Capitulo 01 - LA ESPERANZA

PARTE 1

 

UNA ESCATOLOGÍA DE SEÑORÍO

 

 

Aquí te sentarás encarnado, aquí reinarás tanto Dios y hombre, Hijo tanto de Dios como del hombre, Rey universal ungido; a tí te doy todo el poder; reina por siempre, y asume tus méritos; debajo de tí, como Cabeza Suprema, reduzco tronos, principados, potestades, dominios: Toda rodilla se doblará, de los que están en el cielo o en la tierra, o debajo de la tierra, en el infierno.

 

John Milton, Paradise Lost [3.315-22]

 

Cuando el sol sale, la oscuridad ya no prevalece; cualquier porción de ella que haya quedado desaparece. Así también, ahora que la divina epifanía de la palabra de Dios ha tenido lugar, la oscuridad de los ídolos ya no prevalece, y todas las partes del mundo en todas direcciones son iluminadas por sus enseñanzas.

 

Atanasio, On the Incarnation [55]


 

 

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Capítulo 1

 

LA ESPERANZA

 

 

Este es un libro sobre la esperanza. Durante demasiado tiempo, los cristianos se han caracterizado por la desesperación, la derrota, y la retirada. Los cristianos han prestado oídos a la falsa doctrina que enseña que estamos condenados al fracaso, que los cristianos no pueden vencer; a la idea de que, hasta que Cristo regrese, los cristianos perderán terreno constantemente ante el enemigo. Se nos dice que el futuro de la iglesia serán un constante deslizarse hacia la apostasía.

 

Algunos de nuestros líderes nos han informado con tristeza que estamos viviendo en la "era laodicense" de la iglesia (una referencia a la "tibia" iglesia de Laodicea, de la cual se habla en Apoc.3:14-22). Cualquier estallido bélico, cualquier aumento en las estadísticas del crimen, cualquier nueva evidencia de la descomposición de la familia, extrañamente era considerada a menudo como un avance, un paso hacia la esperada meta del eclipse total de la civilización, una señal de que Jesús podría venir a rescatarnos en cualquier momento. Los proyectos de acciones sociales eran mirados con escepticismo: a menudo se suponía que cualquiera que en verdad tratase de mejorar el mundo en realidad no amaba la Biblia, pues la Biblia enseña que tales esfuerzos están destinados a ser inútiles; como dijo un famoso predicador: "Uno no le da brillo al metal de un barco que se hunde". Ese estribillo estaba basado en dos suposiciones: Primera, que el mundo no es otra cosa que un "barco que se hunde"; segunda, que cualquier programa organizado de reconstrucción cristiana no sería más que "pulir el metal". El evangelismo era una invitación a ingresar a las filas del lado perdedor.

 

Esto nacía de dos problemas. Uno era una falsa visión de Espiritualidad.

 

 La idea anti-bíblica de la "espiritualidad" es que el hombre verdaderamente "espiritual" es una especie de ser "no físico", que no se involucra en cosas "terrenales", que no trabaja ni piensa mucho, y que pasa la mayor parte de su tiempo meditando en cuánto le gustaría estar en el cielo. Sin embargo, mientras esté en la tierra, tiene un deber principal en la vida: Ser pisado por amor a Jesús. Según él lo ve, el hombre "espiritual" es un cobardón. Un perdedor. Pero, por lo menos, es un buen perdedor.

 

La enseñanza de la Biblia es muy diferente. Cuando la Biblia usa la palabra Espiritual, generalmente está hablando del Espíritu Santo (por eso yo uso la S mayúscula). Ser Espiritual es ser guiado y motivado por el Espíritu Santo.

 

Significa obedecer sus mandamientos como están registrados en las Escrituras. El hombre Espiritual no es alguien que flota en el aire y escucha voces extrañas. El hombre Espiritual es el que hace lo que dice la Biblia (Rom.8:4-8). En consecuencia, esto significa que se supone que nos involucremos en la vida. Dios quiere que apliquemos modelos cristianos en todas partes, en todas las áreas. La Espiritualidad no significa recogerse y retirarse de la vida; significa autoridad. La confesión básica de fe cristiana es que Jesús es Señor (Rom. 10:9-10) - Señor de todas las cosas, en el cielo y en la tierra. Como Señor, ha de ser glorificado en todas las áreas (Rom. 11:36). En términos de Espiritualidad cristiana, en términos de los requisitos de Dios para la acción cristiana en cada área de la vida, no hay ninguna razón para la retirada.

