Apéndice A - El Simbolismo Levítico

 Apéndice A

Días de Retribución – Chilton

Una exposición del libro de Apocalipsis

EL SIMBOLISMO LEVÍTICO

EN APOCALIPSIS

PHILIP BARRINGTON

Reimpreso de la obra de Philip Barrington, The Meaning of the Revelation [El significado de Apocalipsis] (Londres: SPCK, 1931). No puedo recomendar todas las opiniones de Barrington - por ejemplo, su ridícula "hipótesis documental", al estilo de JEDP, sobre la autoría de Apocalipsis, ni sus puntos de vista sobre la supuesta evolución y fecha tardía del texto - pero creo que su contribución general a nuestra comprensión del significado de San Juan es muy valiosa, y compensa con creces sus deficiencias. En vez de dejar sentado mi desacuerdo cada vez que Barrington dice algo objetable, me arriesgaré a esperar que el lector piense por su cuenta. [D. Chilton]


A menudo se ha señalado el carácter litúrgico de las secciones de Apocalipsis, pero no he visto ningún intento por estudiar y dilucidar el andamiaje en que están construidas las visiones. El arzobispo Benson se acercó mucho a él cuando trató el libro como un drama, y lo imprimió para exhibir la estructura coral. Pero Apocalipsis no es un drama; es una liturgia. Un drama trata del desarrollo de una personalidad, y los actores en él deben usar sus propias personalidades para interpretarlo. En la liturgia, los hierofantes deben sumergir sus propias personalidades e identidades en el movimiento de la composición entera. Es un verdadero triunfo literario que un poema sostenido como Apocalipsis retenga la atención como lo hace sin la ayuda del interés humano en carácter, y que ese triunfo sea litúrgico en carácter. El autor de Apocalipsis frecuentaba el templo y amaba su liturgia; cuando cerró sus ojos en Éfeso, pudo ver a los sacerdotes ocupándose de sus tareas asignadas al pie del gran altar de los sacrificios. Esa visión forma el trasfondo del poema entero.

Me asombra haber encontrado tan pocas discusiones sobre el ritual del templo, no sólo en relación con Apocalipsis, sino también en relación con el trasfondo palestino del Nuevo Testamento en general. El reciente avance en este estudio se ha ocupado de la literatura escatológica y la enseñanza oral de los rabinos; ha descuidado el templo, su sacerdocio, y el culto. Pero en el período del Nuevo Testamento el sistema del templo era central; después de su destrucción, los rabinos organizaron un nuevo judaísmo según los ilustrados rasgos farisaicos. Pero era una nueva religión, no la antigua. La antigua religión murió en el año 70 d. C., y dio a luz dos hijos; el mayor era el judaísmo moderno sin templo ni sacerdotes ni sacrificios; el menor era el cristianismo, que se enorgullecía de poseer a los tres.

Lo que enlaza a los hebreos con Apocalipsis es su insistencia sobre este hecho. El cristianismo es el verdadero heredero de la antigua fe. A él han sido transferidos el sacerdocio y el sacrificio.

El nuevo culto universal

Cuando Juan se dispuso a la obra de publicar sus visiones veinte años después de la caída de Jerusalén, una de sus principales tareas fue proporcionar un esquema o modelo para el culto cristiano. No puede haber dudas de que Juan puso mano a esto consciente y deliberadamente; es más, tuvo éxito. La "Anáfora", como se conoce en el este la plegaria de consagración de la eucaristía, sigue el modelo que él trazó. El "canon" de la misa romana y la plegaria de consagración del Libro de Oraciones inglés lo hacen, aunque menos fielmente.

Parece razonable suponer que su obra litúrgica no fue hecha al azar o en un espíritu de teoría. Debe haber tenido alguna relación con la manera en que el culto cristiano tenía lugar en realidad en ese tiempo; la analogía indica que, si la parte más antigua del libro reflejaba el culto de la antigua religión que había fenecido, la parte más reciente reflejaría el de la nueva religión que había tomado su lugar. Ahora bien, los capítulos iniciales 4 y 5, aunque pertenecen al período posterior de la inspiración de Juan, sí parecen estar construidos sobre el fundamento de obra más anterior, en la cual parecen haberse efectuado los siguientes cambios: (1) un trono toma el lugar de un altar, y (2) se añaden veinticuatro ancianos sentados sobre tronos. (Véase Charles, ad. loc.) Pero estos cambios corresponden al cuadro de la congregación cristiana del período indicado en los escritos de San Ignacio (véase a Rawlinson en Foundations, sobre "Los orígenes del ministerio cristiano"). El trono de Dios representa el asiento del obispo, y alrededor de él se agrupan los ancianos. Se ha escogido el número a causa de los veinticuatro niveles en que se dividía el sacerdocio hebreo (y hasta los levitas y el pueblo); podemos comparar la imagen del sumo sacerdote Simón en Eclesiástico I con su "guirnalda" de sacerdotes.

Por lo tanto, podemos sentirnos bastante confiados de que tenemos delante nuestro las disposiciones reales de la liturgia cristiana, que a su vez dependía de sus orígenes hebreos.

En el texto, he discutido los paralelismos entre los cuatro seres vivientes, las siete lámparas, el mar de vidrio, etc, y los querubines, el candelabro, y el lavacro del templo. En San Juan, todos ellos se aplican de variados modos al culto universal de toda la creación. Este culto universal encuentra expresión en el Sanctus (Santo, Santo, Santo), que también se usa en las plegarias matutinas de la sinagoga, donde es asociado con el pensamiento de la creación; en Apocalipsis, la alabanza de Dios por su creación es pronunciada por los ancianos, que se postran al sonido del Sanctus.

Este es el "primer movimiento" de la Anáfora, de la eucaristía cristiana, en la cual los hombres "se unen a los ángeles y a los arcángeles y a toda la compañía del cielo". La mayor parte de las liturgias griegas muestran trazas de los "Axios" o "Axiones" (dignos) de Apocalipsis; un paso más bien largo se refleja en la frase: "Es justo y correcto (justum et dignum) hacerlo así".

