Capitulo 18. ¡Ha Caído Babilonia!

Capitulo 18 - ¡HA CAÍDO BABILONIA!

Días de Retribución - Chilton

Parte Cinco

¡Salid de ella! (Rev. 18:1-8)

1 Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria.
2 Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.
3 Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.
4 Yoí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;
5 porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.
6 Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble.
7 Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto;
8 por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga.

 

v1 Ahora Juan es presentado a otro ángel - probablemente el Señor Jesucristo, considerando la descripción de Él, comparada con afirmaciones sobre Cristo en el evangelio de Juan: Baja del cielo (Jn. 3:13, 31; 6:38, 58), tiene gran autoridad (Jn. 5:27; 10:18; 17:2), y que la tierra fue iluminada con su gloria (Jn. 1:4-5, 9, 14; 8:12; 9:5; 11:9; 12:46; comp. 1 Tim. 6:16). Las expresiones son paralelas con las de Rev. 10:1, que, como hemos visto, claramente hablan del Hijo de Dios. La última frase es virtualmente una repetición de Ezek. 43:2, donde dice de Dios que "la tierra resplandecía a causa de su gloria". Cristo mismo, que trae la ira de Dios sobre la ciudad-ramera, viene a proclamar el juicio de ella. La destrucción de los apóstatas del pacto manifiesta la autoridad de Dios y su gloria en la tierra.

v2 La proclamación del mensajero de Dios es consistente (comp. Rev. 14:8): Ha caído, ha caído Babilonia la grande. Su destino es seguro, y por eso de él se habla como ya completado. Esto es similar a la endecha que Amós cantó contra Israel:

Cayó la virgen de Israel, y no podrá levantarse ya más; fue dejada sobre su tierra, no hay quien la levante. (Amos 5:2).

La apostasía de Jerusalén se ha vuelto tan grande que su juicio es permanente e irrevocable. Ella es Babilonia, la implacable enemiga de Dios, habiéndose convertido en habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible, en contraste con la Nueva Jerusalén de Rev. 21:27 ("no entrará en ella ninguna cosa inmunda"). La ramera está en un desierto (Rev.17:3), habiendo sido dejada desolada por sus pecados (Rev. 17:16; comp. Mat. 24:15; nuestras palabras soledad, desierto, desolación, y desolado son básicamente la misma palabra en griego). Como ya hemos observado, el desierto es el lugar de pecado y de los demonios (Mat. 12:43; comp. Lk. 8:27). Una fuente importante para esto e la desolación original del mundo por medio de la rebelión, inspirada por los demonios, contra Dios (Gen. 3:17-18). Siguiéndose de esto, en el día de expiación, un macho cabrío era llevado al desierto, llevando sobre sí los pecados del pueblo. Se decía que este macho cabrío "expiatorio" era, literalmente, enviado para o por "Azazel" (Lev. 16:8, 10, 26), 1 un nombre para la cabra salvaje que vivía en el desierto. 2 Isaías había profetizado sobre la desolación de Babilonia:

Dormirán allí las fieras del desierto, y sus casas se llenarán de hurones; allí habitarán avestruces, y allí saltarán las cabras salvajes. (Is. 13:21)

La ira de Dios contra Edom se expresa en un lenguaje muy parecido:

No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo; de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella. Se adueñarán de ella el pelícano y el erizo, la lechuza y el cuervo morarán en ella; y se extenderá sobre ella cordel de destrucción, y niveles de asolamiento ... En sus alcázares crecerán espinos, y ortigas y cardos en sus fortalezas; y serán morada de chacales, y patio para los pollos de los avestruces. Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas, y la cabra salvaje gritará a su compañero; la lechuza también tendrá allí morada, y hallará para sí reposo. (Is. 34:10-14).

Ahora el decreto del ángel aplica las antiguas maldiciones a los rebeldes judíos del siglo primero. Porque Israel rechazó a Cristo, la nación entera es poseída por demonios, por completo más allá de toda esperanza de reforma (comp. Mat. 12:38-45; Rev. 9:1-11). Subraya la tragedia de esto el uso que Juan hace del término morada (katoiketerion), una palabra usada en alguna otra parte para indicar el lugar de la Presencia especial de Dios, en el cielo, en la santa ciudad, en el templo, y en la Iglesia; "en el lugar (katoiketerion) de tu morada que tú has preparado, oh Jehová" (Ex. 15:17; comp. 1 Kings 8:39, 43, 49; 2 Crón. 30:27; Ps. 33:14; 76:2; 107:7; Eph. 2:22). Jerusalén, que había sido la morada de Dios, ahora se ha convertido en morada inmunda de demonios.


v3 El abandono de Israel y la perversión de su llamado como maestro-sacerdote para las naciones se menciona nuevamente como la razón de su destrucción (comp. Rev. 14:8; 17:2, 4). Ha fornicado con las naciones, con los reyes, y con los mercaderes, prostituyendo sus dones en vez de guiar a las naciones hacia el reino, uniéndose a ellas en el intento de derribar al Rey. El énfasis sobre los mercaderes más probablemente está relacionado con las actividades comerciales alrededor del templo (véase más abajo, sobre Rev.18:11-17 a). La corrupción del comercio en el templo afectó la liturgia de la nación. Toda vida fluye del centro religioso de la cultura; 3 si el núcleo está podrido, la fruta no vale nada. Fue por esto por lo que Jesús entró en conflicto con los cambistas del templo (Mat. 21:12-13; Jn. 2:13-22). Observando que muchos de los negocios pertenecían a la familia del sumo sacerdote, Ford cita la caracterización que hace Josefo del sumo sacerdote Ananías como "el gran procurador del dinero". En particular, "la corte de los gentiles parece haber sido escenario de un floreciente comercio en sacrificios de animales, posiblemente apoyado por la familia del sumo sacerdote". 4 Esto concordaría con la observación ya hecha, de que Babilonia no es ninguna prostituta ordinaria: Su castigo por medio del fuego indica que ella es de la clase sacerdotal (véase el comentario sobre Rev. 17:16).

