Capitulo 10. El Testigo Fiel

Capitulo 10  - EL TESTIGO FIEL

Días de Retribución - Chilton

Parte Cuatro

El testigo de la nueva creación (Rev. 10:1-7)

1 Vi descender del cielo otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.
5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,
7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

 

v1 El ángel fuerte no puede ser otro que Cristo Jesús mismo, el "ángel del Señor" que aparecía en el Antiguo Testamento. Esto se verá con bastante claridad si la descripción de este ángel se compara con la de Cristo en Rev. 1:14-16, y con la de Dios en su trono en Ez. 1:25-28. Sin embargo, hay indicaciones adicionales de la identidad divina de este ángel fuerte.

Primero, el ángel se ve envuelto en una nube - una expresión que debería evocar la nube de gloria. Y aunque la nube está llena de innumerables ángeles (Deut. 33:2; Ps. 68:17), sólo hay Uno del cual se puede decir que está envuelto en ella. Compárese con Salmos Ps.104:1-3:

Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento...

Por supuesto, la referencia básica para esto es el hecho de que Dios estaba realmente "envuelto en la Nube" en el Tabernáculo (comp. Ex. 40:34-38; Lev. 16:2). Esto no podría decirse de ningún ángel creado. Estar envuelto en la Nube es estar envuelto en la corte entera del cielo; de hecho, son los ángeles los que forman la Nube. Cristo Jesús está vestido con la hueste de los cielos (comp. Gen. 28:12; Jn. 1:51).

Segundo, el Ángel tenía el arco iris sobre su cabeza. Ya hemos visto el arco iris en  Rev. 4:3, alrededor del trono de Dios; y Ezequiel dice de Aquél a quien vio sentado en el trono que "tenía resplandor alrededor. Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová" (Ez. 1:27-28).

Tercero, el rostro del Ángel era como el sol. Esto se ajusta a la descripción de Cristo en Rev.1:16 y en Mat. 17:2, el relato de la transfiguración (comp. Ez. 1:4, 7, 27; Acts 26:13; 2 Cor. 4:6). Él es "el sol de justicia" (Mal. 4:2), "la aurora de lo alto" (Lk. 1:78; comp. Ps. 84:11; 2 Pet. 1:16-19). En particular, las imágenes del sol y de la aurora - como ya hemos observado con las palabras día y luz - se usa a menudo para describir la gloria de Dios que resplandece en juicio (comp. Ps. 19:4-6; Ez. 43:2; Zac. 14:7; Mal. 4:1-3; Rom. 13:2); y la "llama de fuego" del juicio es mencionada por Pablo como la "presencia" y la "gloria" de Cristo (2 Thes. 1:7-9). 1 Esto es especialmente apropiado aquí, pues Cristo ha venido a Juan a anunciar la aniquilación de Jerusalén.

Cuarto, sus piernas eran como columnas de fuego. Esto se refiere a algunas de las más complejas imágenes de toda la Biblia. Obviamente, la frase tiene el propósito de recordarnos "la columna de fuego y la columna de nube" - la Nube de Gloria del Éxodo (Ex. 14:24). Como hemos visto, es el Señor el que está "vestido" de la Nube (Deut. 31:15), y la Nube es también identificada como el Ángel del Señor (Ex. 32:34; 33:2; Num. 20:16). Parece que el doble aspecto de la Nube (el humo y el fuego) representaban simbólicamente las piernas de Dios. Así, el Señor caminaba delante del pueblo en la Nube (Ex. 13:21-22; 14:19, 24; 23:20, 23); Él venía en la Nube y permanecía de pie delante de ellos (Ex. 33:9-10; Num. 12:5; Hag. 2:5). En términos de estas imágenes, la Esposa describe las piernas del Esposo como "columnas" (Cant. 5:15). Debemos notar también que la doble naturaleza de la columna, que representa las piernas de Dios, fue incorporada en la arquitectura del templo (1 Reyes 7:15-22; 2 Crón. 3:15-17); así, "el arca del pacto debajo de la Gloria en el trono se llama en consecuencia el lugar de sus pies (Isa. 60:13)". 2 El significado de todo esto, y su relación con el pasaje en general, se hará evidente más abajo. Sin embargo, se ha dicho lo suficiente para demostrar, más allá de toda duda razonable, que este Ángel, con el arco iris sobre su cabeza, envuelto en una nube, y que baja del cielo, es (o representa) al Señor Jesucristo.

