3. EL RENACIMIENTO

 

EL RENACIMIENTO

Capítulo 3

Significado

Ante todo precisemos ¿qué es el renacimiento?

Es la época en que se despertó en Occidente un deseo vivo y entusiasta por el estudio de la antigüedad clásica griega y latina, y que comenzó a mediados del siglo XV y se extiende hasta mediados del siglo XVI. Nace en Italia y abarca a toda Europa. Es uno de los grandes períodos de la historia del hombre y el más brillante de la cultura Occidental. Dos actitudes nuevas lo caracteri-zan:

1) la afirmación de los valores vitales terrenos (la naturaleza),

2) y la vigorosa exaltación de la personalidad (el hombre), a partir de la cual buscan los hombres de la época restaurar la forma y el espíritu de la antigüedad clásica, y plasmar un nuevo estilo de vida artística, cultural y política.

PROCESO HISTORICO

Con el descubrimiento del hombre y de la Naturaleza, el individualismo del renacimiento abrió nuevas perspectivas a las artes plásticas. La expresión clasicista triunfó plenamente en Florencia, en la primera mitad del siglo XV con los arquitectos Brunelleschi y Alberti, los escultores Donatello y Verrocchio y los pintores Massaccio y Botticelli.

A partir de 1450 el gran renacimiento se posesiona de la Roma de los papas Alejandro VI, Julio II y Leon X, con los gigantes Brahamante de Urbino, el arquitecto que planteó la basílica vaticana, el polifacético Miguel Angel Buonarroti, de gran potencia creadora, y el incomparable Rafael Sancio el pintor de la belleza perfecta. Por la misma época trabaja en Milán otro gran pintor: Leonardo D’Vinci, que más adelante se hablará más de él.

En España también irrumpe el renacimiento, sobre todo en la arquitectura y la pintura. Un pin-tor excepcional es el Greco, incomprendido en las altas esferas cortesanas, brilló en la época de Felipe II. Y así, el renacimiento influenció en todas las artes y la literatura de la Europa entera.

EL ARTE Y LOS ARTISTAS

En lo que se refiere al arte en el renacimiento, es uno de los triunfos de la humanidad. El que camina por los museos de Florencia y no se maravilla de las obras de arte que allí están expuestos, en definitiva es un pobre hombre, pero al mismo tiempo, tenemos que recordar que la corriente del pensamiento humano abre la puerta para el hombre humanista de una nueva forma, y lo lleva adelante, y deja así el paso libre a todos esos problemas que lo llevan al período del hombre moderno.

A través de la historia los artistas, han hecho dos cosas: a) han reflejado su cultura muchas veces con más exactitud que los escritores y los filósofos, y b) prepararon el camino para el siguiente paso aportado por la cultura, por lo que a veces son profetas, pero siempre están exhibiendo obras de la cultura de su época.

El cambio producido por el renacimiento puede verse claramente en el arte. Hasta entonces la pintura florentina había sido como el arte bizantino, pero menos pulido, sin gracia y sin profundi-dad, la gente no era representada en forma realista

Luego vino GIOTTO, y con él un cambio radical. El Giotto, cuyo nombre era Angel de Bondone, nacido en Tosca en 1276, fue un célebre pintor, poeta y escultor, perteneciente a una familia humilde. Su padre era pastor. Logró adquirir brillante posición y una gran celebridad gracias a la popularidad artística de su genio. Su obra más célebre es el decorado sobre temas del evangelio de la capilla de Padua. Se le encomendó pintar el «Juicio Final», y en él pintó un retrato realista de su patrón Scorbeel, el hombre que pagó por su obra. A la naturaleza se le dio su lugar apropiado, porque la Naturaleza es importante, ya que Dios creó el mundo, y apropiado, en el sentido, que a la naturaleza se le presenta tal como es.

Por otro lado, la gente aparece muy alargada (mostrando la pintura) en comparación del muro que la rodea. Señalando, dice: Observen el puente, ¿Cómo puede caber este hombre en la plata-

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forma de observación? o, ¿Cómo puede lanzar una flecha por esta ventana? (señalando la pintura), ahora: El mismo hombre que pintó esto, diseñó el bello campanario: «El Campille» junto a la catedral de Florencia. Se trata de un pintor que crea edificios.

MASACCIO (1401-1428). Es el descubridor del arte renacentista. Fue amigo de Brunelleschi. Es el que introdujo en la pintura los rostros reales, lo que le dio una calidad natural, real, a sus obras. Algo muy original y singular en esos días.