Luego, el Apocalipsis procede a mostrarnos al Cordero como había sido muerto para el sacrificio; y las liturgias cristianas le siguen, narrando la vida y la muerte de Cristo, conduciendo así a la consagración y a la ofrenda. Las palabras "de pie", que se aplican al Cordero, son una traducción de la palabra "tamid", el nombre técnico para el cordero que era ofrecido cada mañana en el templo como ofrenda encendida. Era la "ofrenda en pie".

Esto es seguido por la ofrenda de incienso, que representa la oración intercesora; y luego viene un cántico nuevo. El cántico nuevo se mencionaba también en un himno usado en el templo después de sacrificar el cordero y antes del incienso. Me referiré a él más adelante.

La liturgia termina con la alabanza a Dios y al Cordero, y el canto del Amén, que era característico de la eucaristía en este punto. Todas las liturgias siguen este bosquejo, y es desde este punto en adelante que varían. Las primeras dos partes del Te Deum siguen las mismas líneas de construcción.

Ahora nos volvemos al capítulo 7, versículos 9 al 17, un corto pasaje que es también obra del período más reciente, anticipando el fin del libro. Representa la adoración de los mártires en el cielo.

El pensamiento del martirio como sacrificio es tan antiguo como el período macabeo, y tiene tras de sí a Isaías 53. El hombre que da su vida por Dios o por su país es al mismo tiempo sacerdote y víctima; ofrece, pero a lo que ofrece es a sí mismo. En Apocalipsis, su sacerdocio depende del de Cristo.

En el capítulo 1, Cristo ha sido presentado como sacerdote y como rey. Lleva la larga túnica blanca y el cinturón en el pecho; está de pie "en medio de" las siete lámparas; es decir, está en el santuario donde está el candelero de los siete brazos, y vestido como sacerdote. Esta prenda sencilla de lino la llevaba el sumo sacerdote el día de expiación. Al final de Apocalipsis, la misma figura sale del santuario con la misma túnica manchada de sangre.

Los mártires también llevan túnicas blancas, que están conectadas con la de Cristo por la afirmación de que son lavadas en la sangre del cordero; el mismo carácter mixto de sacerdote y víctima pertenece tanto a los mártires como a su señor; pero sus muertes son elevadas al nivel de sacrificio por la asociación con la muerte de él.

Los mártires ofrecían sus cuerpos, y más que sus cuerpos: sus vidas, su valor, su resistencia paciente; este es el sacrificio vivo de Romanos 12, santo, agradable, vuestro racional culto. Dando a la palabra cuerpo este amplio sentido, podemos muy bien concordar en que las túnicas blancas significan todo lo que los mártires ofrecían a Dios, purificado ahora en la sangre del perfecto sacrificio.

Más adelante, las túnicas blancas son llamadas lino fino, que es material sacerdotal.

En el texto del libro, he comparado las palmas y el hosanna (salvación) con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, su salida hacia el sacrificio. Esto es sólo parte de una comparación más amplia. Ambas están conectadas con el ritual de la Fiesta de los Tabernáculos, que ocurría en el tiempo de la recolección, durante la vendimia y todas las otras cosechas. En este festival, los sacerdotes rodeaban el altar batiendo palmas y cantando hosanna; aquí los sacerdotes-mártires están en el santuario batiendo palmas y cantando hosanna alrededor del trono, que ha tomado el lugar del altar.

La idea de los tabernáculos es llevada más lejos, en la declaración de que Dios morará con ellos [como en un tabernáculo]; ellos mismos han de ser su tabernáculo, o su morada.

Nos volvemos al final del libro, a la cuarta y última sección, que trata del culto cristiano. En Rev. 21:3, se reanuda la última declaración. Por extraño que parezca, es una cita de Levítico, donde se da a entender que el Dios santo habitará en medio de un pueblo santo. Aquí, la cita es ampliada para significar que los hombres en general componen el santuario de Dios; su tabernáculo está con ellos. El sustantivo y verbo "habitar en un tabernáculo" están conectados con el hebreo shekinah, la gloria visible de Dios que se dice llenaba el tabernáculo en el desierto y llenó el templo cuando Salomón lo consagró. Por lo tanto, Juan está anunciando que el antiguo santuario local ha desaparecido, y que de ahora en adelante la Presencia está con los hombres en general, y que Dios se está haciendo visible en y por medio de ellos.

La idea se desarrolla en el Epílogo, que comienza con el versículo 9. Se repite primero en el lenguaje del simbolismo. La santa ciudad tiene la gloria de Dios; su lustre es como el de la piedra de jaspe; en el capítulo 4, se dice que Dios es como la piedra de jaspe, de modo que todo esto sólo repite la afirmación anterior sobre el morar en tabernáculos. La presencia visible de Dios está en esta ciudad. Reemplaza al antiguo templo. La ciudad entera está llena de la Presencia, no sólo una parte sagrada de él. Hasta su fundamento es de jaspe - es decir, divino.

Las piedras preciosas incorporadas en sus muros significan las almas elegidas en las cuales mora Dios; siendo los doce fundamentos los apóstoles del cordero. El oro transparente y brillante de sus calles significa que el tabernáculo de Dios está construido de los puros de corazón; este simbolismo corresponde al de las túnicas blancas.

No había santuario en él; es decir, la Presencia no está localizada. No hay en él alternación de luz y oscuridad; no hay necesidad de calcular los soles y las lunas; vive en la luz perpetua de la Presencia. No es necesario encender ningún candelabro de siete brazos para que alumbre toda la noche; el Cordero es la lámpara.

La luz alumbrará al mundo por medio de las vidas de las almas elegidas en las cuales mora Dios. La comunidad de los electos está abierta de par en par; sus puertas nunca están cerradas. No hay distinciones nacionales. Los reyes de la tierra le traen su gloria; una referencia a los sacrificios ofrecidos por los emperadores romanos y otros en Jerusalén. El honor que le rindieron al santuario vendrá a esto. Gratis para todos serán las aguas y los frutos del paraíso espiritual.

Ningún sacerdocio hereditario y monopolista tendrá posesión exclusiva de este santuario, ni mediará entre Dios y su pueblo. Todos sus siervos permanecerán en su presencia, y cada uno de ellos será como el sumo sacerdote, y tendrá su nombre en su frente. Visión universal abierta: sacerdocio universal abierto.

