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Capítulo 17 -INTERPRETACIÓN DE APOCALIPSIS

 
 
Parte Cuatro: ESTUDIOS EN EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capítulo 17

 
 
INTERPRETACIÓN DE APOCALIPSIS
 
 

De repente, y con un ruido semejante al fragor impetuoso del huracán, se lanzó el carro de Dios Padre, despidiendo espesas llamas. Tenía sus ruedas unas dentro de otras, y no se movía por impulso ajeno, sino por el instinto de su propio espíritu; iba escoltado por cuatro custodios con aspecto de querubines. Cada uno de éstos mostraba cuatro rostros maravillosos, y sus cuerpos y alas estaban sembrados de innumerables ojos, refulgentes como estrellas; ojos que asimismo brillaban en las ruedas, las cuales despedían centellas; y sobre sus cabezas se alzaba un firmamento de cristal en que se veía un trono de zafiro matizado de purísimo ámbar y de los colores del arco iris.

Cubierto con la celeste armadura del radiante Urim, obra divinamente labrada, ocupa el Mesías su carro. A su derecha lleva la Victoria, que extiende sus alas de águila, y al costado el arco y el carcaj divino lleno de rayos de puntas triples. Lo envuelven en torno airados torbellinos de humo, de entre los cuales brotan las llamas de ardientes exhalaciones.

 

John Milton, Paradise Lost [6.749-66]

 

El Salvador trabaja poderosamente entre los hombres; todos los días persuade de manera invisible a mucha gente por todo el mundo, tanto dentro como más allá del mundo de habla griega, de que acepten su fe y sean obedientes a sus enseñanzas. ¿Puede alguien, en vista de todo esto, dudar todavía de que él ha resucitado y vive, o más bien que Él mismo es la vida?

 

Atanasio, On the Incarnation [30]

 

 

Interpretación del libro de Apocalipsis

 

 

De entrada, confrontamos dos problemas cuando intentamos el libro de Apocalipsis. El primero es la cuestión de asegurarnos de que nuestra interpretación es correcta - poniendo marcas en nuestra imaginación para no forzar la santa Palabra de Dios a entrar en un molde de nuestra propia invención. Debemos permitir que el libro de Apocalipsis diga lo que Dios se propuso que dijera. El segundo problema es la cuestión de la ética - qué hacer con lo que hemos aprendido.

 

 

El modelo bíblico de interpretación

 

 

En el mismísimo primer versículo de Apocalipsis, Juan nos proporciona una importante clave interpretativa: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan" (Apoc. 1:1). El uso del término declaró nos dice que la profecía no debe ser considerada simplemente como "historia escrita por anticipado". En vez de eso, Apocalipsis es un libro de señales: representaciones simbólicas de los acontecimientos venideros. Los símbolos no deben entenderse de manera literal. Podemos ver esto en el uso que hace Juan del término en su evangelio (véase Juan 12:33; 18:32; 21:19). En cada caso, está usado en el sentido de que Cristo significó un evento futuro mediante una indicación más o menos simbólica, más bien que por medio de una descripción clara y literal. Y ésta es generalmente la forma de las profecías en Apocalipsis. Esto no significa que los símbolos son ininteligibles; la interpretación no es la que a uno se le ocurra. Por otra parte, yo no estoy diciendo que los símbolos están en alguna especie de código, de modo que todo lo que necesitamos es un diccionario o una gramática de simbolismos para "traducir" los símbolos al idioma inglés. La profecía es poesía, no alegoría ingenua o estática. La única manera de entender su simbolismo es familiarizándose con la Biblia. El modelo bíblico de interpretación es la Biblia misma.

 

Ya hemos tomado nota de las falacias e inconsistencias involucradas en la así llamada escuela "literalista" de interpretación bíblica. Otro problema, que es especialmente severo entre ciertos teólogos "pop" es su interpretación arbitraria de los símbolos proféticos. He oído a predicadores hablar de las langostas de Apocalipsis 9:3-11 como que muestran una desconcertante variedad de horrores: bombarderos, proyectiles balísticos, helicópteros Cobra, y hasta las temidas "abejas asesinas" de Sudamérica. ¿A cuál de todas estas armas representan las langostas? Sin un modelo de interpretación, no hay manera objetiva alguna de saberlo - y así, el libro de Apocalipsis se convierte, en la práctica, en lo que su título mismo insiste que no es: una ininteligible mezcolanza de fuego y viento "apocalípticos" que no significa nada.

