por qué los hombres encuentran aburrida la matearía cuando es tan importante para sus vidas cotidianas? Las escuelas exigen que los estudiantes tomen un curso de psicología, generalmente de un valor más que dudoso, o geometría que poca gente utiliza alguna vez. Muchas universidades requieren algún trabajo de laboratorio en las ciencias y los estudiantes, la mayoría de los cuales nunca llegarán a ser científicos, anualmente disecan millares de desafortunadas ranas y otros animales como parte de su educación. El currículo está fuertemente hacinado con requisitos que son inútiles para la mayoría de la gente. Toda persona debe tener en cuenta los datos económicos y sin embargo, como regla general, las escuelas no requieren la economía. Las raíces de esta paradoja radican profundas en nuestra cultura y en toda cultura. Las raíces son en gran medida maniqueas y neoplatónicas.

    (1) Se nutren de una aversión al mundo real de las cosas materiales y descansan en una preferencia por un mundo de espíritu puro. Desde Hegel, el mundo moderno ha estado profundamente infectado por semejante pensamiento, de manera que no menos de ciertos aspectos de la cultura “medieval”, es ultramundano. La diferencia ahora es que el otro mundo no es un mundo de universales aristotelianos o platónicos, sino el mundo de la imaginación y planificación del hombre, sin ningún pretexto de un Reino de universales. A este idealismo moderno no le gusta la economía clásica porque postula y requiere un universo de leyes; insiste en una realidad que no sea la imaginación del hombre. Para citar un ejemplo: En los propios inicios de la década de 1960, cuando este escritor hablaba de la próxima desaparición de las monedas de plata (un hecho obvio para cualquiera que tenga en cuenta la economía clásica), la respuesta corriente era una negación de que el alza de precios de la plata condujera a la desaparición de las monedas de plata cuando su valor en contenido de plata equivalía y luego superaba su valor facial. Posteriormente, cuando en 1965 se emitieron las monedas revestidas de otros metales, ordinariamente se insistía que la Ley de Gresham

    (2) no funcionaría. Cuando ambas cosas sucedieron, es decir que el alza de precio de la plata condujo al abandono del monedaje de plata y el dinero inferior (moneda revestida) sacó de uso a las monedas de plata, la respuesta obstinada todavía era una negativa para aceptar cualquier ley económica como eficaz. Más bien se afirmaba que las cosas sucedían en la forma que sucedían solamente porque demasiada gente aún creían en la antigua economía y por lo tanto hacían que sucediera. Se veía como que toda determinación venía de la mente del hombre. Desde el punto de vista bíblico toda determinación viene más bien de Dios, y su ordenamiento de todas las cosas es la estructura de la Ley de la creación.

El humanista insiste en que el ordenamiento viene de la mente del hombre: Siempre que el hombre todavía crea en los “mitos” de la antigua economía, él los hará funcionar. Cuando los hombres crean en la nueva economía, entonces la nueva economía funcionará. El idealismo, la creencia de que la mente y las ideas del hombre son determinativas de la realidad, es básico para la visión del mundo moderno. Donde prevalece este idealismo, una sociedad será esencialmente política y sociológica en orientación más bien que teológica y económica. En una sociedad política, la esperanza del hombre está llegada a la legislación y los actos del Estado. El éxito no depende de la obediencia a la Ley de Dios en todo campo, ni el hombre está atado a las duras realidades materiales de la economía, como la oferta y la demanda. En cambio, el hombre puede legislar nuevas realidades por medio de actos de Estado. El orden es ser creado, no ajustarse.

Si la Ley de Gresham es correcta, entonces el orden significa ajustarse a esa realidad económica, no la creación de una idea del orden por parte de proyectistas de élite. Si “No hurtarás” y la Ley sabática son parte de un orden ineludible y final, o la acatamos o sufrimos ciertos desordenes. Decir que el orden debe crearse en vez de ajustarse significa que la mente del hombre debe crearlo. Si ya está allí un orden final, creado por Dios, y el deber del hombre es ajustarse a él, es decir, obediencia a la Ley de Dios, entonces el objetivo social del hombre es buscar la armonía con ese orden final. No obstante, si en todo nuestro alrededor tenemos un “universo” de desorden, dentro del cual la mente del hombre debe llevar el orden, entonces el modo indicado es el conflicto.