Este epílogo forma un cuadro de la iglesia católica, en cada uno de cuyos puntos es contrastada con el antiguo templo judío, y aparece más glorioso porque cada parte de él está llena de la iluminación de la Presencia que había estado confinada al Lugar Santísimo. Juan evita deliberadamente todos los ornamentos del culto del templo - las túnicas blancas, los cinturones de oro, las arpas, el incienso, el altar; todos han desaparecido. Nótese también su forma cuadrada, sus puertas, y sus aguas vivas, todas las cuales son tomadas del templo de Ezequiel.

 

El sacrificio en el templo

Hemos recorrido las adiciones posteriores al poema de San Juan y visto cuán iluminador es someterles a prueba desde el punto de vista litúrgico; ahora nos volvemos a las visiones anteriores que son preservadas dentro de este andamiaje.

Los capítulos 1 a 5 son material nuevo que forma una introducción para este sistema más antiguo; y sin duda, se han de encontrar en ellos elementos más antiguos. Ya he señalado cómo debe verse el Sumo Sacerdote en la visión de Cristo en el capítulo 1, el santuario y sus ornamentos en el capítulo 4, y el cordero inmolado en el capítulo 5.

Ahora permítaseme delinear el procedimiento del sacrificio diario en el templo; puede dividirse como sigue:

1. Inmolación del cordero.
2. La preparación de las ofrendas.
3. Intervalo para la oración.
4. La ofrenda del incienso.
5. Se quema el incienso.
6. Salmos, etc. El "clamor".
7. Comer el sacrificio: si es una ofrenda por el pecado.

 

1. La inmolación del cordero.- Cuatro acontecimientos tenían lugar simultáneamente: la trompeta se hacía sonar tres veces, y se abrían las puertas del Naos y las puertas del santuario; en el mismo momento, el cordero era inmolado, y su sangre era asperjada contra el altar.

Por necesidad, Juan debe comenzar con el cordero inmolado, pues desea incorporarlo al esquema cristiano de culto que ha prefijado a sus anteriores series de visiones; el v. 6 es, por lo tanto, la culminación del uno y la apertura del otro. Vio un cordero de pie como inmolado. Ya he señalado que las palabras "de pie" son una traducción literal de Tamid, el nombre técnico del sacrificio matutino. Por lo tanto, el versículo debería traducirse: "Vi el cordero del Tamid como inmolado". La expresión recurre en el Rev.14:1.

(Los veinticuatro ancianos cantan un "cántico nuevo", que ahora tienen arpas e incienso como sacerdotes; pero esto tiene que ver con el esquema cristiano, que se traslapa en este punto. El "cántico nuevo" en el templo vino un poco más tarde; y Juan lo ha diferido hasta el Rev.14:3).

Saltándonos el episodio no litúrgico de los cuatro jinetes, llegamos a las almas bajo el altar (Rev. 6:9). Inmediatamente después de que el cordero era inmolado, su sangre era rociada sobre el altar; en el pensamiento hebreo, hay una fuerte conexión entre la sangre y el alma, y las almas descritas aquí son las almas de los sacrificados. Ellos oran también pidiendo venganza de su sangre. Se piensa que la sangre es vertida en el suelo; se considera que el alma/la sangre sube a Jehová. El mismo pensamiento en definitiva subyace el sacrificio de sangre y la venganza de sangre. Vemos que ya las muertes de los muertos inocentes están asociadas con la muerte del Cordero; quizás se consideran purificados por su sangre, porque se les da una túnica blanca (véase más arriba).

Pasando sobre el sexto sello y el posterior pasaje litúrgico asociado con él, llegamos a las trompetas y la ofrenda del incienso (Rev. 8:1). La ofrenda del incienso parece estar fuera de lugar, y por el momento la dejaremos de lado, notando, sin embargo, la preocupación de Juan por un ceremonial correcto y hermoso. Una de las bellezas del ceremonial es la acción simultánea diseñada para evitar demoras mientras se hacían los preparativos.

1. Se les dan siete trompetas a siete ángeles.
2. Se ofrece el incienso.
3. Se hacen sonar las trompetas
.

La misma particularidad aparece en el caso de las siete fuentes (véase Rev. 15:1).

Regresemos al sacrificio del cordero. La señal para la inmolación del cordero era tres trompetazos; estos tres trompetazos eran también una señal para que se abrieran las puertas del templo y del santuario. Esto es lo que encontramos en Juan:

Siete trompetas (Rev. 8:1-11:18).
Apertura del santuario de Dios en el cielo (Rev.11:19).

Por lo tanto, estamos justificados al arribar a la conclusión de Juan está siguiendo el ceremonial del templo, si bien de un modo aproximado. La semejanza es más exacta cuando recordamos que el Dr. Charles ha dado muy buenas razones para suponer que en Apocalipsis el número de trompetas era también originalmente tres. El argumento del ceremonial convierte la hipótesis del Dr. Charles en certeza. La serie de siete sellos y siete trompetas, como he observado en el texto, no es la clave de la construcción de Apocalipsis, sino que lo oscurece; fue introducida para atar juntas las visiones que no eran coherentes.

Al tratar con el Naos o santuario en el cielo, pisamos sobre terreno muy delicado. Dos cosas parecen claras. Una es que la "Presencia" o gloria divina ha abandonado a Jerusalén, de manera que ya no hay más Naos; la otra es que el Naos en el cielo es el número de creyentes electos en los cuales la Presencia ha de morar de aquí en adelante. Es universal, está en los "cielos", abierta para todos. Creo que las anteriores series de visiones habrían de terminar, o quizás terminaron, con el descenso de este templo no hecho de manos. Creo que se encuentran dos rastros de él: la promesa de 3:12: Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y la declaración sobre los mártires triunfantes, Rev. 7:15: Le sirven día y noche en su templo.

Este pensamiento del nuevo templo del cielo fue reemplazado por algo mejor, la visión de la nueva ciudad que no tiene templo, y en la cual no hay ni día ni noche.

Ahora vemos por qué la muerte del cordero debía ocurrir primero. Fue la muerte de Cristo lo que abrió el camino. Cuando venciste el poder de la muerte, abriste el reino de los cielos para todos los creyentes. Comparando a Juan con el ritual del templo, tenemos:

Templo. Simultáneo.