 

v4-5 Puesto que Israel debía ser destruído, los apóstoles pasaron gran parte de su tiempo durante los últimos días llamando al pueblo a separarse de él, urgiéndoles a que, en su lugar, se unieran a la Iglesia (comp. Acts 2:37-40; 3:19-26; 4:8-12; 5:27-32). Este es el mensaje de Juan en Apocalipsis. El pueblo de Dios no debe buscar reformar a Israel, con su nueva religión del judaísmo, sino que debe abandonarle a su suerte. Los judíos habían "probado la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero" - la era introducida por el acto redentor de Cristo - y habían apostatado. Sería "imposible renovarlos para arrepentimiento". El judaísmo - el vano intento de continuar el Antiguo Pacto mientras se rechaza a Cristo "está reprobado, próximo a ser maldecido, y su fin es el ser quemado" (Heb. 6:4-8). La religión del Antiguo Pacto no puede ser revivida; es imposible tener el Pacto sin Cristo. No puede haber "regreso" a algo que nunca existió, pues aun los padres bajo el Antiguo Pacto adoraron a Cristo bajo las señales y los sellos de la era provisional (1 Cor. 10:1-4). Ahora que "el siglo venidero" ha llegado, la salvación es con Cristo y la Iglesia. Sólo la destrucción espera a los que están identificados con la ramera: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados y no recibáis de sus plagas (comp. Heb. 10:19-39; 12:15-29; 13:10-14). El tiempo para el arrepentimiento de Israel se ha acabado, y sus pecados se han acumulado [literalmente, se han adherido] hasta el cielo (comp. Gen. 19:13; 2 Crón. 28:9; Esdras 9:6; Jer. 51:9; Jonás 1:2). Jesús había predicho que esta generación crucificadora "colmaría la medida de la culpa" de sus rebeldes padres, y que por eso sobre ellos caería "toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra" (Mat. 23:32-35). Esta profecía se cumplió dentro del primer siglo, como observó Pablo: "Ellos no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo" (1 Thes. 2:15-16).

 

Por lo tanto, se exigía, no sólo separación religiosa - para que no participéis de sus pecados - sino que era necesaria también la separación física, geográfica (comp. Mat. 24:16-21), para que no recibáis de sus plagas. El lenguaje recuerda el llamado de Dios a su pueblo a salir de Babilonia al final del cautiverio. Los textos del Antiguo Testamento hablan en términos de tres ideas: la venidera destrucción de Babilonia, la venidera redención del fiel pueblo del pacto, y la reconstrucción del templo (Esdras 1:2-3; Is. 48:20; 52:11-12; Jer. 50:8; 51:6, 9, 45). De manera similar, el pueblo del Nuevo Pacto habría de separarse de Israel. Los perseguidores estaban a punto de sufrir destrucción a manos de Dios, la redención de la Iglesia se acercaba (Lk 21:28, 31), y el Nuevo Templo estaba a punto de ser establecido plenamente.

 

v6-8 El justo Juez exige restitución: Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble (comp. Jer. 50:15, 29; Ps. 137:8; Is. 40:2). Esta orden, presumiblemente, fue dada, o a los ángeles del cielo, o a los ejércitos romanos que son agentes de la ira de Dios. La expresión traducida aquí como pagarle el doble tiene en realidad una duplicación hebraica del término, proporcionando un "doble testimonio", para fines de énfasis: Doble para sus cosas dobles. Esta es la restitución ordinaria requerida por la ley bíblica (Ex. 22:4, 7). 5 Por esto, hasta el punto en que ella se glorificó a sí misma y vivió sensualmente, hasta ese mismo punto dadle tormento y luto. En la Biblia, una restitución doble (o múltiple) no es más de lo que el criminal merece. Es exactamente lo que merece - una contabilidad estricta y proporccional de ira según el principio de la lex talionis de equivalencia de Dios: "vida por vida, ojo po ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe" (Ex. 21:23-25).

Este castigo le sobreviene a la ramera porque ella dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto - en paralelo con el alarde de la iglesia laodicense: "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad" (Rev. 3:17). El texto está basado en la condena de Babilonia por parte de Dios en Is. 47:6-11, un pronunciamiento del juicio que vendría sobre ella por maltratar al pueblo del pacto:

No les tuviste compasión; sobre el anciano agravaste mucho tu yugo. Dijiste: Para siempre seré señora; y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería. Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, y no conoceré orfandad. Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y viudez; en toda su fuerza vendrán sobre tí, a pesar de la multitud de tus hechizos y de tus muchos encantamientos. Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo y nadie más. Vendrá, pues, sobre tí mal, cuyo nacimiento no sabrás; caerá sobre tí quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y destrucción que no sepas vendrá de repente sobre tí. Is. 47:6-11

 

