Parte 4: SANCIONES DEL PACTO:

Parte Cuatro - SANCIONES DEL PACTO:

LAS SIETE TROMPETAS (Apocalipsis 8-14)

Días de Retribución - Chilton

Una exposición del libro de Apocalipsis

Introducción

La cuarta sección del documento normal de tratado tenía que ver con las sanciones del pacto (maldiciones y bendiciones) (comp. Deut. 27:1-30:20). 1 En Deuteronomio, estas sanciones se presentan en el contexto de una ceremonia de ratificación, en la cual el pacto entre Dios y el pueblo es renovado. Moisés dio instrucciones al pueblo para que se dividiera en dos grupos, seis tribus en el monte de Gerizim (símbolo de bendición) y seis en el altar construído sobre el monte Ebal (símbolo de maldición). La congregación debía hacer juramento solemne, repitiendo Amén mientras los levitas repetían las maldiciones del pacto invocando sobre sí mismos aquellas maldiciones si alguna vez abandonaban la ley (Deut. 27:1-26). Moisés dio a entender claramente que este juramento de pacto involucraba no sólo al pueblo que había jurado, junto con sus esposas, hijos, y siervos, sino también a las generaciones venideras (Deut. 29:10-15).

Deuteronomio 28 es prácticamente la sección de la bendición/maldición paradigmática de la Biblia entera. Las bendiciones por la obediencia están enumeradas en los versículos Deut. 28:1-14, y las maldiciones por la desobediencia (con más detalle) en los versículos Deut 28:15-68. Las Guerras de los Judíos, de Josefo, parecen casi como un comentario sobre este pasaje, porque la Gran Tribulación que culminó en la caída de Jerusalén en el año 70 d. C. y la subsiguiente dispersión de los judíos por toda la tierra era el cumplimiento definitivo de sus maldiciones. Cuando la turba de judíos clamaba para que Jesús fuera crucificado, invocaba los ayes de este capítulo: "Y respondiendo todo el pueblo dijo: Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos" (Mat. 27:25). Cuando los días de retribución por fin le sobrevinieron a esta generación, fueron maldecidos en cada uno de los aspectos de la vida (Deut. 28:15-19); atacados con pestilencias de todo tipo (Deut. 28:20-26); azotados por pestes, violencia, y opresión (Deut. 28:27-37); golpeados por las malas cosechas, las inversiones económicas, y la pérdida de sus hijos (Deut. 28:38-48); sitiados por sus enemigos y sufriendo hambruna hasta practicar el canibalismo (Deut. 28:49-57), esclavizados y dispersos por todas las naciones del mundo, viviendo en temor y en desesperación día y noche (Deut. 28:58-68).

Moisés advirtió que la tierra de Israel se convertiría en desolación si el pueblo abandonaba el pacto; como Sodoma y Gomorra, un monumento al juicio de Dios. "Y dirán las generaciones venideras, vuestros hijos que se levanten después de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de aquella tierra, y sus enfermedades de que Jehová la habrá hecho enfermar (azufre y sal, abrasada toda su tierra; no será sembrada. ni producirá, ni crecerá en ella hierba alguna, como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehová destruyó en su furor y en su ira)".

"Más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto, y fueron y sirvieron a dioses ajenos, y se inclinaron a ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa les habían dado. Por tanto, se encendió la ira de Jehová contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro; y Jehová los desarraigó de su tierra con ira, furor, y con grande indignación, y los arrojó a otra tierra, como hoy se ve" (Deut. 29:22-28).

Las siete trompetas del Apocalipsis anuncian que este juicio está a punto de ser derramado sobre Israel por haber rechazado a Cristo. A través de esta sección vuela el ángel-querubín con su clamor de ayes, un recordatorio de la nación conquistadora de la que se advierte en Deut. 28:48. El águila es un símbolo bíblico tanto de las bendiciones (comp. Ex. 19:4; Deut. 32:11) como de las maldiciones del pacto (comp. Jer. 4:13; Hab. 1:8). Como en la apertura de la sección sobre sanciones y la ratificación del pacto en Oseas (Hosea 8:1), el águila en Apocalipsis está conectada con el sonar de las trompetas anunciando el desastre; y sin embargo el águila trae salvación también al que es fiel al pacto (comp. Rev. 12:14).

Como en Deuteronomio, esta sección de Apocalipsis nos muestra dos montes: el monte de la maldición en el capítulo 8, que es encendido con carbones del altar y lanzado al abismo; y el monte de bendición en el capítulo 14, el monte de Sion, donde el Cordero se encuentra con su ejército de 144.000, el remanente de la tierra de Israel. Deut. 30:1-10 promete una última restauración del pueblo, cuando Dios realmente circuncidará sus corazones, y cuando nuevamente les bendiga abundantemente en todas las áreas de la vida. Kline comenta: "Como muestra el desarrollo de este tema en los profetas, la renovación y la restauración que Moisés predice es la que Cristo consumó en el nuevo pacto. La profecía no tiene que ver tanto con los judíos étnicos como con la comunidad del pacto, que aquí se denotaba concretamente en su identidad del Antiguo Testamento como Israel. Dentro de la esfera del Nuevo Pacto, sin embargo, el muro de las distinciones étnicas desaparece. En consecuencia, la figura del Antiguo Testamento que aquí se usa para describir a los israelitas exiliados y reunidos con Yahvé en Jerusalén (v. 3b, 4; comp. Rev. 28:64) encuentra su principal cumplimiento en la reunión universal, en el Nuevo Testamento, de los pecadores de la raza humana, exiliados del paraíso, de vuelta al Señor Cristo entronado en la Jerusalén celestial". 2

Por esto, la imagen central de esta sección de Apocalipsis es una ceremonia de ratificación del pacto (capítulo 10), en la cual el ángel del pacto está de pie en el mar y sobre la tierra, alzando su mano derecha al cielo, haciendo un juramento y proclamando la venida del Nuevo Pacto, la inauguración de una nueva administración del mundo bajo "el Señor y su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Rev. 11:15).

 

Notas:

1. Véase de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B, Eerdmans Publishing Co., 1963), (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1987).

2. Kline, pp. 132ss.

 

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