Capítulo 20 - LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

 
Capítulo 20

 
LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

 

(Apocalipsis 13)

 

 

Por lo tanto, el bienaventurado Moisés de la antigüedad ordenó la gran fiesta de la Pascua, y nuestra celebración de ella porque, a saber, Faraón fue muerto y el pueblo fue librado de la esclavitud. Porque en aquellos tiempos ocurría especialmente que, cuando los que tiranizaban al pueblo habían muerto, las festividades temporales y los días especiales se celebraban en Judea.

 

Sin embargo, mis amados, ahora que el diablo, ese tirano contra el mundo entero, es muerto, no nos acercamos a ninguna fiesta temporal,  sino a una fiesta eterna y celestial. No en sombras, sino que venimos a ella en verdad. Porque ellos, habiéndose llenado de la carne de un cordero inocente, tuvieron la fiesta y, habiendo ungido con la sangre los dinteles de sus puertas, imploraron ayuda contra el destructor. Pero ahora nosotros, comiendo el Verbo del Padre, y teniendo nuestros corazones sellados con la sangre del Nuevo Testamento, reconocemos la gracia que nos ha dado el Salvador, que dijo: "He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará" [Lucas 10:19]. Porque ya no reina más la muerte; porque, en vez de la muerte, de ahora en adelante reina la vida, pues nuestro Señor dijo: "Yo soy la vida" [Juan 14:6]; así que todo está lleno de gozo y alegría; como está escrito: "Jehová reina; regocíjese la tierra" [Sal. 97:1].

 

Atanasio, Letters [iv]

 

 

El libro de Apocalipsis es un documento de pacto. Es una profecía, como las profecías del Antiguo Testamento. Esto significa que no tiene que ver con hacer "predicciones" de sucesos asombrosos como tales. Como profecía, el centro de su tema es redención y ética. Tiene que ver con el pacto. No hay ninguna oportunidad de que los escritores bíblicos hubiesen considerado importante profetizar sobre helicópteros Cobra (que habrían quedado anticuados a causa del "Blue Thunder"), o computadoras personales, o goma de mascar, o naves espaciales. Tampoco les habría interesado predecir el futuro de los Estados Unidos de América, la Unión Soviética, o el Gran Ducado de Luxemburgo. El punto no es que estas cosas no son importantes (en grados variables), ni que los cristianos "espirituales" no deben preocuparse de todas las áreas de la vida; debemos hacerlo. Pero el punto es que la Biblia es la revelación de Dios acerca de su pacto con su pueblo. El libro no se escribió para satisfacer nuestra curiosidad sobre el Mercado Común ni la tasa de interés prime. Se escribió para mostrar lo que Dios ha hecho para salvar a su pueblo y glorificarse a Sí mismo por medio de ese pueblo.

 

Por lo tanto, aun cuando Dios habla del Imperio Romano en el libro de Apocalipsis, su propósito no es contarnos emocionantes noticias sobre la vida en la corte de Nerón. Dios habla de Roma sólo en relación con el pacto y la historia de la redención. El Imperio Romano no es visto en términos de sí mismo, sino solamente en términos de (1) la tierra (Israel) y (2) la Iglesia.

 

 

La bestia que sube del mar

 

El Imperio Romano está simbolizado en Apocalipsis como un animal voraz y feroz, salvaje y bajo maldición. Juan dice que su aspecto era como el de un leopardo, un oso, y un león (Apoc. 13:2) - los mismos animales que se usan para describir a los tres primeros de los cuatro grandes imperios mundiales en Daniel 7:1-6 (Babilonia, Medo-Persia, y Grecia; véase la descripción que hace Daniel de los mismos imperios bajo un símbolo diferente, en Dan. 2:31-45). El cuarto imperio, Roma, participa de las características malvadas y bestiales de los otros imperios, pero es mucho peor. "Después de esto, miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos" (Dan. 7:7). La bestia de Apocalipsis es claramente el Imperio Romano.