v2-3 El ángel, sosteniendo un librito, 3 puso luego su pie derecho sobre el mar y su pie izquierdo sobre la tierra. H. B. Swete comenta: "La postura del ángel denota tanto su colosal tamaño como su misión para el mundo: 'el mar y la tierra' es una fórmula del Antiguo Testamento para la totalidad de los seres terrestres (Éx. 20:4, 11; Sal. 69:34)". 4 Podríamos modificar este punto con la observación de que, en la Biblia, y especialmente en Apocalipsis, "el mar y la tierra" parece representar a las naciones gentiles contrastadas con la tierra de Israel (2 Sam. 22:4-5; Ps. 65:7-8; Is. 5:30; 17:12-13; 57:20; Jer. 6:23; Lk. 21:25; Rev. 13:1, 11). De esta manera, este cuadro sí tiene una importancia cósmica, mundial; pero su significado, como veremos más adelante, está enlazado con el hecho de que Cristo está de pie sobre Israel y las naciones (comp. v. 5-7).

Y clamó a gran voz, como cuando ruge un león 5 ; por supuesto, a estas alturas estamos familiarizados con la gran voz que viene de la Nube; como dice Kline, la voz "es característica y llamativamente fuerte. Se la compara con el crescendo del océano y la tormenta, el rugido retumbante del terremoto. Es el ruido de la guerra, trompetas que suenan dando señales, el fragor de la batalla. Es el trueno del carruaje-tormenta del Señor-guerrero, que viene en juicios que convulsionan la creación y confunden a los reyes de las naciones". 6 En respuesta adoradora a Su voz, los siete truenos emitieron sus voces. El séptimo trueno mismo está identificado con la Voz de Salmo 29, donde se observan algunos de sus fenomenales efectos: Quebranta los cedros, hace temblar naciones enteras con terremotos, derrama llamas de fuego, abre las mismas entrañas de la tierra, hace parir a los animales, derriba los árboles, desnudando bosques enteros. Esto añade una dimensión a nuestra comprensión de la naturaleza de la Voz que sale de la Nube: Consiste de la antifonía celestial, en la cual el coro angélico responde a las declaraciones del Señor Soberano.

v4 Por supuesto, todo el mundo quiere saber: ¿Qué dijeron los siete truenos? Los eruditos han gastado una sombrosa cantidad de tinta tratando de solucionar este problema. Pero, al menos en esta vida, nunca podremos conocer la respuesta. Juan estaba a punto de escribir lo que los truenos habían hablado, cuando oyó una voz del cielo que decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. El mensaje estaba destinado sólo para los oídos de Juan. No era para la iglesia en general. Pero lo que importa aquí es que Dios quería que Juan registrara el hecho de que Juan no debía revelar lo que fuera que los truenos habían dicho. Dios quería que la iglesia supiera que hay algunas cosas (muchas cosas, en realidad) que Dios no tiene intenciones de decirnos de antemano.