 

El segundo obstáculo para la acción cristiana ha sido una escatología de la derrota.

 

Nuestra escatología es nuestra "doctrina de las últimas cosas", nuestra expectativa del futuro. Y no hay dudas de las recientes expectativas de muchos cristianos: hemos esperado el fracaso. Como observamos más arriba, el mundo era considerado un barco que se hundía.

 

Por supuesto, ningún cristiano cree en la derrota final. Todos los cristianos saben que Dios saldrá victorioso sobre el diablo al fin de la historia. Como joven cristiano, recuerdo que mis maestros de Biblia me informaban que se habían "asomado al último capítulo (de la Biblia), ¡y los cristianos ganan!". Pero eso es justamente lo que yo quiero decir: Según ciertas clases populares de escatología, la victoria tiene lugar sólo en el "último capítulo". En el tiempo, en la historia, en la tierra, los cristianos pierden. El mundo se vuelve peor y peor. ¡Viene el anticristo! Hay algo terriblemente torcido acerca de eso.

 

Lo que estoy diciendo es esto: La escatología de la derrota es errónea. No es más bíblica que su hermana, la falsa idea de la Espiritualidad. En lugar de un mensaje de derrota, la Biblia nos da esperanza, tanto para este mundo como para el venidero. La Biblia nos da una escatología de señorío, una escatología de victoria. Esto no es alguna clase de optimismo del tipo "todo saldrá bien de algún modo". Es una certeza sólida, confiada, basada en la Biblia, de que antes de la Segunda Venida de Cristo, el evangelio será victorioso en el mundo entero.

 

A muchos, esto les parecerá increíble. Se opone al espíritu entero de la era moderna; por años, se les ha enseñado a los cristianos a esperar la derrota. Ciertamente, es una buena idea cuidarse de las "nuevas" doctrinas. Todo debe ser comprobado por medio de las Escrituras. Sin embargo, una cosa que se debe tener en cuenta es que la idea de señorío no es nueva. En realidad, hasta no hace mucho, la  mayoría de los cristianos se adhería a una escatología de señorío. A lo largo de la historia de la iglesia, la mayoría de los cristianos ha considerado la escatología de la derrota como una doctrina de chiflados.

 

La esperanza de conquistar el mundo para el cristianismo ha sido la fe tradicional de la iglesia por las edades. Este hecho puede demostrarse fácilmente una y otra vez. Podemos verlo en las palabras de Atanasio, el gran padre de la iglesia del siglo cuarto, cuyo libro clásico On the Incarnation of the Word of God revela su fuerte escatología de señorío. Resumió así su tesis:

 

Desde que el Salvador vino a morar en nuestro medio, la idolatría no sólo no ha aumentado, sino que está disminuyendo y gradualmente está dejando de existir. De manera similar, la sabiduría de los griegos no sólo ha dejado de hacer ningún progreso, sino que la había está desapareciendo. Y los demonios, lejos de continuar imponiéndose sobre el pueblo por medio de engaños, oráculos y hechicerías, son derrotados por la señal de la cruz si siquiera lo intentan. Por otra parte, ¡mientras la idolatría y todo lo demás que se opone a la fe de Cristo disminuye, se debilita, y cae todos los días, la enseñanza del Salvador aumenta por doquier! Adorad, pues, al Salvador "que es sobre todas las cosas" y poderoso, Dios el Verbo, y condenad a los que están siendo derrotados y hechos desaparecer por Él. Cuando el sol sale, la oscuridad ya no prevalece; cualquier porción de ella que haya quedado es disipada. Así también, ahora que la divina epifanía de la Palabra de Dios ha tenido lugar, la oscuridad de los ídolos ya no prevalece más, y todas las partes del mundo en todas las direcciones son iluminadas por sus enseñanzas.

 

No debe usted suponer que Atanasio era un mero optimista que pensaba positivamente, que reposaba en un ambiente tranquilo y pacífico. Por el contrario: vivió durante una de las más severas persecuciones que el mundo conoció jamás, el supremo intento del emperador Diocleciano de extirpar la fe cristiana. Más tarde, Atanasio tuvo que permanecer casi solo durante 40 años en su defensa de la doctrina de la Trinidad contra la rampante herejía, habiendo sido exiliado por el gobierno en cinco ocasiones y algunas veces con peligro de perder la vida. En realidad, su historia dio lugar a un proverbio: Atharzasius contra mundum (Atanasio contra el mundo). Sin embargo, jamás perdió de vista el hecho básico de la historia mundial, que el Verbo se había hecho carne, derrotando al diablo, redimiendo a la humanidad, e inundando el mundo con la Luz que la oscuridad no podía vencer.