Jerusalén ha cometido el pecado de Eva, que fornicó con el dragón, al buscar hacerse ella Dios (Gen. 3:5); porque, cuando ella dice: "Yo soy", contradice la declaración del Dios Altísimo: "Yo soy Jehová, y no hay otro Salvador" (Is. 43:11). Por lo cual en un día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga. El día del Señor vendría sobre Israel en juicio ardiente, trayendo destrucción repentina (1 Thes. 5:2-3). Aquí, el término día no significa ninguna duración específica de tiempo, sino que se usa para indicar relativa rapidez, y para subrayar que la destrucción de Jerusalén no sería un suceso al azar: vendría como el día del juicio. Como hija del sacerdote que se volvió ramera, sería quemada con fuego (Lev. 21:9). Después de que llegó aquel día terrible, "no quedó nada para hacer creer a los que iban allí ni siquiera de que había estado habitada". 6

 

 

Reacciones a la caída de Babilonia (Rev. 18:9-20)

9 Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio,
10 parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!
11 Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías;
12 mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol;
13 y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres.
14 Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de tí, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás.
15 Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando,
16 y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas!
17 Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas. Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos;
18 y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?
19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!
20 Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.

 

 

v9-10 Tres clases de personas se lamentan de la destrucción de Jerusalén. El primer grupo comprende a los reyes de la tierra, las naciones del imperio que ayudó y fue cómplice del infiel pueblo del pacto en su apostasía contra Dios. La destrucción de la ramera es para ellos una señal terrible del riguroso e inexorable juicio de Dios. Ven el humo de su incendio - un símbolo que ha sido tomado presstado de la destrucción de Sodoma (Gen. 19:28) y la posterior destrucción metafórica de la caída de Edom (Is. 34:10) - y se les recuerda que un juicio similar contra ellos no puede tardar. Dios declaró al profeta Jeremías que las naciones de la tierra serían obligadas a beber de la copa de su ira ardiente: "Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que beber. Porque he aquí que a la ciudad en la cual es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos" (Jer. 25:28-29).

El lamento de cada grupo termina con las palabras: ¡Ay, ay, de la gran ciudad! Esta expresión resultaría de gran importancia para los que vivieron en Jerusalén en los años antes y durante la tribulación. Josefo cuenta de un profeta judío (es interesante que su nombre fuera Jesús) en los últimos días, cuyo lamento de "¡Ay, ay¡" se volvió un aspecto familiar de la vida en la ciudad.

Un presagio aún más alarmante había aparecido cuatro años antes de la guerra, cuando profunda paz y prosperidad todavía prevalecían en la ciudad [es decir, en el año 62 d. C.]. Un tal Jesús, hijo de Ananías, un campesino inculto, vino a la fiesta en la cual se esperaba que cada judío erigiera un tabernáculo para Dios [es decir, la Fiesta de los Tabernáculos, o Sukkoth]; estando de pie en los atrios del templo, súbitamente comenzó a exclamar: "¡Voz desde el oriente, voz desde el occidente, voz desde los cuatro vientos, voz contra Jerusalén y el santuario, voz contra el Esposo y la Esposa, voz contra todo el pueblo!" Día y noche expresaba su lamento, mientras iba por todos los callejones.

Algunos de los principales ciudadanos, sumamente molestos por estos ominosos pronunciamientos, echaron mano del hombre y le golpearon salvajemente. Pero él, sin pronunciar ni una sola palabra en su propia defensa, ni para información privada de los que le golpeaban, persistía en hacer las mismas amonestaciones que antes. Por consiguiente, los magistrados, entendiendo correctamente que algún impulso sobrenatural era la causa de su conducta, le llevaron con el gobernador romano. Allí, aunque flagelado con látigos hasta dejar al descubierto sus huesos, ni imploró misericordia, ni derramó una sola lágrima, sino que, alzando su voz hasta convertirla en un grito extremadamente lúgubre, respondía a cada golpe con las palabras: "¡Ay, ay, de Jerusalén!" Cuando Albino, el gobernador, le preguntó quién era, de dónde venía, y por qué clamaba de esta manera, no respondió en absoluto, sino que incesantemente repetía su endecha por la ciudad, hasta que Albino le soltó, juzgándole loco.

Durante todo este tiempo, hasta que estalló la guerra, nunca se acercó a ningún otro ciudadano, ni se le vio hablando con ninguno, sino que, diariamente, como una oración que hubiese memorizado, recitaba su lamento: "¡Ay, ay de Jerusalén!" Nunca maldijo a ninguno de los que le golpeaban día tras día, ni dio las gracias a los que le daban alimento; su única respuesta para cualquier persona era su melancólica predicción.

Su voz se oía sobre todo en los festivales. Así, durante siete años y cinco meses, continuó su lamento, permaneciendo su voz tan fuerte como siempre y su vigor constante, hasta que, durante el sitio, después de ver el cumplimiento de su presagio, fue silenciado. Estaba yendo de una parte para otra, gritando con tono de voz penetrante desde el muro: "¡Ay, ay, una vez más contra la ciudad, y el pueblo, y el templo!" Entonces, cuando añadió una última palabra - "¡Y ay de mí también!" - una piedra lanzada desde una catapulta le golpeó, matándole en el acto. Así, con esos mismos presagios todavía en sus labios, encontró su fin. 7