Esto sirve bien como reproche para la tendencia de la mayoría de los sermones y comentarios sobre este libro - la de indagar, con curiosidad, en las cosas que a Dios no le ha parecido bien revelar. "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas la palabras de esta ley" (Deut. 29:29). En otras palabras: "Al hombre se le ha dado la ley, que debe obedecer. Se le ha dicho cuáles son las consecuencias de la obediencia y la desobediencia. Más de eso, el hombre no necesita saber". 7 R. J. Rushdoony escribe: "El hombre es impulsado más a menudo por la curiosidad que por la obediencia... Por cada pregunta que un pastor recibe sobre los detalles de la ley de Dios, normalmente recibe varias que expresan poco más que curiosidad acerca de Dios, la vida venidera, y otras cosas que son aspectos de 'las cosas secretas que pertenecen a Dios'... En contraposición a la curiosidad y al indagar en las 'cosas secretas', se nos manda claramente obedecer la ley de Dios y reconocer que la ley nos da un conocimiento del futuro que es legítimo". 8

En el capítulo final del libro, se le manda a Juan: "No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca" (Rev. 22:10); el mensaje del libro de Apocalipsis en general es contemporáneo en su naturaleza, pues se refiere a sucesos que estaban a punto de tener lugar. Sin embargo, en contraste, el mensaje de los siete truenos nos señala hacia el futuro distante: A Daniel se le dijo: "Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin" (Dan. 12:4), porque el tiempo se su cumplimiento no había llegado. De manera similar, cuando a Juan se le indica que selle las palabras pronunciadas por los truenos, esto es otra indicación de que el propósito del Apocalipsis no es "futurista"; la profecía se refiere al tiempo del establecimiento del Nuevo Pacto, y apunta más allá de sí mismo a un "tiempo del fin" que todavía estaba muy distante para Juan y sus lectores. Así, se nos enseñan dos cosas: Primera, el libro de Apocalipsis es profecía contemporánea, que concierne casi enteramente a los sucesos redentores-escatológicos del siglo primero; segunda, los sucesos del siglo primero no excluían la escatología. Contrario a las teorías de los intérpretes que se consideran "preteristas consistentes", la caída de Jerusalén no constituía la Segunda Venida de Cristo, el fin del mundo, y la resurrección final. Hay más que decir acerca de esto. 9

v5-7 Juan ahora nos muestra el propósito de Cristo al revelarse de esta manera: El ángel levantó su mano derecha al cielo (la posición correcta para un testigo en un tribunal: Gen. 14:22; Ex. 6:8; Deut. 32:40; Ez. 20:5-6; Dan. 12:7) e hizo un juramento. Algunos comentaristas han considerado este hecho como base para sostener que este Ángel no es Cristo, aparentemente considerando el juramento un poco por debajo de su dignidad o fuera de lugar. En respuesta, uno cuestiona la solidez de los puntos de vista de estos comentaristas en relación con las doctrinas de la Trinidad y la deidad de Cristo. Pues, ciertamente, el Señor Dios hace juramentos a través de la Sagradas Escrituras (comp. Gen. 22:16; Isa. 45:23; Jer. 49:13; Amós 6:8), y, de hecho, nuestra salvación se basa en la fidelidad de Dios a su juramento de pacto, base de la seguridad y la esperanza del cristiano (Heb. 6:13-20).

Debemos observar cuidadosamente que Cristo se presenta aquí en calidad de testigo, como Juan ya nos ha informado en dos ocasiones (Rev. 1:5; 3:14). Este es el punto en el cual convergen los varios detalles de la visión. Hemos observado algo del significado de las piernas que parecen columnas de fuego (Rev 10:1), y esto debe ser desarrollado adicionalmente. Porque, en primer lugar, las columnas se usan en el simbolismo bíblico y ritual como testigos (comp. Gen. 31:45, 52; Deut. 27:1-8; Josué 8:30-35; 22:26-28, 34; 24:26-27). De manera similar, las dos tablas de piedra que contienen los Diez Mandamientos servían como testigos (Deut. 31:26, documentos legales de testimonio para las estipulaciones del pacto. Así, a la ley se la llama el testimonio (Ex. 16:34; 25:16, 21-22; 32:15; 34:29; Lev. 16:13; 24:3; Núm. 1:50, 53; 4:5; Josué 4:16; 2 Reyes 11:12). 10 Cuando Dios estaba de pie en la doble columna de nube y de fuego delante de Israel en "la tienda del testimonio" (Num. 9:15; 10:11), se estaba identificando como el Testigo del Pacto (comp. 1 Sam. 12:5; Jer. 29:23; 2:5; Miq. 1:2; Mal. 2:14).