 

En realidad, Juan nos dice cientos de veces durante todo el libro de Apocalipsis exactamente lo que es el modelo de interpretación, porque el libro está positivamente atiborrado de citas del Antiguo Testamento y alusiones a él. El libro de Apocalipsis depende del Antiguo Testamento mucho más que cualquier otro libro del Nuevo Testamento. Por sí solo, este hecho debería advertirnos que no podemos comenzar a penetrar su significado sin una sólida comprensión de la Biblia como un todo - ésta es la razón de que yo haya escrito la Parte Dos de este libro, y por qué estoy machacando sobre el tema nuevamente. Las iglesias primitivas tenían esa clase de comprensión. El evangelio se había predicado primero a los judíos y a los prosélitos gentiles; a menudo, las iglesias habían sido formadas por adoradores en sinagogas, y esto ocurría hasta en la iglesias de Asia Menor (Hechos 2:9; 13:14; 14:1; 16:4;17:1-4, 10-12, 17; 18:4, 8, 19, 24-28; 19:1-10, 17). Además, está claro en Gálatas 2:9 que el ministerio del apóstol Juan era para los judíos en particular. Por consiguiente, los primeros lectores de Apocalipsis estaban sumergidos en el Antiguo Testamento hasta un punto en que la mayoría de nosotros no lo está hoy día. El simbolismo de Apocalipsis está saturado de alusiones bíblicas que eran comprendidas comúnmente por la iglesia primitiva. Aun en las raras congregaciones que no tenían ningún miembro hebreo, las Escrituras usadas en la enseñanza y en el culto eran principalmente del Antiguo Testamento. Los cristianos primitivos poseían la clave autorizada e infalible para el significado de las profecías de Juan. El que los modernos no apreciemos este hecho crucial es la causa principal de nuestra incapacidad para entender de qué estaba hablando Juan.

 

Por ejemplo, consideremos un  símbolo de Apocalipsis, del cual se ha abusado mucho, y apliquemos este principio. En Apocalipsis 7, 9, 14 y 22, Juan ve al pueblo de Dios sellado en sus frentes con su nombre; y en Apocalipsis 13:16, Juan escribe sobre los adoradores de la bestia, que tienen su marca en la mano derecha y en la frente. (Dicho sea de paso: ¿No le parece extraño a usted que todo el mundo esté tan excitado sobre "la marca de la bestia" cuando el claro énfasis en Apocalipsis es sobre el sello de Dios en las frentes de los creyentes?)  Se han hecho muchas y fantásticas interpretaciones en relación con estas marcas - que van desde tatuajes y validaciones de parque de diversiones hasta tarjetas de crédito y números de Seguro Social - y todo sin observar en lo más mínimo las claras alusiones bíblicas. Pero ¿qué habrían pensado los primeros lectores de estos pasajes? Los símbolos les habrían hecho pensar inmediatamente en varias referencias bíblicas: la "marca" del sudor en la frente de Adán, significando la maldición de Dios por su desobediencia (Gén. 3:19); la frente del sumo sacerdote, marcada con letras de oro proclamando que ahora era SANTO A JEHOVÁ (Éx. 28:36); Deuteronomio 6:6-8 y Ezequiel 9:4-6, en que los siervos de Dios son "marcados" en la mano y en la frente con la ley de Dios, y reciben así bendición y protección en nombre de Dios. Por otra parte, los seguidores de la bestia reciben su marca de propiedad: sometimiento a la ley impía, estatista, anticristiana. En Apocalipsis, la marca no ha de ser tomada literalmente. Es una alusión a un símbolo del Antiguo Testamento que hablaba de la total obediencia de un hombre a Dios, y representa una advertencia de que el dios de una sociedad - ya sea el Dios verdadero o el estado deificado - exige completa obediencia a su dominio.

 

Ése será el principio de interpretación que se seguirá en este libro. La Revelación es una revelación: el propósito es que se entendiera. Sin embargo, no la entenderán los perezosos y los indiciplinados buscadores de emociones, que tienen tanta prisa que no tienen tiempo para estudiar la Biblia. Muchos pasan presurosos desde su primera profesión de fe hasta el último libro de la Biblia, tratándola poco más que como un libro de alucinaciones, desdeñando apresuradamente un sobrio intento de permitir que la Biblia se interprete a sí misma - descubriendo, en fin de cuentas, sólo un reflejo de sus propios prejuicios. Pero, para los que prestan atención a la palabra de Dios como un todo, el mensaje es claro. Benjamin Warfield escribió: "El Apocalipsis de Juan no necesita ser otra cosa que fácil: todos sus símbolos son o naturalmente obvios o tienen sus raíces en los poetas y profetas del Antiguo Testamento y el lenguaje figurado de Jesús y sus apóstoles. Nadie que conozca su Biblia necesita desesperar de leer este libro con provecho. Sobre todo, el que puede entender el gran discurso de nuestro Señor concerniente a las últimas cosas (Mat. 24) no puede dejar de entender el Apocalipsis, que se basa en ese discurso, y escasamente avanza más allá de él" (Selected Shorter Writings [Presbyterian and Reformed, 1973], vol. 2, pp. 652s).