San Juan.

Tres trompetas.

Cordero inmolado.

Cordero inmolado.

Sangre en el altar.

Sangre rociada sobre el altar.

Tres trompetas.

Puertas abiertas.

Puertas abiertas.

 

 

La ofrenda del incienso (Apoc. 8:3-5)

¿Por qué, entonces, está la ofrenda de incienso puesta en el lugar equivocado? Sobre este punto se pueden hacer una o dos sugerencias. La primera es un punto literario de alguna importancia. Juan está siguiendo varios complicados sistemas en este libro, y el orden lógico de uno a veces tiene que hacer lugar para otro. He mostrado cuán fielmente sigue el orden de Apocalipsis al libro de Ezequiel; ahora este pasaje está basado en una visión de Ezequiel que viene en este punto. Si Juan permanece fiel a Ezequiel, la visión del sellamiento debe seguir inmediatamente.

Además, había sólo un día en el año cuando la ofrenda del incienso ocurría más temprano; y este día era el día de expiación, el único día en que el sumo sacerdote debía oficiar en persona. Encontraremos otras razones para suponer que Juan tenía en mente el día de expiación. Ya hemos dado una. El sumo sacerdote (Cristo) se nos ha mostrado en el capítulo 1 llevando las vestiduras blancas, y el único día en que el sumo sacerdote se vestía de blanco era el día de expiación.

Si esta sugerencia es correcta, Juan no se ha limitado al ceremonial de un tipo de sacrificio solamente. Su ceremonial es combinado. Podemos notar que él no habría podido usar sólo el ceremonial del día de expiación, pues entonces habría tenido que simbolizar a Cristo por medio de un macho cabrío.

La ceremonia descrita por Juan parece estar basada en el ritual diario, pues es llevado a cabo por un ángel, no por Cristo el sumo sacerdote; pero posiblemente no hay que insistir en esta necesidad, pues el ángel simboliza todo el proceso de intercesión. La media hora de silencio que precedía a la ofrenda del incienso corresponde al silencio y la postración que seguían en el sistema del templo. Podemos observar que, en el ritual diario, al templo se entraba en este momento, y se limpiaba el altar del incienso; el templo celestial no necesitaría esto. Por otra parte, cuando llegamos al punto en que la ofrenda de incienso tenía lugar en el ritual diario, encontramos que Juan tiene un pasaje muy interesante que corresponde a él.

Para resumir. En este punto, Juan deseaba simbolizar las oraciones de los muertos inocentes que llegaban delante de Dios y eran contestadas. Por lo tanto, él mueve la ofrenda de incienso a este punto, como en el día de expiación. Así preserva su paralelismo con Ezequiel.

Sigue un largo pasaje no litúrgico. A las tres trompetas se las hace simbolizar la voz de la profecía en su denuncia del pecado. Alargadas a siete, recuerdan la caída de la ciudad de Jericó (Rev. 8:6 a Rev. 9:21).

Luego viene la culminación y el cumplimiento del ministerio profético en el evangelio cristiano, en relación con el cual él relata su propio llamado, y su obra peculiar y distintiva que ha de profetizar contra Jerusalén. Jerusalén debe ser destruida; sólo el templo ha de ser preservado; y hemos visto que, por medio del templo, él quiere decir la comunidad de almas electas en las cuales está morando la Presencia de Dios. El verdadero Israel es ahora la iglesia cristiana (Rev. 10:1 a Rev. 11:13).

Todo esto es concluido por la última trompeta y la apertura del templo celestial (Rev. 11:14-19).

El gran interludio es también no litúrgico. Narra la aparición del Libertador, su victoria sobre Satanás, la persecución de sus seguidores en Jerusalén, y la aparición de la bestia (el sistema del dios-emperador romano) que persigue a sus seguidores más allá de sus fronteras (Rev. 12 y 13).

 

2. La preparación del sacrificio.- Después de que el cordero era inmolado y su sangre había sido rociada sobre el altar, todavía quedaba mucho por hacer. El cordero tenía que ser despellejado y cortado en trozos; sus entrañas y sus patas eran lavadas en el lavacro; y se le ponía sobre la pendiente que conducía al altar. Entonces los sacerdotes iban a orar a la sala de las piedras pulimentadas.

El capítulo 14 comienza con el cordero de pie sobre el monte de Sión, o más bien el cordero del Tamid sobre el monte de Sión. Como el monte de Sión es el sitio del templo, no es necesario elaborar sobre el aspecto sacrificial de este versículo.

Con él están los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron "sellados"; éstos tienen el nombre de su padre escrito en sus frentes. Éstos son los mártires, que, junto con el cordero, forman el sacrificio. También son sacerdotes. El sumo sacerdote llevaba en la frente una placa de oro, el petalón, con el nombre sagrado de Jehová, Santidad a Jehová. En el versículo 4, son descritos como las "primicias", un término definitivamente sacrificial; y en el versículo 5, se dice que son "sin mancha"; un material perfecto para el sacrificio.

En el texto, he comentado la declaración del versículo 4 de que no se contaminaron con mujeres. En el sacrificio, los sacerdotes tenían que observar ciertos tabúes ceremoniales que les mantenían técnicamente "santos"; entre éstos estaban la abstinencia de relaciones sexuales con mujeres.

Luego sigue el cántico nuevo, cantado, no en el salón de las piedras pulimentadas, sino delante del trono; pero trataré de esto más adelante.

Después de los tres ayes, que no son litúrgicos, encontramos la venida de uno como hijo del hombre en una nube blanca, seguido por la cosecha y la vendimia de la tierra. Éstas son de un tono fuertemente litúrgico. Establezcámoslo litúrgicamente.

Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.
Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.
Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada.
Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda.
Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras.
Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.
Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.

La forma y el tono litúrgicos de esta sección son obvios, e invitan a un estudio más detenido del que pudimos darle en el texto del libro. Es un pasaje muy complicado.

 

1. Su referencia primaria es a Marcos Mk13:26, que habla: (a) del Hijo del Hombre que vieneen las nubes, (b) de que envía a sus ángeles a reunir a los escogidos para su reino, y (c) del sol que se oscurece, etc, con lo cual se quiere decir la caída de Jerusalén.

