Capitulo 05. El Cristo Victorioso

Capitulo 5 - EL CRISTO VICTORIOSO

Días de Retribución - Chilton

Parte Tres
El Cordero y el libro (5:1-14)

1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?
3 Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.
4 Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;
9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,
12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

 

v1-4 Juan ve al que está sentado en el trono sosteniendo un libro ... sellado con siete sellos. Como observó Theodor Zahn, los siete sellos indican que este documento es un testamento. Aunque ésta no es la explicación completa, es importante para entender correctamente el Libro. Escribió Zahn: "La palabra biblion [libro] permite muchas interpretaciones, pero para los lectores de aquel tiempo era designado por medio de siete sellos sobre su lomo, más allá de cualquier posibilidad de error. De la misma manera que en Alemania, antes de la introducción de los giros, todo el mundo sabía que una carta sellada con cinco sellos contenía dinero, el miembro menos informado de las iglesias asiáticas sabía que un biblion asegurado con siete sellos era un testamento. Cuando moría un testador, se sacaba el testamento, y siempre que era posible, se abría en presencia de los siete testigos que lo habían sellado; es decir, era desellado, leído en voz alta, y ejecutado... El documento de los siete sellos es el símbolo de la promesa de un futuro reino. La disposición ocurrió hace mucho tiempo, y fue documentada y sellada, pero todavía no fue ejecutada". 1

El Libro también estaba escrito por delante y por detrás. Cualquier lector cristiano 2 habría entendido inmediatamente el significado de esta descripción, pues se basa en la descripción de los Diez Mandamientos. Las dos tablas del testimonio, que eran copias duplicadas 3, estaban inscritas en el frente y por detrás (Ex. 32:15). Una analogía de esto se encuentra en los tratados de soberanía del antiguo Cercano Oriente: Un rey victorioso (el soberano) imponía un tratado/pacto sobre el rey derrotado (el vasallo) y sobre todos los que estaban bajo la autoridad del vasallo. Se redactaban dos copias del tratado (como en los contratos modernos), y cada parte ponía su copia del contrato en la casa de su dios, como un documento legal que testificaba la transacción. Por supuesto, en el caso de Israel, el Señor era tanto Soberano como Dios; así que ambas copias del Pacto fueron puestas en el Tabernáculo (Ex. 25:16, 21; 40:20; Deut. 10:2).

Meredith Kline explica: "El propósito de la copia del pacto en manos de Israel era el de servir como testimonio documental (Deut. 31:26). Era testimonio para y en contra de Israel, recordándole las obligaciones que había jurado cumplir, y reprendiéndole por las obligaciones violadas, declarando la esperanza de las bienaventuranzas del pacto y pronunciando una condena por las maldiciones del pacto. La proclamación pública del pacto estaba diseñada para enseñar el temor del Señor a todo Israel, especialmente a los niños (Deut. 31:13; comp. Ps. 78:5 ss).... Considerada en relación con el juramento y la promesa divinos, el duplicado de la tabla del pacto en manos de Yahvé servía un propósito análogo al del arco iris en su pacto con Noé (Gen. 9:13-16). Contemplando esta tabla, él recordaba su juramento a sus siervos y fielmente traía la bendición prometida". 4

Hemos visto que Juan ha organizado esta profecía en términos de la estructura establecida para los pactos. Más que esto, mucho de la información específica en Apocalipsis ha indicado que la idea del pacto es central a su mensaje. El libro se presenta a sí mismo desde el principio como parte del canon, escrito principalmente para ser leído en la liturgia (Rev. 1:3). Se usa la imagen del Tabernáculo en la doxología inicial ( Rev. 1:4-5), y se declara que la iglesia está constituída como el nuevo reino de sacerdotes, como Israel lo había sido en Sinaí (Rev. 1:9). El tema del libro, declarado en Rev. 1:7, es la venida de Cristo en la nube de gloria; luego, casi inmediatamente, Juan usa tres palabras que casi siempre ocurren en relación con la actividad de hacer un pacto: Espíritu, Día, y Voz (Rev.1:10). La siguiente visión de Cristo como el glorioso Sumo Sacerdote (Rev. 1:12-20) combina muchas imágenes del Antiguo Testamento - la nube, el día del Señor, el ángel del Señor, el Creador, el Soberano del universo, el Hijo del hombre/el segundo Adán, el conquistador de las naciones, el dueño de la iglesia - todas las cuales están relacionadas con las profecías de la llegada del nuevo pacto. La visión es seguida por el propio mensaje de Cristo a las iglesias, presentado como un mensaje de la historia del pacto (capítulos 2-3). Luego, en el capítulo 4, Juan ve el trono, sostenido por los querubines y rodeado por los sacerdotes reales, todos cantando las alabanzas de Dios con acompañamiento de relámpagos, voces, y truenos, como los de Sinaí. No debería sorprendernos encontrar esta magnífica colección de imágenes relacionadas con la confección de un pacto, que culminan con la visión de un documento de testamento/tratado, escrito delante y detrás, en la mano de Aquél que está sentado en el trono. El Libro es nada menos que el testamento del Cristo resucitado y ascendido al cielo: el Nuevo Pacto.