    En tal caso, el conflicto es también doble. Primero, hay conflicto con el mundo de desorden en derredor nuestro. En vez de estar en armonía con el orden último, estamos en guerra con el último desorden a nuestro alrededor. Segundo, también significa conflicto con los hombres que pueden discrepar de la idea de orden del Estado humanista. Puesto que el orden depende de la mente del hombre, los hombres recalcitrantes deben convertirse a la verdadera fe humanista o si no castigados, puestos en prisión o ejecutados, a fin de eliminar la potencialidad del desorden. En vez de armonía, el conflicto se convierte en la vía hacia el orden, y el resultado es una sociedad conflictiva. Religiosamente, este énfasis humanístico en el conflicto significa la exaltación de los poderes del mal y del anticristo. El mal llega a ser determinante de una forma muy poderosa porque la determinación y la ultimidad se han transferido al mundo creado, al mundo de los hombres esencialmente, y se ha negado el poder de Dios de predestinación y de soberanía.

    En la Escritura, la única definición válida de “anticristo” es cualquiera y todo aquel que niega que Cristo ha venido en la carne (1ra de Juan 4:3); es decir, todos los que niegan la realidad de la encarnación. La Biblia no nos da una persona de anticristo que gobernará el mundo: Esto es un mito, y es un mito que exalta los poderes del hombre como contra Dios. De igual manera, en la Escritura Satanás es una criatura, una criatura caída. Debido a que él es una criatura, Satanás, como todas las criaturas tiene una aparición puramente local: él no puede estar en más de una lugar a la vez. Por lo tanto, él no puede estar tentándome en California y al mismo tiempo estar tentando a otro hombre en Viena. Su acercamiento a cualquier hombre es en el mejor de los casos severamente limitado, por real que sea. Demasiados hombres están prestos a culpar al diablo por sus pecados, cuando la verdad es que ellos no necesitaban ninguna ayuda para cometerlos, solamente un pretexto. El diablo, como el hombre, es una criatura. Cuando el hombre exalta a la criatura, él se exaltará a sí mismo, a sus fabricaciones políticas y también al diablo.

Cuando el escolasticismo revivió el pensamiento aristotélico, la cristiandad vió el surgimiento de fuertes y humanísticos órdenes políticos y también vió al mismo tiempo el marcado surgimiento de brujas, ocultismo y satanismo. Satanás, llegó a ser un gran poder simultáneamente con los últimos tiranos “medievales” y del renacimiento. Así mismo, el surgimiento de los Estados totalitarios del siglo XX también han visto el restablecimiento simultáneo de la magia, la brujería, el ocultismo y el satanismo. El Reino del hombre es el reino de la criatura y florece tanto en este mundo como después de la vida a un solo tiempo. Sus pretensiones son comunes a ambos y se desarrollan y decaen juntos. Esto significa que los idealistas deben tener una realidad controlada políticamente, no una economía de libre mercado.

La Biblia dice, con relación a la creación del hombre, que él fue creado del polvo de la tierra (habiendo sido el polvo hecho previamente por Dios) y que el hombre está ligado al polvo y regresa a él. Para aceptar este hecho acerca de nosotros mismos significa que también aceptamos el hecho que nuestra economía como todas nuestras vidas, están atadas a las realidades materiales, no como castigo sino como su circunstancia natural y normal. En vez de rebelarnos contra ella, reconocemos que la vida significa precisamente eso para nosotros, y la vida es buena. En estos términos, la economía es un barómetro. El interés en ella marca una sólida escatología, normalmente. El desinterés en ella significa un elemento de pensamiento maniqueo o neoplatonista.

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