 

v11-17a El segundo y mayor grupo de plañideros consiste de los mercaderes de la tierra, llorando porque nadie compra más sus mercaderías. La riqueza de Jerusalén era resultado directo de las bendiciones prometidas en Levítico 26 y Deuteronomio 28. Dios la había hecho un gran centro comercial, pero ella había abusado del don. Aunque hay similitudes entre la lista de mercaderías aquí y las de Ezek. 27:12-24 (una profecía contra Tiro), es probable que los artículos reflejan principalmente el templo y el comercio que lo rodeaba. Ford observa que "el comercio exterior tenía gran influencia sobre la ciudad santa, y al templo le tocaba la mayor parte. Los artículos principales eran productos alimenticios, metales preciosos, artículos de lujo, y materiales de vestir". 8 Josefo describió la lujosa riqueza de la fachada del templo (comp. Lk. 21:5): "La primera entrada medía 70 codos de altura y 25 de anchura; no tenía puertas, y exhibía sin estorbos la vasta expansión del cielo; el frente entero estaba cubierto de oro; a través de él el arco del primer atrio era plenamente visible en toda su grandeza para cualquier observador, y los alrededores de la entrada interior, todos ellos resplandecientes de oro, llamaban la atención del que los contemplara. ... La entrada que conducía hacia dentro del edificio estaba, como he dicho, completamente recubierta de oro, igual que la pared entera que la rodeaba. Por encima de ella, además, estaban las parras, de oro, de las cuales colgaban racimos de uvas de la altura de un hombre. En frente de los racimos colgaba un velo de igual longitud, de tapiz babilónico, bordado en azul, escarlata, y púrpura, y lino fino, trabajado con maravillosa destreza. ... El exterior del santuario no carecía de nada que no pudiera asombrar la mente o los ojos. Revestido por todos lados con macizas planchas de oro, reflejaba los primeros rayos del sol con un resplandor tan fuerte que los que lo miraban se veían obligados a apartar los ojos, como si estuvieran mirando los mismos rayos del sol. Al acercarse los desconocidos, se les asemejaba, en la distancia, una montaña cubierta de nieve; pues cualquier parte que no estuviera cubierta de oro era del blanco más puro". 9

Josefo también registra el hecho de que uno de los sacerdotes, llamado Jesús, entregó a Tito los tesoros del templo: "Salió, y entregó, de sobre el muro del santuario, dos candelabros parecidos a los que estaban depositados en el santuario, así como mesas, fuentes, platos, todos de oro sólido y muy pesados. También entregó las cortinas, las vestimentas de los sumos sacerdotes, cuajadas de piedras preciosas, y una multitud de otros objetos requeridos para el servicio en el templo. Además, el tesorero del templo, de nombre Fineas, cuando fue tomado prisionero, reveló dónde estaban las túnicas y los cinturones de los sacerdotes, una gran provisión de púrpura y escarlata que se guardaban para reparar la cortina del templo, junto con una gran provisión de canela y casia y una multitud de otras especias, que eran mezcladas y quemadas diariamente como incienso para Dios. Entregó muchos otros tesoros, con una abundancia de ornamentos sagrados". ... 10

En medio de un extenso pasaje en que describe el intenso comercio en Jerusalén, Edersheim informa: "En estas calles y veredas, se podía comprar de todo: la producción de Palestina, o la importada de tierras extranjeras - más aún, los artículos más raros de las partes más remotas. Copas y anillos, exquisitamente formados, curiosamente diseñados, y cubiertos de joyas, así como otras artesanías de metales preciosos; vidrio, sedas, lino fino, artículos de lana, púrpura, y costosas colgaduras; esencias, ungüentos, y perfumes, tan preciosos como el oro; artículos de comer y beber de tierras extranjeras - resumiendo, lo que producían la India, Persia, Arabia, Media, Egipto, Italia, Grecia, y hasta las lejanas tierras de los gentiles podía obtenerse en estos bazares. Los antiguos escritos judíos nos permiten identificar no menos de 118 diferentes artículos importados del extranjero, y que cubrían aún más de lo que ha inventado el lujo moderno". 11

 

La lista de artículos de comercio de Juan se divide en varias secciones, generalmente de cuatro artículos cada una; la prosaica y práctica enumeración concluye con una sorpresa:

1) oro, plata, piedras preciosas, y perlas;
2) lino fino, púrpura, seda, y escarlata; 12
3) toda madera olorosa, todo objeto de marfil, todo objeto de madera
preciosa, cobre, hierro, y mármol;
4) canela, especies aromáticas, incienso, mirra, olíbano;
5) vino, aceite, flor de harina, trigo;
6) bestias, ovejas, caballos y carros, esclavos,
7) almas de hombres.

 

La frase final, adaptada de la descripción del tráfico de esclavos en Ezequiel 27:13, se aplica a la esclavitud espiritual de las almas de los hombres. Como observaba Pablo en su contraste entre la Jerusalén terrenal y apóstata, y la Iglesia, la celestial ciudad de Dios: "La Jerusalén actual ... junto con sus hijos, está en esclavitud", mientras "la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre" (Gal. 4:25-26). Jerusalén traficaba en muchas mercaderías, que venían desde todas partes del mundo. A tono con las promesas de Levítico 26 y Deuteronomio 28, Dios la había hecho un gran centro comercial. Pero ella abusó de los dones de Dios: Su comercio más básico era en almas humanas. En vez de cumplir su función propia como la madre de toda la humanidad, se prostituyó, y condujo a sus hijos a la esclavitud demoníaca, a la opresión estatista, y finalmente a la aniquilación.