Pero la llegada del Nuevo Pacto implica la muerte del Viejo Pacto y el juicio del Israel apóstata. Como vimos en la introducción, los profetas bíblicos hablaron en términos de la estructura del pacto/tratado, que actúa como fiscal acusador en nombre del divino Soberano, que pone un pleito de pacto contra Israel. La imagen de un documento inscrito en ambos lados se usa en la profecía de Ezequiel, que Juan ha tomado como modelo para su profecía. Ezequiel dice que recibió un pergamino que contenía una lista de juicios contra Israel:

Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. ... Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro. Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes. (Ez. 2:3-10).

Al ver Juan que se abre el Nuevo Pacto, por lo tanto, también ve cumplidas las maldiciones del Antiguo Pacto en el pueblo del pacto que ha apostatado. Esta conclusión se hace más clara si miramos el movimiento general de la profecía. Los siete sellos del Libro son rotos para revelar su contenido; pero la ruptura del séptimo sello inicia el resonar de las siete trompetas (Rev. 8:1-2). La visión final de la sección de las trompetas termina con una horrorosa escena de la gran cosecha, en la cual "las uvas de la ira" son pisadas y la tierra entera es inundada por un torrente de sangre (Rev. 14:19-20). Esto conduce directamente a la sección final de Apocalipsis, en la cual Juan ve la sangre del lagar derramarse de las siete copas de la ira (16:1-21). Parecería, por lo tanto, que se quiere que entendamos que las siete copas, como el contenido de la séptima trompeta, "el último ay", han de caer sobre la tierra (comp. Rev. 8:13; 9:12; 11:14-15; 12:12). Todo esto - los sellos, las trompetas, y las copas - es el contenido del libro de siete sellos, el Nuevo Pacto.

Pero hay una crisis: Nadie en toda la creación - ni en el cielo, ni en la tierra, ni debaajo de la tierra - puede (o es digno de, como dice Juan) abrir el Libro, ni siquiera mirarlo. Nadie puede cumplir las condiciones requeridas por el Mediador del Nuevo Pacto. Todos los anteriores mediadores - Adán, Moisés, David, y el resto - finalmente resultaron inadecuados para lla tarea. Nadie pudo quitar el pecado y la muerte, pues todos han pecado, y continuamente están destituídos de la gloria de Dios (Rom. 3:23). El sacrificio de animales no podía realmente quitar los pecados porque tal cosa es imposible (Heb. 10:4); y el mismo sumo sacerdote que ofrecía los sacrificios era pecador, y estaba "rodeado de debilidad" (Heb. 5:1-3; 7:27), teniendo que ser reemplazado después de su muerte (Rev. 7:23). No se pudo encontrar a nadie que garantizara un mejor pacto. Con el profético anhelo y la profética tristeza de la iglesia del Antiguo Testamento, Juan comienza a llorar mucho. El Nuevo Pacto había sido ofrecido por el que estaba sentado en el trono, pero nadie era digno de actuar en nombre tanto de Dios como del hombre para ratificar el pacto. El libro de los siete sellos permanecería sellado.

v5-7 Juan es consolado por uno de los ancianos, que le dice (como se lee literalmente): Deja de llorar; ¡he aquí, Él ha vencido! Así, la iglesia predica el evangelio a Juan; y parece como si el anciano está tan emocionado por su mensaje que deja escapar bruscamente el clímax aún antes de explicar quién ha vencido. Continúa describiendo a Cristo el Vencedor: el León de la tribu de Judá, el fuerte y poderoso cumplimiento de la antigua profecía de Jacob a su cuarto hijo:

Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos. (Gen. 49:9-10).