2.
Tal como está el pasaje, el significado de una resurrección de los justos es imposible, aunque puede haber querido decir eso en la primera recensión del poema. Tal como está, significa la separación de los escogidos, y su huida de la condena de Jerusalén.

3. Hay una referencia al calendario judío y al sistema de festividades observadas en el templo: (a) La Pascua al comienzo del año, marcando el comienzo de la cosecha, y (b) Los tabernáculos o la recolección al final del año, marcados por la vendimia. Esta alusión relata la visión de nuestra suposición previa de que la primera recensión terminó con el simbolismo basado en los tabernáculos. Rev. 14:1 y ss. habrían seguido a esta visión.

4. la forma litúrgica sugiere que puede estar basada en el ritual de la recolección de la cosecha. Ahora bien, el corte de la primera gavilla era en sí mismo un ritual, conocido como primicias de los primeros frutos. Ocurría el 15 de Nisán, el día de "gran solemnidad" de Jn 19:31, y como se hacía de noche, era contemporáneo con la resurrección.

 

Nisán 14. Cordero inmolado.

Crucifixión

Pascua comida

Sepultura

Nisán 15. Solemnidad

 

Las primicias cortadas

Resurrección



En el año de la crucifixión, dio la casualidad que el 15 de Nisán también cayó en sábado; pero, por supuesto, esto era coincidencia. He fechado la crucifixión, etc., como en el cuarto evangelio, que yo considero correcto; pero en todo caso las referencias en Apocalipsis son al relato de la crucifixión como se da en el evangelio.

5. En su relato del templo y sus servicios, Lightfoot da un bosquejo del ritual de la gavilla.

"Los que el Sanedrín enviaba por ella salían en la tarde del día santo (el primer día de la semana de la pascua); tomaban con ellos cestos y hoces, etc.; cuando estaba oscuro, uno les dcía a los demás: 'En este sábado, en este sábado, en este sábado; en este cesto, en este cesto, en este cesto. El rabino Eliécer, hijo de Sadoc, dijo: Con esta hoz, con esta hoz, con esta hoz. Cada persona tres veces. Y le contestaban: Bien, bien, bien; y él les indicaba que segaran".

A primera vista, esto quizás no sea un paralelo tan estrecho como uno habría deseado que fuera el pasaje que estamos comentando; pero hay puntos de semejanza: (a) Había un diálogo que tenía lugar al principio de la siega. (b) Menciona específicamente el tiempo: Este sábado = Ha llegado la hora. (c) Menciona específicamente la hoz. (d) Al segador se le ordena hacer su trabajo; pero las palabras de esta orden no se dan. Los dos diálogos son del mismo carácter, tienen el mismo propósito, involucran a oradores similares, y tienen puntos de semejanza; no podríamos esperar mucho más.

(La palabra sábado exige una nota. Creo que tengo razón al decir que el 15 de Nisán, aunque no es necesariamente un sábado, podría llamarse un sábado, porque en todo respecto era igual a un sábado y se observaba de la misma manera. Se excusaba la violación del sábado utilizado para cortar la primera gavilla).

6. Otro paralelo muy interesante lo proporciona la etapa que ahora hemos alcanzado en el Tamid, o sacrificio diario. A los trozos del cordero se le añadían (a) la ofrenda alimenticia de harina fina, y (b) la ofrenda diaria del sumo sacerdote, que consistía de pan y vino. Por supuesto, el Hijo de Dios es el sumo sacerdote cristiano; la siega del trigo y la vendimia proporcionan algún paralelo con el pan y el vino. La conexión, que parece más bien caprichosa, equivaldrá a una certeza si aceptamos la relación propuesta en el texto del libro entre el corte de la viña de la tierra y el asesinato del sumo sacerdote Ananías, pues esto proporciona un segundo punto de contacto con el pensamiento del sumo sacerdote.

Para un poeta del tipo de Juan, la idea de la ofrenda de pan y vino del sumo sacerdote demostraría ser base para un simbolismo rico y complejo. (a) Considerando la crucifixión, existe la idea del sumo sacerdote Jesús ofreciéndose a sí mismo en el Calvario, y antitéticamente, la idea de que su ofrenda era la obra de Caifás, el sumo sacerdote oficial; y enlazada con esto, la institución del sacramento del pan y del vino la noche antes de la crucifixión. (b) Tomando el asesinato de Ananías como punto de partida de la ruina de Jerusalén, existe la idea de un sumo sacerdote oficial que yace muerto, sacrificado, como lo describe Josefo, en los atrios del templo mismo; una venganza de sangre.

7. La imagen del lagar aclara el simbolismo de la venganza de sangre, y sugiere en seguida a los edomitas que asesinaron a Ananías.

Las palabras "fuera de la ciudad" son el eslabón con la crucifixión, y proporcionan un enlace con la ofrenda por el pecado cuando era ofrecida por el sumo sacerdote o por la nación entera, como en el caso especial del día de expiación; porque era entonces cuando el cuerpo de la víctima era llevado fuera de la ciudad para ser quemado. (Nota: El día de la expiación sigue a la festividad de la recolección).

Por lo tanto, los paralelismos en la segunda sección pueden resumirse como sigue:

Templo

Juan

Preparación del cordero.

 

Trozos puestos sobre la pendiente del altar.

El cordero del Tamid sobre el monte Sión.

Ofrenda de alimentos.

 

Ofrenda del sumo sacerdote.

Aparición del Hijo del Hombre.

Pan.

Siega.

Vino.

Vendimia.


Los paralelos que aparecen con el Cordero en Juan pueden tal vez compararse con las numerosas ofrendas voluntarias que acompañaban al Tamid.

3. Intervalo para oraciones, etc. - En este punto del ritual del templo, cuando todo estaba preparado para el sacrificio, los sacerdotes se retiraban al salón de las piedras pulimentadas para ofrecer oraciones, que incluían los Diez Mandamientos y el Shema. Entre ellos estaba "G'ullah", que incluye los siguientes versos en la forma que todavía se usa entre los judíos:

Verdadero y firme es que tú eres Jehová: nuestro Dios y el Dios de nuestros padres.