Brevemente, la narración se vuelve para dirigirse a Jerusalén misma: Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de tí, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás. Prestando oídos a la Serpiente y buscando ser como Dios, la Esposa apostató, y así perdió acceso al fruto que ella deseaba [comp. Mat. 21:19, 43]; separada del árbol de la vida, perdió también las otras bendiciones del jardín, "todas las cosas exquisitas y espléndidas".

Los mercaderes de Israel se habían enriquecido, espiritual y (por lo tanto) materialmente, a causa de su relación con Jerusalén; ahora, a la vista de su destrucción, son incapaces de hacer nada, excepto llorar y lamentarse por la gran ciudad, la que se vestía de lino fino y púrpura y escarlata, y se adornaba de oro y piedras preciosas y perlas. Nuevamente, la descripción de la ciudad-ramera indica su identidad como la Jerusalén apóstata, ataviada con la gloria del Templo y vestida en el lino fino de la Esposa justa (Rev. 19:8). Los que se han aprovechado de las riquezas de Jerusalén se sorprenden de lo súbito de su destrucción: ¡porque en una hora esta gran riqueza ha sido desolada! Como ya a estas alturas deberíamos esperar, la expresión traducida como desolada es la prometida desolación de Jerusalén (Mat. 23:38; 24:15, etc.) la que se describe. El término "hora" no debe tomarse en un sentido literal aquí, más que en otros usos metafóricos de la palabra; más bien, es usada a menudo, especialmente en Juan, para referirse a un momento crítico en particular (comp. Mat. 25:13; Mk. 14:41; Jn 2:4; 5:25, 28; 7:30; 8:20; 12:23; 17:1; 1 Jn 2:18). Hay, sin embargo, el sentido de rapidez. La destrucción de Jerusalén fue súbita, y hasta inesperada: hasta el mismo fin, el pueblo esperaba una liberación milagrosa. El mundo del judaísmo apóstata quedó perplejo ante la desolación de la ciudad y del templo. La caída de Jerusalén fue una sacudida para el sistema, de la cual nunca se ha recuperado.

 

v17b-19 El tercer grupo que se lamenta por la ciudad caída está compuesto por todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar. Ellos también lamentan la pérdida de Jerusalén, porque todos los que tenían barcos en el mar se enriquecieron con la riqueza de ella. Obviamente, la inversión en la economía de Israel cesó de ser lucrativa después del año 70 d. C., pero parece probable que el lamento de los "marineros" apunte a las naciones del mundo (de las cuales los marinos serían representantes, en todo caso).

Ya Juan ha hablado del mar en relación con la gran ciudad: las aguas, sobre las cuales la ramera se sienta a horcajadas en la bestia, "son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas" (Rev. 17:15). Juan ha enumerado también tres clases de personas afectadas por la destrucción de la ramera: "los reyes de la tierra", "los mercaderes de la tierra", y "todos los que tenían naves en el mar". Estos parecen corresponder a la triple designación de los que habían sido corrompidos por la ramera, según el versículo 3: todas las naciones ... los reyes de la tierra ... los mercaderes de la tierra. "Los que viajan en naves, los que trabajan en el mar" debieron haber sido instruídos en los caminos del Señor, para que pudiesen invocarle en su angustia, para que Él pudiese mostrarles la misericordia de su pacto (Ps. 107:23-32). Y en realidad, cuando Israel andaba en la dignidad de su llamado, el mundo entero se enriqueció con su riqueza: había sido "guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tiene en la ley la forma de la ciencia y la verdad" (Rom. 2:19-20). Cuando Israel estaba en comunión con Dios, y bajo su bendición espiritual y material, las naciones habían venido a él en busca tanto de sabiduría como de comercio (Deut. 28:12; 1 Kings 10:23-25). Sin embargo, en apostasía el comercio se convirtió en trampa, un medio de fornicar con idólatras, e Israel corrompió, no sólo a sus propios hijos, sino también a las naciones del mundo. Israel se había arrogado los honores de la deidad, de manera que los marineros exclamaron: ¿Quién como la Gran Ciudad? (comp. la exclamación de los adoradores en Rev. 13:4: "¿Quién como la bestia?"). Pero, porque ella había dicho en su corazón: "Subiré al cielo.... Seré semejante al Altísimo", Jerusalén fue lanzada al infierno (Is. 14:13-15). En una hora fue desolada, para no volver a ser la Gran Ciudad nunca más.

 