Fue David, el vencedor León de Judá del Antiguo Pacto, a quien Dios reveló tanto el plano del templo (1 Crón. 28:11-19) como el plan del pacto sempiterno, la "Carta para la Humanidad", por medio de la cual el venidero Rey-Sacerdote traería la bendición de Abraham a todas las naciones (2 Sam. 7:18-29; 23:2-5; 1 Crón. 17:16-27; Ps. 16; 110; Acts 2:25-36). 5 Por fin, el hijo mayor de David vino y venció, estableciendo el dominio eterno y abriendo el pacto. Encarnando y cumpliendo todas sus promesas, Él es "Siloh".

Cristo es llamado también la Raíz de David - una expresión extraña a nuuestra propia manera de pensar. Podemos entender más fácilmente la expresión de Isaías: "una vara del tronco de Isaí" (Is. 11:1). Como descendiente de Isaí y de David, Jesús podría ser llamado una "rama" (Jer. 23:5; Zac. 3:8); pero, ¿cómo podría ser llamado la Raíz? Nuestra perplejidad se origina en nuestra idea de cómo funciona la historia. Estamos acostumbrados a pensar en la historia como si fuera una máquina de Rube Goldberg cósmica: Se mueve una palanca en un extremo, y una serie de artefactos y cacharros parecidos a fichas de dominó chocan entre sí, y al final producen cualquier efecto en el extremo opuesto de la máquina. Por pura causa y efecto, cada evento causa otros eventos, en sucesión cronológica directa.

Ahora bien, esto es cierto - pero no es toda la verdad. En realidad, tomado por sí solo e independientemente, no es verdad en absoluto, pues esta tesis es evolucionaria en sus suposiciones, no bíblica. La historia no es simplemente una cuestión de que el pasado cause el futuro; también es verdad que el futuro causa el pasado, como lo explica R. J. Rushdoony: "Según la Biblia, el movimiento del tiempo es desde la eternidad, puesto que es creado por Dios y se mueve a causa de y en términos de su decreto eterno... Porque el tiempo está predestinado, y porque su principio y su fin ya están establecidos, el tiempo no se desarrolla de manera evolucionaria del pasado al presente y después al futuro. En su lugar, se desenvuelve desde el futuro hacia el pasado". 6

Una simple ilustración podría ayudarnos a entender esto. Digamos que alguien le encuentra a usted empacando un almuerzo en una calurosa mañana, y le pregunta la razón de ello. Usted contesta: "Porque voy a tener un picnic en el parque hoy". ¿Qué ha ocurrido? En cierto sentido, el futuro - el picnic planeado - ha determinado el pasado. Porque usted quería tener un picnic en el parque, entonces planeó el almuerzo. Lógicamente, el picnic precedió, y causó, la preparación del almuerzo, aunque aquél siguió a éste cronológicamente. De la misma manera, Dios deseaba glorificarse a sí mismo en Jesucristo; por lo tanto, creó a Isaí y a David, y a todos los otros antepasados de la naturaleza humana de Cristo, para traer a su Hijo al mundo. La existencia misma de la Raíz de David era el Hijo de David, Cristo Jesús. ¡El "efecto" determinó la "causa"! 7

Así, el Señor Cristo Jesús es presentado de la manera más radical posible como el Centro de toda la historia, como la divina Raíz y la Rama, el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega. Y es como el León vencedor y la Raíz determinante que Él ha prevalecido para que abra el Libro y sus siete sellos.

Juan se vuelve para ver al que es descrito de esta manera - y, en vez de un León o una Rama, ve a un Cordero de pie delante del trono. Este es el modelo que primero notamos en Rev. 1:11, donde Juan primero oye, luego ve. Obviamente, aquél a quien Juan ve en el versículo 5 es idéntico al que ahora contempla en el versículo 6. El León es el Cordero.