Los pintores anteriores a Masaccio, incluyendo al célebre Massorrino, su maestro, pintaron sus figuras como si estuvieran parados de punta. Masaccio representó los pies bien puestos en el suelo.

Masaccio primero empleó formas consistentes de perspectiva central. En este aspecto dejó atrás a los romanos que sólo conocían un tipo de perspectiva. Pintando así, y empleando la nueva técnica, sus personajes estaban en medio de un espacio realizado. Había una realidad, un espacio alrededor de la gente. Para el hombre del renacimiento había algo más, situaba al hombre en el centro de ese espacio, subordinado a los principios matemáticos inventados por la mente humana.

En el norte de Europa, VAN EYCK tuvo los mismos problemas en el arte. En una pintura que se conserva en la catedral de Bélgica se notan rostros de personas de todas las categorías: el rico, el pobre, con toda clase de antecedentes se acercan a Cristo.

El artista apreciaba y entendía el énfasis Bíblico en Cristo. Pintaba a Cristo como el cordero de Dios, erguido y con vida sobre el altar simbolizando que El murió como el sustituto y sacrificio. Pero El no ha muerto de acuerdo a las palabras de Jesús: «Soy el que estaba vivo y ha muerto, y he aquí que estaré vivo para siempre. Amén».

Jan Van Erick (1390-1441). Dominó la luz y el aire y fue el primer y gran maestro de la pintura paisajista. El fue el representante de la pintura de la Naturaleza bajo el concepto de que Dios ha creado el mundo. Los escritores escribieron tal como los pintores pintaban.

DANTE (1265-1321). Su casa se encuentra en Florencia. Su obra genial y máxima «La Divina Comedia».

Siguiendo la influencia de Tomás de Aquino, le dio más importancia a la Naturaleza. El mundo cristiano y el clásico se mezclaron en su Divina Comedia, los grandes pecadores eran Judas, que vendió a Jesús, y Bruto y Casio que conspiraron contra César. En su propia vida el problema de las cosas individuales contra significado y valores (Naturaleza vs. Gracia) se mostró claramente. Amaba a Beatriz, a quien, en realidad sólo vio un par de veces en su vida, y consideraba su amor como un ideal romántico. La inmortalizó en su máxima obra. Al ver su rostro siempre tan hermoso dijo: «El amor difunde una dulzura perfecta sobre mí». Pero se casó con Gemma Donati a quien jamás mencionó en su poesía. Ella se dedicaba a cuidar a sus hijos y a cocinar.

Aunque los escritores de aquel tiempo entendían que el amor sexual requería del espíritu, que debía ser más que una respuesta física del momento pasajero. Sin embargo, dejaban que esto se dividiera en dos partes: el amor físico y el idealizado amor espiritual.

Los escritores de su época tenían dos opiniones del amor: a) El idealizado amor espiritual dirigi-do hacia un aspecto incorpóreo, y b) el amor dirigido hacia la admiraba mujer que se ocupaba del hogar y compartía su cama. Esto no producía belleza sino fealdad.

BRUNELLESCHI, Felipe (1377-1446). Fue uno de los grandes artistas del renacimiento, que a más de otras grandes obras, diseñó y construyó la Cúpula de Santa María Virgen de las Flores de Florencia. Con esta obra logró un gran triunfo, así como también realizó una gran proeza de ingeniería. Lo que es en verdad sorprendente es que Brunelleschi tenía habilidad no como arqui-tecto sino como orfebre, sin embrago diseñó el edificio del Orfanatorio, que fue la primera construcción renacentista de Florencia.

Se prestó aún más atención al hombre. Se sabe poco de aquellos que levantaron las caterales góticas o de los que escribieron los cantos gregorianos. Pero, ahora, el artista mismo se volvió importante. Algunos de sus contemporáneos escribieron autobiografías y empezaron a realizarse esculturas, retratos y también autoretratos.

En la biografía de Brunelleschi se dice que para el artista la moralidad ordinaria no se aplicaba a un genio como él.

Al principio del Renacimiento todo era diferente. La naturaleza tenía su lugar apropiado y tenía

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su sitio apropiado. Y podía haber sido precioso, pero en un cierto punto, a lo largo del Renacimien-to, las escalas cambiarom y el hombre mismo se colocó en el centro mismo dejando libre el camino a toda la destructiva fuerza del humanismo, que siguió a lo largo de la Ilustración y aún hasta nuestros días.