Tu nombre es desde la eternidad: y no hay Dios aparte de tí.

Los que fueron liberados cantaron un nuevo cántico: cantad a su nombre a la orilla del mar.

Juntos alabaron y te aclamaron como rey: y dijeron: Jehová reinará, porque ha redimido a Israel.

No nos sorprende, por lo tanto, encontrar a Juan introduciendo en este punto el cántico de Moisés, siervo de Dios y del Cordero. Es cantado por los mártires de pie al lado del mar de vidrio en el cielo, que ahora aparece como mezclado con fuego, una clara referencia al Mar Rojo de la liberación mosaica. El cántico de Juan se parece mucho al ceremonial del templo:

Grandes y maravillosas son tus obras, Jehová Dios de los ejércitos.

Justos y verdaderos son tus caminos, oh rey del mundo.
¿Quién no te temerá, oh Jehová, y glorificará tu nombre?, pues sólo tú eres santo.
Porque todas las naciones vendrán y adorarán delante de tí: porque tus justos actos se han mostrado.

Al "cántico nuevo" mencionado en el ritual del templo se ha aludido anteriormente en Rev.14:3 por los que están de pie con el Cordero en el monte Sión; pero este cántico sólo es conocido por los que lo cantan. Sin embargo, en este punto el cántico sirve para identificarles como sacerdotes y como víctimas.

Un "cántico nuevo" también les ha sido dado a los veinticuatro ancianos sacerdotales que dirigen el culto cristiano en el capítulo 5. Esto también sigue la revelación del cordero del Tamid como inmolado (Rev.5:9). "Digno eres de tomar el libro ... porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra".

Es imposible decir cuánto de esta salmodia está basada en el ritual del templo, o cuánto de ella ha influido en la liturgiología. ¿No es posible que el "verdadero y fiel" haya sugerido el "adecuado y correcto"?

Una forma del Verdadero y Fiel se usa todavía en las oraciones matutinas de las sinagogas.

 

4. La ofrenda del incienso.- La siguiente sección del ritual diario del templo era la ofrenda del incienso en el altar de oro dentro del Naos. Hemos observado que Juan ha puesto esta parte del ceremonial más anteriormente; pero eso le ha permitido poner algo mucho más significativo aquí.

Notemos primero que él ha dispuesto el ritual de las siete copas exactamente como ha dispuesto el ritual de las siete trompetas. Una comparación será suficiente para mostrar esto:

 

Las trompetas

Las copas

Se dan las trompetas

Las copas están listas

Se ofrece el incienso

El cántico de Moisés y del Cordero

Se hacen sonar las trompetas

Aparecen los ángeles con las copas

 

El humo de la gloria

 

Las copas derramadas

 

Se notará que, en el caso de las copas, a las cuales llegamos ahora, el ritual es más complicado, como lo amerita la mayor importancia del acontecimiento. Por supuesto, ellas son la verdadera respuesta a las oraciones ofrecidas con el incienso; las trompetas son advertencias.

El punto al que hemos llegado ahora era el más solemne en el ritual diario. El sacerdote con el incienso entraba con cuatro ayudantes, que preparaban todo y luego se retiraban; el sacerdote encargado del incienso, que ahora estaba solo en el Naos, arrojaba el incienso sobre los carbones, y el Naos se llenaba de humo. Luego venía el silencio solemne de la intercesión, postrándose el pueblo y los sacerdotes que estaban afuera. Este era el momento de las oraciones y de la respuesta a las oraciones. Lucas hace un relato de él en el primer capítulo de su evangelio.

En Juan leemos que el Naos se llenaba del humo de la gloria de Dios y de su poder. Como en la historia de la dedicación de Salomón, la Presencia "visible" de Dios aparece en el templo, las señales externas que correspondían a la columna de humo de día y la columna de fuego de noche en el templo. Tanto la gloria como el poder son palabras que no significan nada más en el hebreo rabínico excepto Dios mismo en su gloria y su poder. Después del incienso y las trompetas en el capítulo 8, leemos que el naos apareció en el cielo con el arca, que era la señal externa del pacto de Dios; ahora el naos se llenaba con la shekinah.

Del mismo modo que en el caso anterior vimos algún paralelismo con el ceremonial del día de expiación, lo mismo se encuentra aquí: Nadie podía entrar en el Naos hasta que las siete plagas de los siete ángeles estuviesen concluidas. En el día de expiación, una vez que el sumo sacerdote había entrado al Naos, nadie podía entrar en él hasta que hubiese terminado su obra. Pero en las ceremonias de Juan todavía no hay señal del sumo sacerdote. Todo se le confía a los ángeles; y el esplendor de su venida se tarda.

 

El derramamiento de sangre

Ahora llegamos a otro punto en el cual Juan abandona el orden del Tamid, que en este punto no tiene derramamiento de sangre; se ha hecho al comienzo. Hay varias razones para esto.

Juan va a tener dos derramamientos de sangre, porque está usando el simbolismo de la venganza de sangre; se ha derramado sangre, y más sangre debe vengarla.

Era en este punto en el día de expiación que el sumo sacerdote salía, después de purificar el naos y el Lugar Santísimo, para rociar la sangre sobre los cuernos del altar y purificarlo, siguiendo la costumbre de todas las ofrendas por el pecado.

La ofrenda del día de expiación era una versión especial de la ofrenda por el pecado, una ofrenda por el pecado por el sumo sacerdote y la nación entera; en tales casos se daban instrucciones para que los despojos se llevaran y se quemaran "fuera del campamento" - es decir, en tiempos históricos, "fuera de la ciudad". He señalado cómo nuestro autor y el autor de la Epístola a los Hebreos han destacado la semejanza entre esta costumbre y la crucifixión de nuestro Señor "fuera de la ciudad".

En la ofrenda por el pecado, todo el resto de la sangre era derramado al pie del altar; y esta ceremonia ha proporcionado la base para lo que sigue en Apocalipsis. En el día de expiación, el sumo sacerdote entraba al Lugar Santo y rociaba sangre siete veces hacia el velo; luego salía con la reconciliación y la expiación para el pueblo. Nada de esto ocurre en Apocalipsis, porque no hay reconciliación. No aparece ningún sumo sacerdote. Sólo una "gran voz" desde dentro del Naos dirige a los siete ángeles para que derramen sus copas, y los siete ángeles en "piedra blanca" y cinturones de oro salen con las siete libaciones para vertirlas sobre la tierra. Debe suponerse que, en el pensamiento de Juan, la tierra que se ha empapado en la sangre de Jesús y de sus mártires es un gran altar de ofrendas quemadas y de sangre.