El Ángel-Testigo jura que ya no habría más demora 11, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar su trompeta, se consumaría el misterio de Dios. La palabra misterio no significa algo "misterioso" en nuestro sentido moderno, sino más bien "algo que antes estaba oculto pero que ahora ha sido revelado". 12 Es revelación: conocimiento que Dios había retenido pero que ahora "ha revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu" (Eph. 3:5), un misterio "que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos" (Col. 1:26). Este "misterio" es un aspecto principal de las cartas a los Efesios y a los Colosenses: la unión de los judíos creyentes y los gentiles en una iglesia, sin distinción; "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Eph. 3:6). Los gentiles, que habían sido extranjeros y estado alejados de la ciudadanía de Israel y de los pactos de la promesa, ahora, por medio de la obra de Cristo, son hijos plenos de Abraham, herederos del pacto, en una posición igual e indistinguible con los judíos creyentes (Eph. 2:11-22; Gal. 3). Forman "un nuevo hombre", una Iglesia, un Cuerpo de Cristo, en el único y Nuevo Pacto. Y este reino del pacto, el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, tendrá un dominio universal: Todas las naciones ahora acudirán al Monte del Señor, al convertirse los reinos del mundo en el único Reino de Cristo (Rev. 11:15). El misterio de Dios, la universalización del Reino de Dios, ha de consumarse - como Él predicaba el evangelio 13 a sus siervos los profetas. El misterio es simplemente la revelación del mensaje del evangelio.

Es por esto por lo que el Ángel está de pie como testigo sobre el mar y sobre la tierra (comp. v. 2), un hecho que se repite para mayor énfasis en el versículo 5. El Ángel hace el juramento con sus pies-columnas plantados sobre Israel y las naciones, proclamando el Nuevo Pacto que unirá a los dos en una nueva nación en Cristo. Además, jura en el nombre del Creador: por el que vive por los siglos de los siglos, que creó los cielos y las cosas que hay en ellos, y la tierra, y las cosas que hay en ella, y el mar, y las cosas que hay en él (comp. Ex. 20:11; Ps. 146:6; Neh. 9:6). El Ángel jura de este modo porque es el divino testigo de la nueva creación. Los detalles del pasaje nos recuerdan otros dos eventos de la "Nueva Creación": el pacto con Noé (el arco iris) y el pacto en Sinaí (la columna de fuego). Ambos nos recuerdan cómo "en el principio el Espíritu se puso como un arco iris sobre la creación como el divino testigo del pacto de la creación, como señal de que la creación existió bajo la égida de su señorío de pacto. Aquí está el trasfondo para el uso posterior del arco iris como señal del pacto de Dios con la tierra". 14 "Durante la ratificación del antiguo pacto en Sinaí, esta teofanía en forma de nube-columna representaba a Dios de pie como testigo de su pacto con Israel. Nuevamente, en la ratificación del nuevo pacto, en Pentecostés, fue Dios el Espíritu, quien apareció en fenómenos que han de ser vistos como una versión neotestamentaria del fuego de gloria, que proporcionó el divino testimonio de confirmación". 15

Así, pues, hemos visto varias ideas bíblicas que se juntan en este punto para formar un patrón consistente: pacto, juramento, creación, testimonio, y testigo. El Espíritu, que originalmente apareció como columna de nube y de fuego, estuvo presente en la creación original, y luego posteriormente en los sucesos de la re-creación en la historia de la redención: el Diluvio, el Éxodo, la erección de tabernáculo y el templo, y el día de Pentecostés. La venida del Espíritu en Pentecostés fue proféticamente descrita por Joel en términos de la Nube de Gloria: "Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo" (Joel 2:30; y el apóstol Pedro, citando la afirmación de Joel, declaró que el suceso de Pentecostés fue el cumplimiento de la antigua profecía (Acts 2:16-21). 16

