Parte 5: SUCESIÓN Y CONTINUIDAD DEL PACTO: LAS SIETE COPAS

Parte Cinco

SUCESIÓN Y CONTINUIDAD DEL PACTO: LAS SIETE COPAS

(Apocalipsis 15-22)

 

Días de Retribución - Chilton

Una exposición del libro de Apocalipsis

Introducción

Como hemos visto, la sección final de Apocalipsis corresponde a la carta de Cristo a la iglesia de Tiatira, que habla del juicio de Cristo sobre "Jezabel", la falsa esposa; y, como la carta al ángel de la iglesia en Laodicea, habla contra la iglesia económicamente rica pero espiritualmente miserable (el judaísmo), que Cristo está a punto de escupir de su boca. Esta sección también corresponde al último de los cuatro seres vivientes, el hombre-querubín, y (en el orden de Juan) el último cuarto del Zodíaco, gobernado por la constelación de Acuario, el que vierte agua; en consecuencia, el símbolo de juicio en esta sección es el de los ángeles que derraman la ira de Dios desde sus copas.

También hemos observado que la última división de Apocalipsis corresponde a la quinta y última parte de la estructura del tratado de pacto: los arreglos de la sucesión. Esto trata de la continuidad del pacto, el desheredamiento de los miembros ilegítimos, y la herencia de los que son fieles a sus obligaciones juradas (comp. Deut. 31-34). 1 Moisés comienza esta sección de Deuteronomio con órdenes para extender el pacto hacia el futuro. Encomienda al pueblo (Deut. 31:1-6), a Josué (Deut. 31:7-8), y a los sacerdotes (Deut. 31:9-13) el deber de seguir el programa del pacto y asegurarse de que fuera transmitido a las generaciones venideras. Luego (Deut. 31:14-15) Dios aparece en la Nube de Gloria a la puerta del tabernáculo para encontrarse con Moisés y con Josué, y les da instrucciones para que enseñen a los hijos de Israel un Cántico de Testimonio. Le dice a Moisés: "He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, y e invalidará mi pacto que he concertado con él; y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias... Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel... Y cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo" (Deut. 31:16-21).

Como muestra Kline, el Cántico de Testimonio (Deut. 32) es la demanda de pacto de Yahvé contra su pueblo ingrato e infiel, proféticamente librado por mano de Moisés, 'el varón de Dios' (véase Deut. 33:1, siendo 'el varón de X' un título de los mensajeros de grandes reyes). 2 Modelo de demanda de pacto, el cántico mismo está estructurado según la forma normal de documento de tratado. Por esto tenemos el bosquejo familiar:

I. Preámbulo (Deut. 32:1-4)
II. Prólogo histórico (Deut. 32:5-14)
III. Registro de la rebelión contra las estipulaciones del pacto (Deut. 32:15-18)
IV. Sanciones:

A. Maldiciones contra los violadores del pacto (Deut. 32:19-25)

B. Bendiciones sobre el remanente por medio del juicio redentor (Deut. 32:26-43)
V. Disposiciones de la sucesión (Deut. 32:44-34:12)3

Tanto Moisés como Josué enseñaron el Cántico de Testimonio al pueblo (Rev. 32:44); podría muy bien llamarse "el cántico de Moisés y de Josué". En consecuencia, en la correspondiente sección quinta de Apocalipsis, Juan comienza con una manifestación de la gloria de Dios en "el santuario del tabernáculo del testimonio", donde Dios da una comisión de pacto a los siete ángeles-sacerdotes; como acompañamiento a todo esto el remanente canta "el cántico de Moisés el siervo de Dios, y el cántico del Cordero". Como saben todos los lectores de Juan, el Cordero es Jesús, la forma griega del nombre hebreo Josué; el cántico es, por lo tanto, "el cántico de Moisés y de Josué (el Mayor)".