 

La escatología de señorío de la iglesia configuró radicalmente la historia de la civilización occidental. Por ejemplo, pensemos en las grandes catedrales de Europa, y comparémoslas con los edificios de las iglesias  de la actualidad. Aquellas antiguas catedrales, magníficas obras de arte construidas durante décadas y algunas veces durante generaciones, fueron construidas para que durasen siglos, y lo hicieron. Pero las modernas iglesias evangélicas se construyen para que duren a lo sumo una generación. Nosotros no esperamos estar aquí el tiempo suficiente para usarlas mucho, y ciertamente no esperamos que nuestros biznietos tengan culto para Dios en ellas. Ni siquiera esperamos tener biznietos. Se puede decir sin peligro que la idea de tener descendientes que vivan quinientos años a partir de ahora jamás ha entrado en las mentes de la mayoría de los evangélicos hoy día. Sin embargo, para muchos cristianos de generaciones anteriores, la idea de que futuras generaciones se beneficiasen de sus esfuerzos no era extraña en modo alguno. Construían para largo tiempo.

 

Examinemos un campo muy diferente: la exploración. Ni un solo historiador en un centenar sabe qué motivó a Cristóbal Colón para buscar una ruta por occidente hacia las Indias. ¿El comercio? Sí, esa era parte de la razón. Sin embargo, más que esto, eran profecías sin cumplirse. Antes de comenzar sus expediciones, Colón llenó sus diarios de citas de Isaías y otros escritores bíblicos, en las cuales detallaba las numerosas profecías que la Gran Comisión para hacer discípulos a todas las naciones del mundo darían cumplimiento (véase, por ejemplo, Isa. 2:2-5; 9:2-7. 11:1-10; 32:15-17; 40:4-11; 42:1-12; 49:1-26;  56:3-8; 60:1-22; 61:1-11; 62:1-12; 65:1-25; 66:1-24). Calculó que, si las Indias habían de ser convertidas, una ruta marítima sería una manera más efectiva de llevarles el evangelio; y atribuyó sus descubrimientos, no al uso de las matemáticas o los mapas, sino más bien al Espíritu Santo, que estaba haciendo que ocurriera lo que Isaías había predicho. Tenemos que recordar que América había sido descubierta numerosas veces, por otras culturas; pero la colonización y el desarrollo tuvieron lugar con éxito sólo en la era de las exploraciones iniciadas por Colón. ¿Por qué? Porque estos exploradores eran portadores del evangelio, y su meta era conquistar el mundo para el reino de Dios. Llegaron con la esperanza de que el Nuevo Mundo será cristianizado. Estaban seguros de la victoria, y supusieron que cualesquiera obstáculos que encontrasen habían sido puestos allí con el expreso propósito de ser superados. Sabían que los cristianos están destinados para el señorío.

 

Los ejemplos podrían multiplicarse en todos los campos. Todo el surgimiento de la civilización occidental - la ciencia y la tecnología, la medicina, las artes, el constitucionalismo, el sistema de jurados, la libre empresa, el alfabetizó, la mayor productividad, un creciente estándar de vida, la alta posición de la mujer en la sociedad - es atribuible a un factor de gran importancia: Occidente ha sido transformado por el cristianismo. Es verdad que la transformación todavía no es completa. Quedan muchas batallas por delante. Pero lo que queremos decir es que, hasta en lo que es todavía mayormente una civilización cristiana primitiva, Dios ha hecho llover bendiciones sobre nosotros.

 

Muchos cristianos no se dan cuenta, pero la esperanza es la base de muchos de los grandes y antiguos himnos de la fe, escritos antes de la era moderna de desesperación y pesimismo evangélicos. Piense en eso la próxima vez que cante "Castillo Fuerte es Nuestro Dios", de Martín Lutero; "Jesus shall reign wher'er the sun cloth his successive journeys run", de Isaac Watts; "Stand up, stand up for Jesus", de George Duffield. ¿Cree usted realmente que Jesús está ahora llevándonos "de victoria en victoria" ... hasta que todo enemigo sea derrotado y Cristo sea Señor?" Eso es lo que la iglesia ha creído históricamente. Eso es lo que cantaba en sus himnos. Esto se puede ver más claramente en los tradicionales villancicos de Navidad que, como las reflexiones de Atanasio sobre la encarnación, son esperanzas desprejuiciadas del triunfo de Cristo sobre el mundo por medio del evangelio. Villancicos como "Come, thou long-expected Jesus", "O Come, O come, Emmanuel", "Hark! the herald angels sing", "God rest you merry, gentlemen", y muchos otros, fueron escritos desde la misma perspectiva básica que este libro. La convicción de que - como resultado de su primer advenimiento - Cristo ahora reina desde el cielo y está conquistando la tierra subyace el mensaje de "Joy to the world".