v20 Hay una cuarta respuesta a la caída de Jerusalén: la de la Iglesia. El pueblo de Dios es instruído por el ángel para que se regocije por ello. La Iglesia que moraba en el cielo como en un tabernáculo - santos y apóstoles y profetas - había orado pidiendo la destrucción de la ciudad apóstata y demonizada que condujo al mundo en rebelión contra Dios y a la persecución de sus hijos. Al ascender al cielo el humo del holocausto entero, los santos han de regocijarse de que sus oraciones han sido contestadas: ¡Dios os ha hecho justicia en ella!, anuncia el ángel, empleando un pleonasmo hebraico para expresar el "doble testimonio" del divino tribunal contra ella. Nuevamente encontramos que la imagen bíblica de la Iglesia, que tiene su morada en el cielo, está firme en su oposición al mal, orando a Dios para que vindique a su pueblo en la tierra. Nótese bien: el juicio sobre la ramera es llamado el juicio tuyo, el juicio de la Iglesia. Era la justa retribución de Israel por su opresión de los santos, los apóstoles, y los profetas a través de la historia, y que culminó en los últimos días en su guerra contra Cristo y su Iglesia. Era ella la que había inspirado la persecución de los cristianos por parte de los romanos; pero, en su lugar, la ira de los paganos, que ella había atizado, había sido derramada sobre su cabeza. Si la Iglesia de nuestro tiempo ha de proceder de victoria en victoria, como lo hizo la Iglesia en la era apostólica, debe recuperar la perspectiva triunfalista de los primeros santos. La Iglesia debe orar por la derrota de sus enemigos - una derrota que debe ocurrir bien por conversión o por destrucción. Estamos en guerra, una guerra en la cual la victoria definitiva ha sido obtenida por nuestro Rey. Toda la historia es ahora una operación de limpieza en términos de esa victoria, esperando la conversión del mundo y la derrota de la misma muerte. Nuestra oposición está condenada a perecer, y la Iglesia está llamada a regocijarse en el conocimiento cierto de su vindicación terrenal y su triunfo final.

 

 

Babilonia derribada (Rev. 18:21-24)

21 Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada.
22 Y voz de arpistas, voz de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en tí; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en tí, ni ruido de molino se oirá más en tí.
23 Luz de lámpara no alumbrará más en tí, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en tí; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones.
24 Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.

 

v21 Jesús había dado instrucciones a sus discípulos a que oraran para que la montaña de Jerusalén fuera lanzada al mar (Mat. 21:21); Él había advertido a los fariseos que al que se opusiera al evangelio e impidiera que los "pequeñitos" lo recibieran más le valdría "que se colgara al cuello una piedra de molino y fuera echado al mar" (Lk 17:2; comp. Mat. 18:6; Mk. 9:42). Aquí, en lenguaje similar, la destrucción de Jerusalén es representada simbólicamente por la dramática acción de un ángel fuerte, la tercera y final ocurrencia de esta expresión en Apocalipsis. En la primera (Rev. 5:2), se le oye llamar a alguien para que abra el libro declarando los juicios del pacto de Dios contra Jerusalén; en la segunda (Rev. 10:1 ss.), se lo ve como testigo de la nueva creación, sosteniendo el "librito" que hablaba del Nuevo Pacto y del papel de la Iglesia en la historia de la redención, en la "consumación" del "misterio de Dios" en los últimos días. Una expresión relacionada se usa en Rev. 18:1-2, donde un ángel de "voz potente" anuncia la condena final de Babilonia. Ahora, en cumplimiento de todo esto, el ángel poderoso arroja en el mar una gran piedra. Toda la productividad (la piedra de molino) desaparece (comp. v. 23); en contraste con la Iglesia (1 Cor. 15:58), los trabajos de Jerusalén han sido en vano. Ella y sus obras son lanzadas al abismo. El trasfondo de esta imagen en el Antiguo Testamento viene de la destrucción de los egipcios en el Mar Rojo, según el cántico de Moisés en la orilla, repetido por el cántico de los levitas al regreso del cautiverio babilónico:

Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre. Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo. Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra. ... Soplaste con tu viento; los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas. (Ex. 15:3-5, 10).

Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo... Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas. (Neh. 9:9-11).

 

El símbolo se basa también en el drama profético representado por Seraías, el mensajero de juicio de Jeremías (Jer. 51:61-64). Después de leer la profecía de la "perpetua desolación" de Babilonia, ató el libro a una piedra y lo echó en el Eufrates, declarando: "Así se hundirá Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella...". Aplicando las palabras de Seraías a la ramera, el ángel dice: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada. ¿Cómo se cumplió esto en el año 70 d. C. si "Jerusalén" está todavía en pie en el siglo veinte? Por supuesto, en un sentido físico, Jerusalén no fue destruída para siempre en el año 70 d. C., no más de lo que Babilonia o Edom o Egipto fueron destruídos "para siempre". Pero la profecía está orientada pactal y éticamente; no se ocupa principalmente de la geografía como tal. Por ejemplo, considérese la profecía de Isaías contra Edom:

Y sus arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente. No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo; de generación en generación será asolada, nunca más pasará nadie por ella. (Is. 34:9-10).

Este es lenguaje evocativo, que asocia la desolación de Edom con la destrucción de Sodoma y Gomorra. En un sentido "literal", físico, la profecía no se cumplió; pero se ha cumplido, en términos de su real significado e intención. El antiguo territorio de Edom todavía tiene árboles y flores, algunas porciones del país son usadas como tierras de cultivo, y los viajeros continúan pasando a través de él. Como observó Patrick Fairbarn: "Edom habría de ser golpeada por la pobreza y la ruina. Sin embargo, no simplemente, ni principalmente, como territorio, sino como pueblo. Esto fue lo que la profecía predijo, y ha sido ampliamente verificado... El Edom de la profecía - El Edom considerado como enemigo de Dios, y rival de Israel - ha perecido para siempre; en ese respecto, todo es desierto no hollado, una ruina sin esperanza; y allí, la veracidad de la palabra de Dios encuentra su justificación". 13