 

Sin embargo, esta bestia no es sólo una institución, sino una persona; específicamente, como veremos, el emperador Nerón. ¿Cómo podía este símbolo haberse referido tanto al emperador como al imperio? Porque, en cierto sentido (particularmente la manera en que la Biblia considera las cosas), los dos podrían ser considerados como uno. Roma era identificada con su líder; el el imperio estaba personificado en Nerón. Por ello, la Biblia puede moverse hacia atrás y hacia adelante entre ellos, o considerarlos a ambos juntos, bajo la misma designación. Y tanto Nerón como el imperio estaban hundidos en actividades degradantes, degeneradas y bestiales. Nerón, que asesinó a numerosos miembros de su propia familia (incluyendo a su esposa embarazada, a la cual mató a patadas); que era homosexual, la etapa final de la degradación (Rom. 1:24-32); cuyo afrodisíaco consistía de observar a personas sufrir las torturas más horripilantes y repugnantes; que se vestía como una bestia salvaje para atacar y violar a prisioneros y prisioneras; que usaba los cadáveres de cristianos que ardían en la hoguera como las originales "velas romanas" para iluminar sus obscenas fiestas de jardín; que desató la primera persecución imperial de los cristianos a instigación de los judíos, para destruir la iglesia. Este pervertido animalístico era el jefe del imperio más poderoso de la tierra. Y fijó la tónica para sus súbditos. Roma era la cloaca moral del mundo.

 

Consideremos lo que el libro de Apocalipsis nos dice sobre Nerón/Roma, la bestia. Primero, Juan lo vio "saliendo del mar" (Apoc. 13:1). En un sentido visual, dramático, por supuesto, el poderoso Imperio Romano sí pareció surgir del mar, desde la península itálica a través del océano. Sin embargo, más que esto, hay el simbolismo bíblico del mar. En la creación original, la tierra era una masa de oscuridad, fluida, informe, inhabitable, que la luz del Espíritu "venció" (Gén. 1:2; Juan 1:5). Obviamente, no había ningún conflicto verdadero entre Dios y su creación; en el principio, todo era "muy bueno". El mar es más fundamentalmente una imagen de vida. Pero, después de la caída, se usa la imagen del abismo rugiente y se desarrolló en la Escritura como símbolo del mundo en caos por medio de la rebelión de los hombres y las naciones contra Dios: "Los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo" (Isa. 57:20; ver 17:12). Por eso se le dice a Juan más tarde que "las aguas que viste ... son pueblos y multitudes y naciones y lenguas" (Apoc. 17:15). De esta caótica y rebelde masa de humanidad surgió Roma, un imperio entero fundado en la premisa de oposición a Dios.

Segundo, Juan vio que la bestia tenía "diez cuernos y siete cabezas" (Apoc. 13:1), a la imagen del dragón (12:3), que le da a la bestia "su poder y su trono y gran autoridad" (13:2). Los diez cuernos (poderes) de la bestia se explican en Apocalipsis 17:12 en términos de los gobernadores de las diez provincias imperiales, mientras que las siete cabezas se explican como la línea de los Césares (17:9-11). Nerón es una de las "cabezas" (regresaremos a esto en el próximo capítulo).

 

Tercero, "y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo" (13:1). Como ya hemos visto, los Césares eran dioses. Cada emperador era llamado Augusto o Sebasto, que significa Al que debe rendírsele culto; también, tomaban el nombre de divus (dios) y hasta los de Deus y Theos (Dios). Se les erigieron muchos templos por todo el Imperio, especialmente, como hemos visto, en Asia Menor. Los Césares romanos recibían honores que pertenecían sólo al único Dios verdadero; Nerón exigía absoluta obediencia, y hasta se hizo construir una imagen, de 120 pies de altura. Por esta razón, Pablo llamó a César "el hombre de pecado"; Pablo dijo que César era "el hijo de perdición, que se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tes. 2:3-4). Juan subraya este aspecto de la bestia: "También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias ... Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo" (13:5-6). Los cristianos fueron perseguidos precisamente porque rehusaron participar en este idolátrico culto al emperador.