Es una reversión de todos los valores y expectativas. No hay expiación, ni reconciliación; lo que debe seguir es rechazo, retribución, y destrucción.

El simbolismo de la venganza de sangre se repite durante las siete copas. Bajo la segunda, el mar se convierte en algo como la sangre de un cadáver. Bajo la tercera, los ríos se convierten en sangre, y siguen un versículo y una respuesta:

Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.

En el texto del libro, he señalado que altar aquí significa los mártires, o su sangre derramada sobre la tierra.

Cuando la séptima copa es derramada en el aire, salió una gran voz del Naos y del trono, diciendo, CONSUMADO ES ... y Babilonia la grande fue recordada delante de Dios para darle a beber de la copa del vino de su ira. Aquí también el tono litúrgico no puede ser pasado por alto. "Recordado delante de Dios" es una frase devocional; y volveremos a la copa.

 

5. Las ofrendas quemadas. - La siguiente etapa en el ritual diario era quemar todas las ofrendas, excepto las libaciones, que eran vertidas al pie del altar.

Babilonia es sacerdote y víctima. Su lino fino es sacerdotal. Su púrpura y su oro y su escarlata y su azul son sacerdotales. El lino fino recuerda las piedras del templo que resplandecían como la nieve. Babilonia está "cubierta de oro", como el templo. En frente de la puerta del Naos un "tapiz babilónico en el cual el azul, el púrpura, el escarlata, y el lino estaban mezclados con tal destreza que uno no podía mirarlo sin admirarlo", como nos cuenta Josefo.

Todas las mercaderías de Rev. 18:11, que los críticos dicen nunca podrían haber llegado a un pueblo pequeño como Jerusalén, habrían sido usadas para construir y amoblar el templo; el transporte de estas cosas debe haber ocupado muchos barcos. Y nótese la ironía al final, caballos y carruajes y esclavos, sí, y almas.

La conjunción del desierto y el escarlata en Rev. 17:3 sugiere el macho cabrío.

Sus antiguos amantes han de dejarla desolada y desnuda, y devorarán su carne, y la quemarán con fuego, y la única excusa para este horrible simbolismo es que se ha tomado de la ofrenda por el pecado.

Un versículo de ironía maestra se encuentra en Rev. 18:5: Sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. En hebreo, hattah significa tanto pecado como ofrenda por el pecado; no es sino hasta la última palabra del renglón, cuando leemos la palabra maldades, que se hace evidente su significado: pecados.

Babilonia, la falsamente sacerdotal, es ella misma la ofrenda encendida. Es otra reversión de las expectativas. En el fuego será quemada, cuando vean el humo de su incendio; y finalmente, cuando suba el grito de triunfo, Aleluya; porque su humo sube por siempre y siempre. Ella se convierte en una ofrenda encendida continua. (Comp. Lev. 6:13).

Ni es ése el fin. Falta una ceremonia. La copa de vino del sumo sacerdote, la libación, debe ser vertida. Esto tampoco ha sido olvidado, sino que ha sido convertido en una comunión. Dadle a beber de la copa del vino de su ira porque ella está ebria con la sangre de los mártires de Jesús. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras. Así termina la venganza de sangre. En ella se halló la sangre de los profetas y de los santos y de todos los fueron muertos como sacrificio sobre la tierra (Rev. 18 y 19).

 

6. Los Salmos.- Después de que la libación fue vertida, vinieron los salmos; hubo un grito; hubo trompetazos; hubo postración y silencio; por primera vez, hubo música instrumental. Todo esto está reflejado en el coro del Aleluya que se eleva después de la caída de Babilonia. No es necesario que el detalle de él nos detenga aquí, a no ser porque los aleluyas recuerdan los últimos salmos del libro; y que cada coro comienza con Aleluya, aunque en un caso ha sido traducido en "Alabanza a nuestro Dios" (Rev. 19:1-10).

 

7. La fiesta por el sacrificio.- Después de las ofrendas por el pecado, el sacerdote comía parte del sacrificio. Dos fiestas siguen a la salmodia aquí, una para los amigos de Dios, y una para sus enemigos. La primera es la fiesta de bodas del cordero, con su obvia referencia a la eucaristía (Rev. 19:9) . La otra es la invitación a las aves del cielo para saciarse de la carne de los que caen en las guerras del Mesías (Rev. 19:17).

La parte hebrea del libro tiene dos puntos litúrgicos adicionales antes de terminar: (1) La salida del gran Sumo Sacerdote (Rev. 19:11), en el cual el simbolismo litúrgico ya ha desaparecido; él sale del cielo, no del Naos. El Naos en el cielo parece desvanecerse con el templo terrenal. He discutido el simbolismo de este pasaje; pero vale la pena notar nuevamente el lino fino y las vestiduras sacerdotales salpicadas de sangre. Un detalle es el nombre escrito sobre el muslo; en el texto he dado una explicación, que creo que es el central. Pero vale la pena notar que el muslo lleva aparejada la santidad sacerdotal; era parte de la ofrenda por el pecado que le tocaba al sacerdote. He visto dibujos judíos medievales con una letra grabada sobre el muslo. Pero no conozco la explicación. (2) El Nuevo Naos (Rev. 2:13). Aquí también ha desaparecido el simbolismo litúrgico, aunque la descripción del nuevo orden que reemplaza a la antigua Jerusalén está tomada de Levítico: "He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Él será su Dios".

Se usa la palabra tabernáculo, pero hay sólo un fantasma del antiguo simbolismo sacerdotal. El nuevo santuario es universal, humano, católico, no nacional, ni local. Continúa describiéndolo más plenamente en el capítulo 22; pero eso pertenece a la última parte del libro, que trata del culto cristiano.