¿En qué sentido es Cristo Jesús un Cordero? El pasaje no se refiere a Jesús en su naturaleza - Él no es "como un cordero" en el sentido de que es bondadoso, dulce, o benigno, como algunos quisieran entender incorrectamente este texto. 8 Cristo es llamado un Cordero, no en vista de su Persona (que la teología popular degrada al concepto moderno de "personalidad" de todos modos), sino en vista de su obra. Él es el Cordero que fue inmolado, "que quita el pecado del mundo" (Jn. 1:29). Así, el centro de la historia es la obra consumada, sacrificial, de Cristo. El fundamento de su reino mediatorio (Cristo como el León) es su expiación mediatoria (Cristo como el Cordero). Es a causa de su sacrificio que Él ha sido exaltado al lugar de supremo gobierno y suprema autoridad. Cristo ha alcanzado la victoria por medio de su sufrimiento y su muerte sacrificiales en lugar nuestro.

Juan subraya esto a través de su lenguaje específico: un Cordero en pie, como inmolado. Philip Barrington sugiere que la palabra griega para "en pie" (hestekos) es "una traducción griega aproximada de la palabra hebrea Tamid, que significa 'en pie' o 'continuo', y se refiere a la ofrenda encendida diaria en el Templo. Es el término técnico regular, y forma el título de la sección de la Mishnah que trata de ese sacrificio. El Cordero del Tamid es una expresión intangible, que podría muy bien haberse convertido en el Arnion Hestekos del griego. La palabra griega Hestekos no significa 'continuo', sino sólo 'en pie' en el sentido literal; pero podría ser un equivalente aproximado, como Christos (manchado), que significa Mesías. Así, Arnon Hestekos podría ser 'baboo', palabra griega que signfica Cordero del Sacrificio.

"La palabra Arnion también ha dado lugar a discusión. En el cuarto evangelio, a nuestro Señor se le llama Cordero de Dios (Rev. 1:29), de la misma manera en que aquí se le llama Cordero del Tamid; pero las dos palabras son diferentes, Arnion aquí y Amnos en el evangelio. Es posible que, aunque Amnos es la palabra más común y natural para Cordero, Arnion Hestekos podría ser un término técnico del Templo judío... " 9

Juan continúa con sus imágenes simbólicas: Cristo el Cordero tiene siete cuernos. El cuerno en la Escritura es un símbolo comprensible de fortaleza y poder (comp. Ps. 75:10); más que esto, sin embargo, el pensamiento del lector bíblico culto habría sido estimulado a recordar los siete cuernos de carneros que se usaban para anunciar el juicio de Dios sobre sus enemigos y la victoria y la salvación del pueblo del pacto en la batalla histórica de Jericó (Josué 6:2-5). De la misma manera, el gran Cordero Sacrificial, al cual apuntaban todos los otros sacrificios, ahora proporciona poder y fortaleza y victoria para su pueblo en la lucha por alcanzar el dominio sobre la tierra. Es la victioria definitiva de Cristo lo que garantiza las progresivas victorias y el dominio final de la iglesia sobre todo el territorio que le ha sido asignado - el cual, en esta época, no es sólo Palestina, sino el mundo entero (Mat. 28:18-20).

Además, el Cordero tiene siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra (comp. Zac. 6:5). Para entender esto, tenemos que regresar a Génesis 1, donde encontramos la primera mención del Espíritu: Cerniéndose sobre la tierra, moviéndose sobre ella, formándola y llenándola, suscitando la vida. Al progresar la creación, el Espíritu lleva a cabo siete actos de ver - los séptuples ojos del Espíritu, si queremos. Siete veces se nos dice que "vio Dios que era bueno" (Gen. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25, 31). Mientras creaba el mundo, Dios también lo juzgaba, evaluándolo y aprobándolo, hasta que se emitió el juicio final y culminante como preludio al principio del séptimo día. 10 Aquí en Apocalipsis, Cristo es presentado como el centro de la historia, el vencedor que recibe el nuevo pacto para los hombres; y como tal, se lo ve como Creador y Juez, con plenitud de conocimiento por medio de su inconmensurable posesión del Espíritu que ve y discierne (Jn. 3:34). Ya en el principio, cuando el Espíritu salió a formar la tierra y a evaluarla, "procedió del Padre y del Hijo". La comprensión de la creación y la historia por parte de Cristo se origina, no en la historia misma, sino en el hecho de que Él es tanto el Creador como el Redentor del mundo. Así, sobre la base de su persona, su obra, y su exaltada posición como Salvador y Gobernante del mundo, Cristo Jesús ascendió al cielo, se adelantó hasta el trono de su Padre, y tomó el Libro de la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono. Así lo describe el profeta Daniel:

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria, y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. (Dan. 7:13-14).