 

No más pecado ni tristeza ni espinas. Él viene para que sus bendiciones fluyan por encima de las maldiciones.

 

Al mundo él gobernará con gracia y con poder, y a toda nación  demostrará las glorias de su justicia y las maravillas de su amor.

 

Lo mismo ocurre con aquel gran villancico orientado a la victoria: "It came upon the midnight clear":

 

Los días se acercan rápidamente, como los profetas lo anunciaron... de lo cual cantan  los ángeles.

 


Los salmos: Nuestro himnario de señorío

 

Hay una conexión muy importante entre la visión mundial de la iglesia y los himnos de la iglesia. Si su corazón y su mente están llenos de cantos de victoria, tendrá a tener una escatología de señorío; si, en lugar de eso, sus cantos son temerosos y expresan un anhelo por escapar - o si son cancioncillas débiles e infantiles - su visión mundial y sus expectativas serán escapistas e infantiles.

 

Históricamente, el himnario básico de la iglesia ha sido el libro de los Salmos. El libro más grande de la Biblia es el de los Salmos, y Dios, providencialmente, lo colocó justo en la mitad de la Biblia, ¡de modo que no pudiésemos pasarlo por alto! Sin embargo, ¿cuántas iglesias usan los salmos en cultos con música? Vale la pena notar que el abandono de la escatología por parte de la iglesia coincidió con el abandono de los salmos por parte de la iglesia.

 

Los salmos están in-escapablemente orientados hacia el reino. Están llenos de conquista, victoria, y el señorío de los santos. Constantemente, nos recuerdan la guerra entre Dios y Satanás; incesantemente, nos llaman a entablar combate contra las fuerzas del mal, y nos prometen que heredaremos la tierra. Cuando la iglesia cantaba los salmos - no sólo pedacitos de ellos, sino de manera abarcarte, a través de todo el Salterio - la iglesia era fuerte, saludable, agresiva, y no podía ser detenida. Por eso el diablo ha tratado de impedir que cantemos los salmos, de robarnos nuestra herencia. Si hemos de recapturar la escatología de señorío, debemos reformar la iglesia; y un aspecto crucial de esa reforma debe ser regresar a cantar los salmos. Escuche los himnos históricos de la iglesia victoriosa:

 

Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti (Sal. 22:27).

 

Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz. (Sal. 37:9-11).

 

Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego. Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra (Sal. 46:8-10).

 

Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo. Porque Jehová el Altísimo es temible; rey grande sobre toda la tierra. Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros pies (Sal. 47:1-3).

 

Toda la tierra te adorará, y cantará a tí; cantarán a tu nombre (Sal. 66:4).

 

Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán (Sal. 72:8-11).

 

Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre (Sal. 86:9).

 

Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, porque han oído los dichos de tu boca. Y cantarán de los caminos de Jehová, porque la gloria de Jehová es grande (Sal. 138:4-5).

 

Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos, para ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos; y a sus nobles con cadenas de hierro para ejecutar el ellos el juicio decretado; gloria será esto para todos sus santos. Aleluya (Sal. 149:5-9).

 

 

¿Cuál es la diferencia?

 

 

El problema escatológico se centra en un punto fundamental: ¿Tendrá éxito el evangelio en su misión o no? A pesar de sus numerosas diferencias individuales, las varias escuelas de pensamiento derrotistas están sólidamente entrelazadas alrededor de un punto principal: El evangelio de Jesucristo fracasará. El cristianismo no tendrá éxito en su tarea mundial. La gran comisión de Cristo de hacer discípulas a todas las naciones no se llevará a cabo. Satanás y las fuerzas del anticristo prevalecerán en la historia, derrotando a la iglesia y casi haciéndola desaparecer - hasta que Cristo venga en el último momento, como la caballería en las películas del oeste de segunda categoría, para rescatar el pequeño y harapiento grupito de sobrevivientes.

