Parte 1: PREAMBULO: El Hijo del Hombre

Parte Uno

PREÁMBULO: EL HIJO DEL HOMBRE

Días de Retribución - Chilton

Una exposición del libro de Apocalipsis

 (Apocalipsis 1)

Introducción

El preámbulo en Deuteronomio (Rev.1:1-5) comienza: "Estas son las palabras ..." 1 Luego, el texto identifica al orador como Moisés a quien, como mediador del Pacto, se le ha "ordenado" entregarle y explicarle la "ley" de Dios a Israel. "Por lo tanto, Yahvé es el Señor que da el pacto y Moisés es el representante y el mediador del pacto. De este modo, esta sección corresponde al preámbulo de los tratados extra-bíblicos, que también identificaba al orador, el cual, por medio del pacto, declaraba su señorío y reclamaba la obediencia del vasallo".2 En el Apocalipsis, el preámbulo comienza con una expresión similar: "La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto". (Rev. 1:1-2).

El propósito del preámbulo del pacto es, pues, proclamar el señorío del Gran Rey, declarando su trascendencia e inmanencia, y dejando bien claro desde el comienzo que su voluntad ha de ser obedecida por su vasallos, sus siervos. Los tratados bíblicos establecen la trascendencia e inmanencia de Dios refiriéndose a una o más de tres actividades: creación, redención, y revelación. Son las últimas dos las que se subrayan especialmente en el preámbulo del Apocalipsis. Ya hemos notado el énfasis en la revelación divina en la frase inicial, y esto se subraya en los versículos siguientes. La iglesias han de "oir las palabras de esta profecía, y guardar las cosas en ella escritas", y el Señor pronuncia una bendición especial sobre los que obedecen (Rev. 1:3); Juan se refiere nuevamente a sí mismo como el que ha testificado de "la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo" (Rev. 1:9); además, habla de la revelación que vino a él en términos de los modelos corrientes y familiares de la revelación de pacto a través de la historia bíblica. "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Escribe en un libro lo que ves ..." (Rev. 1:10-11; véase más abajo).

La redención también se enfatiza en este pasaje: "Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" (Rev. 1:5-6). Además, se declara específicamente que Cristo es el Redentor, el Hijo del Hombre, que "viene con las nubes" en su gloriosa ascensión al Padre y el juicio venidero sobre Israel para recibir el imperio, la gloria, y un reino; que será visto por "los que le traspasaron", y sobre el cual se lamentarán "todas las tribus de la tierra" (Rev. 1:7; comp. Dan. 7:13-14; Zac. 12: 10-14; Mat. 24:30; Jn. 19:37; Eph. 1:20-22). La visión de Cristo que tuvo Juan desarrolla la idea de su obra redentora: Está ataviado como Sumo Sacerdote (Rev.1:13), revelado como la gloria de Dios encarnada (Rev.1:14-15), el Creador y Sustentador del mundo, cuya poderosa Palabra sale para conquistar a las naciones (Rev.1:16); que murió y resucitó de entre los muertos, y que vive para siempre jamás (Rev.1:17-18).

 

Notas:

1. El título de Deuteronomio en hebreo es simplemente: Las Palabras.
2. Meredith G. Kline, Treaty of the Great King (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1963), p. 30.

 

 

 

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