El mensaje central de la Biblia es la salvación por medio de Cristo Jesús, el Mediador del Nuevo Pacto. Aparte de su obra, por medio de la cual Él adquirió y posee eternamente el Pacto, no hay esperanza para la humanidad. Él ha vencido abrumadoramente, para poder abrir el Tratado del Gran Rey; y por medio de Él nosotros también somos más que vencedores.

v8-10 En este punto, la compañía de santos y ángeles en el cielo prorrumpe en alabanzas: Los cuatro seres vivientes caen delante del Cordero, postrándose en adoración mientras se preparan para adorarle con cánticos, teniendo cada uno un arpa. Otro importante aspecto de la escena tiene que ver con las fuentes de oro llenas de incienso, que son (es decir, representan, o son enunciadas simbólicamente) las oraciones de los santos (comp. Ps. 141:2; Lk. 1:10). Geerhardus Vos explica: "El simbolismo consiste en parte en que el humo es, por decirlo así, la refinada quintaesencia de la ofrenda, y parte en la manera en que asciende. Que el altar de incienso tenga su lugar bien cerca del velo que está delante del Lugar Santísimo significa la especificidad religiosa de la oración, en el sentido de que está lo más cerca posible del corazón de Dios. La ofrenda era de carácter personal. La idea del olor grato del incienso que arde en las narices de Jehová es un tanto alejada de nuestros propios gustos sobre imágenes religiosas, pero no debería ser pasada por alto a causa de esto, pues el sentido hebreo de religión no siente que esto sea inapropiado en lo más mínimo". 11

Luego, los seres vivientes y los ancianos cantan un cántico nuevo, y de nuevo se usa una sección coral para explicar estos símbolos. En verdad, nuestra interpretación queda confirmada por la expresión que Juan usa aquí. El cántico nuevo se menciona siete veces en el Antiguo Testamento (Ps. 33:3; 40:3; 96:1; 98:1; 144:9; 149:1; Is. 42:10), y siempre en referencia a los actos redentores/creadores de Dios en la historia. El cántico nuevo celebra la elaboración del pacto y predice la venida de Cristo para traer salvación a las naciones y victoria universal para los piadosos:

Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. (Ps. 98:1-3)

Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas. Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo. Den gloria a Jehová, y anuncien sus loores en las costas. Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra despertará celo; gritará, voceará, se esforzará sobre sus enemigos. (Is. 42:10-13).

Cada vez que en la Biblia se alcanza una nueva etapa en la historia de la redención (como el Éxodo, la fundación del reinado teocrático, etc.) hay un correspondiente período de revelación canónica; como dijo Geerhardus Vos: "La revelación sigue a los eventos". 12 Más específicamente, la aparición de las Escrituras canónicas está presente en la victoriosa redención del pueblo de Dios por parte de Él, como señala Meredith G. Kline con relación al "nacimiento de la Biblia": "En medio de un mundo caído, y en vista de la hostilidad satánica manifestada de varias maneras históricas, el pueblo electo de Dios no podría alcanzar la condición de reino si los juicios redentores no le libraran del poder del adversario. Sólo cuando el Señor Dios haya alcanzado este triunfo sotérico quedaría preparado el camino para que él promulgase su tratado-reino, estableciendo sus mandamientos entre su pueblo electo y ordenando la existencia de su reino bajo el dominio de su soberana voluntad..."