 

¿Hay alguna diferencia? ¿Afecta realmente su vida su punto de vista sobre la profecía? Creo que ya hemos visto buena parte de la respuesta a esta pregunta. El punto básico tiene que ver con su actitud hacia el futuro. Recuerdo un periódico del "Pueblo de Jesús" de principios de la década de 1970, que publicó una entrevista con el más popular "experto en profecías" de aquellos días. Basándose en el "hecho" de que Jesús iba a raptar a su iglesia "en cualquier momento", este hombre en verdad estaba aconsejando a sus seguidores que no se casaran y no levantaran una familia. Después de todo, no quedaba tiempo para esa clase de cosas. Venía el Rapto, así que cualquier obra en favor del señorío era inútil. (Si usted fuera el diablo, ¿podría inventar una excusa mejor, que sonara "más espiritual", para que los cristianos abandonasen el plan de Dios para la victoria?)

 

La "ética del rapto" de aquellos años llevó a muchos a abandonar las escuelas, los empleos, las familias, y sus responsabilidades en general; grupos de miembros del Pueblo de Jesús vagaban sin rumbo por el país, sin un propósito claro más allá del siguiente concierto de rock cristiano. Pasaron años antes de que muchos de ellos despertasen y a veces se necesitaron años más para que reorganizaran sus vidas nuevamente.

 

El hecho es que usted no trabajará para la transformación de la sociedad si usted no cree que la sociedad pueda ser transformada. No tratará de construir una civilización cristiana si no cree que una civilización cristiana sea posible. Fue la absoluta confianza en la victoria de la fe cristiana lo que dio valor a los primeros misioneros, que si temor se aventuraron a los más lejanos confines de la Europa pagana como si estuvieran a la cabeza de un ejército, predicando el evangelio, echando fuera demonios, destruyendo ídolos, convirtiendo reinos enteros, poniendo a vastas multitudes de rodillas a los pies de Cristo. Sabían que vencerían. Podían entregar la vida en la lucha, seguros de que la historia estaba de su lado, de que los dominios de Satanás estaban siendo despedazados todos los días, y que su poder ilegítimo se debilitaba y resbalaba cada vez que avanzaban las fuerzas cristianas. No se sentían pesimistas en lo más mínimo acerca del poder del evangelio. Dios hizo honor a su fe en sus promesas, y les permitió echar los cimientos de un cristianismo que algún día abarcará el mundo entero.

 

Cuando el pueblo de Dios desobedece y cae en la incredulidad, la iglesia comienza a perder batallas con Satanás. ¿Indica esto que la esperanza es un error? En absoluto; porque la Biblia enseña que el crecimiento Espiritual de la sociedad no es más "automático" que el crecimiento Espiritual del cristiano individual. "Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe" (1 Juan 5:4).

 

El cristiano no acepta el crecimiento como "automático" en ninguna esfera de la vida. Todo crecimiento y todo desarrollo son dones soberanos del Espíritu de Dios. Pero el cristiano no dice que puede "soltarse y soltar a Dios", dejar de comer y hacer ejercicio, y esperar crecer. No suponemos que podemos dejar de confiar en Dios, dejar de orar y obedecer, y todavía crecer en la gracia. Ni debemos decir que algún acto de desobediencia representa una "tendencia" en nuestra escatología personal, mostrando que estamos necesariamente "destinados" a caer en la vida cristiana. Y lo mismo ocurre con la santificación cultural. No creemos en ningún tipo de progreso "natural" de la civilización. Nuestra civilización surgirá o caerá en términos de la bendición de Dios; y la bendición de Dios es su respuesta personal y de pacto (no "automática") a nuestra obediencia de pacto (Deut. 28).

 

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se devaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. No se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mat. 5:13-16).

 

Esto no es nada menos que un mandato para la completa transformación social del mundo entero. Y lo que Jesús condena es la ineficacia, no cambiar la sociedad la sociedad alrededor de nosotros. Se nos ordena vivir de tal manera que, algún día, todos los hombres glorifiquen a Dios - de tal manera que se conviertan a la fe cristiana. Lo que queremos decir es que, si la iglesia es obediente, los pueblos y las naciones del mundo serán discipulados al cristianismo. Todos sabemos que todo el mundo debería ser cristiano, que las leyes e instituciones de todas las naciones deberían seguir los planos de la Biblia. Pero la Biblia nos dice más que eso. La Biblia nos dice que estas órdenes configuran el futuro. Tenemos que cambiar el mundo y, lo que es más, cambiaremos el mundo.

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