LA MUSICA

Los compositores de aquel tiempo inventaron el arte de la Orquestación. No solo cada instru-mento tocaba una voz diferente, sino que también una melodía diferente.

El norte influyó al Sur, tanto en la pintura como en la música. Los instrumentos de cuerda del Renacimiento se fabricaron en juegos para que el timbre fuera uniforme, desde el bajo hasta el instrumento soprano. La música se escribió en caracteres móvibles por primera vez. Se fabricaron el laúd, que llegó a ser el instrumento más popular del Renacimiento. El sacabuche, lo que hoy es el trombón; la viola antigua, ancenstro de nuestra viola actual. También se construyó el corno renacentista y la estileta.

SE IMPONE EL HUMANISMO

Hasta este momento todo podía haber ocurrido en una de dos formas: podía haber habido un énfasis en gente verdadera viviendo en un mundo real que Dios había creado, en donde todas las cosas individuales tenían importancia porque Dios había creado el mundo. O, el humanismo pudo haberse implantado con su énfasis en lo individual como algo autónomo. Pero la suerte estaba echada. El hombre se fue haciendo cada vez más independiente; él mismo se hizo a su medida tratando de volverse autónomo.

El hombre humanista del Renacimiento creía que los tiempos pasados habían sido muy insípi-dos y debían olvidarse. Para él fue la Era oscura y creía que la Nueva Era sería un gran paso adelante en su período de reencarnación por el nacimiento. Un renacimiento de la era pre-cristiana, la Edad de Oro de las antigüas Grecia y Roma.

Tomás de Aquino dejó libre el camino para esto, haciendo énfasis en las enseñanzas de Aristóte-les.

EL DILEMA HUMANISTA

Existe un fresco pintado por Rafael, allí en el Vaticano, se llama «La Escuela de Atenas». Las figuras centrales de ese fresco son: Platón y Aristóteles. Rafael pintó las manos de esos dos personajes para representar el énfasis filosófico. Platón con el índice hacia arriba indicando los absolutos, los ideales, el significado y los valores; Aristóteles con las palmas hacia abajo enfatizaba las cosas individuales, tales como la naturaleza y el hombre. ¿Cuál es el significado de los particu-lares, incluyéndonos a nosotros mismos? ¿Si no tiene ninguna idea final con qué relacionarlas para que tengan significado? ¿Cómo sabemos si nuestros actos individuales los hacemos bien o mal si no hay un absoluto?

El dilema entre esta forma del humanismo y la Biblia y la Cristiandad descansa en la cuestión de si en verdad debemos empezar por el hombre sólo, autónomo y partir por el lado de esta base. O, si en verdad existe otra verdad, proveniente de otra fuente, la cual tiene que ser absoluta y, entonces, no es relativa.

Si partimos de la verdad del humanista, de su opinión de la verdad, no existe una verdad sino mas bien un promedio estadístico que conduce a la parte donde el humanismo nos ha traído hasta nuestra generación.

Un ejemplo de este dilema lo encontramos en la pintura de Fouquet (1416-1480), «La Virgen y el Niño». También se le conoce como «Virgen roja». La modelo de Fouquet fue Ana, amante del rey Carlos VII de Francia. La doncella se muestra con un seno al descubierto. ¿Estaba esta joven a punto de amamantar a su bebé? No. Puede tener el título de la «La Virgen y el Niño», pero aque-llos que vivieron en aquella época y vieron la pintura sabían de quién se trataban, era la amante del rey.

María fue pintada diferente a través de las edades. María era considerada excelsa y sagrada, elevada a sagrada, elevada a santa, sobre todo ser humano. Se creía que ella era diferente a las personas normales y que se le representaba sólo como un símbolo. El pintar a María como alguien

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vivo fue un avance sobre las posteriores pinturas, porque la Biblia nos dice que María era una mujer real y Jesús era su bebé. Este era el enfoque adecuado. La naturaleza tuvo su lugar apropia-do. Por otro lado la amante del rey podía representar a María y el significado quedaba destruído. Primero, podía parecer que sólo los valores religiosos se estaban desvirtuando, pero gradualmente el daño se esparció a todo el saber y a todo en la vida.

El significado de las cosas individuales, los particulares, fue removido. Las cosas individuales se transformaron en independientes, autónomos y sin nada al final que las relacionara o que les diera significado.