"La revelación de pacto ya había sido dirigida a Abraham, Isaac, y Jacob, con sus casas, ofreciéndoles el reino en promesa. Pero la Escritura requería para su aparición más que la mera promesa de un reino. Era necesario que se cumplieran la promesa y el juramento dados a los patriarcas: el pueblo escogido debía alcanzar la condición de nación. No fue sino hasta que hubo creado la comunidad-reino de Israel de la tiranía de Faraón a la asamblea de Sinaí que Dios pudo emitir un pacto canónico del tipo bíblico. La aparición de la Escritura canónica tuvo así que esperar la victoria del éxodo de Yahvé. Esa victoria señaló la plenitud del tiempo para el nacimiento de la Palabra-tratado de Dios".

"El que se programara el nacimiento de la Palabra escrita precisamente en esa coyuntura histórica llama nuestra atención a la peculiar calidad de la Escritura canónica. Originándose, como lo hace, a consecuencia de una impresionante exhibición del poder de Yahvé en salvación y en juicio, de acuerdo con las promesas proféticas hechas a los patriarcas, desde el princpio la Escritura muestra el carácter de una palabra de triunfal cumplimiento. Es la incontestable declaración de que el nombre del Dios de Israel es Yahvé, poderoso Señor del Pacto. Aunque el reino mosaico establecido en Sinaí era en sí mismo todavía sólo provisional y promisorio en relación con las realidades mesiánicas de la era del Nuevo Testamento, sin embargo, e inconfundiblemente, la Palabra de Dios del Antiguo Testamento que anunciaba el reino israelita era, para la etapa pre-mesiánica de la historia de la redención, una palabra de promesas manifiestamente cumplidas y del reino triunfante de Yahvé expresado decisiva y dramáticamente. Por lo tanto, desde que apareció por primera vez en la secuela de la historia, la Escritura canónica confronta a los hombres como una palabra divina de triunfo". 13

Lo que Sinaí mostró en forma provisional, el Calvario y el Monte de los Olivos revelaron definitivamente: la victoriosa redención del pueblo elegido de Dios en el Nuevo Pacto, cuando el León de la tribu de Judá venció para que abriera el Libro. Y porque Cristo Jesús obtuvo el Nuevo Pacto para su pueblo, Él encomendó la escritura de las Escrituras canónicas del Nuevo Testamento como la exhibición decisiva y dramática de su reino triunfante, su "divina palabra de triunfo".

Junto con la nueva revelación escrita, esta etapa nueva y final de la historia de la redención introducida por el Nuevo Pacto requería un Cántico Nuevo, una nueva respuesta litúrgica por parte de la asamblea que adora. Así como las épocas anteriores de la historia del pacto evocó un Cántico Nuevo, 14 el establecimiento definitivo de la nueva nación con su nuevo tratado-reino necesitaba un nuevo culto, un culto que fuera un verdadero cumplimiento del antiguo, una trascendencia de todo lo que prefiguraba. El vino nuevo del Nuevo Pacto no podía ser contenido en los odres del Antiguo; la nueva redención requería, para su plena y correcta expresión, el Cántico Nuevo de la liturgia cristiana. Esto es exactamente lo que el Cántico Nuevo proclama como su base:

Tratado-Reino: Digno eres de tomar el Libro, y de abrir sus sellos.

Redención: Porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios.

Nacionalidad: Nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Dominio: Y reinaremos sobre la tierra.

Un aspecto del Cántico ha dado lugar a una seria disputa interpretativa: Como observamos en 4:4, Ned Stonehouse (con una hueste de otros) sostenía que los veinticuatro ancianos son una clase de ángeles. En resumen, la base para la opinión de Stonehouse es el hecho de que un manuscrito del Nuevo Testamento griego contiene una variante textual que, dice él, indica esto. Aunque algunos manuscritos dicen que Cristo nos redimió, la lectura variante que Stonehouse prefiere dice que Cristo redimió a los hombres. Obviamente, la diferencia sería que los cantores en el primer caso son definitivamente identificados entre los redimidos, mientras que los cantores en la segunda lectura no se incluyen necesariamente a sí mismos entre los que son redimidos por la sangre de Cristo.

Desafortunadamente para la interpretación de Stonehouse, hay dos hechos que, de salida, militan contra ella. En primer lugar, aun en el caso de que todos los manuscritos contuvieran la lectura preferida de Stonehouse, ésto no probaría su causa; Stonehouse simplemente estaba haciendo una suposición que puede seguirse de su premisa (pero que no necesariamente se sigue). (Después de todo, cualquier creyente todavía podría orar "por la iglesia" o por "el pueblo de Dios" sin excluirse a sí mismo; el mero hecho de que los ancianos dan gracias a Dios por redimir a los "hombres" no significaría necesariamente que ellos mismos no son redimidos).