Fairbarn ha explicado cómo Edom fue usado en el simbolismo profético: "En las últimas etapas de la historia de Israel, los edomitas superaron a todos sus enemigos en la agudeza e intensidad de su maldad; por esta razón, vinieron naturalmente a ser vistos por el espíritu de profecía como la personificación de esa impía malignidad y ese impío orgullo que no se satisfarían con nada menos que con el completo exterminio de la causa de Dios - los dirigentes y representantes del ejército entero de los extranjeros, cuyo destino era llevar con él la caída y la destrucción de todo lo que se oponía y se exaltaba a sí mismo contra el conocimiento de Dios. Este es manifiestamente el aspecto del asunto presentado en el versículo 15 de la profecía de Abdías; la suerte de todos los paganos está unida a la de Edom:

Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza;

- esto es, en Edom, la quintaesencia del paganismo, todo el paganismo habría de recibir, por decirlo así, su golpe de muerte". 14

Además, el profeta Amós predijo la subyugación de "Edom" bajo el gobierno de la casa de David (Amos 9:11-12), y la interpretación de este texto en el Nuevo Testamento lo explica como una profecía de la conversión de las naciones bajo el gobierno de Cristo (Acts 15:14-19). "Esto implica claramente que el Edom de la profecía, que estaba condenado a una total postración y una ruina eterna, es sólo el Edom de la hostilidad encarnizada e implacable hacia la causa y el pueblo de Dios; que en la medida en que los hijos de Edom cesaran en esto, y entraran en una relación amistosa con el pacto de Dios, y se sometieran al yugo de soberanía universal confiada a la casa de David, en vez de romperlo, como antaño, en sus cuellos, participarían en la bendición, y sus intereses se fundirían con los del pueblo en el cual Dios puso su nombre para hacerles bien. Una promesa y una esperanza como esta jamás puede hacerse armonizar con el resultado que se obtiene de los juicios predichos sobre Edom, como dice el estilo de interpretación estrictamente literal; porque, según esto, no debería haber remanente para ser poseído, ninguna simiente ni lugar de bendición, conectados con Edom, sino una horrorosa escena de esterilidad, desolación, y maldición". 15

 

De manera similar, la desolación de Jerusalén "para siempre" significa que Israel, como el pueblo del pacto, dejará de existir. Jerusalén - como la Gran Ciudad, la Santa Ciudad - no se hallará más. 16 Es cierto que, como muestra Romanos claramente, los descendientes de Abraham serán injertados en el pacto nuevamente. 17 Pero ellos no serán una nación distinta, santa, de sacerdotes especiales. Se unirán a los pueblos del mundo en la multitud de los salvados, sin ninguna distinción (Is.19:19-25). Por medio de su obra consumada, Cristo "de ambos pueblos [creyentes hebreos y gentiles] hizo uno" (Eph. 2:14). Han sido unidos "en un solo cuerpo", la Iglesia (Eph. 2:16). Hay una salvación y una Iglesia, en la cual todos los creyentes, sin importar su herencia étnica, vienen a ser hijos de Dios y herederos de las promesas hechas a Abraham (Gal. 3:26-29; comp. Eph. 2:11-22). La antigua Jerusalén, la ramera apóstata, ha sido reemplazada por la nueva Jerusalén, la Esposa pura de Cristo. No hay salvación fuera de la Iglesia.

 

v22-23 Como una indicación adicional de que la posición pactal de la ramera ha sido eliminada, el ángel anuncia que las bendiciones del jardín de Edén serán quitadas para siempre. Aludiendo tanto a las profecías de Jeremías contra la rebelde Jerusalén de su tiempo (Jer. 7:34; 16:9; 25:10; comp. Rev. 24:7-12), como a la profecía de Ezequiel contra el rey de Tiro (Ezek. 28:11-19), el ángel pronuncia la suerte de la ciudad en cinco partes:

Primera, hay una descripción cuádruple de la pérdida de la música por toda la tierra: Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en tí (comp. la mención de "tamboriles" y "flautas" en Eze. 28:13 [margen]).

Segunda, la productividad de la tierra desaparece, pues el trabajador será tomado de Israel y echado en el abismo: Ningún artífice de oficio alguno se hallará más en tí. Según Zacarías, la tiranía de las naciones paganas sobre Israel sería restringida por sus artífices (Zack. 1:18-21). Pero, para el Israel apóstata, este baluarte contra la opresión ya no existirá más.

El ítem tercero e intermedio de la lista es significativo: Ni ruido de molino se oirá más en ti. A través del mundo antiguo, la imagen del molino era símbolo de la fundación del cosmos, que al funcionar producía paz y prosperidad; la destrucción del molino significa el fin de la era. 18 La centralidad del molino en este pasaje puede indicar que el templo, como el molino que sostiene el mundo, ha de ser destruído; Cristo ha introducido la era final.

Cuarta, Israel sufrirá la pérdida de la palabra de Dios, del discernimiento y la sabiduría, y de la esperanza escatológica: Luz de lámpara no alumbrará más en ti.

Quinta, el resumen de la desolación de Israel es que, como la esposa infiel, la ramera, ha sido echada fuera y reemplazada por otra: Voz de Esposo y de Esposa no se oirá más en ti.

 

Estos cinco puntos marcan varias características importantes del templo de Jerusalén:

1. Música - la orquesta y el coro levíticos (11 Crón. 25).
2. Artífices - comp. Bezalel, Aholiab, Hiram, etc. (&Eaccute;x. 31:1-11;
1 Reyes 5).
3. Molino - el templo mismo (la "era"; 2 Crón. 3:1).
4. Lámpara - los candelabros (Éx. 25:31-40; 2 Crón. 4:19-22).
5. Matrimonio - el matrimonio del Señor con Israell (Eze. 16:1-14).