 

Cuarto, Juan vio "una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada" (13:3). Algunos han señalado que, después de que Nerón fue asesinado, comenzó a circular el rumor de que resucitaría y recuperaría el trono; se supone que, de algún modo, Juan debe estar refiriéndose a ese mito. Esto me parece un modo muy insatisfactorio de tratar con la Escritura. Juan menciona la "herida mortal" de la bestia tres veces en este pasaje (ver v. 12, 14); claramente, este es mucho más que un símbolo casual, y debemos intentar una explicación bíblica para él.

 

Como ya vimos, la bestia se parece a la serpiente. El hecho de que recibe una herida en la cabeza debería hacernos pensar en la escena del huerto de Edén, cuando Dios prometió que Cristo vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente. Daniel había profetizado que, en los días de los gobernantes romanos, el reino de Cristo aplastaría a los imperios satánicos y los reemplazaría, llenando la tierra. En consecuencia, el testimonio apóstolico proclamó que el reino de Cristo había llegado, que el diablo había sido derrotado, desarmado, y atado, y que todas las naciones comenzarían a confluir hacia el monte de la  casa de Jehová. Dentro de la primera generación, el evangelio se difundió rápidamente alrededor del mundo, a todas las naciones; surgieron iglesias por doquiera, y los miembros de la propia casa de César vinieron a la fe (Fil. 4:22). En realidad, Tiberio César hasta solicitó formalmente que el Senado romano reconociera oficialmente la divinidad de Cristo. En consecuencia, durante un tiempo, pareció que estuviese ocurriendo un golpe: el cristianismo estaba en asenso, y pronto asumiría el control. La cabeza de Satanás había sido aplastada, y con ella, el Imperio Romano había sido herido de muerte con la espada (Apoc. 13:14) del evangelio.

 

Pero entonces la situación se invirtió. Aunque el evangelio se había difundido por todas partes, también lo habían hecho la herejía y la apostasía; y bajo la persecución de los judíos y el estado romano, gran número de cristianos comenzó a apostatar. El Nuevo Testamento da la definida impresión de que la mayor parte de las iglesias se desmoronó y abandonó la fe; bajo la persecución de Nerón, la iglesia parecía haber sido aplastada enteramente. La bestia había recibido la herida en la cabeza, la herida de muerte - pero todavía vivía. La realidad, por supuesto, era que Cristo había derrotado al dragón y a la bestia; pero las implicaciones de su victoria todavía tenían que ser resueltas; los santos todavía que vencer, y tomar posesión (Dan. 7:21-22; Apoc. 12:11).

 

Quinto, "y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia; y adoraron al dragón, porque dio su autoridad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá hacer guerra contra ella? (Apoc. 13:3-4). Juan está hablando ahora del mundo después de la bestia; la palabra que él usa aquí debe traducirse como tierra, que significa Israel. Sabemos esto por el contexto porque el contexto identifica a sus adoradores como los que moran en la tierra (Apoc. 13:8, 12, 14) - una frase técnica usada varias veces en Apocalipsis para denotar al Israel apóstata. En el Antiguo Testamento griego (la versión usada por la iglesia primitiva), es una expresión profética común para referirse al Israel rebelde, idólatra que estaba a punto de ser destruido y expulsado de la tierra (Jer. 1:14; 10:18; Eze. 7:7; 36:17; Oseas 4:1,3; Joel 1:2, 14; 2:1; Sof. 1:8), basándose en el uso original en los libros históricos de la Biblia para referirse a los paganos rebeldes e idólatras que estaban a punto de ser destruidos y expulsados de la tierra (Núm. 32:17; 33:52, 55; Josué 7:9; 9:24; Judas 1:32; 2 Sam.5:6; 1 Crón. 11:4; 22:18; Neh. 9:24). Israel se había convertido en una nación de paganos, y estaba a punto de ser destruido, exiliado, y suplantado por una nueva nación. Por supuesto, es verdad que Nerón era amado en todo el imperio como el benévolo proveedor de bienestar y entretenimiento. Pero es Israel en particular el que es condenado por el culto al emperador. Enfrentados con una elección entre Cristo y César, habían proclamado: ¡No tenemos más rey que César! (Juan 19:15). Su reacción a la guerra aparentemente victoriosa de César contra la iglesia (Apoc. 11:7) fue de asombro y adoración. Israel se puso de parte de César y el imperio contra Cristo y la iglesia. Por consiguiente, en fin de cuentas, estaban adorando al dragón, y por esta razón, Jesús mismo llamó a sus asambleas de culto sinagogas de Satanás (Apoc. 2:9; 3:9).