Segundo, sin embargo, de los cientos de manuscritos que contienen el Libro de Apocalipsis, sólo uno contiene esta lectura extremadamente dudosa. La variante no se encuentra en ninguna "familia" de manuscritos, y ciertamente no se halla en ninguno que pueda llamarse una "tradición" manuscrita; ocurre sólo en un manuscrito solitario. Basar una interpretación en un fundamento tan inestable es, por decir lo menos, un método de estudio extremadamente subjetivo y precario.

Sin duda, la lectura tradicional "nos" es la verdadera. Pero, decir esto parece dar lugar a otros dos problemas: (1) Se dice que los cuatro seres vivientes, que no parecen representar a la iglesia, cantan este cántico; (2) el cántico cambia a la tercera percena entre los versículos 9 y 10. En el versículo 9 leemos: "Nos has redimido"; y en el versículo 10 leemos: "Nos has hecho reyes... y reinaremos". En realidad, estos dos problemas se resuelven entre sí. Aparentemente, es un ejemplo de lo que ya hemos visto en este libro, y de lo que nos resultará más familiar a medida que progresemos a través de él: la alabanza antifonal. Este modelo de respuesta coral continúa en este capítulo (comp. 11-14). Un bosquejo probable de esta porción de la liturgia celestial sería como sigue:

Ancianos y seres vivientes: Digno eres de tomar el Libro y abrir sus sellos.

Ancianos: Porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios de todo linaje, y lengua y pueblo y nación.

Seres vivientes: Y nos has hecho para Dios reyes y sacerdotes; y reinaremos sobre la tierra. 15

Cristo ha comprado a su pueblo de entre las naciones, no sólo para redimirles del pecado, sino para capacitarles para que cumplan el Mandato de Dominio original de Dios para el hombre. Como el segundo Adán, Cristo asigna a su nueva creación la tarea que Adán perdió - esta vez, sin embargo, sobre el inconmovible fundamento de su muerte, su resurrección, y su ascensión. La salvación tiene un propósito, un salvar a, así como un salvar de. Cristo ha hecho a su pueblo reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y ha garantizado su destino: Reinarán sobre la tierra. Esto nos muestra la dirección de la historia: Los redimidos del Señor, ya una nación de reales sacerdotes, avanzan hacia el completo dominio que Dios ha planeado como su programa original para el hombre. En Adán, se había perdido; Cristo Jesús, el segundo Adán, nos ha redimido y nos ha restaurado a nuestro real sacerdocio, para que reinemos sobre la tierra. Por medio de la obra de Cristo, la victoria definitiva sobre Satanás ha sido ganada. Se nos prometen crecientes victorias, y creciente gobierno y dominio, al hacer que el evangelio y la ley del gran Rey produzcan frutos por todo el mundo.

v11-14 En respuesta a la alabanza de los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos, el coro entero de ángeles, compuesto por millones de millones, 16 y miles de miles, se les une en alta voz, proclamando que el Cordero que fue inmolado es, sobre la base de su Persona y su obra, digno de heredar todas las cosas (las siete cosas enumeradas indican plenitud) en el cielo y en la tierra: el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y, como en gozosa respuesta a esta gran declaración de la herencia universal ded Cristo, la creación entera (cuádruple) responde en alabanza, como un clímax a esta sección de la liturgia. Cada una de las cosas creadas que está a) en el cielo y b) en la tierra y c) en el mar, y todas las cosas que están en ellos - toda la realidad creada se convierte en parte del coro cósmico cantando: Al que está sentado en en trono, y al Cordero, sea a) la alabanza y b) la honra y c) y la gloria y d) el poder por los siglos de los siglos. Un día, toda la creación reconocerá a Cristo como Señor (Phil. 2:10-11); en principio, sin embargo, esto ya se ha establecido por medio del sacrificio y la victoria del Cordero. Nuevamente, Juan nos ha revelado la meta de la historia como el reconocimiento universal del Señorío de Cristo y la gloria eterna de Dios por medio de Cristo Jesús.