 

Se dice que la desolación de Jerusalén cayó sobre ella por dos razones. Primera, sus mercaderes eran los grandes de la tierra. Esto no debería parecer extraño a primera vista; algo muy parecido podría decirse de cualquier ciudad en la historia. En cualquier economía próspera, los mercaderes serán prominentes. Pero, en fin de cuentas, ¿en qué comerciaban los mercaderes? Almas de hombres (v. 13). Como Jesús había tronado a los "grandes de la tierra": "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros" (Mat. 23:15).

La segunda razón para el castigo de Jerusalén emana de la primera: Todas las naciones fueron engañadas por vuestra hechicería. Israel había sido sacerdote para las naciones del mundo, ordenado tanto para traerles la luz de la salvación como para ofrecer sacrificios a favor de ellos. Esto debería haber culminado con la presentación de Cristo a las naciones como la luz del mundo y el verdadero sacrificio por sus pecados. En vez de eso, Israel rechazó a Cristo, la suma y la substancia de la religión bíblica. Al intentar retener la estructura formal del Antiguo Pacto en su rechazo del Nuevo, Israel creó en esencia una religión híbrida de oculto satanismo y estatismo. 19 Y fue hecho trizas por sus propios dioses.

 

v24 En este versículo, Juan proporciona una pista final de la identidad de la ramera, confirmando nuestra interpretación de que ella representa a Jerusalén: En ella se encontró la sangre de los profetas y de los santos y de todos los que han sido muertos en la tierra. Esta es una clara alusión de Cristo a la condena de Jerusalén, al final de su discurso en el Templo:

Por tanto, he aquí que yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matásteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! (Mat. 23:34-37).

Este lenguaje no puede ser usado para hablar de Roma ni de ninguna otra ciudad. Sólo Jerusalén era culpable de "toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra", desde Abel en adelante. Históricamente, fue Jerusalén la que siempre había sido la gran ramera, apostatando constantemente y persiguiendo a los profetas (Acts 7:51-52); Jerusalén fue el lugar donde los profetas fueron muertos: como dijo Jesús mismo: "No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! (Lk 13:33-34). La "Demanda de Pacto" de Juan era verdadera y efectiva. Jerusalén fue encontrada culpable de todos los cargos, y desde el año 66 hasta el año 70 d. C., sufrió los "días de retribución", el derramamiento de la ira de Dios por haber derramado sangre inocente durante siglos.

 

Notas:

1. Véase la discusión de este punto en la obra de Gordon J. Wenham, The Book of Leviticus (Grand Rapids: william B. Eerdmans Publishing Co., 1979, pp. 231, 234s, 243.

2. Esto no debía interpretarse como sacrificio al demonio mismo (Lev. 17:7). Siglos más tarde, el apóstata Israel del norte bajo Jeroboam en efecto rindió culto a este macho cabrío (2 Crón. 11:15).

3. Véase, de Henry R. Van Til, The Calvinistic Concept of Culture (Philadelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1959); Abraham Kuyper, Lectures on Calvinism (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1931).

4. J. Massyngberde Ford, Revelation: Introduction, Translation, and Commentary (Garden City: Doubleday and Co., 1975), pp. 301s.

5. Comp. la declaración de juicio de Dios contra Judá: "Pero primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus ídolos, y de sus abominaciones llenaron mi heredad" (Jer. 16:18); "Trae sobre ellos día malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento" (Jer. 17:18). Contrástese esto con Is. 40:2: "Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados". Sobre el pleonasmo como doble testigo, véase, de James B. Jordan, The Law of the Covenant: An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1984), pp. 96, 106; sobre las leyes de restitución, véanse las pp. 134ss.

6. Josephus, The Jewish War, vii.i.1.

7. Josephus, The Jewish War, vi.v.3.

8. Ford, p. 305.

9. Josephus, The Jewish War, v.v.4, 6.

10. Ibid., vi.viii.3.

11. Alfred Edersheim, The Life and Times of Jesus the Messiah, dos vols. (McLean, VA: MacDonald Publishing Co., n.d.), Vol. 1, p. 116.

12. Como se mencionó antes (sobre 17:4), esto puede ser muy bien una referencia a la cortina del Templo, un "tapiz babilónico bordado en azul, escarlata, y púrpura, y lino fino, trabajado con maravillosa destreza". Josephus, The Jewish War, v.v.4.

13. Patrick Fairbairn, The Interpretation of Prophecy (London: The Banner of Truth Trust, [1865] 1964), p. 221.

14. Ibid., pp. 221s.

15. Ibid., pp. 224s.

16. Esta expresión se usa seis veces en los versículos 21-23, connotando el hecho de que Jerusalén es deficiente - que, como la antigua Babilonia, ha sido pesada en balanza y ha sido hallada falta, y está a punto de ser derribada,y su reino dado a otros (Dan. 5:25-28).

17. Véase, de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 125-131.

18. Véase de Giorgio de Santillana y Hertha von Dechend, Hamlet´s Mill: An Essay on Myth and the Frame of Time (Ipswich: Gambit, 1969). Sobre el simbolismo de Sansón moliendo en el molino (Jueces 16:21), véase de James B. Jordan, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), p. 273.

19. Sobre la íntima relación entre el ocultismo y el estatismo, véase de Gary North, Unholy Spirits: Ocultismo and New Age Humanism (Ft. Worth, TX; Dominion Press, 1986).

 

Comments