 

Sexto, a la bestia se le dio "autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses" (13:5), "para hacer guerra contra los santos y vencerlos" (13:7). El período de 42 meses (tres años y medio) - un siete roto) es una figura simbólica en lenguaje profético, que significa un tiempo de tristeza, cuando los enemigos de Dios están en el poder, o cuando el juicio está siendo derramado (tomado del período de sequía entre la primera aparición de Elías y la derrota de Baal en el monte Carmelo). Su uso profético no es principalmente literal, aunque es interesante que la persecución de Nerón contra la iglesia sí ocurrió durante 42 meses, desde mediados de noviembre de 64 hasta principios de 68.

 

Séptimo, Juan les proporcionó a sus lectores una identificación positiva de la bestia: "Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis”. Hay varios aspectos importantes de este extraño número; sólo examinaremos dos de ellos aquí.

 

El primer punto es que el Antiguo Testamento ya nos ha hablado del 666. Se encuentra en los libros de Reyes y Crónicas, ciertamente algunos de los libros más descuidados de la Biblia. Sin embargo, es interesante notar que Juan toma muchos de sus números simbólicos de estos libros (por ejemplo, compárese a 1 Crón. 24:1-19 con Apoc. 4:4). Estos escritos históricos nos dicen que Salomón (un tipo bíblico tanto de Cristo como de la bestia) recibió 666 talentos de oro en un año, en la cúspide de su poder y su gloria (1 Reyes 10:14; 2 Crón. 9:13). Ese número marca tanto la cúspide de su reino como el principio de su declinación; de allí en adelante, todo va cuesta abajo hasta llegar a la apostasía. Una por una, Salomón viola las tres leyes de reinado piadoso registradas en Deuteronomio 17:16-17: no amontonar oro (1 Reyes 10:14-25), no tener muchos caballos (1 Reyes 10:26-29), y no tener muchas mujeres (1 Reyes 11:1-8). Para los hebreos, el 666 era un signo terrible de apostasía, la marca tanto de un rey como un estado a imagen del dragón.

 

El segundo punto que debemos considerar sobre el número 666 es éste. Tanto en griego como en hebreo, cada letra del alfabeto es también un numeral (véase la tabla de los numerales al final de este capítulo). Por eso, el "número" del nombre de cualquier persona podría calcularse simplemente sumando el valor numérico de sus letras. Es claro que Juan esperaba que sus lectores contemporáneos fuesen capaces de usar este método para descubrir el número de la bestia - indicando así, nuevamente, el mensaje contemporáneo de Apocalipsis; Juan no esperaba que sus lectores calculasen el número de algún  funcionario de un gobierno extranjero del siglo veinte. Sin embargo, al mismo tiempo, Juan les dice que no será tan fácil como piensan: será necesario que alguien "entienda". Porque Juan no dio un número que pudiese ser interpretado en griego, que es lo que esperaría un funcionario romano que examinara Apocalipsis en busca de contenido subversivo. El elemento inesperado en el cómputo era que tenía que ser interpretado en hebreo, un idioma que conocerían por lo menos algunos miembros de las iglesias. Para ahora, sus lectores habrían adivinado que estaba hablando de Nerón, y los que entendían hebreo probablemente captaron el mensaje inmediatamente. Los valores numéricos de las letras hebreas en Nerón Kesar (Nerón César) son:          