En los días de Juan, la iglesia estaba a punto de experimetar un tiempo de severas pruebas y persecuciones. Ya estaban viendo lo que, en una época cuerda, podría difícilmente imaginarse: una unión entre Israel y la anticristiana Bestia de Roma. Estos cristianos necesitaban entender la historia como algo no controlado por la casualidad, los hombres malos o aún el diablo, sino desde el trono de Dios por medio de Cristo Jesús. Necesitaban ver que Cristo estaba reinando ahora, que Él ya había arrancado al mundo de las garras de Satanás, y de que aún ahora, todas las cosas en el cielo y en la tierra habrían de reconocerle como Rey. Necesitaban verse a sí mismos en la verdadera luz: No como tropas olvidadas en un solitario puesto de avanzada luchando en una batalla perdida, sino ya como reyes y sacerdotes, haciendo la guerra y venciendo, predestinados a la victoria, con la absoluta certeza de la victoria y el dominio, sobre la tierra. junto con el Gran Rey. Necesitaban la filosofía bíblica de la historia: que toda la historia, creada y controlada por el gobierno personal y total de Dios, se está moviendo inexorablemente hacia el dominio universal del Señor Jesucristo. La era nueva y final de la historia ha llegado; el Nuevo Pacto ha venido. ¡He aquí, Él ha vencido!

 

Notas:

1. Theodor Zahn, Introduction to the New Testament, Vol. III, pp. 393s.; citado la obra de G. R. Beasley-Murray, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., edición revisada, 1978), p. 121.

2. Al decir esto, estoy suponiendo que el cristiano promedio del siglo primero tenía más sentido común que el comentarista promedio del siglo veinte. Difícilmente hay un solo comentario que eche siquiera un vistazo a los Diez Mandamientos en relación con esto.

3. Véase de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids, William B. Eerdman´s Publishing Co., 1963), pp. 13ss., ídem, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdman´s Publishing Co., segunda ed., 1975), pp. 113ss.

4. Kline, Treaty of the Great King, pp. 21, 24; The Structure of Biblical Authority, pp. 123s., pp. 113ss.

5. Véase de Walter C. Kaiser Jr., "The Blessing of David: The Charter for Humanity", en John H. Skilton ed., The Law and the Prophets: Old Testament Studies Prepared in Honor of Oswald Thompson Allis (Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1974), pp. 298-328).

6. Rousas John Rushdoony, The Biblical Philosophy of History (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1969), p. 11; comp. Rushdoony, The One and the Many, p. 145; St. Augustine, The City of God, Lib. XII, Cap. 13-15; Nathan R. Wood, The Secret of the Universe (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1936] 1955), pp. 43-45.

7. Una de las más claras declaraciones sobre esta idea es la que aparece en la obra de Gordon H. Clark, Biblical Predestination (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1969), esp. pp. 18-30.

8. En relación con esto, Hal Lindsey habla de la "mansedumbre y la bondad [de Cristo] semejantes a las de un cordero" en la obra There´s a New World Coming: A Prophetic Odyssey (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1973), p. 94.

9. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation (London: SPCK, 1931), pp. 119s.

10. Véase de Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 107ss.

11. Geerhardus Vos, Biblical Theology: Old and New Testaments (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1948), p. 168.

12. Ibid., p. 203.

13. Meredith G. Kline, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., segunda ed., 1975), pp. 77ss.

14. Los cánticos producidos por la redención de Éxodo incluyen los registrados en Éx. 15, Deut. 32, y Sal. 90; la nueva organización del reino teocrático bajo un gobernante humano, y los sucesos que condujeron al establecimiento del Templo, resultaron en el Salterio (la colección definitiva de los "nuevos cánticos" bajo el Antiguo Pacto).

15. Este bosquejo ha sido sugerido también por Moses Stuart en A Commentary on the Apocalypse, 2 vols. (Andover: Allen, Merrill y Wardwell, 1845), Vol. 2. p. 134.

16. Literalmente, una miríada es 10.000; pero a menudo se usa, especialmente en plural, en un sentido más vago con el significado de "un gran número". Obviamente, la expresión miríadas de miríadas significa simplemente "incontables millares".

 

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