Así, pues, los varios sucesos de la creación interpretan y son reinterpretados los unos por los otros. Que los pactos se hicieron en términos de la creación muestra que eran re-creaciones provisionales que apuntaban a la nueva creación final en Cristo (2 Cor. 5:17); Eph. 4:24). Y que los relatos de la creación usan lenguaje y escenario de pacto (columna-testigo, juramento, y testimonio) muestra que debe haber sido un pacto (es decir, si los pactos son re-creaciones, entonces la creación era un pacto). 17

Otro motivo que es común a la creación y al pacto es la forma sabática en la cual ambos son estructurados. 18 Como ya hemos observado, el libro entero de Apocalipsis está estructurado en términos de sietes, revelando su naturaleza como el registro de un proceso de confección de pacto; y aquí vemos el "misterio de Dios", que se declara consumado con la séptima trompeta. El sábado "es un día de acción divina que presenta el juicio divino con la penetración de la oscuridad por la luz de la gloria teofánica; es un día de la creación del cielo y de la tierra y la consumación de un templo de Dios hecho a semejanza de la Gloria; es un día de la revelación de la gloria soberana del Señor del pacto. Tomados juntos, los siete días son la plenitud del tiempo de la creación, la séptuple plenitud del día del Señor. En la re-creación redentora, el día del Señor, en que lo viejo pasa y todo es creado de nuevo, hay nuevamente la plenitud del tiempo, en la cual, como declara Pablo, todo el misterio de Dios llega finalmente a su realización" (véase Gal. 4:4; Eph. 1:9-10; comp. Mat. 13:11-17; Mk. 1:15; Col. 1:15-20; Rev. 10:7). 19

Apocalipsis sirve así para introducirnos al primer gran clímax de la profecía: el anuncio de la destrucción de Jerusalén. Y, mediante el uso de imágenes bíblicas múltiples, declara que la caída de Jerusalén es un aspecto ineludible del grande y final suceso de la celebración del pacto. La trompeta del séptimo ángel será la señal irrefutable de que la prometida nueva creación, el nuevo pacto, es un hecho consumado. El gran misterio de Dios - la consumación y plenitud de su templo nuevo y final - habrá sido revelado al mundo (Rev. 11:15-19).

 

El librito amargo (Rev. 10:8-11)

8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Vé y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

 

v8-10 Las instrucciones de tomar y comer el libro sostenido por el ángel están basadas en un incidente similar en la vida de Ezequiel, a quien se le ordenó comer un rollo que simbolizaba la denuncia profética de la "casa rebelde" de Israel ( Ez. 2:8-10; 3:1-3). Esta referencia nos permite identificar el libro que se le dio a Juan como su comisión, basados en el Nuevo Pacto, para profetizar "lamentos, luto, y ayes" contra el Israel apóstata. El libro es así esencialmente el mismo Libro de Apocalipsis. Como con Ezequiel, el Proceso de Pacto le fue a Juan dulce como la miel (comp. Ez. 3:3), pero fue amargo en su estómago (comp. Ez. 3:14). Esto no debería ser difícil de entender. Juan fue llamado a profetizar sobre la victoria de la iglesia y del reino de Dios. Un necesario corolario del triunfo de los justos es la destrucción de los malvados. El modelo se mantiene a través de las Escrituras en la historia de la salvación: Los mismos juicios que nos liberan también destruyen a los enemigos de Dios. "La salvación y el juicio son dos aspectos del mismo suceso". 20 El antiguo Israel se había vuelto del verdadero Dios al culto a los ídolos y demonios; se había convertido en ramera y en perseguidor de los santos, y tenía que ser destruído. Y, aunque Juan podía regocijarse por la victoria de la iglesia sobre sus enemigos, todavía era una dolorosa experiencia ver la una vez santa ciudad convertida en escombros, el templo derribado y convertido en cenizas, y a centenares de miles de sus familiares y coterráneos muertos de hambre y torturados, asesinados, o vendidos como esclavos. Todos los profetas experimentaron esta misma angustia emocional - que por lo general no involucraba una rebelión contra su llamado (Jonás es una notable excepción), sino más bien un profundo reconocimiento de la naturaleza de dos filos de la profecía, del hecho de que el mismo "Día del Señor" traería tanto bendición inmensurable como indescriptible dolor (comp. Amós 5:18-20). Sin embargo, debe observarse que un vasto abismo separa a los profetas de muchos de sus intérpretes en nuestros propios días. Porque, aunque los teólogos modernos finjan una actitud llorosa por los sufrimientos de la "humanidad" en general, o en abstracto, los profetas no sufrían tales impulsos humanitarios. 21 Los profetas se dolían por los desobedientes hijos del pacto. La amargura que Juan experimentó no es por la suerte del Imperio Romano. Se duele por Israel, considerado como el pueblo del Pacto. Están a punto de ser desheredados y ejecutados, para no ser restaurados nunca más como la nación del pacto. 22 El divorcio del antiguo Israel es necesario en el plan de redención de Dios, y Juan, al mismo tiempo que le da la bienvenida, lo proclama con gozo vigoroso. Y, sin embargo, hay una tristeza legítima por las ovejas perdidas de la casa de Israel.

