Artículo 37 El último juico

Artículo 37

Finalmente, creemos, que según la Palabra de Dios1, cuando el tiempo (que todas las criaturas ignoran2) ordenado por el SEÑOR haya llegado, y el número de los elegidos esté completo3, nuestro Señor Jesucristo vendrá del cielo4 corporal y visiblemente como ascendió, con gloria y majestad5, para declararse Juez sobre vivos y muertos6, poniendo a este viejo mundo en fuego y llamas para purificarlo. Y entonces comparecerán personalmente ante este Juez todas los hombres7, tanto varones como mujeres y niños que desde el principio del mundo hasta su fin habrán existido, siendo emplazados con voz de arcángel, y con trompeta de Dios8. Porque todos aquellos que hayan muerto, resucitarán de la tierra9, siendo reunidas y juntadas las almas con sus propios cuerpos en los que hubieron vivido. Y en cuanto a los que entonces vivan aún, estos no morirán como los otros, sino que en un instante serán transformados10, y de corruptibles serán tornados incorruptibles. Entonces, los libros serán abiertos (esto es, las conciencias), y los muertos serán juzgados11 según lo que en este mundo hubieran hecho, sea bueno o malo. Los hombres darán cuenta de todas las palabras ociosas que hablaron12 y a las que el mundo no atribuía ninguna importancia, considerándolas como juego de niños y pasatiempo; quedarán entonces descubiertos públicamente, ante todos, los secretos y las hipocresías de los hombres. Por eso, la consideración de este Juicio es justamente terrible y pavorosa para los malos e impíos, y muy deseable y consoladora para los malos e impíos13, y muy deseable y consoladora para los piadosos y elegidos, puesto que entonces su plena redención será consumada, y allí recibirán los frutos de los trabajos y de las penas que sobrellevaron14; su inocencia será conocida de todos; y verán la terrible venganza que Dios hará contra los impíos que los tiranizaron, oprimieron y atormentaron en este mundo. Estos serán vencidos por el testimonio de sus propias conciencias15, y serán inmortales, pero en tal forma, que serán atormentados en el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles16. En cambio, los creyentes y elegidos serán coronados con gloria y honor17. El Hijo de Dios confesará sus nombres delante de Dios el Padre y de sus ángeles escogidos18; todas las lágrimas serán limpiadas de los ojos de ellos19; su causa, que al presente es condenada por muchos jueces y autoridades como herética e impía, será conocida como la causa del Hijo de Dios mismos20. Y como remuneración por gracia21, el SEÑOR les hará poseer una gloria tal22, que ningún corazón humano jamás podría concebir23. Por eso, esperamos esa gran día con inmenso deseo, para gozar plenamente las promesas de Dios, en Jesucristo, nuestro Señor24.

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1. Mt.13:23.

2. Mt.25:13; 24:36;  1 Tes.5:1-2;   2 Pe. 3:9-10.

3. Ap.6:11.

4. Hch.1:11.

5. Mt.24:30; Mt.25:31; Ap.20:11.

6. 2 Tim.4:1;   1 Pe.4:5; Jds.15.

7. Mr.12:18; Mt.11:22-23,33.

8. 1 Tes.4:16.

9. Jn.5:28-29.

10. 1 Cor.15: 51 -52.

11. Dan.7:10 b; Heb.9:27; Ap.20:12.

12. 1 Jn.5:29; Rom.2:5-6;  2 Cor.5:10; Ap.22:12.

13. Mt.12:36.

14. 2 Pe.2;9; Heb.10:27; Ap.14:7 a.

15. Lc.14:14;  2 Tes.1:5;   1 Jn.4:17.

16. Guido de Brès cita aquí el libro de la Sabiduría (apócrifo). por lo cual debemos tener muy en cuenta lo que el art.6 dice a este respecto. Así pues, cita del cap.5, los versos 1:8 y 15-17.

17. Mt.25:41; Ap.21:8.

18. Mt.10:32; Ap.3:5.

19. Is.25:8; Ap.21:4.

20. Is.66:5.

21. Lc.14:14.

22. Dan.7:22-27.

23.  1 Cor.2:9.

24.  2 Cor.1:20.

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