 

 

Profecía y ética

 

A menudo, el libro de Apocalipsis es tratado como ejemplo del género "apocalíptico" de escritos que florecieron entre los judíos entre el año 200 A. C. y el año 100 D. C. No hay ninguna base en absoluto para esta opinión, y es completamente desafortunado que la palabra apocalíptico se use para describir esta literatura. (Los mismos escritores de literatura "apocalíptica" nunca usaron el término en este sentido; más bien, los eruditos le robaron el término a Juan, que llamó a su libro "El Apocalipsis [la revelación] de Jesucristo". En realidad, hay muchas y grandes diferencias entre los escritos "apocalípticos" y el libro de Apocalipsis.

 

Los "apocalipsistas" se expresaban en símbolos inexplicados e ininteligibles, y generalmente no tenían ninguna intención de hacerse entender. Sus escritos abundan en pesimismo: no es posible ningún verdadero progreso, ni habrá ninguna victoria para Dios y su pueblo en la historia. Ni siquiera podemos ver a Dios en la historia. Todo lo que sabemos es que el mundo se está volviendo peor y peor. Lo mejor que podemos hacer esperar el fin - pronto. Pero, por ahora, las fuerzas del mal están en control. (¿Le suena familiar?). El resultado práctico fue que los apocalipsistas rara vez se preocupaban de la conducta ética. No les interesaba mucho cómo vivir en el presente (y en realidad asumir el dominio sería impensable); sólo querían especular sobre los cataclismos venideros.

 

El enfoque de Juan en Apocalipsis es vascamente diferente. Sus símbolos no son oscuras divagaciones incubadas en una imaginación enfebrecida; están firmemente enraizadas en el Antiguo Testamento (y la razón de su aparente oscuridad es ese mismo hecho: tenemos problemas para entenderlos sólo porque no conocemos nuestras Biblias). En contraste con los apocalipsistas, que habían abandonado la historia, Juan presenta la historia como el escenario de la redención: Dios salva a su pueblo en su ambiente, no fuera de él; y Dios salva el ambiente.

 

Leon Morris, en su importante estudio de Apocaliptica (Eerdmans, 1972), describe la visión mundial de Juan: "Para él, la historia es la esfera en que Dios ha forjado nuestra redención. Lo realmente crítico en la historia de la humanidad ya ha tenido lugar, y tuvo lugar aquí, en esta tierra, en los asuntos de los hombres. El Cordero 'como inmolado' domina el libro entero. Juan ve a Cristo como victorioso, y habiendo obtenido la victoria por su muerte, un evento en la historia. Su pueblo comparte su triunfo, pero ha derrotado a Satanás 'por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio' (Apoc. 12:11). Está ausente el pesimismo que difiere la actividad salvadora de Dios hasta el fin. Aunque Juan presenta el mal realísticamente, su libro es fundamentalmente optimista" (p. 79).

 

Los apocalipsistas dijeron: El mundo se acerca a su fin: ¡Ríndanse!

 

Los profetas bíblicos dijeron: El mundo se acerca a su principio: ¡Pónganse a trabajar!

 

Así, pues, el libro de Apocalipsis no es un tratado de apocalíptica; en su lugar, es, como Juan mismo nos recuerda repetidamente, una profecía (1:3; 10:11; 22:7,10, 18-19), de acuerdo con los escritos de los otros profetas bíblicos. Y - nuevamente en agudo contraste con los apocalipsistas - si hubo una preocupación principal entre los profetas bíblicos, fue la conducta ética. Ningún escritor bíblico reveló jamás el futuro sólo para satisfacer la curiosidad: la meta fue siempre dirigir al pueblo de Dios hacia acciones correctas en el presente. La abrumadora mayoría de las profecías bíblicas no tenían nada que ver con el erróneo concepto de que la "profecía" predecía el futuro. Los profetas hablaban del futuro para estimular la vida piadosa. El propósito de la profecía es ético.

 

El hecho de que muchos de los que estudian los escritos proféticos en la actualidad están más interesados en encontrar posibles referencias a viajes espaciales y armas nucleares que en descubrir los mandamientos de Dios para la vida es un repugnante tributo a la moderna apostasía. "El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía" (Apoc. 19:10); ignorar a Jesús en favor de explosiones atómicas es una perversión de la Escritura, una extravagante distorsión de la santa Palabra de Dios. De principio a fin, Juan está intensamente interesado en la conducta ética de los que leen el libro de Apocalipsis:

 

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas (1:3).

 

Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas (16:15).

 

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro (22:7).

 

Bienaventurados los que guardan sus mandamientos (22:14).

 

Debo subrayar que, al argumentar a favor de la escatología de dominio, no estoy simplemente presentando un programa alterno como guía para el futuro. La escatología bíblica no es sólo un calendario de sucesos especiales. El significado fundamental de la esperanza es el señorío de Jesucristo. La meta de la escatología es llevar a las personas a adorar y a servir a su Creador. La profecía no es nunca meramente un ejercicio académico. Todos los profetas apuntaban a Jesucristo, y todos ellos demandaban una respuesta ética. La palabra de Dios demanda una total transformación de nuestras vidas, en todo momento. Si ésa no es la meta, y el resultado, de nuestro estudio de la Escritura, no nos servirá de nada.



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