 

 Es significativo que todos los primeros escritores cristianos, aun los que no entendían hebreo y, por lo tanto, estaban confundidos por el número 666, relacionaron al Imperio Romano, y especialmente a Nerón, con la bestia. No debería haber ninguna duda razonable en cuanto a esto. Juan estaba escribiendo para los cristianos del siglo primero, advirtiéndoles de cosas que tendrían lugar "pronto". Estaban involucrados en la batalla más crucial de la historia, contra el dragón y el malvado imperio que el dragón poseís. El propósito de Apocalipsis era reconfortar a la iglesia con la certeza de que Dios estaba en control, de modo que ni siquiera el tremendo poderío del dragón y la bestia podrían sostenerse delante de los ejércitos de Jesucristo. El número de hombre es seis (Gén. 1:27, 31); Cristo fue herido en el calcañar el sexto día (viernes) - pero ése es el día en que aplastó la cabeza del dragón. Juan dice que, en su poderío máximo, Nerón es sólo un seis, o una serie de seises; nunca un siete. Sus planes de dominio mundial jamás se cumplirían, y la iglesia vencería.

 

 

La bestia que sube de la tierra

 

Así como la bestia que sube del mar era una imagen del dragón, así también vemos otra criatura en Apocalipsis 13, que es una imagen de la bestia. Juan vio a esta bestia que "subía de la tierra" (13:11), que surgía desde dentro del mismo Israel. En Apocalipsis 19:20 se nos da la identidad de esta bestia de la tierra: es "el falso profeta". Como tal, representa lo que Jesús había predicho que ocurriría en los últimos días de Israel: "Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo. Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán ...Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos" (Mat. 24:5, 11). El surgimiento de los falsos profetas era paralelo al de los anticristos; pero, mientras que los anticristos habían apostatado hacia el judaísmo desde dentro de la iglesia, los falsos profetas eran líderes religiosos judíos que trataban de seducir a los cristianos desde fuera.

 

Es importante recordar que el judaísmo no es religión del Antiguo Testamento, sino más bien un completo rechazo de la fe bíblica en favor de la herejía farisaica, talmúdica. Como los Mormones, los Testigos de Jehová, la Iglesia de la Unificación, y otras sectas, el judaísmo afirma que está basado en la Biblia; pero su verdadera autoridad procede de las tradiciones de hombres. Jesús hablaba bastante claro: el judaísmo niega a Cristo porque niega a Moisés. Sólo el cristianismo ortodoxo es la verdadera continuación y el verdadero cumplimiento de la religión del Antiguo Testamento (véase Mat. 5:17-20; 15:1-9; Mar. 7:1-13; Luc. 16:29-31; Juan 5:45-47; 8: 42-47).

 

Los falsos profetas judíos tenían la apariencia de un cordero (Apoc. 13:11), como Jesús había advertido (Mat. 7:15); pero "hablaban como dragón" (Apoc. 13:11). ¿Cómo habla el dragón? Usa un lenguaje engañoso, sutil, seductor para alejar al pueblo de Dios de la fe y llevarlo a una trampa (Gén. 3:1-6, 13; 2 Cor. 11:3; Apoc. 12:9); además, es mentiroso, calumniador, y blasfemo (Juan 8:44; Apoc. 12:10). El libro de Hechos registra numerosos ejemplos de falso testimonio draconiano por los judíos contra los cristianos, un gran problema para la iglesia cristiana (Hech. 6:9-15; 13:10; 14:2-5; 17:5-8; 18:6, 12-13; 19:9; 21:27-36; 24:1-9; 25:2-3, 7).