v11 En el antecedente antiguo-testamentario del Libro de Apocalipsis, el Ángel del Señor es identificado como el Profeta original (comp. Ex. 23:20-23: Deut. 18:15-19). 23 Como tal, levantó y comisionó a otros profetas a su imagen, reproduciéndose en ellos (Ex. 3:2 ss.; 33:14; 34:5ss; 29-35; 2 Reyes 1:3, 15; 1 Crón. 21:18). Por esta razón, a los profetas a menudo se los llama ángeles (mensajeros), expresando su re-creación a imagen del divino Ángel-Profeta (2 Crón. 36:15-16; Hag. 1:13; Mal. 3:1). 24 El mismo patrón continúa aquí: el Ángel-Profeta, que proclama su mensaje mientras está de pie sobre la tierra habitada, comisiona a Juan para que profetice nuevamente acerca de muchos pueblos y naciones y lenguas y reyes. La profecía de Juan en relación con la destrucción de Israel y el establecimiento del Nuevo Pacto abarcará a las naciones del mundo. Cristo ha anunciado el evangelio, el mensaje del dominio universal del reino, a "sus siervos los profetas" (v. 7), y ahora su siervo Juan ha de extender la proclamación de ese evangelio a todas las naciones. Cristo ha redimido a los hombres de toda nación (Rev. 7:9). El mismo y poderoso Imperio Romano es en fin de cuentas un instrumento de la voluntad de Dios (Rev. 17:16-17), para ser eventualmente aplastado y rechazado cuando su utilidad haya cesado (Rev. 19:17-21; comp. Dan. 2:44). "Los reinos del mundo no sino el andamiaje del templo espiritual de Dios, para ser derribados cuando sus propósito se haya cumplido". 25

 

Notas:

1. Comp. Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 108, 121.

2. Ibid., p. 19; comp. 1 Crón. 28:2; Sal. 99:5; 132:7. En el templo mayor, cósmico ("los cielos y la tierra"), la tierra es llamada el estrado de Dios (Is. 66:1), y así, se dice que la tierra tiene columnas (1 Sam. 2:8; Job. 38:4-6; Ps. 75:3; 104:5; Is. 51:13, 16; 54:11), y las basas para sostener las columnas (Job 38:6; la misma palabra se usa para las basas de las columnas en el tabernáculo, en Num. 3:36-37; 4:31-32).