En Apocalipsis 15 y 16, el tabernáculo se abre y los sacerdotes son enviados a derramar sus copas-juicios sobre Israel como castigo por su fornicación - el crimen principal que suscitó el Cántico de Testimonio original (Deut. 31:16). Aquí deberíamos notar un importante elemento que enlaza juntos los capítulos 15-22 como una unidad literaria. Después de que los siete ángeles han derramado sus copas de ira, uno de los mismos siete ángeles viene para mostrarle a Juan "el juicio de la gran ramera" (Rev. 17:1). Más tarde, en la visión final del libro, otro de estos ángeles portadores de copas le muestra a Juan la contraparte de la ramera: "la desposada, la Esposa del Cordero" (Rev. 21:9). Claramente, las visiones relativas a la ramera y la Esposa son extensiones de la sección de las siete copas de la profecía.

Como Dios había declarado en el Cántico de Testimonio de Moisés, Él es el esposo celoso, que ha sido traicionado por la infidelidad de esta "generación perversa" (Deut. 32:5, 16, 20-21; comp. Mat. 17:17; Acts 2:40). El castigo que Él envía será aquél con el cual ya ha amenazado en Deuteronomio 28:49-57: Una terrible nación enemiga se levantará para destruir a Israel, trayendo venganza sobre la "esposa" apóstata de Dios (Deut. 32:21-25). 4 Este tema se examina y se expande en Apocalipsis 17-18, donde la esposa ramera es destruída por su infidelidad. Y sin embargo, el remanente se salva; y, como hemos visto, este "remanente" es finalmente mayor que su original, habiéndose transformado en una gran multitud que nadie puede contar, excediendo vastamente en número al antiguo Israel (Apoc. 7). Dios garantiza la sucesión de pacto estableciendo el trascendente nuevo pacto. Distinguiendo a sus verdaderos herederos, los incorpora en la Esposa del Cordero, la Nueva Jerusalén; y la Esposa y el Esposo se encuentran en la comida sacramental, la cena de las bodas del Cordero (Rev. 19:10).

Después de cantar el Cántico de Testimonio, Moisés bosqueja el futuro de las doce tribus en un testamento final (Deut. 33; comp. Rev. 21:12), que proclama la venida del Señor en salvación (Deut. 33:2), y se regocija en el dominio sacerdotal y real que Dios proveerá para su pueblo:

No hay como el Dios de Jesurún, quien cabalga sobre los cielos para tu ayuda, y sobre las nubes con su grandeza. El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos; Él echó de delante de tí al enemigo, y dijo: Destruye. E Israel habitará confiado, la fuente de Jacob habitará sola en tierra de grano y de vino; también sus cielos destilarán rocío. Bienaventurado tú, oh Israel, ¿quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu socorro, y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados, y tú hollarás sobre sus alturas. (Deut. 33:26-29; comp. Rev. 19:11-22:5).

Finalmente, el Señor lleva a Moisés a la cumbre del monte Nebo, y le muestra la Tierra Prometida, pero le informa nuevamente que no podrá guiar al pueblo allí; su lugar debe ser tomado por Josué el conquistador (Deut. 34:1-9). Sin embargo, la posición de Moisés sigue siendo única, porque "nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara" (Deut. 34:10). El mensaje de Juan en Apocalipsis, sin embargo, es que (como deseaba Moisés), todo el pueblo de Dios sea profeta (Num. 11:29). Los cristianos, "siervos" como Moisés (Rev. 15:3; 19:2, 5), no son inferiores ni siquiera a los ángeles en sus privilegios del santuario (Rev. 19:10), sino que tienen pleno acceso a Dios, ejerciendo la misma libertad de expresión (comp. Heb. 10:19) de que él disfrutaba. Delante del trono celestial de Dios, "sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes" (Rev. 22:4).




Notas:

1. Véase de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1963), pp. 135-149; comp. Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion By Covenant (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1987).

2. Kline, Treaty of the Great King, p. 139.

3. Véase íbid., pp. 10-149; yo he corregido ligeramente el bosquejo de Kline.

4. Sin embargo, la nación usada como vara de la ira de Dios será ella misma aplastada por su propia desobediencia, y el remanente de Israel será salvo (Deut. 32:26-43; comp. Is. 10:5-34; Rev. 17: 16-17; 19:17-21).  

 

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