MIGUEL ANGEL (1475-1564)

En la academia de Florencia, en una sala destinada a la obra de Miguel Angel, en ambos lados se observan las estatuas llamadas «Los Cautivos», se llamaban también «Las Estatuas inconclusas». Los eruditos concuerdan en que Miguel Angel las dejó así para que la gente dijera lo que el artista quería expresar. En su escultura de los hombres desprendiéndose de la roca, refleja otro aspecto del humanismo. El hombre se hace a sí mismo grande, se desprende de la naturaleza y se libera de ella. La humanidad saldrá victoriosa.

En la misma sala se encuentra -majestuosa- la figura central de la obra de Miguel Angel: la mag-nífica estatua de David.

De una pieza defectuosa de mármol que nadie pensó que serviría, Miguel Angel, con todo su genio, esculpió su David; una pieza de arte casi sin rival en el mundo. No es el David de la Biblia. No es el David circundado, sino más bien la personificación del ideal humano. Representa el hombre ideal. La grandeza del hombre está allí representada. En aquella época, fue colocado afuera de la cuidad de Florencia como un símbolo de la futura grandeza de la ciudad. Un hombre confiado en su propia fuerza, desafiando el futuro. Aún en la desproporción de sus manos se revela el hecho de que el hombre es poderoso.

Hacia el final de su vida Miguel Angel se dio cuenta de que el humano no era suficiente. No había y no habrá hombre como David.

Se piensa que en «La Piedad» de la Catedral de Florencia se representó él mismo como el Nico-demo que se está inclinando sobre Cristo. La fuerza del humanismo se debilitó sino es que se ausentó.

LEONARDO D’VINCI (1452-1519)

Es un fiel representante del renacimiento. El podía hacer casi todas las cosas y hacerlas bien. Fue el primer matemático moderno. Fue químico, físico, arquitecto, anatomista, botánico, ingenie-ro mecánico, artista y músico. También diseñaba instrumentos de guerra de salvaje atrocidad.

Leonardo llegó a entender el problema del hombre moderno a través de su propia experiencia. He aquí algunos aspectos de ella:

- Primer matemático moderno. Percibió que comenzando humanísticamente con matemáticas uno tiene solamente particulares.

- El hombre por sí sólo no puede encontrar el significado de las bases de la matemática.

- Teniendo sólo cosas individuales, no se puede llegar a lo Universal. Siempre va ha terminar con lo mecánico.

- Vio el futuro la edad de nuestra generación: todo - incluyendo el hombre- es una máquina.

- Dándose cuenta de ello, pensó que el pintor, como hombre sensitivo podría encontrar el significado de la vida. Trató de pintar el alma, no en un sentido cristiano sino en un sentido universalista. Trató de pintar una cosa que incluiría todo.

- Trató de pintar lo universal, pensando que un pintor podría alcanzar lo que un matemático no podía.

- Nunca pudo pintar lo universal en una base humanista. De la misma manera que un matemáti-co no podía alcanzar lo universal a base de las matemáticas.

- Leonardo fracasó tanto como matemático y artista de alcanzar lo universal por medio de los particulares.

- Los humanistas pensaron que el hombre por si sólo podía resolver cualquier problema y

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situación. Fe completa en el Hombre mismo.

FRACASO DEL HUMANISMO

El grito del humanista fue: «Yo puedo hacer lo que deseo, sólo denme tiempo hasta mañana» Leonardo vio la derrota final del humanismo.

«Como piensa el hombre así es él». El humanismo terminaba en forma natural y devino en pe-simismo.

Florencia fue el centro de desarrollo del renacimiento que dio lugar a la ejecución de las obras de arte más bellas que el hombre ha conocido, en donde el hombre mismo se volvía cada vez más autónomo, pero también fue el centro mismo del quebranto del renacimiento. Esto también debe entender quien visite Florencia.

El humanismo, sin duda termina en la desesperación. El que parte de lo que es finito, no impor-ta cuán lejos se proyecte, jamás podrá llegar a lo absoluto.

Para el humanista sólo existe una solución real: reconocer la Biblia como la verdad. Tiene que volver a la Biblia, no sólo como un libro religioso, abstracto, sino como verdad. Ella no cambia, más bien nos transforma. Habla de cultura, jamás pasa de moda. Habla de los temas del momento y, aún así, parte de una sola base: de la existencia del infinito y personal Dios que ha hablado. La Biblia nos revela que Cristo muere en la cruz para redimirnos del pecado, en el cual estamos todos inmersos.

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer»

(Juan 15:5)

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