3. El significado del librito se discutirá más abajo, en relación con el v. 8-11.

4. Henry Barclay Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications, 3er. cd., [1911] 1977), p. 127.

5 Aquí hay otra identificación del Ángel con Cristo: Él es el León que "ha vencido para abrir el libro" (Apoc. 5:5).

6. Kline, p. 101.

7. Rousas John Rushdoony, Salvation and Godly Rule (Vallecito, CA: Ross House Books, 1983), p. 388.

8. Ibid.

9. Véase, por ejemplo, de Max R. King, The Spirit of Prophecy (n. p., 1971). Aunque la obra de King tiene mucho valor para el estudiante perspicaz, su tesis final, de que no hay ninguna futura Venida de Cristo ni ningún Juicio Final, constituye una herejía. Por todas partes, el cristianismo histórico y ortodoxo, a una voz, siempre ha enseñado que Cristo "vendrá otra vez, en gloria, para juzgar tanto a los vivos como a los muertos" (Credo de Nicea). Este es un artículo no negociable de la fe cristiana. Comp., de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 138-48).

10. Meredith G. Kline, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1975), pp. 113-30. La ley requería dos testigos (Deut. 17:6; 19:15), y, como hemos observado en la Introducción, las dos tablas era copias duplicadas del pacto.

11. "El sentido aquí no es una abolición del tiempo y su reemplazo por la eternidad, sino 'que el tiempo no sería más' según la palabras del ángel hasta la consumación del divino propósito". James Barr, Biblical Words for Time (Naperville, IL: Alec R. Allenson Inc., rev. ed. 1969), p. 80.

12. F. F. Bruce, Commentary on the Epistle to the Colossians (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 218.

13. "Predicado el evangelio", más bien que "declarado" o "predicado", es la traducción literal del texto griego.

14. Kline, Images of the Spirit, pp. 19s.

15. Meredith G. Kline, Kingdom Prologue, Volume I (privately published syllabus), 1981), p. 28. Kline también señala (pp. 5s.) que las palabras juramento y pacto se usan también indistintamente (comp. Deut. 29:12; Ez. 16:8).

16. Ninguna otra construcción puede atribuírsele legítimamente a las palabras del apóstol. La venida del Espíritu era el cumplimiento de Joel 2:28-32. "Los Últimos Días" habían llegado. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 115-122.

17. Véase de Kline, Kingdom Prologue, Vol. I, pp. 33s.

18. Ibid., p. 33.

19. Kline, Images of the Spirit, pp. 114s.

20. Véase de R. J. Rushdoony, Salvation and Godly Rule, pp. 19ss., 140s.

21. Para un análisis incisivo del humanitarismo, véase, de Herbert Schlossberg, Idols for Destruction: Christian Faith and Its Confrontation with American Society (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1983), pp. 39-87.

22. Que Israel algún día se arrepentirá y se volverá a Cristo es, para mí, indiscutible (Rom. 11; comp. Chilton, Paradised Restored, pp. 125-31). Ese no es un punto en discusión aquí. Sin embargo, queda vigente el punto de que, para ser restaurados al pacto, los judíos deben entrar a la iglesia de Jesucristo, junto con todos los demás. Israel jamás tendrá una identidad de pacto aparte de la Iglesia. Para más discusiones en profundidad del lugar de Israel en la profecía, véase (en niveles ascendentes de complejidad) de Iain Murray, The Puritan Hope: Revival and the Interpretation of Prophecy (Edinburgh: The Banner of Truth Trust, 1971); John Murray, The Epistle to the Remans, 2 vols. (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1959, 1965] 1868, Vol. 2, pp. 65-108; William A. VanGemeren, "Israel as the Hermeneutical Crux in the Interpretation of Prophecy" (I), Westminster Theological Journal 45 (1983), pp. 132-44; ídem, "Israel as the Hermeneutical Crux in the Interpretation of Prophecy" (II), Westminster Theological Journal 46 (1984), pp. 254-297.

23. Véase la discusión de Kline sobre esto en Images of the Spirit, pp. 75-81, 91-95.

24. Ibid., pp. 57ss.

25. Thomas V. Moore, A Commentary on Haggi and Malachi (London: The Banner of Truth Trust, [1856] 1968), p. 80.

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