Articulo 25 - SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA JUVENTUD Y LOS CUIDADOS EPIRITUALES A LOS ENFERMOS

Artículo 25 SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA JUVENTUD Y LOS CUIDADOS EPIRITUALES A LOS ENFERMOS

 La juventud ha de ser adoctrinada en la piedad.

El Señor exigió de su antiguo pueblo del pacto el dedicarse con el mayor cuidado posible a la enseñanza de la juventud desde su infancia, y en su Ley ordena una y otra vez se enseñe a los niños y se les expliquen los misterios de los sacramentos. Pero de los escritos evangélicos y apostólicos se desprende sin ningún género de dudas que Dios igualmente ha pensado en la juventud de su nuevo pueblo del pacto, pues públicamente testimonia y dice: «Dejad a los niños venir a mí... porque de ellos es el reino de los cielos» (Marc. 10:14). Por eso hacen muy bien los pastores de las iglesias enseñando a la juventud temprana y aplicadamente, poniendo en ella los fundamentos de la fe y adoctrinándola fielmente en las cosas más principales de nuestra religión, o sea, explicándole los Diez Mandamientos de Dios, el Credo Apostólico, el Padrenuestro, el significado de los sacramentos, así como también otros principios fundamentales y puntos más importantes de nuestra religión. Pero la misma iglesia ha de demostrar su fidelidad y atención cuidando de que los niños sean enseñados y ha de desearlo y alegrarse de una buena enseñanza.

 Visitar a los enfermos.

Dado que los hombres, cuando mayor tentación padecen es a causa de la debilidad que les hace sufrir, estar enfermos y entonces deprimidos en alma y cuerpo, los pastores de las iglesias han de vigilar con más cuidado que nunca de la salud de su rebaño en casos de enfermedad y flaquezas. Deben visitar enseguida a los enfermos; pero éstos, a su vez, han de solicitar su visita en caso de verdadera necesidad. Los pastores les consolarán, los fortalecerán en la verdadera fe y les prepararán para resistir las perniciosas insinuaciones del diablo. Además, indicarán que en el hogar del enfermo no falten las oraciones de sus familiares, y si es necesario también debe orarse por él en el culto público y cuidar de que abandone este mundo piadosamente. Sin embargo desaprobamos, como antes ya dijimos, la visita papista al enfermo para que reciba la extremaunción; porque no solamente es cosa de mal gusto, sino que tampoco lo admiten las Sagradas Escrituras, ni existe tradición alguna sobre ello.

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