 

Los dirigentes judíos, simbolizados por esta bestia que surgía de la tierra, unieron fuerzas con la bestia de Roma en un intento por destruir a la iglesia (Hech. 4:24-28; 12:1-3; 13:8; 14:5; 17:5-8; 18:12-13; 21:11; 24:1-9; 25:2-3, 9, 24). Llevaron a Israel a rendirle culto al emperador (Apoc. 13:12); y, al servicio de la apostasía, los falsos profetas hasta hicieron milagros (Apoc. 13:13-15). Jesús había advertido que "se levantarían falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:24). Nuevamente, Hechos registra casos de milagros llevados a cabo por los falsos profetas judíos, incluyendo el hecho de que, como había predicho Jesús (Mat. 7:22-23), algunos de ellos hasta usaron el nombre de Él en sus encantamientos (Hech. 13:6-11;19:13-16).

 

Los líderes judíos hacían cumplir la sumisión al emperador. De hecho, su acusación contra Cristo mismo era que era rival de la abarcarte autoridad de César (Juan 19:12-15). De manera similar, organizaban boycots económicos contra los que rehusaban someterse a César como Señor, y llegaron hasta a ejecutarles (Apoc. 13:15-17). El libro de los Hechos está tachonado de incidentes de persecución judía organizada contra la iglesia (Hech. 4:1-3, 15-18; 5:17-18, 27-33, 40; 7:51-60; 9:23, 29; 13:45-50; 14:2-5; 17:5-8, 13; 18:17; 20:3; 22:22-23; 23:12, 20-21; 24:27; 26:21; 28:17-29; ver 1 Tes. 2:14-16).

 

El Nuevo Testamento da abundante testimonio de este hecho. Los altos dirigentes judíos estaban envueltos en un intento organizado y a gran escala por destruir la iglesia por medio del engaño y la persecución. En procura de esta meta diabólica, se aliaron en conspiración con el gobierno romano contra la cristiandad. Algunos de ellos consiguieron hacer milagros al servicio de Satanás. Y esto es exactamente lo que se nos dice de la bestia que surge de la tierra. El falso profeta de Apocalipsis no era otro que la dirigencia del Israel apóstata, que rechazó a Cristo y adoraba a la bestia.

 

Hay una interesante reversión de imágenes en el texto. El libro de Job  nos ha preparado para la profecía de Juan, porque también nos habla de la bestia terrestre (behemoth, Job 40:15-24) y una bestia marina (leviatán, Job 41:1-34). Pero las visiones de Juan amplían las descripciones de Job de estos dinosaurios, y el orden de su aparición se ha invertido. Primero, vemos a Satanás como el dragón, el verdadero leviatán (Apoc. 12); luego viene la bestia marina, que es la imagen del dragón (Apoc. 13:1); finalmente, caminando a la zaga de ellos y sirviéndoles, va la bestia terrestre, a imagen de la bestia marina. Al mostrar así las bestias en orden inverso, Juan subraya su punto: Israel, que debió haber sido un reino de sacerdotes para las naciones del mundo, ha entregado a leviatán su posición de prioridad. En vez de poner un sello piadoso sobre toda cultura y toda sociedad, Israel ha sido rehecho a imagen del estado pagano y anticristiano. Los hijos de Abraham se han convertido en la simiente del dragón (Juan 8:37-44).

 

Durante los tres años de ministerio en Éfeso, el apóstol Pablo sufrió persecución continuamente a causa de las "asechanzas de los judíos" (Hech. 20:19); al describir sus conflictos con ellos, les llama "fieras" (1 Cor. 15:32). La bestia judía era el enemigo más engañoso y peligroso de la iglesia primitiva, y Pablo amonestaba vigorosamente a la iglesia acerca de estos seductores judaicos:

 

Porque hay muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene. Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra (Tito 1:10-16).

 

 

TABLA DE NUMERALES EN USO

 

DURANTE EL PERÍODO BÍBLICO


Fuente:  J. D. Douglas, ed., New Bible Dictionary. Second Edition (Leicester,England: Inter-Varsity Press; Wheaton, Ill.: Tyndale House Publishers, Inc., 1982), 842-43).


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