He tratado con bastante abundancia en este apéndice con el antecedente litúrgico del libro, porque parece haber sido descuidado y sin embargo parece ser muy importante. Arroja gran luz sobre el tono y los motivos del libro. Refuerza el punto de vista de que Babilonia es la Jerusalén sacerdotal. Puede que arroje alguna luz sobre el desarrollo del culto cristiano, y hasta sobre el culto en el templo.

No puedo pretender haber hecho más que abrir trocha a través del denso bosque de oscuridades; y lo que he revelado, no profeso entenderlo. Hasta que conozcamos lo que sentía un judío cuando veía la sangre siendo rociada sobre el altar, o el fuego consumiendo el cordero del Tamid, difícilmente podemos esperar entrar en las complejidades de la poesía litúrgica de Juan.

 

 

LA ESTRUCTURA LITÚRGICA DE APOCALIPSIS

 

A. EL SACRIFICIO HEBREO

Apocalipsis

Los Sacrificios en Jerusalén

1-3 Introductorio.

El Sumo Sacerdote.

4. Culto cristiano A. El Creador.

Los ornamentos del templo.

5. Culto cristiano B. El Cordero.

1. El cordero inmolado al amanecer.

6. (Los cuatro jinetes).
Las almas bajo el altar.
(El sexto sello).

La sangre rociada sobre el altar.

7. Culto cristiano C. Los mártires.

La fiesta de los tabernáculos.

8. Las trompetas.
Ofrenda del incienso. Esto no ocurre en este punto en el ritual diario, pero sí en el Día de Expiación. Véase más abajo. En el ritual del templo, el silencio sigue después de haber quemado el incienso.

Tres trompetas.

9. (Las trompetas, que eran tres originalmente, simbolizan el mensaje profético).

 

11. (El llamado de Juan, y su testimonio contra Jerusalén). La apertura del santuario en el cielo.

Se abren las puertas del templo y del santuario.

12 y 13. (El gran interludio).

 

14. El cordero y sus seguidores sobre el monte Sión.

2. Preparación del sacrificio.
El cordero es degollado, descuartizado, lavado, puesto al lado del altar.

Primicias. Sin mácula.

 

La siega (pascua).

La ofrenda de alimentos. El pan.

La vendimia (recolección).

La libación. El vino.

15. Cántico de Moisés y del Cordero.

Pausa para la oración y la alabanza.

Se abre el santuario.

3. Ofrenda de incienso.

El humo de la gloria.

Silencio.

Nadie puede entrar al santuario.

Intercesión.

Juan ha situado el simbolismo del incienso antes, aunque el humo lo recuerda aquí. En el día de expiación, nadie podía entrar al santuario sino hasta que el sumo sacerdote hubiese concluído su obra allí.

 

16. Las siete copas

El derramamiento de sangre. En el ritual diario, esto se hace al principio, pero el día de expiación, el sumo sacerdote rociaba sangre sobre el propiciatorio y el altar en este punto.

17, 18. Babilonia quemada. Su copa.

4. La víctima es quemada.La copa es derramada.

17:16. se refiere al ritual de la ofrenda por el pecado; 17: 2, 3 recuerda al macho cabrío.

 

19. El coro del Aleluya.

5. Los salmos.

La cena de bodas del Cordero.
El Sumo Sacerdote sale del cielo (comp. Ecclus.50).

 

La gran cena de Dios.

6. La fiesta del sacrificio.

20. (Las guerras del Mesías y los juicios).

 

21, 22. El tabernáculo de Dios con los hombres
El culto cristiano D. El culto universal de la humanidad.
(comp. Lev. 26:11-12).

 

 

 

Nota: Este cuadro muestra cómo la estructura de la parte antigua de Apocalipsis sigue los acontecimientos del sacrificio diario, con las variantes sugeridas por el ritual del Día de Expiación.

 



B. CULTO CRISTIANO

1. ESQUEMA PARA EL CULTO DE SACRIFICIO CRISTIANO.

 

A. El culto del Creador

 

4.1 "Sube acá".
En espíritu, en el cielo.

Alzad vuestros corazones.

4-6 El trono, los ancianos, las lámparas, y los seres vivientes.

El "prefacio": Con los ángeles y los arcángeles.

8. Santo, Santo, Santo.

El Sanctus.

10. Los ancianos se unen: Digno eres, etc.

Concepto de comunión con el cielo.
Es justo y correcto.

B. La adoración del Cordero.

 

5:6 El cordero sacrificado.

Recital de la vida y la muerte redentoras.

8 Adoración del cordero.

 

14. Amén.

Amén.

2. EL CULTO DE LOS SANTOS TRIUNFANTES
Esta es una anticipación literaria de la visión con la cual Juan cierra su poema; simboliza su fe en que los mártires son triunfantes y anticipan las bendiciones preparadas para todos.

 

C. Los mártires en su culto.
Nótese que no están incluidos ni bajo A ni bajo B.

 

7:9 Vestiduras y palmas.

 

10 Hosanna.

Hosanna.

15 Adoradle día y noche en su santuario.
Dios "morará con ellos", como en un tabernáculo.

Tomado prestado del ritual de la Fiesta de los Tabernáculos.

3. EL CULTO UNIVERSAL IDEAL
Aquí Juan bosqueja un culto libre de las limitaciones de tiempo y espacio o las de una religión y un sacerdocio hereditario. El simbolismo del culto litúrgico judío se excluye deliberadamente.

 

D. El culto universal de la humanidad.

 

21:3 El morar con los hombres como en un tabernáculo.

No un templo hecho de manos.

10 La gloria de Dios.

Su presencia "visible".

22 Ningún santuario en él.

No es local.

23 Su candelabro el Cordero.

Candelabro de siete brazos.

24 Los reyes de la tierra.

Sacrificios reales de reyes gentiles en Jerusalén.

25. No hay noche.

Libre de tiempos y sazones.

22:4 Adoradle: ved su rostro.

Presencia universal abierta.

El nombre en la frente.

Petalón del sumo sacerdote: todos son sacerdotes.

Nota: En A y B, Juan conscientemente está construyendo un modelo de culto cristiano, un modelo que fue seguido por todas y cada una de las liturgias eucarísticas de la Iglesia Católica. Está basado en el ritual hebreo, y sin duda refleja las costumbres de los días de Juan.

 

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